2007-09-05

La cartografía española cobra en el siglo XV un considerable desarrollo a causa de la colonización de América y de la Guía de Ptolomeo, redescubierta en Constantinopla. La edición de 1535 muestra en el encabezamiento de cada página al propio Ptolomeo sosteniendo distintas escuadras, un compás, una esfera armilar o celeste. La obra establecía por medio del sistema de latitud y longitud una representación plana del globo terráqueo. Si bien hasta finales del siglo XVII fue difícil establecer la longitud de un punto en el mar, los cálculos para tomar la latitud geográfica se hacían midiendo la altura y posición de los astros. De esta suerte, don Quijote y Sancho se metieron en un mapa complicadísimo; me refiero al capítulo del bote encantado del Segundo Quijote (1615).



El Quijote terminará casi ahogado.
Confundirá una aceña situada dentro del cauce del Ebro con un castillo, y luego de hacer romper el inocente bote contra las ruedas hidráulicas, irá a parar prácticamente al fondo de las aguas en companía de Sancho.
La figura con su pesada armadura y pegando manotazos de ahogado entremedio de diferentes escuadras, compases y esferas.
¿Qué es lo real?
Frente a esta navegación accidentada: ¿cómo era escuchado don Quijote cuando hablaba de cartografía y astrolabios? Me pregunto por el común de los lectores del siglo XVII. Imagino que lo escrito en este capítulo entraría por esas orejas como las palabras de un fuera de sí que enloqueció leyendo a Ptolomeo. Y en este punto aparecen los distintos niveles de abstracción del Quijote. Porque la mayoría de la población española no sabía leer. Igual que en la Antigüedad o en la Edad Media, la mayor parte de las lecturas todavía se hacían en vos alta; sin embargo, en todas partes y en todos los niveles sociales había algunos que leían, explica Margit Frenk en la edición IV centenario de la RAE. Lo mismo ocurre en el interior del propio Quijote.
Y con el auge de la imprenta todas las mentes lectoras se estamparían raudamente de voces y de visiones fantásticas. Porque los mapas de América pretendían dar unicidad y totalidad a la realidad multifacética de los descubrimientos. Pero, al mismo tiempo, la geografía más próxima había quedado a la intemperie, dado que la cartografía peninsular resultó desatendida.
Y era una época de revueltas en la península, guerra entre musulmanes y cristianos, la violenta Inquisición, Drake al norte, la matanza de moriscos, robos, incendios, etcétera.

La representación de modo continuo y global del territorio peninsular no se inició hasta que Felipe II promovió ilustraciones y cartografías para mejorar el conocimiento de las regiones sobre las cuales reinaba. Por ejemplo, dice Raymond Crab en Cartography and power in the conquest and creation of New Spain, Felipe II simultáneamente contrató al artista flamenco Anton van de Wyngaerde para pintar las ciudades españolas y encargó al cartógrafo español Pedro de Esquivel un atlas peninsular, con el expreso mandamiento de que «recorriese y marcase por vista de ojo todos los lugares, ríos, arroyos y montañas por pequeños que fueren». Pero la carta o planisferio de España quedará incompleto.
Así que.
Arriesgo a decir que el propio Ptolomeo naufraga, junto con don Quijote y Sancho, en el capítulo De la famosa aventura del barco encantado.
La ciencia exacta.
Sobrevuela esta idea aquel tema de los distintos niveles de abstracción del que hablaba unas líneas arriba. Porque los lectores menos ilustrados de principios del siglo XVII escucharían locura de remate donde el narrador pone en boca de don Quijote modernísimos conocimientos de navegación. El "sin sentido" encuentra concordancia en las orejas Sancho, que oye las palabras cómputo, cosmógrafo y el nombre del célebre griego, y de ahí que Sancho figure puto y gafo a Ptolomeo, palabra que hoy casi ha muerto, gafo, pero que significa deforme, contrahecho o que tiene encorvados y rígidos los dedos de pies y manos. Además «de meón, o meo, o no sé cómo», exclamará Sancho.
Una lengua imposible la de la ciencia.
En cambio, el lector erudito observa la erudición misma de don Quijote. El héroe habla la lengua de Ptolomeo, muy a pesar de lo cual, esa lengua no es racional ni exacta, sino que es, y sin ningún complejo, un desatino que le hace ver a don Quijote la proximidad del Ecuador donde el narrador sólo está viendo la apacible corriente del Ebro.
Una clase sobre narración que da Cervantes y la consigue gracias a que propone distintos niveles de cultura y simulacros. Cervantes decide siempre treparse a los mapas inacabados y hacer el suyo propio, que necesita construirse de palabras.


6 comentarios:

Pastora dijo...

Utopía. El neologismo es creado en 1516 por Tomas Moro y, acepta dos explicaciones. Allí donde algunos piensan en la contracción de la partícula privativa “ou” y “topos”, otros leen “eutopos”. En todo caso, no es posible establecer si el término utopía debería traducirse como lugar inexistente o como lugar feliz.
Personalmente, yo siento al Quijote como la representación de una mente utópica en expansión, la mollera de Alonso Quijano, lector y hombre de fe, está desplegando su imaginación política sobre una topografía española habitada de curas, bachilleres, venteros, peregrinos y galeotes. Quijano cree que el mejor de los mundos no solamente es pensable, sino también posible e incluso inevitable. Y Cervantes nos cuenta que España es imposible como lugar de felicidad porque es un lugar de palos. De golpes. Es un sitio donde uno vuelve a casa enjaulado.
Hay una teoría política que plantea que toda sociedad es un conjunto contradictorio y explosivo de elementos. Una sinergia de conflictos.
Un joven iraquí dijo hoy: “Jamás creeré en las diferencias. Yo soy sunní y mi esposa es chiíta. He recibido amenazas para que me divorcie o pague con la vida. Nos hemos ido ya del centro de Bagdad. Mi mujer está viviendo con su familia en Chaab, una zona chiíta, y yo con unos amigos en Mansur, una zona sunní. Estoy intentando buscar otra casa, pero ahora es difícil encontrar un sitio que nos acepte a los dos en Bagdad”.
Este muchacho no cree en las diferencias. La realidad le muestra a cada paso que existe el desacuerdo. Este muchacho es como Alonso Quijano. Y vive en el mapa desavenido de Bagdad donde barrios que en tiempos eran fáciles de deslindar se encuentran separados por una tierra de nadie, hecha de calles desiertas y edificios cerrados. Los transportistas deben cambiar de camión y de conductor para enviar sus productos de un territorio a otro.
¿Quién recorrerá Irak, y marcará por vista de ojo todos los lugares y ríos y arroyos por pequeños que sean? ¿Quién al recorrerlos contará que ahora hay un nuevo oficio en Bagdad. Pagando una tarifa, hay personas que registran vertederos y orillas para encontrar cuerpos de seres queridos.

silv dijo...

Estoy en la patria cervantina y el martes volvere a la de shakespeariana. Prometo volver a este espacio olvidado. Beso, Gus

gaab de aquí para allá dijo...

ame el comentario de pastora. que bueno. que buenisimo.

taty. dijo...

hola, gustavo. ¿qué tal?.
muchas gracias por tu comentario en mi blog. cuando tenga más tiempo, leeré el tuyo y haré lo debido.
pero, ya que veo que hay gente hablando sobre el término 'utopía', te recomiendo los textos sobre Graciela Fernández al respecto.

Paulino dijo...

Me encantó el comentario de Pastora, la relación entre un joven que vive en Irak y el Hidalgo, de la mano de un neologismo.
Que difícil es entender acontecimientos que ocurren en otras culturas y que mas allá de la guerra enfrentan a familias enteras.

Paulino dijo...

Me sorprendí al encontrar el mapa y más aún el enlace con los fondos digitalizados de la Universidad de Sevilla.
Es un sitio que recomiendo a quien tenga gusto por la gráfica y sobre todo por el grabado. Exelente.