2009-10-27

La novela policíaca, según el historiador Carlo Ginzburg, se basa en un modelo cognoscitivo muy antiguo y a la vez muy moderno: el paradigma indiciario o adivinatorio.
Un cazador reconstruye los movimientos y el aspecto de una presa invisible a partir de sus rastros, del mismo modo en que Giovanni Morelli descubre al autor de una pintura. Para Morelli, el núcleo más íntimo de la individualidad se relaciona con elementos triviales, sustraídos de la conciencia del artista —en base al estudio de la letra manuscrita, el médico Giulio Mancini, predecesor de Morelli, consignó que sería posible identificar al autor de una pintura a partir de las partes ejecutadas con rapidez y también de aquellas que no son representaciones exactas de la realidad, como las pinceladas del cabello—. Los estudios de Morelli están llenos de detalles menores.

Morelli, Freud y Sherlock Holmes: indicios y método científico 1989

También el psicoanálisis acostumbra a deducir de rasgos poco estimados o inobservados —del residuo de la observación— cosas secretas o encubiertas. «Descifrar», «leer» pisadas o los secretos del cuerpo. Signos. «Caracteres». Firmas. «Retrato hablado». Lunares y manchas. Tal vez, la noción misma de narración se originó en una sociedad de cazadores.

2009-10-17

The end of art is peace.
Does peace deny art, or is it the aim of art?

el cuerpo, para el artista, deviene un envoltorio
Germano Celant.

Lo que yo no quise hacer fue una fotografía per se. Quise (como siempre) honrar la condición de este hombre... yo dije: «Vamos a alzarlo y a sentarlo en una silla». Pero sentar a un hombre muerto en una silla le dio un tipo de animación que fue la cosa más horrible... Y mientras nosotros estábamos sentándolo, toda la sangre fue derramándose desde diversas partes del cuerpo como la lluvia a lo largo del mango de un paraguas roto. Fue una situación terrible y maravillosa. Entonces lo sentamos en la silla —era una silla art decó, una robusta silla de metal— y lastimándonos nuestras espaldas lo conseguimos. El fondo fue armado de inmediato.
Pero él se caía, y la sangre seguía manándole, y la única manera que yo encontré de sentarlo fue tomando sus manos y balanceándolo; de tal manera que él me fue informando, muerto como estaba, como debería ser fotografiado. El hecho de que estuviera desvestido podría haber sido crudo y punible, pero como tenía sus soquetes puestos, esto significó que él aún estaba en una muy, pero muy contemporánea, circunstancia humana.

Joel-Peter Witkin Man without a Head, 1993

2009-10-08

Comisaría 10 — Homicidio 79
Oficina — Inspector Rodríguez
10-octubre-70 — Hora 12
Occiso: Juan Fernández
Identificador: Pedro Gutiérrez
Testigos: Luis Gómez, Diego Pérez, Antonio Ruiz

Temperatura de la habitación: 20° C a las 12,30 hs.
Historia: Fue muerto a balazos por Roque Pérez después de una discusión por negocios. No hubo lucha.—
Lo vio primero el Dr. Alberto Rodríguez.—
Roque Pérez fue detenido por el Cabo que lo vio correr por la calle manchado de sangre.—
Fotografiado por el Cabo Primero Enríquez.—
Temperatura rectal a las 12 hs: 37 ° C
Temperatura rectal a las 13 hs: 36° C

(x) Manchas de sangre entre la cocina y la pileta. Charco de sangre a la izquierda de la cabeza y el cuerpo.—
Arma: Colt 38 largo (revólver) con dos cápsulas servidas.



El género policial es realista, de violencia, un género de violencias sexuales también [...] Se ha olvidado el origen intelectual del relato policial.
16-junio-1978
Fuente: Borges Oral.

Sin embargo, el género policial no debe ser leído tan sólo en el espacio de la biblioteca, sino como un efecto de la cultura de masas. Walter Benjamin equipara al detective con el flâneur que vagabundea ociosamente por entre la multitud de París durante los tiempos florecientes del Segundo Imperio. Porque tras la indolencia aparente del flâneur, dice Benjamin, se «oculta una vigilancia que no pierde de vista al malhechor.»
El crimen ha migrado ya de las Cortes, o del interior del Estado, a la sociedad de masas, de donde el temperamento detectivesco toma «cosas al vuelo; y se sueña cercano al artista». A la vez, «la merma de rastros que trajo consigo la desaparición de los hombres en las masas de las grandes ciudades» ve surgir a la ciencia criminalística «en ayuda del proceso administrativo de control. [...] La fotografía hace por primera vez posible retener claramente y a la larga las huellas de un hombre.»
Benjamin coincide con Borges en que el interés por el relato policial reside en la trama, la cual no tiene, en tanto que construcción lógica y ordenada, «por qué ser propia de las narraciones de crímenes [...]». Luego, según resume Ricardo Piglia, el género puede ser leído como un intento de tematizar o comentar la relación entre fact y fiction.
Benjamin ilustra la sagacidad detectivesca, unida a la amable negligencia del flâneur, con Los mohicanos de París, donde el héroe de Dumas se entrega «a las aventuras persiguiendo un jirón de papel que ha abandonado a los juegos del viento. Cualquiera que sea la huella que el flâneur persiga, le conducirá a un crimen.» Esta maravilla, que como Benjamin explica , todavía «no glorifica al criminal», no obstante sitúa al género en los umbrales de Cosmos, la novela indiciaria de Witold Gombrowicz.