2008-02-24

Vi en compañía de Blimunda y Baltasar la corrida de toros. El sacrificio de los animales cubiertos con capotes de explosivos.
Posteriormente aparecieron en la Plaza unas figuras de barro pintadas, pág. 125, que me retrotrajeron a La caverna y también al pasaje de El evangelio en el cual los diablos, por obra de Jesucristo, abandonaron el cuerpo de un loco para, por poco rato, hospedarse en el interior de dos mil cerdos.
Los toros embistieron las figuras y del interior de ellas salieron conejos y palomas, «pocos y pocas sobrevivirán a semejante crueldad». Recordé el sacrificio de las tortolillas. Como dice El evangelio: «un degolladero, un macelo, una carnicería».

Ahora As pequenas memórias.
A eso de los catorce años el descubrimiento de una «mezcla de agua, vinagre y azúcar, la misma que iba a servirme, con la excepción del azúcar, para, en mi Evangelio, matar la última sed de Jesucristo».

1 comentario:

gaab de aquí a allá dijo...

Ah, Toros. Qué espectaculo!. La feria, la plaza, la gente super emperifollada, todos guapos guapos en los tendidos. La banda toca pasos dobles. Los caballos, los toreros, los banderilleros, los cabestros, la muleta, la espada, el toro. Precioso. Si terminara cuando empieza. La belleza dura los primeros tres minutos. Cuando no hay sangre, y solo un hombre valiente y un toro bravo. No se lo recomiendo a nadie.