2007-05-03

Primer Quijote. Capítulo XV. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses

«(…) Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las señoras facas, y saliendo, así como las olió, de su natural paso y costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotico algo picadillo y se fue a comunicar su necesidad con ellas (...)»

Pobrecito, se le rompieron las cinchas, quedó sin silla y en pelota. Después los arrieros aparecieron con palos y lo derribaron malparado en el suelo.


3 comentarios:

Pastora dijo...

Pienso que refocilarse debe ser tener un acto sexual relampagueante y harto satisfactorio. ¡Qué contraste de deseos equinos,palos, pelotas y mi sonrisa!

silv dijo...

Hoy quisiera comerme en corazón de Scott, la distancia esta vez me privará de ese tan preciado manjar.
El vaga por una estepa lejana y yo me siento como Rocinante, mollida a palos

zbelnu dijo...

No seguiste con el Quijote?