2008-06-06

Deuxième Monde, un monde meilleur.
Dos notas antiguas.

15 de agosto de 1997.
Ayer por la mañana llamó Paulino. Realmente no lo esperaba.
Me dijo que había pedido el día en el trabajo porque sentía una molestia en la rodilla. El médico debía pasar antes de las cinco de la tarde. Me invitó a tomar unos mates. Le dije que pasaría alrededor de las tres y media y que llevaría unos recortes de diarios para leer.
Nos pusimos a tomar mate y empecé a leer partes de una noticia sobre el hurto de libros de Borges en una biblioteca vecinal de Villa Ballester. Paulino ya había escuchado la noticia. La entrada de los ladrones parecía de ficción. Un tipo fue hacia los estantes —la letra B— y otro con un bolso hacia el mostrador. Quiero todos los libros de Borges. La bibliotecaria solicitó el carnet de socio. El del bolso mostró un revólver. La bibliotecaria no se movió. Mientras apuntaba con el revólver a la bibliotecaria arrojó el bolso al otro. Éste empezó a cargar los libros. Cuando terminó, se dirigió hacia la salida, cubierto por el que estaba armado. Una vez en la calle, no les arrancó el auto. Testigos tomaron la patente y la crónica siguió con la captura de los tipos.
Nos entusiasmamos con Paulino imaginando cosas: La primera letra del nombre fue pronunciada. Quizá estaban emitiendo un mensaje. O, simplemente, preanunciaran nuevos hurtos en otras bibliotecas. Nos divirtieron esos tipos. Paulino y yo experimentamos muchas veces la tentación de robar libros en las bibliotecas. Robaron los libros aunque estuvieran repetidos, exclamó posteriormente el director de la biblioteca.
Otro recorte era sobre un sitio de Internet que emula el mundo real, pero por ahora sólo conformado por una ciudad: París. El artículo muestra imágenes panorámicas y algunos postales de dicha París: Les Champs Élysées, el Museo del Louvre, la rue Rivoli, también el cementerio del Père-Lachaise, etc. —todo en tres dimensiones, como en algunos videojuegos—. Establecida la conexión, el navegante puede empezar a vivir una vida paralela. Los pasos básicos a dar son: elegir rostro y sexo, un nombre y unas vestimentas. A continuación, elegir un lugar dónde vivir. Todas las viviendas son de cuatrocientos metros cuadrados. Pueden ser departamentos o casas. De acuerdo con el artículo del diario, se puede amueblar el hogar como a uno le plazca, colgar cuadros de los pintores que uno desee. La ventana introductoria a Le 2ème Monde dice «La llave es exclusiva y cada uno de los ciberhabitantes tiene derecho a hacer lo que quiera dentro de su casa.» Hay un máximo de cincuenta personas por reunión o fiesta privada—la invitación se envía por e-mail o por debajo de la puerta—. Instalado cómodamente, el ciberciudadano puede abrir la puerta de calle y dar un paseo por el «exterior».
Las citas son del Suplemento de Informática de Clarín del seis de agosto.
Transcribo textuales algunas partes del artículo: el «avatar» —así se denomina al yo virtual— «se moverá por una París idílica. Sin vehículos, donde las calles le pertenecen. El ruido del tránsito, el olor de los escapes: se acabaron.» El Sena no es un obstáculo si uno desea cruzar de una orilla a otra a nado. Es posible que a lo largo de un paseo se encuentren otros avatares. Se puede conversar con ellos y «expresarles sentimientos».
Te imaginás, dije a Paulino, andar por ahí y ver una silueta cruzar por una bocacalle. Entonces correría hasta alcanzarla y me presentaría. Paulino imaginó un juego parecido a la mancha, limitado a un barrio de París, con gente amiga entre la multitud —De hecho el Segundo Mundo permite juegos de rol o búsquedas del tesoro—. Ambos pensamos también en delinquir o ser asesinos. ¿Pero cómo? ¿Cuál es el límite de lo permitido? Matar a alguien en un juego de rol implica un pacto entre los que juegan. Por ejemplo, acordamos entre nosotros dos asesinar a alguien, dije. Cuando la potencial víctima en presencia de un testigo escupe el café que está bebiendo porque lo encuentra salado, de acuerdo con nuestro código significaría que cayó en la trampa y murió envenenado. No me refiero a esto, dije. Sino a eliminar a alguien de ese mundo. ¿Para qué el cementerio? ¿Qué pasa con los que se desconectan?
Le comenté a Paulino reacciones de Vero cuando entrevió mi creciente interés por tener una vida paralela. Le pregunté a Paulino: ¿Vos te enamorarías de un avatar? Me contestó que la probabilidad era muy alta. Sabiendo que Vero es celosa, me dijo que seguramente ella se conectaría a la misma hora que yo lo hiciera y me andaría persiguiendo. Pero necesitarían otra computadora más. Por ahora estás salvado, me consoló.
—Claro. Una posibilidad es que entre ambos, ella y yo, moldeemos un avatar y lo condujéramos un día cada uno.
—Un hijo.
—...
Volvimos a lo permitido y lo prohibido. Existe parlamento representativo, poder judicial, plebiscitos, enlaces con comercios reales cuyos productos se pagan con dinero real. Hay reglas: «Al aceptar las condiciones del contrato, los cibernautas se comprometen ante todo, a no atentar contra la libertad de expresión y a no incitar a otros a la discriminación. Ante una ofensa, los jueces pueden decidir desde la invisibilidad hasta la desconexión temporaria o total del irrespetuoso.» «Cabe la posibilidad de que un grupo tome el poder del París Virtual, porque prácticamente todas las decisiones dependen de cada uno de sus habitantes. La tecnología empleada, la orientación de la investigación —¿investigación? — e incluso la economía del Segundo Mundo estarán permanentemente abiertos al debate.»
Es un simulador de vida.
Paulino imaginó dar conciertos en una placita. Más adelante, con el tiempo podría llegar a presentarse en una sala; con suerte llegar a vivir de eso. Dije que nunca se sabe. Capaz que un desconocido te deja en la latita mucho dinero de su cuenta bancaria. Me gustó hacer algo al aire libre. Fantaseé con disfraces. Animarme a cosas que ya no juego más. Por ejemplo, disfrazarme. Ir un domingo disfrazado a la Plaza Dorrego. Disfrazado. Y vos también, dije. E invitar a otros. Ver si nos descubrimos. O mejor: no descubrirnos. ¿Acaso en la antigüedad, los bailes de disfraces no cumplían esa función? Los romanos hacían orgías en las que cualquiera podía tener sexo con cualquiera, pero al día siguiente todo volvía a la normalidad. Por qué hoy admitiríamos hacerlo solamente en el Segundo Mundo. O en la ficción. De repente, Paulino dijo que le gustaría representar a Jorge Luis Borges. Yo recordé los dos Quijotes que habitan el Quijote. Fahrenheit: gente para mantener vivos a los libros en el Segundo Mundo. Esfinges. Oráculos. Se podría recrear el mundo griego, pensamos a la vez. Pero, inevitablemente, pensamos: ¿Por qué no en este mundo?
Paulino fue hasta la cocina. Otro universo, me dijo. Yo me quedé pensando en los tristes dobles de Batman o de la Pantera Rosa. Al volver de la cocina, Paulino había recordado algo de Borges y lo relató más o menos así:
Un nazi será ejecutado a las 9 a. m..
El sentenciado a muerte imagina las circunstancias del fusilamiento. Procura agotar todas las variaciones. Anticipa infinitamente el proceso. Muere centenares de muertes.
Sabe que el tiempo se precipita hacia el alba. Llegará la hora. Entonces, antes de que la cuádruple descarga lo derribe, consigue detener el tiempo con un gesto ampuloso y expiar, no a modo de justificación, su destino.

Paulino condensó en su narración dos cuentos de Borges. Entre los paralelos que presentan esos cuentos, la concentración se produce a partir de que los protagonistas de esos cuentos son condenados a muerte. El milagro secreto es el cuento donde el universo físico se detiene. En la víspera del fusilamiento, Hladíck le solicita a Dios un año para concluir una obra dramática que había empezado a escribir antes de ser detenido y condenado. Cuando se cumplió el plazo, la concluyó mentalmente. Una gota de lluvia resbaló sobre su mejilla y sintió la descarga sobre su cuerpo. El «gesto ampuloso» fue invención de Paulino. El protagonista es un judío sentenciado por la Gestapo; es decir lo opuesto a un nazi. Paulino lo confundió con el protagonista de Deutsches Requiem —condenado por haber sido subdirector del campo de concentración de Tarnowitz—. El personaje de este cuento, Otto Dietrich zur Linde, explica su vida como una serie heterogénea de actos independientes y casuales. No para ser perdonado o justificarse, sino a modo de expiación. En el relato que construye Paulino a partir de la concentración de esos dos cuentos, el nazi ocupa el lugar del judío. El nazi es el condenado judío de El milagro secreto. Se habían hecho las cinco. El médico no vino.

Hoy Paulino me llamó nuevamente. Me dijo por teléfono que encontró una definición para el Segundo Mundo. Entonces leyó una parte de otro cuento de Borges que dice: [es] una imagen incompleta, pero no falsa, del universo.
Le comenté que tenía que salir. Iba a buscar el torino al taller mecánico. ¿Querés acompañarme? le pregunté.
En la ida hacia el taller, en el 126, conversamos sobre el primer párrafo del cuento donde él halló la definición aplicable al Segundo Mundo. Continuamos hablando de ese cuento de espionaje. Me corrigió al rato. Él lo había leído esta mañana. No era un inglés el que iba a matar a un chino. Era precisamente lo opuesto. Bueno, admití que podía haberme equivocado.
—El asesinado tampoco era inglés. Era irlandés.
—¿Sí? —dije, y pasé a explicar los problemas del torino.
Le agradecí que me acompañara porque yo entiendo poco de mecánica y era la primera vez que llevaba el torino a ese taller. Bajamos. A pocos pasos del taller, Paulino dijo sentirse seducido por la idea de habitar un segundo mundo. Llegamos, le dije.

18 de agosto de 1997.
Por debajo de la puerta recibí un sobre.
Posiblemente chamuscada con un encendedor, la hojita del sobre habría sido arrancada de una carpeta de colegio. Incluía, en letras de máquina de escribir, la definición del Le 2ème Monde que Paulino encontró en El jardín de los senderos que se bifurcan.


9 comentarios:

la ninfa dijo...

me hacen mucha gracia las FANTASÍAS que compartían tu amigo y vos, Gustavo. UN TORINO!!!! ¿todavía lo tenés?

Pastora dijo...

Jugar es algo que me intimida. Resabios de la niñez.
Me da vergüenza.
Una vez entré a Second life usando el avatar de otra persona.
Caminé, volé y me asusté cada vez que veía a algún humano. No supe emitir palabra. Finalmente, me aburrí de existir. La gente hablaba entre sí o escuchaba música. No pude saber qué decían.

Aunque odio las películas de espionaje, con gusto jugaría a ser invisible y a entrar y salir de las vidas de los demás.
Un poco como hacen los lectores en las novelas. O yo en tu blog.
Supongo que mi verdadera naturaleza será la del voyeur. Me atraen los dibujos porque muestran lo que vio un ojo.
Únicamente he escrito informes y crónicas.
Si escribiera ficción, mi novela tendría como narradora una voz indeterminada, la de una "Presencia" aérea que viendo hace una crónica y se interroga acerca de la naturaleza de algunos humanos.

gaab de aquí a allá dijo...

Llevo días dándole vueltas al tema de second life.
Te dije por teléfono que me asustaba, especialmente por el tema de la adicción. Dejarte ir en ese mundo.
Pero también me asusta tener la posibilidad de manejar mi vida al milímetro. Ser como me gustaría ser y no soy. Transformarme en fantasía. Hay algo que me parece un poco enfermo. Es un prejuicio, supongo. Habitar Second Life no es tan distinto a tomar una cerveza con un amigo e imaginar ser el ladrón, ser el asesino del sorbito de café. Pero me quedo con la fantasía compratida.

euridice dijo...

Las relaciones "virtuales" a diferencia de las relaciones "reales" son de fácil acceso y de fácil salida.
No creo en su poder adictivo. A no ser que se utilicen para no decir... Para "actuar" lo no dicho.
Tu caso, Gaab, es diferente, porque podés hablar de temores personales.
Me inclino a pensar que tus palabras son un recurso retórico para celebrar una amistad.
Pensando en los dueños de avatares abandonados o desconectados, cito a Sygmunt Bauman: "En una red conectarse y desconectarse son elecciones legítimas, gozan del mismo estatus e igual importancia. ¡No tiene sentido cuál de las dos actividades complementarias constituye la esencia de una red! 'Red' sugiere momentos de estar en 'contacto' intercalados con momentos de libre merodeo. En una red las conexiones se establecen a demanda y pueden cortarse a voluntad".
Me quedo pensando en la película de Spielberg: Inteligencia artificial, en la palabra avatar y en las relaciones que establecemos con los "objetos" amorosos...

gaab de aquí a allá dijo...

Sería drogadicta, alcohólica, fumadora y prostituta si no me contuviera.

Creo en las adicciones, en el poder adictivo de ciertas cosas. Pero supongo que tiene que ver con mi personalidad. Quizás yo tenga una personalidad adictiva y deba tener más cuidado que Bauman en no quedar enganchada con cosas.

Estoy casada con un hombre con el que inicié una relación en formato virtual. Nos enamoramos hablando virtualmente durante horas, días, meses. Él en Australia y yo en Madrid. No fue buscado ni planificado. Aunque de haberlo sido, igual de válido sería.
En nuestro caso, sólo puedo culpar a un cúmulo de casualidades.
Cuando la virtualidad no nos alcanzó, compramos pasajes de avión. Y cuando la distancia se hizo demasiada, cambiamos domicilios. De esa relación virtual nacieron dos hermosas enanas. Desde el inicio, ninguno de los dos sintió más libertad que en una relación "corpórea", simplemente porque la relación era tan real como la que se puede tener con el vecino del sexto. No hubo fácil acceso, ni fácil salida.
Hubo ausencias. Falta de contacto.
Y eso es difícil.

Pero nadie elige de quien se enamora. Sucede. No es más que una variante de los grandes amores epistolares.

Por otra parte, Eurídice, lo mío no fue un recurso retórico. Aunque me encantaría decir que sí lo fue, porque me gusta como suena.

euridice dijo...

Noto una leve irritación que afecta el relato de una hermosa "historia virtual de amor".
Lo siento.
Sinceramente espero que Bauman o yo no seamos la causa. Tiendo a pensar que no.

la ninfa dijo...

Voy a jugar a ser la fiscal voladora de la placita.
Sugiero que ni tanto Bauman (que me parece soslaya el costado adictivo INNEGABLE de internet) ni tanto personalización, please.

Tampoco vaya a empezar otra/o con que no puede largar el chupi, la timba, el dulce de leche... para eso tenemos los domingos en familia.
Propongo antes leer: SUPERTOYS LAST ALL SUMMER LONG, de Brian Aldiss.

PD: me hizo mucha, muchísima gracia el aterrizaje a lo túnel del tiempo. Las fotos son tiernísimas. Pero la fiscal... ahora en serio: UN HORROR!!!!

ana dijo...

Me quedé enganchada con dos cosas, la crónica del robo de los libros de Borges, que daría para un cuento; y las imágenes del avatar en playa, lindos los caracoles y las gambas del avatar!!
No en serio, me encantaría volar y jugar a ser otro, aunque también de alguna manera lo seamos en diferentes situaciones.

Ninfa fiscal!!Bien por la intervención.

gaab de aquí a allá dijo...

Euridice: Ni mucho menos! solo me parecio oportuno contar mi caso, donde las relaciones virtuales tuvieron el mismo peso que las relaciones corporeas.