2017-04-04

Mi sangre toda vertirla a tus pies

Leo la última novela de Di Benedetto, la parte en que se menciona a otro novelista argentino. ¿Qué es una buena novela? Las de Di Benedetto tienen todas un trabajo singular con la palabra, pero Zama es superior al resto. No me acuerdo de que iban las otras y ahora me pasa también con Sombras, nada más. El protagonista es un periodista, se cuentan cosas de la redacción, de repente gana espacio la historia de uno de los dueños del diario, un joven que le es infiel a su esposa con una sirvienta; en sí lo que sucede es de lo más común, pero hay pasajes de mucha sensualidad y que me provocan placer por los detalles con los que Di Benedetto narra la pasión del amo con la sirvienta, por ejemplo, los roces y la presión de la piernas de ambos. La novela es una suma de episodios o sketches de la vida del periodista, que seguro no voy a recordar. Pero el encanto de esa prosa no voy a olvidarlo. Y puede ser que la inesperada mención del otro novelista argentino haga compañía en mi memoria al niño rubio y a los indios ciegos y al mono que flota entre las patas del muelle, de Zama.
Emanuel, el periodista de Sombras, teje una relación amorosa con Ave o Eva, una niña o que parece una niña. Se trata de la sobrina del jefe de la sección del diario en la que trabaja y la conoce en la casa del jefe. Mientras los dos conversan ella les cebaba mates. Al poco tiempo, el jefe muere. Ave va visitar a Emanuel al diario. Le transmite una hipótesis vampírica en torno a la muerte de su tío, que Emanuel no acepta. Sin embargo, lo inquieta que Ave tome el rechazo como una burla u ofensa. Lo cierto es que Emanuel se descubre seducido por Ave o Eva. Busca entonces en el recurso de una carta la forma de mitigar la discrepancia y manifestarle su atracción por ella. Así empieza una correspondencia que va a terminar en un encuentro junto al lago, en medio de insultos y con Emanuel dispuesto a ahogarla a causa de las confesiones de Ave.

[…]
Si bien admito que hay formas secretas de ser lo que no se es y pasar inadvertido en las sociedades humanas. Es lo que suele ocurrir con los unicornios que en algunas películas bajan a las zonas pobladas, ¿o no crees en los unicornios? ¿Por qué no, si puedes creer en los vampiros hembras?
En todo caso y en plan de procurar que nuestra reyerta (¿me atreveré a llamarla riña de enamorados o es prematuro decirlo?) no tiene que generar entre nosotros un desastre, ni siquiera una incomodidad, me allano.
Conocí en la Capital a un joven escritor, niño casi, que se llamaba Manuel y me dijo que cuando él fuera mayor escribiría un libro sobre los besos de la mujer araña.
Adiós, hasta que me llames sin enojo, pureza mía.


Ella no lo llama y piensa responder con otra carta cada uno de los párrafos de la de Emanuel, que consta de otros que la encabezan, entre los cuales él representa a la compañera del tío besándolo, como si libara sus jugos vitales. Pero Ave se aturde y abrevia:

No es prematuro lo que has vacilado decir.
Emanuel desengáñate, yo no soy pura.