La poética de Borges, según Ricardo Piglia, activa una función paranoica de la información y de la interpretación: la lectura queda entrampada en una delirante búsqueda a lo Lönnrot. Estas son las hipótesis acerca del género policial que ha desarrollado Piglia a partir de Borges. Abajo, y a modo de resumen, un acercamiento de Ana Gallego Cuiñas a dicha encrucijada.
[…] el género policial es un género moderno puesto que lo vemos nacer (de la pluma de Poe), y su rasgo más sobresaliente es convertir en anécdota y tema el problema técnico de la narración (qué sabe el que narra). Por otro lado, la figura que lo caracteriza es la del detective, cuya función capital se sitúa en el plano narrativo, ya que cuestiona la omnipotencia del narrador y viene de la mano de la aparición del punto de vista: «la narración como una mirada espacial». Este personaje tiene una significación social incontestable que Piglia pone de relieve: la institución de la ley —la policía— no sirve; sólo es válida la inteligencia privada, la que está fuera del mundo del Estado, pero también fuera del mundo criminal. Igualmente, el género policial es un género capitalista porque coloca al dinero en un lugar central, «es un tipo de literatura hecha para vender como mercancía en el mercado literario, trabaja con fórmulas, repeticiones, estereotipos» [Véase Ricardo Piglia. La ficción paranoica. Clarín, (10-10-1991), p. 5]. Estas variables sociales y formales que son congénitas a los inicios del género, se «exasperan hoy día» porque el policial se ha transformado —ya no hay una norma, un sistema único, rígido, sino una contaminación de géneros, una encrucijada narrativa— produciendo un nuevo tipo de discurso que Piglia denomina «ficción paranoica». Pero lo interesante de este nuevo concepto, a mi modo de ver, es el énfasis que pone Piglia en el relato como investigación, y los elementos —referentes al contenido y a la forma— que maneja para definirlo: de un lado, la idea de una subjetividad amenazada, del enemigo, el perseguidor, el complot que acecha a la conciencia del que narra, deviniendo «conciencia paranoica». De otro, tenemos lo que llama «el delirio interpretativo», es decir, la interpretación que intenta borrar el azar, evidenciar que hay una suerte de mensaje cifrado, oculto, dirigido al detective —al investigador—; que ha de enfrentarse con la problemática de la verdad.
[…]
2009-11-16
2009-11-08
Fragmento de una charla de café con Ricardo Piglia, durante el coloquio internacional de La Sorbona, 30 - 31 mayo de 2008 / 3 minutos : 09 segundos
| Charla de café |
Palabras claves: género policial - serie negra - policial inglés de enigma - policial duro norteamericano - mitos - ciudad
Entrevista completa / 20 minutos : 31 segundos
2009-10-27
La novela policíaca, según el historiador Carlo Ginzburg, se basa en un modelo cognoscitivo muy antiguo y a la vez muy moderno: el paradigma indiciario o adivinatorio.
Un cazador reconstruye los movimientos y el aspecto de una presa invisible a partir de sus rastros, del mismo modo en que Giovanni Morelli descubre al autor de una pintura. Para Morelli, el núcleo más íntimo de la individualidad se relaciona con elementos triviales, sustraídos de la conciencia del artista —en base al estudio de la letra manuscrita, el médico Giulio Mancini, predecesor de Morelli, consignó que sería posible identificar al autor de una pintura a partir de las partes ejecutadas con rapidez y también de aquellas que no son representaciones exactas de la realidad, como las pinceladas del cabello—. Los estudios de Morelli están llenos de detalles menores.

2009-10-17
The end of art is peace.
Does peace deny art, or is it the aim of art?
Lo que yo no quise hacer fue una fotografía per se. Quise (como siempre) honrar la condición de este hombre... yo dije: «Vamos a alzarlo y a sentarlo en una silla». Pero sentar a un hombre muerto en una silla le dio un tipo de animación que fue la cosa más horrible... Y mientras nosotros estábamos sentándolo, toda la sangre fue derramándose desde diversas partes del cuerpo como la lluvia a lo largo del mango de un paraguas roto. Fue una situación terrible y maravillosa. Entonces lo sentamos en la silla —era una silla art decó, una robusta silla de metal— y lastimándonos nuestras espaldas lo conseguimos. El fondo fue armado de inmediato.
Pero él se caía, y la sangre seguía manándole, y la única manera que yo encontré de sentarlo fue tomando sus manos y balanceándolo; de tal manera que él me fue informando, muerto como estaba, como debería ser fotografiado. El hecho de que estuviera desvestido podría haber sido crudo y punible, pero como tenía sus soquetes puestos, esto significó que él aún estaba en una muy, pero muy contemporánea, circunstancia humana.
Joel-Peter Witkin Man without a Head, 1993
2009-10-08
Comisaría 10 — Homicidio 79
Oficina — Inspector Rodríguez
10-octubre-70 — Hora 12
Occiso: Juan Fernández
Identificador: Pedro Gutiérrez
Testigos: Luis Gómez, Diego Pérez, Antonio Ruiz
Temperatura de la habitación: 20° C a las 12,30 hs.
Historia: Fue muerto a balazos por Roque Pérez después de una discusión por negocios. No hubo lucha.—
Lo vio primero el Dr. Alberto Rodríguez.—
Roque Pérez fue detenido por el Cabo que lo vio correr por la calle manchado de sangre.—
Fotografiado por el Cabo Primero Enríquez.—
Temperatura rectal a las 12 hs: 37 ° C
Temperatura rectal a las 13 hs: 36° C
(x) Manchas de sangre entre la cocina y la pileta. Charco de sangre a la izquierda de la cabeza y el cuerpo.—
Arma: Colt 38 largo (revólver) con dos cápsulas servidas.

16-junio-1978
Fuente: Borges Oral.
Sin embargo, el género policial no debe ser leído tan sólo en el espacio de la biblioteca, sino como un efecto de la cultura de masas. Walter Benjamin equipara al detective con el flâneur que vagabundea ociosamente por entre la multitud de París durante los tiempos florecientes del Segundo Imperio. Porque tras la indolencia aparente del flâneur, dice Benjamin, se «oculta una vigilancia que no pierde de vista al malhechor.»
El crimen ha migrado ya de las Cortes, o del interior del Estado, a la sociedad de masas, de donde el temperamento detectivesco toma «cosas al vuelo; y se sueña cercano al artista». A la vez, «la merma de rastros que trajo consigo la desaparición de los hombres en las masas de las grandes ciudades» ve surgir a la ciencia criminalística «en ayuda del proceso administrativo de control. [...] La fotografía hace por primera vez posible retener claramente y a la larga las huellas de un hombre.»
Benjamin coincide con Borges en que el interés por el relato policial reside en la trama, la cual no tiene, en tanto que construcción lógica y ordenada, «por qué ser propia de las narraciones de crímenes [...]». Luego, según resume Ricardo Piglia, el género puede ser leído como un intento de tematizar o comentar la relación entre fact y fiction.
Benjamin ilustra la sagacidad detectivesca, unida a la amable negligencia del flâneur, con Los mohicanos de París, donde el héroe de Dumas se entrega «a las aventuras persiguiendo un jirón de papel que ha abandonado a los juegos del viento. Cualquiera que sea la huella que el flâneur persiga, le conducirá a un crimen.» Esta maravilla, que como Benjamin explica , todavía «no glorifica al criminal», no obstante sitúa al género en los umbrales de Cosmos, la novela indiciaria de Witold Gombrowicz.
2009-09-30
Buscador de indicios
El detective es un hombre astuto, ingenioso, reflexivo, valeroso, dotado de gran aptitud razonadora y calculadora, de certero golpe de vista, de maravillosa intuición; pero ha de ser también un técnico, un hombre de ciencia verdadero que ha de conocer bien la filosofía jurídica penal, la sociología criminal y la antropología del delincuente y ha de poseer todos los secretos de la policía judicial científica.
El rastro insignificante
Se comprobaba que un cabello, una mancha de estearina, la ceniza de un cigarrillo; un paso en la arena, un poco de polvo aplastado al contacto de una falange, un mordisco en una masa, un rasguño en un objeto de madera, una palabra trazada en un muro, etc., son acusadores contra los cuales nada prevalece. Simultáneamente, el peritaje de escritos, la identificación de reincidentes, la crítica del testimonio se sujeta a una técnica rigurosa; cada tiempo de la investigación entra en una vía científica; los laboratorios de la policía se abrían, y, en fin, como en las novelas de Conan Doyle, se veía descubrir un criminal sin otros medios que la observación de las huellas y el raciocinio. El programa trazado por los policías de novelas era realizado por los policías de laboratorio.
La investigación resulta […] el conjunto de principios y procedimientos prácticos encaminados a lograr la reconstrucción del delito, sus móviles y sus contingencias y la captura e identificación de los delincuentes, complicados en su ejecución a fin de poner a éstos al alcance de los Tribunales de Justicia, para que puedan proclamar el castigo sobre la base de los hechos reconstruidos.
La comisión investigadora procede a fotografiar, dibujar, y relevar topográficamente el lugar. También sus alrededores si las circunstancias lo requiriesen. Deberá añadirse una reseña escrita lo más completa posible.
Inspección del cadáver
Se obtienen varias fotos del cadáver: una del conjunto, otras de las partes más importantes.
Un examen médico-legista y un examen policial de cadáver, sus ropas y objetos que lo rodean.
Inspección de la habitación
Pisadas y otras huellas de marcha.
Huellas e impresiones manuales, digitales y palmares.
Huellas dentarias.
Manchas de sangre.
Cabellos
Secreciones y excrementos humanos o animales.
Ropas.
Autógrafos, inscripciones y dibujos.
Armas y proyectiles.
Herramientas y otros útiles.
Balazos, roturas, etc.
Polvo, lodo.
Cigarros, cigarrillos, pipa, cenizas.
Huellas diversas.
Búsqueda de huellas invisibles
Sería numerosa la lista de los casos resueltos por la inteligente captación del pequeño detalle, la huella minúscula o invisible.
Examen del cuerpo del delito
Es el instrumento empleado para el crimen: arma, veneno, etcétera. Deberá ser tomado con cuidado. Todos los datos allí reunidos se sistematizan.
Individualización del culpable
En el supuesto de haber logrado la detención del presunto delincuente, éste deberá ser sometido a un riguroso examen en los aspectos antropométricos, penal, patológico y psicológico.
2009-09-21
Jacques Lacan llama la atención sobre dos escenas del cuento que pueden considerarse como repetición.
La primera es el acto de sustracción de la carta. El Ministro se apodera de la carta y la reemplaza por otra, ante los ojos de la destinataria.
Todo podría pues haber pasado inadvertido para un espectador ideal en una operación en la que nadie ha pestañeado y cuyo cociente es que el Ministro ha hurtado a la Reina su carta y que, resultado más importante aún que el primero, la Reina sabe que es él quien la posee ahora, y no inocentemente.
La segunda es el encuentro de Dupin con la carta, mientras tanto el Ministro bostezaba y haraganeaba. La carta está exhibida, si bien rota y sucia, sobre la repisa de la chimenea de la casa del Ministro.
Entonces [Dupin] sólo tiene que retirarse después de haber "olvidado" su tabaquera en la mesa, para regresar a buscarla al día siguiente, armado de una contrahechura que simula el presente aspecto de la carta. Un incidente de la calle, preparado para el momento adecuado, llama la atención del Ministro hacia la ventana, y Dupin aprovecha para apoderarse a su vez de la carta sustituyéndole su simulacro; sólo le falta salvar ante el Ministro las apariencias de una despedida normal.
Los personajes de la trama se sustituyen «en el transcurso de la repetición intersubjetiva». La carta robada «estará y no estará allí donde está». Lacan exprimirá el sentido de letra, tanto en inglés como en francés: The purloined letter o Le lettre volée. Se busca una carta, una letra… el puro significante. A partir del circuito de la carta, el desplazamiento tendrá que ver con el «polvo en los ojos», o, dicho de otra forma, con una idea de la experiencia como negatividad. Sin embargo, no habrá sido por falta de visión que a la policía de París se le escapó aquello que hacía «girar entre sus dedos». Cualquier carta no agota su destino cuando comunica lo que contiene. Hay un destino de la carta que va más allá de la mera comunicación. Es por eso que «el significante no es funcional».
Para Lacan aquellas secuencias de repetición exhiben que la verdad no progresa más que a partir de una estructura de ficción, es decir, de mentira. De donde parte el enunciado: «La verdad tiene estructura de ficción».
Publicado por Gustavo López 1 comentarios
Escritores: borges, chesterton, dannay, doyle, lee, poe, shiel
2009-09-06
Una carta ha sido robada de las habitaciones reales por un Ministro intrigante que fue visto cometer el hecho. La policía registra los cuartos de la casa del Ministro y dedica una semana por cuarto para examinar los rincones más intrincados y los escondrijos más remotos. Observa la encoladura y los ensamblajes de todos los muebles, así como la encuadernación de los libros, atenta a la menor señal de un reciente cambio. Compara también la capacidad de los armarios con la suma de la capacidad de los cajones. Busca en el edificio entero, en las dos casas contiguas, en los sótanos y en el terreno de los predios. Usa taladros, sondas y microscopios. Asalta en la calle al Ministro para cachearlo por si acaso la lleva consigo. Pero es inútil, no encuentra la carta robada. La policía repite la pesquisa por consejo de Dupin, a quien el Prefecto de París había presentado los detalles, de manera no oficial. Dupin está seguro de que la carta está en la casa, sólo que no está en el ámbito de la búsqueda del Prefecto, cuyos principios de investigación fracasan por no tener en cuenta al adversario. Dupin conoce bien al Ministro. Va a visitar a ese hombre, astuto cortesano y audaz chantajista, confiado en que, ante el problema de ocultación de la carta, ha empleado el recurso más simple: no ocultarla. Mientras en apariencia sigue con toda atención las palabras de su anfitrión, ve sobre la repisa de la chimenea una maltrecha carta, saliente de un viejo tarjetero. Se da cuenta de que ésa es la carta robada.
—Y bien, sí. El problema es simple, y sin embargo nos desconcierta.
—Quizá es precisamente la simplicidad lo que los desconcierta.
La trama de The purloined letter define la poética del género. Dupin, encerrado en una biblioteca, sostiene el enigma, la sorpresa y encuentra la solución justa que Borges exige de un cuento policial. El recurso del book-closet sirve para que el lector sepa que se encuentra leyendo una historia que se limita a la discusión y a la resolución intelectual de un problema estricto. Literatura del pensamiento, destaca el origen intelectual del relato policial, a la vez que recuerda la belleza, la necesidad de un orden y de una regularidad en las obras literarias. El género se engaña, como el Prefecto, cuando para enriquecer la literatura recurre a las lupas, registra muchas veces la casa, todos los lugares comunes. Dupin no pone en duda la perfección de ese trabajo, dentro de sus limitaciones. Sin embargo, el relato policial representa la obligación de inventar; primero, un problema determinado; segundo, el misterio debe ser descubierto por una operación intelectual y no realista.
2009-08-26
—¿Por qué me miras así?
—Parece que no me recuerdas...


Te vi por primera vez en los jardines de Frederikstad. Estabas de pie, sola, alejada de los demás en una balaustrada de piedra sobre la que posabas tus manos, con los brazos un poco extendidos. Estabas mirando hacia el paseo. No viste cómo me acercaba. Pero oíste mis pasos en la grava y te giraste.
—No era yo. Me confundes con otra persona.
—Recuerda. Estábamos cerca de una escultura... un hombre y una mujer, de estilo clásico cuyos gestos petrificados parecían querer decirnos algo. Me preguntaste quiénes eran. Yo respondí que no lo sabía. Empezaste a hacer conjeturas y yo dije que podríamos ser tú y yo. Entonces te reíste. Te amo. Te amé entonces... al oír tu risa. El resto de la gente se había ido acercando. Alguien identificó la estatua. Personajes mitológicos, dioses o héroes de la Antigua Grecia. O quizás fueran una alegoría, o algo parecido. Dejaste de escuchar. Parecía que estabas en otro lugar, muy lejano. Una vez más tus ojos estaban serios, ausentes. Te giraste y dirigiste de nuevo tu mirada al camino. Una vez más nos separamos.
¡Eso es imposible!
2009-08-14
Dice Raúl Beceyro* que en las películas de Abbas Kiarostami se produce una unión agridulce de materiales documentales con una sofisticada organización narrativa. Y que «nuestro» saber, o lo que creemos saber del momento final, queda suspendido. Es sólo una idea, de la cual me serviré para ilustrar mi lectura de Magic Resort.
De Max me atrajo el humor. Esa zona de la novela tiene momentos que carretean en una dirección 1984 o Naranja Mecánica, pero pura imaginación mía. Todavía no comprendo la inserción de los juegos de suma cero en el «armado» de Max.
Me sentí más a gusto con Lenis porque me llegó la tensión entre la Franja de Gaza y las traducciones, las encuestas, los pufs, las plays, el ping-pong, el psicoanálisis. La pantalla «lejana» resulta sangrienta, dura y hasta sucia. El cuaderno tiene oraciones largas. El primer sitio en el cual experimenté que la novela me tuvo en sus redes fue en la página cincuenta y uno, donde Lenis relata lo del taxi.
Poco más adelante, las referencias que huyen... nuevamente Max. Me gustó el título: Las heridas son fieles. Pero al concluir este segundo Max me quedé pensando en la función «otro». Max se había estructurado en función de Tutor y luego de Dante. Así que Max no puede, tal como declara en la pagina sesenta y tres, arreglárselas solo. El tipo hace planes como también los hace Lenis: se propone rutinas en busca de alcanzar un equilibrio. Empieza a revivir por el lado de Dante, aunque la voz de Dante suene patética, tan patética como la de Marcia durante el paseo por el shopping. Sucedió ya con Lenis y su cuaderno: la narración en Max se refuerza por la vía del diario íntimo. La cita final de Dante, como dije respecto a Lenis y Rush en el instante del taxi, hizo que no consiguiera yo salir de las redes de la novela. Esas palabras de Dante hablan de algo «verdadero y profundo» por detrás de las «fruslerías y lugares comunes». Y yo estaba pensando en las fruslerías y lugares comunes de Marcia; o sea, me encontraba repentinamente con unas palabras que parecían dirigidas a mí. Era la máquina narrativa funcionando a pleno.
Noche y niebla hace honor al contraste entre el cibernauta y la abuela. Pocas páginas más adelante, exactamente en el «vagabundeando» y tras los puntos suspensivos de las palabras de la abuela dirigidas a Rocío, gocé por aquel contraste y enseguida me reí. Me reí de veras en compañía del texto, porque en el renglón siguiente a los puntos suspensivos, me encontré con las «risas» que parecían compartidas y escuchadas por la novela. Es decir, lo mismo que ocurrió cuando lo de Dante: el lector vive cosas que la novela escucha.
El documental propiamente dicho viene dado por Rush, pero no exclusivamente por él. Creo que en Magic Resort los escritos de distinta índole funcionan de manera documental. Inclusive los sueños de Rush. Así como las imágenes de las portadillas y los versos de Eliot.
Me quiero detener un poco en los escritos en cuadernos o diarios. En Noche y niebla no hay otra señal aparte de la bastardilla para indicar que Rocío escribe. Este esquema renueva una fuerza que, más adelante, recuperará su intensidad en La desolación es sutil. Existe esa misma fuerza en los e-mails. Sin embargo, la narración podría haber dado pautas que inscribieran a los textos como correos electrónicos, sin recurrir a los encabezados. Rescato que al final, Rocío exprese que los correos de Max están en función carta.
La crónica de Rush hace bien a la novela. Fue un logro haber insertado ese mensaje de zozobra apocalíptica. Lenis se desdibuja un poco en la historia. Por último, puesto el foco en la bipolaridad de Max, tal vez algo emane de él que hable de Magic Resort como un todo suspendido. Max encuentra algodones en el «hasta que te vea» de Rocío. Un final de desplazamiento, como sucede con los afectos. Un tránsito excéntrico y discontinuo del afecto.
* R. Beceyro hizo en mil novecientos ochenta y ocho una adaptación cinematográfica de Nadie nada nunca.
2009-08-01
Estoy feliz por haber resuelto la búsqueda. Intentaré resumir los pasos.
Cuando finalicé Werther tenía en mente la siguiente acepción de miniatura, según el diccionario de la Real Academia:
Pintura primorosa o de tamaño pequeño, hecha al temple sobre vitela o marfil, o al óleo sobre chapas metálicas o cartulinas.
Por lo cual, descargué distintas versiones digitales y orienté la pesquisa a partir de la palabra clave: pintura. Sin embargo, los contextos no tuvieron que ver con la miniatura, por decirlo de algún modo.
No obstante, y cuando iba a darme ya por vencido, volví a Barthes, como quien vuelve al lugar del crimen. Sucedió que, delante de mis atónitos ojos, leí la frase:
¡Oh!, cuando esta magnífica Naturaleza, desplegada ante mí, me parece tan glacial como una miniatura cubierta de barniz…
Me di cuenta de que el problema estaba en la traducción. Así que volví a la edición en alemán y se me ocurrió rastrear la palabra barniz. El problema era que los barnices se nombran de once maneras distintas en alemán. Yo no sabía cuál de las once palabras en alemán designaba el barniz artístico.
Comencé a escanear, o a leer por arriba, aquellas partes de la novela en las que aparecían cada una de esas palabras. Ardua tarea.
Después de la mitad, en la séptima búsqueda, hallé el siguiente contexto:
—o! Wenn da dieseherrliche Natur so starr vor mir steht wie ein lackiertes Bildchen...
La palabra clave había sido: lack, que sonaba muy parecido a nuestra laca. De manera que tomé lackiertes como laqueado. Pegué un salto, al advertir las dos correspondencias: «—o! / ¡Oh! » y «Natur so starr / magnífica Naturaleza». Tres puntos de apoyo en una constelación de poco más de una docena de palabras resultaban alentadores, casi la prueba de que había encontrado el pasaje de Goethe, citado por Barthes.
La constelación pertenecía a la entrada del 3 de noviembre. Restaba luego revisar mi Werther de la Biblioteca Básica Salvat (1969), o cualquiera de las ediciones digitales, para verificarla.
El encuentro estaba por suceder, y, en esa fecha, 3 de noviembre, Werther se halla atónito, o, en palabras de Goethe, apagado y cerrado al mundo. Su corazón muerto. Y sus ojos secos contemplan el paisaje a través de la ventana:
...este admirable cuadro, ahora inanimado y frío como una estampa de color...
No piensen que estoy loco, «amados míos». Estos fueron los pasos que seguí para comprobar la hipótesis de la pintura. La «miniatura vidriada» no era lo que yo había supuesto, sino un «cuadrito laqueado». De todos modos, si haberlo averiguado representa algún mérito, éste acaso resida en haber descorrido algunos velos de las traducciones del clásico de Goethe. Inmediatamente abajo una versión de Longseller muchísimo más próxima a la de los Fragmentos, y, al pie, la novela misma en una versión que no difiere sustancialmente de la de Salvat.
2009-07-24

Lunes, 02 de Marzo de 2009 00:07
[…] descansé un poco de Barthes, pero volví a retomar los Fragmentos en estos días; especialmente leí la figura donde describe lo irreal / lo desreal. Balbuceé muchas conexiones con la escritura (el propio Barthes las hace: él discurre acerca del «decir» / «escribir»)... El mundo atónito.
Miércoles, 10 de Junio de 2009 11:42
[…] ahora que tenés fresca la lectura de Werther, me gustaría que busques la página que es referida por Barthes. En 3 (Pasolini), últimas líneas, dice:
[...la buena frase...] me retiene al borde de la realidad que se aleja y se hiela poco a poco, como la miniatura vidriada del joven Werther (—la Naturaleza, hoy, es la Ciudad—)
Supongo que la miniatura es una cápsula de nieve. Hay un pasaje de mi novela que incluye una cápsula con la Difunta Correa. Quiero pensar los conceptos de irreal / desreal. Te lo he mencionado, como al pasar, en un correo de marzo.
Lunes, 15 de Junio de 2009 21:13
[…] loco de buscar la miniatura vidriada... no está, ¿dónde está?
Te mando un adjunto, resumen de mi búsqueda después de recibir tu e-mail (en la semana te escribo más largo)... Pero aprendí a escribir: miniatura, transparente cristal, ventana, vaso y «amada mía» en alemán.
Martes, 16 de Junio de 2009 19:38
En el correo de ayer, «meine Beste», se me pasó una palabra muy cercana.
La palabra «letra».
En alemán, Zierbuchstabe designa «miniatura». Precisamente, tras la busca de Zierbuchstabe llegué a la partícula Buchstabe que corresponde a la palabra «letra».
¿No es digno de nota que «miniatura» referencie a «letra»? La verdad, me admiré del encuentro. Es rara la relación, aunque no descabellada, me parece.
Miércoles, 01 de Julio de 2009 09:37
Leí con gusto la primera parte de Werther. Me llamó la atención el espíritu tempestuoso del héroe, rasgo que no había percibido a través del prisma Barthes.
Aviso: no encontré la miniatura.
Jueves, 02 de Julio de 2009 11:00
Empecé la segunda parte y me encantó el cambio en los destinatarios de las cartas.
Lunes, 06 de Julio de 2009 13:17
Terminé la segunda parte y me atrajo muchísimo seguir las pasiones de Werther. En los primeros días, las pasiones parecen haberse calmado, pero de pronto empiezan las lamentaciones, y, más o menos hacia octubre, se avalanchan en tropel. No sabemos si las entradas corresponden todas a cartas... parece que leemos dos soportes: cartas, principalmente destinadas a Wilhelm, y hojas de un diario personal.
Viernes, 17 de Julio de 2009 13:17
Ahora en igualdad de condiciones porque acabo de terminar.
Si alguien sabe de la miniatura vidriada, le ruego información... yo pagaré... un poco con amor, un poco con verdad.
2009-07-17
Ayer, mientras conversaba con Víctor sobre las motivaciones al momento de comenzar a leer una novela, comenté que había experimentado al menos dos al ponerme con Werther: continuar más adelante con los Fragmentos de un discurso amoroso, puesto que al llegar a Las imágenes tuve la sensación de que me estaba perdiendo muchas cosas por no haber leído previamente Werther, libro de cabecera de Roland Barthes, y, la segunda, encontrar la página donde debía aparecer la cápsula nevada, como yo la llamo, la esfera de agua, como Víctor la llama, o la miniatura vidriada, como Eduardo Molina, el traductor de los Fragmentos, la llama; si, y solo si, los tres hablamos de lo mismo. En una próxima entrada, relataré algunos percances al respecto; antes quiero volver al falso tintero de Paul Auster.
En una entrada de hace casi dos años mencioné la falsa cita de Pinocho en La invención de la soledad. Reproduciré abajo los parágrafos sustanciales, y también, a continuación, algunos comentarios y correos entre amigos.
El tintero falso en Terminé las dos últimas páginas de La invención:
[…]
Durante varias noches revisé fuentes y más fuentes pero no hallé el pasaje del libro de Carlo Collodi que, de acuerdo con Paul Auster en la p. 231 de La invención, diría: «…por un momento [Pinocho] pensó que lo habían sumergido de cabeza en un tintero…»
Por el contrario dice:
«…una oscuridad tan negra y profunda que le parecía como si hubiese entrado de cabeza en un calamar lleno de tinta…»
El calamar lleno de tinta es una imagen tan impresionante como la del tintero. Los lectores de La invención conocemos el increíble despliegue que Paul Auster hace a partir del inusitado tintero o inkwell. Pero dicha imagen tiene un poder de revelación increíble porque no está. El efecto de revelación surge de una cita que por lo menos yo no pude hallar.
Me resulta chocante tener que decirlo. Pero no está en Collodi. Únicamente parece existir en Austerlandia.
La entrada de marzo sobre la miniatura vidriada:
El aire atrapado (o la irrealidad misma)
Nota paranoica: Parece que Gabriela respondiera antes de que yo le dirija mis correos porque escribe desde Australia.
2009-07-04
—Por esto me gustan.
Al finalizar el pasaje sobre las endrinas, Pavese escribió que «hay cosas que basta con que existan y se es feliz sabiéndolo.» Aunque no se coman más que dos o tres.
Imagen: rafamaldo
2009-07-01
La justicia dictaminó a favor de JD Salinger y prohibió la publicación de 60 years later. [The New York Times]
Estaba leyendo una de ovnis cuando recibí la novedad. Me distraje un rato con algunos de los capítulos últimos de la Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm. El historiador hace referencia por ahí al «carácter enfermizo de la cultura norteamericana», y a «la predisposición peculiar» de los norteamericanos «para resolver todas las disputas humanas a través de litigios […]» Esto hablaría, según Hobsbawm, de miedos instalados en la sociedad, encarnados de la siguiente manera: «[…] personas que están dispuestas a correr graves riesgos en la práctica […] viajando en coche por una autopista o desplazándose en metro por Nueva York, pueden resistirse a tomar una aspirina porque saben que en algunos casos raros tiene efectos secundarios.» Así, el miedo a morir envenenado manifiesta una indefensión por parte del individuo, que también podría ligarse, aunque amplificada, a la creencia en las invasiones extraterrestres.
Esta aproximación a la cultura norteamericana se enlaza con otras ideas. Los años sesenta marcaron el triunfo de la sociedad de consumo. Y ya en los cincuenta, la lectura dejó de ser «un actividad tan espontánea» como había sido hasta entonces. A fuerza de ser exacto, el sujeto plural de la oración es el conjunto representado por los niños de las clases ricas. Pero, al inicio del siguiente parágrafo, Hobsbawm generaliza, y expresa que las «palabras que dominaban las sociedades de consumo occidentales ya no eran las palabras de los libros sagrados, ni tampoco la de los escritores laicos, sino las marcas de cualquier cosa que pudiera comprarse.»
No obstante, me parece recomendable leer la demanda de JD Salinger, sobre todo lo que respecta a la construcción de la voz de Holden Caulfield; las interpelaciones al lector; el estilo flashback; las digresiones; etcétera. Incluye la sostenida afirmación: «[60 years later] is a rip-off pure and simple».
JD Salinger's suit [Wall Street Journal]
2009-06-22
El miércoles diecisiete, la jueza federal que atiende la demanda de JD Salinger, dictó una medida cautelar que prohíbe por diez días la publicación de 60 years later en Estados Unidos.
Veinticuatro horas antes, se conoció el nombre del autor. En medio de una andanada de declaraciones e informes ante la corte de Manhattan, se supo que detrás del seudónimo de JD California se ocultaba un sueco, de treinta y tres años, de nombre Fredrik Colting.
La novela ha sido ya publicada en Inglaterra por la editorial Windupbird y entre los documentos presentados a la corte se incluyó un boceto de la portada para Estados Unidos. En la tapa puede leerse de forma destacada que la novela de Colting resultaría:
Y, en la contratapa, dos párrafos de la novela, que, a merced de una síntesis argumental, son presentados como la voz de JD Salinger al instante de retornar a la vida a C, personaje de su invención. Sesenta años después de su «debut como el gran antihéroe norteamericano», C despierta en un geriátrico, con una desconcertante compulsión por escapar. A pesar de no tener una clara noción del porqué, el creador hace subir a su personaje a un micro y lo embarca en una travesía a través de las calles de Nueva York.
Y al pie la advertencia:
La jueza federal expresó su propio parecer: Holden Caulfield es un retrato de palabras, y, dictaminó, que Holden Caulfield existirá, por lo menos hasta fin de mes —sentencia irónicamente uno de los copetes del prestigioso diario—, en estado de permanente adolescencia, aligerado de los cuidados y reproches de la edad madura.
17 junio In state of permanent adolescence
17 junio Publication delayed
16 junio H. C. hangs on to his youth
Documentos
a. Informe de los abogados de Colting
b. Declaración de Colting
c. Declaración del distribuidor en EE UU
d. Lectura de Sixty Years Later
e. Acerca de la publicación de Sixty Years Later
16 junio The sanctity
Fuente principal: NYTimes.com
2009-06-09
Las noticias también dicen que no es una parodia [The sequel is not a parody...] como dando a entender que si lo fuera JD Salinger no habría planteado la demanda. Quiero acotar que me parece interesante este detalle. Porque, tomando el caso Cervantes-Avellaneda, es aceptado que la II parte cervantina sería parodia de la primera, mientras que la II parte avellanediana sería emulación.
Por otro lado, pero al mismo tiempo, existe una vasta corriente de investigación que sostiene que Cervantes imitó páginas del autor oculto bajo el falso nombre de Avellaneda, y que habría conocido la identidad; por esta razón, hasta pudo haberlo parodiado, o satirizado, al incluirlo como personaje. Aunque éste no habría sido el origen de la disputa, parte de la misma pudo haber provenido de esa ofensa de Cervantes.
2009-06-07
Viejos pleitos se actualizan con la demanda presentada por JD Salinger en la ciudad de Manhattan, el lunes pasado, contra la novela 60 years later: coming trough the rye.
Firmada bajo el seudónimo de JD California, 60 years later es promocionada como la continuación de The catcher in the rye. Según reza en las noticias de la semana, el protagonista es un hombre de setenta y seis años, llamado Mr. C, que vagabundea por Nueva York después de haber dejado un geriátrico. Esta salida revive la del joven héroe de JD Salinger, Holden Caulfield, tras dejar Pencey, el colegio de clase alta del que era alumno.
La demanda afirma que el derecho a una continuación de El guardián entre el centeno (también traducida: El cazador oculto), así como el uso del personaje Holden Caulfield es patrimonio exclusivo de JD Salinger, quien ha elegido voluntariamente no ejercerlo. La demanda califica sin titubeos de rip-off a la segunda parte de El guardián: «[...] It is a rip-off pure and simple [...]»
Tal vez, esta declaración no forme parte de la demanda formal, y sólo se trate de una expresión ante los medios de prensa, vertida por los representantes o abogados de JD Salinger. El término rip-off se usa coloquialmente para expresar distintas cosas:
rip-off a. & n. (colloq.)
a. (designating or pertaining to) a fraud, swindle, or instance of esp. financial exploitation;
b. (designating or pertaining to) an imitation or plagiarism, esp. one intended to exploit a current public interest.
Oxford Talking Dictionary. Copyright 1998
Pero ¿es la continuación no autorizada de El guardián en el centeno «[…] lisa y llanamente un plagio […]»? ¿Ha habido, acaso, plagio? El miércoles tres, The Independent publicó: «No todos están convencidos de que Salinger pise terreno legal firme.»
Posiblemente el pleito se pierda de vista en el bosque judicial, pero sirva para apuntar algunas cosas.
El derecho de autor aparece en Inglaterra en el siglo XVII y «no para proteger autores sino para reducir la competencia entre editores. El objetivo era reservar para los editores, perpetuamente, el derecho exclusivo de imprimir ciertos libros. La justificación, por supuesto, era que el lenguaje en literatura llevaba la marca que el autor le había impuesto y que por lo tanto era propiedad privada. Con esta mitología florecieron los derechos de autor durante el capitalismo, y establecieron el derecho legal de privatizar cualquier producto cultural, ya sean palabras, imágenes o sonidos.» [J. Ludmer; Radar 7 mayo 2007]
Por otra parte, en el plagio, Borges supo ver la referencia especular de un discurso con otro. También encontró esa misma relación doble, o especular, en el apócrifo, la traducción, la cita y la paráfrasis. Relaciones que producen efectos ficcionales que suelen desatar la ambivalencia alrededor de ciertas zonas que son objeto de la crítica académica, así como también del mercado editorial, especialmente la que tiene que ver con la propiedad de los textos y el nombre de autor.
Como acertadamente apunta Carlos M. A. Gil en su artículo de la revista Cervantes de la C.S.A., «[…] la creencia en la infalibilidad de lo escrito, […] sólo puede ser tratada eficazmente con la aparición de otro libro que destruye dicha creencia.» El autor se refiere a Don Quijote, y no a Miguel de Cervantes. Como dice Foucault respecto de la Primera parte, Don Quijote se habría empeñado en corroborar los libros de caballería. Sin embargo, en la Segunda parte, el personaje postula la falsedad de lo escrito en el libro de Avellaneda, porque no se corresponde a lo real, que es él mismo.
Cuán ilegal resulta la empresa de la publicación de El guardián apócrifo es algo que por el momento no se sabrá. Sin embargo, suena atractiva en el presente la idea de JD Salinger «polemizando sobre si debe relanzar la historia de Caulfield o no.» Aunque más no sea como personaje de otro libro, quiero decir.
Y no en la corte.
3 junio 2009 The sequel
7 mayo 2007 Sobre el plagio
Primavera 1996 El libro de Avellaneda como purgante
Publicado por Gustavo López 3 comentarios
Escritores: avellaneda, borges, california, cervantes, salinger
2009-05-26
Mitsu le dice a Jin que, junto con Taka, su hermano menor, proyecta desmontar el almacén para llevarlo a Tokio; pero eso, asegura, no implicará demoler la casona ni los anexos donde ella vive. Se lo promete. Sin embargo, al retirarse, escuchará a Jin murmurar por lo bajo que él no sirve para dueño, ay, no sirve.
Cuando el bisabuelo de los hermanos construyó aquel almacén había ocurrido una rebelión campesina, de la cual se conservan numerosas marcas de sable en las vigas y marcos. Habitualmente, Taka expresa desagrado por el bisabuelo; en cambio, se identifica con el hermano menor del bisabuelo, porque éste habría acaudillado a los campesinos revoltosos. Desde niño, Mitsu ha tenido que enfrentarse a la tendencia de Taka a atribuir al hermano menor del bisabuelo un aura de leyenda. Así como también, ha tenido que diferenciarse de Taka cada vez que éste recuerda a S, su otro hermano, asesinado a golpes en una colonia coreana.
Luego de los reproches de Jin, Mitsu se reunirá en el almacén con su esposa y con Taka. Los tres irán a buscar al templo las cenizas, y las traerán con los anteojos de S.
Mientras conduce el citroën, Taka exclama que recuerda claramente algunas escenas del día que mataron a S. Según Taka, había una hilera de hormigas, llevando cada hormiga «un granito rojo», que entraba por los agujeros de la nariz y salía por los oídos del cadáver. El recuerdo se complementa con imágenes del mundo de sus sueños: «A través de la piel del rostro de S, translúcida como un vidrio ahumado, […] una gota de sangre caía sobre una hormiga y la ahogaba…»
Mitsu critica a Taka sobre la naturaleza de esos recuerdos y lo rebate afirmando que la imagen de S se la ha formado por el recuerdo de ver una rana aplastada y secándose al sol. «La visión de la cabeza machacada y ennegrecida de S y de lo que salía de ella, no es más que una rana aplastada y con las entrañas afuera […]», dice Mitsu.
El viaje en el citroën se puebla de recuerdos y correcciones dirigidas a deshacer las «imágenes heroicas» de S. Taka, según Mitsu, no podía relatar nada que no estuviera inventando, dado que había estado entretenido con una chupaleta, mientras él y Jin, que todavía «era un muchacha delgada y fuerte», se manchaban con la sangre del cadáver al «levantarlo por los hombros y los pies».
El dulce parece de repente cobrar importancia: S había sido asesinado en el segundo asalto campesino a la colonia coreana, pero, en el primer asalto, S había rapiñado licor y dulces. Entre ambos asaltos, Mitsu había encontrado en el almacén algunos caramelos, y S lo había descubierto comiéndolos, pero ese recuerdo puede ser un sueño, al igual que te pasa a ti, Taka.
Aunque ahora Mitsu pretende conciliar con su hermano menor, su esposa se halla ansiosa por indagar qué sucedió con S: ¿Por qué, si sabía que lo iban a matar, tomó parte en el asalto? ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué tenía que ser él la víctima propiciatoria? Mitsu percibe el aumento de la ansiedad de Natsumichan como un caída por la pendiente de un hormiguero mental. Pero ella busca una respuesta en los sueños. Se dirige con insistencia al que maneja el citroën. Pregunta: Taka, en tus sueños, ¿por qué? ¿Por qué lo hizo?
De repente, Natsumichan expresa el horror de sólo imaginar una imagen anterior al segundo asalto. Se refiere a S en la oscuridad del almacén, «de espaldas a la puerta, tumbado hecho un ovillo, inmóvil». Mitsu había proyectado esa imagen cuando habló de los dulces robados. Como le pasa a Taka, confiesa Natsumichan, soñar con eso «echará raíces en mis recuerdos…»
2009-05-12
… y decirles que Blanca Luz está en Méjico
sin que ellas me pregunten quién es Blanca Luz.
Ejercicio plástico en el mirador
Recuerdo que una vez recibí de Federico un apoyo inesperado en una aventura erótico-cósmica. Habíamos sido invitados una noche por un millonario de esos que sólo la Argentina o los Estados Unidos podía producir. Se trataba de un hombre rebelde y autodidacta que había hecho una fortuna fabulosa con un periódico sensacionalista. Su casa, rodeada por un inmenso parque, era la encarnación de los sueños de un vibrante nuevo rico. Centenares de jaulas de faisanes de todos los colores y de todos los países orillaban el camino. La biblioteca estaba cubierta sólo de libros antiquísimos que compraba por cable en las subastas de bibliógrafos europeos, y además era extensa y estaba repleta. Pero lo más espectacular era que el piso de esta enorme sala de lectura se revestía totalmente con pieles de pantera cosidas unas a otras hasta formar un solo y gigantesco tapiz. Supe que el hombre tenía agentes en África, en Asia y en el Amazonas destinados exclusivamente a recolectar pellejos de leopardos, ocelotes, gatos fenomenales, cuyos lunares estaban ahora brillando bajo mis pies en la fastuosa biblioteca.
Así eran las cosas en la casa del famoso Natalio Botana, capitalista poderoso, dominador de la opinión pública en Buenos Aires. Federico y yo nos sentamos a la mesa cerca del dueño de casa y frente a una poetisa alta, rubia y vaporosa, que dirigió sus ojos verdes más a mí que a Federico durante la comida. Esta consistía en un buey entero llevado a las brasas mismas y a la ceniza en una colosal angarilla que portaban sobre los hombros ocho o diez gauchos. La noche era rabiosamente azul y estrellada. El perfume del asado con cuero, invención sublime de los argentinos, se mezclaba al aire de la pampa, a las fragancias del trébol y la menta, al murmullo de miles de grillos y renacuajos.
Nos levantamos después de comer, junto con la poetisa y con Federico que todo lo celebraba y todo lo reía. Nos alejamos hacia la piscina iluminada. García Lorca iba delante y no dejaba de reír y de hablar. Estaba feliz. Esa era su costumbre. La felicidad era su piel. Dominando la piscina luminosa se levantaba una alta torre. Su blancura de cal fosforecía bajo las luces nocturnas.
Subimos lentamente hasta el mirador más alto de la torre. Arriba los tres, poetas de diferentes estilos, nos quedamos separados del mundo. El ojo azul de la piscina brillaba desde abajo. Más lejos se oían las guitarras y las canciones de la fiesta. La noche, encima de nosotros, estaba tan cercana y estrellada que parecía atrapar nuestras cabezas, sumergirlas en su profundidad.
Tomé en mis brazos a la muchacha alta y dorada y, al besarla, me di cuenta de que era una mujer carnal y compacta, hecha y derecha. Ante la sorpresa de Federico nos tendimos en el suelo del mirador, y ya comenzaba yo a desvestirla, cuando advertí sobre y cerca de nosotros los ojos desmesurados de Federico, que nos miraba sin atreverse a creer lo que estaba pasando.
—¡Largo de aquí! ¡Ándate y cuida de que no suba nadie por la escalera! —le grité.
Mientras el sacrificio al cielo estrellado y a Afrodita nocturna se consumaba en lo alto de la torre, Federico corrió alegremente a cumplir su misión de Celestino y centinela, pero con tal apresuramiento y tan mala fortuna que rodó por los escalones oscuros de la torre. Tuvimos que auxiliarlo mi amiga y yo, con muchas dificultades. La cojera le duró quince días.
Confieso que he vivido [cap. V]
España en el corazón: Cómo era Federico
Pablo Neruda
Ejercicio plástico en Montparnasse
Una tarde por el ancho rumor de Montparnasse
por ese aire de provincia tan confianzudo y claro
—cada ventana paga su pedazo de sol con una canción—
anduve bebiendo el buen vino rojo y alegre como una canción,
rojo y alegre como una revolución.
Y entonces, pensé: ¿qué haré ahora de mi vida?
Tengo dos amigos, un saxofonista y un vendedor de globos.
Ellos me han dicho: viene el invierno y eso es terrible.
Los gatos se calientan al sol pero un hombre necesita
de la buena lumbre, de la buena carne y de la mujer
siquiera dos veces a la semana.
Algunas mujeres me han detenido en Montmartre
pero me piden cigarrillos y cien francos
y yo sólo puedo darles ágiles besos casi inéditos
y hablarles de mi país sin que ellas me comprendan
y decirles que Blanca Luz está en Méjico
sin que ellas me pregunten quién es Blanca Luz.
Una noche bajo la vieja luna de París degollada en los techos
—la luna que alumbra a los enamorados y a los cobardes—
yo vi cómo en un alto balcón
se amaban un muchacho y una muchacha.
Vengo de Buenos Aires, digo a mis amigos desconocidos,
de Buenos Aires que es tres veces más grande que París
y tres veces más pequeña.
Y aunque mi sombrero y mi corbata y mi espíritu canalla
sean productos perfectamente europeos
soy triste y cordial como un legítimo argentino.
Diría: soy un pobre muchacho abandonado aquí
como una valija rotulada en todas las aduanas del mundo
y quisiera irme al Turkestán porque Turkestán es una bonita palabra
y mi amigo Michel Berboff nació en Turkestán.
Pero si yo pudiera llevar a la práctica algo que hace días reflexiono:
¡Ponerme a gritar sobre la Torre Eiffel con afilados gritos
para que venga una mujer y me ame!
¿Conocen ustedes el Neuquén?
Allí hay cabañas de troncos de árboles
y pulperías en donde venden conejillos y libros de Maurice Dekobra.
¿Y Tucumán? En Tucumán solo puede buscarse la noche en los ojos de sus mujeres
y las guitarras de sonoras y floridas parecen patios.
¿Y Mendoza? En Mendoza los niños saben cantar
porque han nacido al borde de las acequias.
¿Y La Rioja? Yo anduve por ahí adolescente y barbudo como un gitano
y gané una elección con cincuenta pesos y una vaca,
absorto, como Buster Keaton.
¿Y Santa Fe? En Santa Fe viví treinta días en un convento
con ocho frailes franciscanos que iban doblándose hacia el suelo.
Los duendes venían hasta mi cuarto trayéndome briznas de sol
y por la noche se ocultaban en las hornacinas
para hacerles señas a los perros sin dueño y a los viajeros extraviados.
Nosotros tenemos además estaciones abandonadas,
pozos de petróleo y escuelas rurales, como en los cuentos de Bret Harte.
Pero lo que no tenemos es la alegría verdaderamente constante,
la risa verdaderamente pura,
el corazón verdaderamente libre.
Y no se hable de mi corazón.
Yo quisiera anunciar la función de los circos
dando puñetazos a las estrellas rojas.
Yo quisiera escupir los vidrios de un expreso de lujo
para que rabien los millonarios.
Yo quisiera interrumpir todas las comunicaciones telefónicas
para ver si encuentro una palabra, una sola palabra para mí
y abrir toda la correspondencia del mundo por ver si alguien
una sola persona tiene un recuerdo, un solo recuerdo para mí.
Yo quisiera explotar una bomba, derrocar un gobierno,
hacer una revolución con mis manos amigas del cristal, de la luz, de la caricia
—destruir todas la tiendas de los burgueses
y todas la academias del mundo—
y hacerme un cinturón bravío de rutas inverosímiles como Alain Gerbault
para que venga Blanca Luz y me ame.
Escrito sobre una mesa de Montparnasse
Raúl González Tuñón
2009-05-05
No esperaba la noticia. Tampoco la voz que narra. Ni nadie. Como dice Berti en la página ochenta: «El mar es grande.»
Bueno, nadie es una manera de decir. En verdad, el relato está armado en torno al secreto de Clelia, al misterio que rodea a la pareja. La voz ficcional de Pavese se contruye a partir de las circunstancias de los demás; del tándem Clelia-Doro, principalmente, pero también del resto de amigos. Pero resulta interesante que la respuesta sea del orden del cuerpo, o de la carne. Que Doro, o la propia Clelia, no supiesen tampoco lo que sucedía. Doro busca la juventud durante un día, Clelia nada sola, Doro pinta pero no va pintar más, Clelia admite en un momento estar desesperada (capítulo III), hay bromas acerca de una guerra que no es tal, Guido pone en duda la virilidad de Doro, Clelia dice no tener algo propio (capítulo VI), etcétera.
Quiero decir: la novela asemeja primordialmente instalarse en el chisme, donde la voz que relata trae y lleva cosas de unos y otros. Sin embargo, lee mal. Con la noticia, no hay final de vacaciones, final de temporada, chismes que se diluyen con el verano que termina, último día, despedida; no: queda otro relato.
En las últimas páginas, ese relato inventará un doble, y ese doble será Berti, de la misma manera que antes había hecho de Ginetta un doble de Clelia; es decir, Berti enamorado de Clelia no medirá el ridículo, dirá que necesita ir a Génova a saludar a Clelia, sin embargo, poco antes, se había expresado el dolor del otro, el que relata, porque Doro no le dijo que los acompañe: «Qué crees [...] ¿que se acuerda de ti?» le dirá a Berti, pero es él quien quedó fuera de esa historia, olvidado. Por último lo irritará aquel olivo, que es «quizá [capítulo III] la cosa que mejor recuerdo de todo el verano».
Hay una serie de pasajes espléndidos; esta imagen en el capítulo II: «Bajo la luna nos volvimos todos como el peón de albañil [Ginio], al que las salpicaduras de cal vestían de máscara». También Clelia al sol (p. 34) y Ginetta brillante como un pez (p. 44).
Esta frase: «[...] todos los años son estúpidos. Es una vez pasados cuando se vuelven interesantes». Y esta: «[...] en la playa no se espera a nadie» (p. 39) o esta otra: «[...] a la playa se [viene] para estar en el agua, y no para visitar santuarios». A la luz del final: «[...] costaba creer que todo fuera agua [...] el mar [la playa] me daba la sensación de estar viviendo en una campana de cristal» (p. 39)
Por otra parte, me parece encomiable el equilibrio del relato. Al término de varios capítulos, me quedé pensando, y al cabo de un rato, cuando proseguía la lectura, encontraba mis pensamientos en boca del narrador —con el Quijote me ha pasado igual—.
El capítulo segundo existe en función de ese equilibrio. Porque instala el misterio. Clelia empezará a hablar por Doro, Clelia contestará la correspondencia en lugar de Doro y eso lo hará experimentar cierto malestar. Doro inesperadamente cambiará cuando va a verlo y salen juntos a recorrer la comarca. Se sumará el albañil, cantarán y asustarán a los perros. También Biagio formará parte de esa noche de juerga. De repente, el narrador (p. 17) se descuelga de la juerga nocturna para decir que hizo reír a Clelia cuando le describió las cabriolas que hacía Ginio hablando de Orsolina. A partir de entonces, el relato no podrá prescindir de Clelia, que para la ocasión añade: «Qué chiquillo es Doro. No cambiará nunca.» La novela hubiera sido diferente si explorara solamente el escenario de la playa.
2009-04-29
Hay una entidad civil denominada Madres del dolor, que reúne a madres de hijos muertos en accidentes de tránsito o en hechos de violencia urbana. Hace unas horas, ante las cámaras de un programa de televisión —Buscando a Dios— una mujer de esa entidad mostraba la habitación de su hijo muerto, y señalaba que conservaba intactas las cosas que habían sido de su hijo, entretanto enumeraba señales que ella decía que habitualmente recibía del alma de ese hijo.
Fui recién al sitio web de la entidad y me sorprendió encontrarme yo mismo contemplando los rostros de aquellos jóvenes desde la perspectiva del antipuzzle de Nubla. También pasó que emergió de la página del navegador otro sitio: MercadoLibre.
Ciertamente, hay algo de instrucciones de uso o buscando a dios, en el sentido de una totalidad, o busca de completud…
Abro un paréntesis, porque si no después me olvido: hay un disco de Gentle Giant que se llama The missing piece. Un disco genial, tan genial como Interview, Free Hand, etcétera. Y el rock sirve para ablandar las penas.
En verdad, soy un coleccionista de trozos como llama Gaab a Víctor Nubla. Sin embargo, ella decía hace poco más de un año que le gustaba la primera de las fichas encontradas porque era única. Comentaba: «Si hicieras una colección de piezas, como Nubla, pondrías a cada una de las piezas encontradas otra vez en un grupo indefinido. La pieza que logró, con mucho esfuerzo, dar un paso fuera de la nebulosa, sería única por un instante, y luego pasaría a formar parte de otra masa amorfa que llamarías colección.»
Una metáfora que se renueva ahora con la maravillosa imagen de los calcetines de la lavadora. Como los hrönir.
Precisamente era Pastora, hace casi año y medio, quien leía el título de mi novela en clave de antipuzzle —en consecuencia: en clave borgiana—. Luego, trataba mentalmente de calcular dónde encajaría ese título. Pastora me imaginaba escribiendo. E imaginaba que detrás de cada palabra, de cada capítulo, yo ponía un lugar y una fecha. Ella preguntaba «cómo se acomodan los objetos con los que trabaja un escritor. Se encuentran en el mundo. Se guardan en una colección imaginaria.»
Por último, dejó una afirmación, sobre la cual Paulino también reflexionaría: «Un corazón roto puede ser la pieza de un rompecabezas». La muerte rompió mi corazón. Me hundí durante largo tiempo en una tristeza capaz de conjeturar.
Pero desconocida.
2009-04-22
Paulino, enormísimo cronopio.
Estas son fichas del año pasado, desde la una a la seis: Chacabuco y San Juan [5 marzo] Pueyrredón 1552 [13 marzo] Piedras e Independencia [10 abril] Almirante Brown y Aristóbulo del Valle [3 junio] Perú 458 [8 junio] Montevideo y Lavalle [6 diciembre]
The missing piece
Antipuzzle
¿Qué es un hrönir?
2009-04-13
Ejercicio plástico, fue pintado entre agosto y noviembre de 1933 por David Alfaro Siqueiros en el piso, techo y paredes de un sótano. En 1961, Alvaro visitó el mural junto con su padre Juan Carlos Castagnino y Antonio Berni: «Me causó una impresión muy fuerte, no esperaba encontrarme con esa situación, casi alucinatoria. Al sótano se entraba por la cocina y uno sentía que se sumergía en el mar, las paredes y el techo eran como una campana de cristal sobre la que las criaturas, principalmente figuras femeninas, se aplastaban».
En el documental Los próximos pasos, de Lorena Muñoz, se narra que Siqueiros habría pretendido hacer suya para siempre —encerrar metafóricamente— a su esposa, Blanca Luz Brum, en la cápsula que pintó en el sótano abovedado de la quinta Los Granados, propiedad de Natalio Botana. No se sabe ciertamente si Blanca Luz Brum fue amante de Botana. Pero, una multitud de invitados habría concurrido a la inauguración del mural con ansias no sólo de contemplar el ejercicio poliangular «sino también de espiar a los integrantes del supuesto triángulo».
El documental muestra furtivamente a Pablo Neruda y a Federico García Lorca. La quinta tenía una torre y se cree que ahí Neruda y Blanca tuvieron sexo, mientras que García Lorca hacía de custodio desde la escalera. Botana habría oído los gemidos de los amantes y García Lorca habría resbalado por la escalera cuando intentaba interponerse al ascenso del propietario de la quinta. Neruda habría rememorado la escena en Confieso que he vivido.
Sin embargo, una biografía reciente acerca de la esposa de Siqueiros ubica hechos parecidos dos años después de la conclusión del mural, es decir en 1935. De acuerdo con la biografía, el affaire no habría pasado de una borrachera de Neruda y unos forcejeos con García Lorca, que pretendía apartarlo de Blanca Luz Brum. García Lorca tropezó con una escalinata del jardín y Botana se acercó, atraído por el escándalo, para auxiliarlo.
A pesar de todo, la espelunca de la cocina de Los Granados habría sido fuente de inspiración para los murales de las Galería Pacífico.
Murales realizados por Lino Enea Spilimbergo, Demetrio Urruchúa, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y Manuel Colmeiro en la cúpula de las Galerías Pacífico.Fotografía de los días previos a la inauguración, en 1946.
Alucinación
El rescate: ps. 60-65
2009-03-23
El aire atrapado
Cuando escribía la parte de arriba, tropecé al buscar nombres para la cápsula de la mesita de luz.
No tengo Werther en español; solamente pude consultar la edición en inglés; pero en dicha novela escrita por Goethe, de acuerdo con Roland Barthes, a la burbuja se la nombra como «miniatura vidriada». Las denominaciones en inglés son abundantes: snowdome, snowglobe, waterglobe, waterball, snowstorm, blizzard, snow scenes, snow shaker, «this shakeup thing with the water and the snow», or just the souvenir clutched by the dying millionaire, in Orson Welles' Citizen Kane, as he remembers his boyhood sledge «Rosebud».
Más tarde me enteré que también a las pistas artificiales de esquí se las designa snowdomes. Con pasmo vi por la televisión el snowdome de Dubailand. Está en el interior de un shopping centre. Un jeque manifestaba para la BBC News: Tener nieve en el desierto es una experiencia incomparable…
Se me ocurre que la vulgar burbuja representa lo irreal por antonomasia. La irrealidad misma, por decirlo de otra manera.
2009-03-14
¿Cómo terminar un amor? ¿Cómo terminar una novela? Donde el señalador dice: el fin pertenece a los otros, el libro reseña la incapacidad del «yo» para leer el final de un amor. Dicho final resulta evidente para el entorno: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, etcétera; o sea, resulta legible para cualquiera, menos para el sujeto enamorado.
Patético madre, diría Borges.
E incapacidad de lectura equivaldría a incapacidad de escritura. Si bien este fragmento retrotrae a una entrada del mes de abril de dos mil ocho acerca de «la ficción interrumpida», puede ser que el fracaso del enamorado para avanzar hacia el final de la propia historia amorosa, tenga más relación, ahora al menos, con otro fragmento; aquel que marqué como el niño en la luna. El sujeto enamorado quiere restituir una superficie plana de esa cosa concebida, afirmada, vivida según la eternidad. No obstante, cerrado al juego de ver las grietas de esa cosa, concibe todo final como algo siniestro. Soporta mal la broma, dice Roland Barthes.
Soporta mal la muerte.
[…] no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor […] el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela […]
2009-03-06
Las preguntas corresponden a la página ochenta y dos de Crítica y verdad, o lo que es igual, a la última página del librito de Roland Barthes. En la misma, puede también leerse:
Otra vez Marcel Proust.
Y empieza a sentarme bien la palabra «pastiche».
Nota en general (y notas para Rey Mono y el Ruso): El destacado en bold es mío, mío... Rey: te comenté por correo que se me habían borrado los bookmarks de los Fragmentos al efectuar una actualización del reader. Es decir, me quedó ahora medio libro desmarcado… una mierda… Ruso: hablando de tecnología, copio a continuación los nuevos bookmarks para que los puedas «leer»: burbujas candentes y cenagosas; coitus reservatus; complicado calendario; el hilo de la buena frase; el niño en la luna; formas de la coalescencia; irreal / desreal; mirada de un muerto; una tercera piel nos une; el fin pertenece a los otros. Nota final: El orden «cambiado» es mío, mío, mío.
2009-02-27
Ayer avancé en la lectura de los fragmentos. Abajo, los tres primeros bookmarks:
Un niño que se tensa
Conviene a mi deseo
Arder es mejor que durar
«En la calma tierna de tus brazos»
Duparc
«Adorable»
Lacan / Proust
Lo intratable
Pelléas / Schelling
Bookmarks siguientes, en orden alfabético:
Dedos de un peluquero
Deseo del ser ausente / presente
El desmoronamiento ha ocurrido ya
El gran sueño claro
El mal lugar es el lugar deslumbrante
Elegir la deriva
Grito de amor
Incendio del sentido
Juego de la silla
La esperma brota de sus ojos
Lo femenino se declara
Lo que el amor desnuda
Mi miedo es "espontáneo"
Pequeño rincón de pereza
Si no olvidara moriría
Te hago aparecer
2009-02-18
El lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro.
La frase de Barthes me ha inducido a subir Fragments d'un discours amoureux al ipod.
Miro los índices y me pongo a leer «Los lentes oscuros»; recorrí el museo con lentes para sol, me reí mucho.
Interrogaba las obras sin dar respuesta cabal a nada. Observé cautivado la belleza de unas piernas de bronce [...] el sujeto amoroso se pregunta no si debe declarar al ser amado que lo ama [...], sino en qué medida debe ocultarle las "perturbaciones" (las turbulencias) de su pasión: sus deseos, sus desamparos, en suma, sus excesos (... su furor).
Leo de a saltos el libro al que pertenece la frase-lenguaje-piel. Las figuras surgen en mi cabeza sin ningún orden, puesto que dependen en cada caso de un azar (interior o exterior). [...] el enamorado extrae de la reserva (¿el tesoro?) de figuras, según las necesidades, las exhortaciones o los placeres de su imaginario [...] como un calendario perpetuo, como una enciclopedia de la cultura afectiva […]
Michael Foucault escribió sobre La tentation de saint Antoine, de Gustave Flaubert. Dijo entre otras cosas que la riqueza [de lo fantástico] se halla virtual en el documento. Para soñar no hay que cerrar los ojos, hay que leer.
Iba por el corredor del museo y me frené en el kiosco ante la pintura de un desnudo femenino. Me había parecido la joven del picnic de Édouard Manet (Le déjeuner sur l' herbe / Le bain), es decir, la figura desnuda que en el pabellón de pintura argentina había asociado con un óleo de Sivori. La asociación había ocurrido un rato antes frente a El despertar de la criada. Pero, en el corredor, enseguida pensé: No, no es la mujer del picnic.
Pero días más tarde, me di cuenta de que se trataba de la reproducción de otro Manet: La ninfa sorprendida. El perfil de la figura desnuda me había atraído como un imán, pero al detenerme para verla de cerca pensé que estaba errado. Sin embargo, eran del mismo pintor.
¿Y la modelo? ¿Habrá sido la misma? Quiero volver al museo para ver especialmente la ninfa de Manet. Abajo el rostro plácido de la otra, la del museo D' Orsay.
Flaubert es a la biblioteca lo que Manet al museo. Ellos escriben, pintan en una relación fundamental con lo que fue pintado, escrito o más bien con aquello que en la pintura y la escritura permanece infinitamente abierto. […] cada obra literaria pertenece al murmullo indefinido de lo escrito. Flaubert y Manet han hecho existir, en el arte mismo, los libros y las telas.
2009-01-29
Tendría que estar contenta y no lo estoy, una pena que no es honda pero es pena quiere anidar en mi pecho. ¿Será la luz mortecina de este crepúsculo de domingo? […]El Diario de Esther, tal como se lo conoce, está compuesto por ocho entradas:
Domingo 7
Lunes 8
Martes 9
Miércoles 10
Jueves
Viernes
Sábado
Miércoles
Las últimas tres, Viernes / Sábado / Miércoles, fueron publicadas en TEXTOS DE PRIMERA PLANA. Ocupan prácticamente la totalidad de las seis columnas de las páginas 72 y 73 del número 226 de la revista.
La página 72 está ilustrada con el retrato de Puig, hecho por el ilustrador Hermenegildo Sábat, e incluye una presentación que dice así:
DIARIO DE ESTHER: 1947
En 1966, los jurados del Premio Biblioteca Breve —que concede la editorial española Seix Barral— revelaron a un novelista argentino sin ningún antecedente: Juan Manuel Puig, de 34 años. Su libro La traición de Rita Hayworth, seleccionado para la final, describía la historia íntima de una familia provinciana, enajenada por el cine, a través de diarios, del monólogo infantil de Toto y de viejas cartas. Ningún texto de Puig se había difundido hasta ahora en la Argentina. Primera Plana reproduce aquí un fragmento del capítulo 12, con autorización expresa del autor. La traición de Rita Hayworth será publicada este año, por la editorial Joaquín Mortiz.
Abajo, las cinco entradas omitidas del largo capítulo.
Capítulo XII
Diario de Esther, 1947
Ya cayó la noche en mi suburbio, así como en la esquina más aristocrática de la urbe porteña, para todos se ha puesto el sol, uno de tantos consuelos del pobre. Al libro de Geometría ni siquiera lo abrí, antes de la cena podría estudiar, Esther... Esther... no te comprendo, tenés una hermana buena que antes del cine ya dejó preparada la cena, tu sobrinito es un ángel que no te da trabajo, pobrecito, si me pudiera recibir pronto de médica lo primero que le compraba era la bicicleta, entre que termino el bachillerato y siete años de facultad... pobre pibe. Sentadito en la vereda, mientras el chico de al lado da cuatro vueltas a la manzana porque tiene bicicleta. Cada cuatro vueltas se la presta una. Qué le va a hacer... si nació pobre, ¿y la tía tuvo acaso bicicleta?, nos tocó a nosotros no tenerla, pero se va a cortar la racha, Dardito, tu tía tuvo una dicha inmensa, Dios la señaló entre todos los chicos de su escuela, una populosa escuela de nuestro arrabal bordado de yuyos. Soltaría el lápiz y te llevaría hasta allá, si agarramos por el medio del baldío (¿sabes una cosa?, con vos no tengo miedo, sos un hombrecito), pisando por el estrecho sendero, esquivando las ortigas, después que saltemos la tranquera enfrente nomás podes pasar entre el alambre de púa y cruzar las vías del ferrocarril y delante de la estación está la escuela, forja de los hombres del mañana. «Una humilde niña de nuestro partido escolar, ejemplo de aplicación al estudio, compañerismo, aseo personal y asistencia, en un año de tantas lluvias y tormentas como este, no faltó un solo día a clase: la niña Esther Castagno es la ganadora de la nueva beca ofrecida por el Colegio Incorporado George Washington, de la vecina localidad de Merlo»: la directora entró en el aula de sexto grado y anunció la ganadora de la beca. Para un ilustre colegio de ricos. Pero mis hijos van a tener bicicleta, aunque nosotros no la hayamos tenido. ¿Y acaso qué? ¿Acaso fui al centro hoy domingo? Vine a tu casa, Dardito, a pasar el día, para cambiar un poco de aire... a cinco cuadras de casa. Y pasamos bien el día, aunque nos hayamos quedado solitos, tu mamá se fue a pasar toda la tarde al cine y tu papá atendió a sus deberes concurriendo al comité. Pícaro, si no hubiese sido por ti yo lo habría acompañado ¿pero cómo te iba a dejar solo?
Laurita y Graciela son ricas, claro que habrán ido al centro, como se lo tenían preparado, al cine de las tres y media, y nada de ver un programa de tres películas, o ni siquiera de dos, ¡no!, una sola, de estreno, bien cara, termina a las cinco menos cuarto y así tienen tiempo de ir a gastar más, como si fuera poco, a tomar café con leche con panqueques norteamericanos de dulce de leche. Dice Casals: «no es un panqueque arrollado como lo hacen en mi casa, y finito: es chato, redondo y grueso sin arrollar, y en el medio te sirven como un kilo de dulce de leche que vos vas repartiendo con el cuchillo por todo el panqueque, ¿y qué, ahí terminó todo?, no mocosas mejor que se aprendieran a limpiar el traste que a lo mejor todavía no saben, bueno, no, a eso de las cinco y media o seis se van a escuchar la jazz «Santa Anita» al Adlon ¡Adlon, Adlon, Adlon!, ¿qué es ese bendito Adlon? Dice Casals: «es la confitería donde van todas las chicas y todos los muchachos, y ahí se sientan juntos y toman copetines de todos los colores: el "Primavera" es jugo de frutillas con un alcohol fuerte». ¿Y dónde está el famoso Adlon que pasé por la calle de todos los negocios de lujo que me dijo Casals y no lo pude encontrar? Él me explicó lo siguiente: «Frente a esa joyería grande, no del lado de los candelabros de plata bien en frente de donde están las pulseras, anillos y todo lo de oro, y al fondo de esas vidrieras de pieles está la puerta de Adlon.» Pero yo no hubo caso de que la encontrara. También mi hermana a qué tenía tanto apuro con sus sábanas, que lo mismo íbamos a llegar a tiempo a la liquidación. Vendían a precios regalados sábanas blancas con una guarda celeste bordada en las fundas y otra guarda celeste en la sábana de arriba, y nada más, eso era todo, ¿pero para qué se necesita más?
Lunes 8 — ¡Yo sabía! Algo me anunciaba esto por algo la mano del destino me atenazaba ayer, para ahogarme casi, mano que no es mano porque es garra. ¿Se va nuestro director? ¿porque está enfermo? ¿es cierto o no? ¿qué infamia hay detrás de todo esto? En el silencio de la prueba escrita no sé cómo pude ahogar ese grito que arrancaba de lo más hondo de mis entrañas, allá donde un vigía está siempre alerta: mi agradecimiento.
Yo hubiera gritado «¡queremos a nuestro director! ¡no queremos que se vaya!» y si acaso hubiese yo podido conmover a esos niños, que otra cosa no son, esos niños inconscientes, que osaron alegrarse porque nuestro director podía ser destituido, y todo porque un día les habrá colocado alguna amonestación que otra.
Pero quien todo le debe todo haría por él. Un día un viejo maestro de ilustre carrera estampó su firma en una circular, notificando que la ganadora de la beca anual era una humilde niña de una escuela de barrio, hija de obreros, depositó su confianza en alguien a quien no conocía, poniendo así en peligro una brillante trayectoria en el magisterio, porque yo podría haber sido una mancha en el legajo de su vida. Una beca para primer año, que será renovada para segundo (y lo fue) si la alumna lo merece, y para tercero, y así año tras año, hasta que la niña deje de ser tal, pues ese día será bachiller.
Iba a contárselo a mamá pero el corazón me subió a la garganta y no pude, para qué preocuparla, ella revolvía la leche en la cacerolita nada más que para mí (¿no soy una holgazana sin perdón?) como la había revuelto apenas un rato antes para el resto de la cría. Mamá déjame de nata, ¡no quiero la leche con nata! Me guarda la nata, se cree que me gusta, y que la necesito más que nadie porque soy la que estudia, ¡pero no me gusta!, a nadie le gusta. En casa de Laurita la tiran. Es ordinaria y fea la nata ¿te crees que si la tiras vamos a ser más pobres todavía? ¿te crees qué? ay, mi hermana a lo mejor comprendía todo mi tormento, o tal vez no, pero mis estudios peligran, a alguien necesito contarle, y total quedarme toda la tarde en estas cuatro paredes para ni abrir el libro, y ahora ya es tarde, tarde, mi mamá me mata si ve que tomo frío a sacarme el camisón y vuelta a vestirme. Si alguien me acompañara todavía, pero de vuelta el Dardito me puede acompañar, pero ya debe estar frito durmiendo. Total él de vuelta se corre las cinco cuadras en un santiamén, esas patitas de conejo.
Y no estudié y no se lo conté a mi hermana, ¿y si este año no me renuevan la beca qué hago? Yo no comprendo nada, ¿por qué 5 en Zoología, 4 en Matemáticas y 5 en Historia? ¡porque la señorita no estudia!, abre su libro de texto, se encierra, hace apagar la radio a su pobre padre, ...y en el silencio con olor a puchero que hierve pacientemente hora tras hora los ojos recorren los renglones de la lección del día, mientras la mente emprende su propio viaje. Es el viaje sin meta y sin premio de una chiquilina más.
¡Qué tonta es Graciela! Se cree que me voy a creer todo lo que me cuenta, y si no sonaba el timbre del recreo ella seguía. Mañana quedó que en Música se sienta conmigo y me cuenta todo. Graciela y sus cuentos, no le di mucha bolilla y saliéndose del renglón en que estaba tomando el apunte dibuja una flecha que apunta a un cuadradito y en el cuadrado lo cierra y escribe «tengo una cosa que contarte», y ya sé, lo que tiene que contarme tiene pantalones, y el resto también lo sé, que «está loco por mí pero a mí me gusta más o menos». Sí, porque el padre tiene plata en el Banco ya se cree que la quieren todos. Se cree todo lo que le dicen. Ahora le pasó la locura por Adhemar, comprendo que guste a todas, con esas pestañas y ojos tan negros y el pelo rubio como un maizal, y ante todo no es un chiquitín, está en tercer año pero es tan serio como uno de 5°, pero... estoy casi segura de que Graciela ahora piensa en alguien cuyo nombre empieza con «H». Mejor dicho, Graciela y yo pensamos en esa «H». Esa mirada triste que busca una superficie queda donde apoyar una lágrima, su pecho es una fragua templada por el fuego del sufrimiento pero de ella brota y se escurre un diamante, una lágrima acrisolada e hirviente, una lágrima de hombre. Ha mucho que él perdió a su madre. En cambio Adhemar no creo que haya llorado jamás, dulce y educado tal vez porque su vida es sólo un panal, un castillo de miel, y si un día esas paredes se desploman me lo veo llorando como un niño sin atinar a nada; otra cosa muy distinta es la lágrima de un hombre.
Raro que «H» le guste a Graciela, pero a ella le basta con variar. Pobre hueca. Pero le vi el corazón, y allí tampoco tiene nada: «¿así que lo piantan al pelado?», fue su comentario ante el drama de un viejo maestro. Pobre mi director querido.
Mi cuñado apenas si me saludó hoy, ¿se habrá ofendido porque no no fui a la reunión del comité como prometí? Total el diputado por Matanzas iba a hablar y a último momento no fue.
¿Hace cuánto que yo no voy?... Bueno, desde el verano que no voy.
Martes 9 — Casals me salvó, pasó en Castellano y estuvo toda la hora casi en el frente, no se le terminaba la cuerda, que si no hoy seguro la Chancha me tomaba lección. Esther... ¿qué pasa... qué pasa??!! reacciona, desdichada, sabiendo muy bien que hoy era casi seguro que me tocaba a mí, con la beca en peligro, con mis sueños apilados, un palacio de barajas a merced del huracán de la desdicha. Papá se cree que estoy haciendo los deberes, y no se anima a prender la radio, en el dormitorio me muero de frío si me pongo quieta a escribir ¿esta cocina a leña nos une más que el amor familiar? y nadie pone la radio para que yo haga los deberes ¿y quién soy yo? la que estudia, la inteligente ¡la que no estudia!, un cuervo se les ha entrado en la casa no se han dado cuenta, todos en silencio, ¡y ya es más de las 10! ay mi padre, mi pobre padre, perdió el noticioso de las 10 ¡por mí!, con el brazo tronchado sujeta el diario y con la mano izquierda le da vuelta la página. Ahora que los pobres tenemos nuestro diario, sus múltiples páginas la expresión de nuestro líder, en una palabra encerrado el corazón de un pueblo... ¡Perón!, en un año que eres presidente no caben en las páginas de cada día de todos los meses de este año de periódicos las cosas que has hecho por nosotros... y sin embargo caben en tu corazón ¡juguetes para tus niños! todos los niños desvalidos del territorio nacional, ¡leyes para tus obreros! que no han de ser ya humillados, ¡auxilios para los cargados de años y los cargados de penurias! mi pobre padre, y su universo pequeño, de casa a la fábrica y de la fábrica a casa y un partido de barajas el sábado a la noche frente a una grapa: mi padre es un hombre de verdad y una grapa no pone más que un chispa en sus ojos, que un día aciago fueran transidos por el dolor...
Había una vez una inmensa fábrica y allí un capataz, el mejor que jamás hubiera. Sus manos manejaban las herramientas más pesadas y difíciles, pero él las doblegaba a su voluntad y reparaba una y todas las maquinarias del establecimiento, la inmensa forja de la que salen millones de metros de tela por día. Uno de esos días en que la producción de infinitos metros y yardas (también infinita es la perfidia del destino) se apilaba como de costumbre gracias a los esfuerzos de mi padre y su ojo alerta que no dejaba flaquear uno solo de esos herrajes... en un momento... tal vez absorbido por un algo que vio y le pareció funcionar mal, dejó por última vez reposar su mano derecha sobre el rollo asesino que se la tronchó, el rollo de las telas engomadas, el rollo que enamorado de esa mano fuerte se la llevó para siempre. Es una simple manija la que abre y cierra la puerta del ascensor, y mi padre ahora con su mano izquierda cierra y abre infinitas veces al día las rejas plegadizas del ascensor de la fábrica... «el Dardito lo podría hacer, con ocho años que tiene»... dice sonriendo mi padre, él que otrora dominara todo un ejército endiablado de pistones, tornos, tuercas, clavos, cremalleras organizadas en ejército de la industria, por el derrotero del progreso. Y vi que eran las 10 y no me di cuenta de decirle que prendiera la radio, y él se quedó callado, para que yo terminara mis deberes, los deberes que no hice. ¡Castígame, Dios mío! porque dentro mía anida un cuervo y ha caído la noche en mi alma, teñida por el negro de sus plumas.
Casals dice que estando pupilo lo mejor es estudiar para que se le pase más rápido el tiempo. Viendo pasar a Graciela me preguntó «¿quién te gusta más, mi primo o Adhemar?», y por eso antes de que Graciela me lo dijera ya confirmé yo de quién eran los pantalones de que ayer ella me empezó a hablar. Si sabe me mata. El sábado del campeonato intercolegial, «H» estaba sentado al lado mío, entre yo y Casals. De «H» sé que le gusta más ver un partido de fútbol que ese partido de volley perdido vergonzosamente por nuestro equipo representante, sé que va con Casals todos los domingos a una matinée de cine.
El primo de Casals, que se llama Héctor, la hache no se pronuncia, sabemos que está ahí esa pequeña letra, y nada más.
Hay en mí algo hoy, también, que no se pronuncia, pero está allí. Tal vez sea mejor no encontrarle un sonido. Callemos. Ese coche que pasa en este momento por mi vereda y agita las aguas del charco ya se va alejando, ya no lo oigo, ya no ha dejado más que un hueco en mis oídos, pertenece al pasado, un pasado en que se encuentra con una algarabía de voces juveniles vitoreando a un equipo de volley perdedor, y él no vitorea a nadie, lo sé ¡cuánto más le hubiese gustado un partido de fútbol! y su silencio, su voz que no vitorea, también dejó un hueco en mis oídos. Héctor, tienes una extraña sombra en la mirada ¿y eres silencioso como la primera letra de tu nombre? casi no me dirigiste la palabra, claro, pensaste que era una nena, con mis zapatos sin taco y mis zoquetes blancos, ¡qué ridícula me habrás encontrado!
Toda una grandota de catorce años vestida de nena, sí, y con soltarme las trenzas creí que estaba hermosa, la pavota, este pelacho suelto, parezco una india, eso es lo que parezco, y mi hermana qué se cree, estúpida, y se piensa que le voy a tener que estar agradecida toda la vida porque me mandó a comprar cincuenta centímetros de cinta nueva, ¡con quince centavos ¿qué se creyó? ¿que iba a quedar la mejor de todas? ¿no sabe lo que gastan esas mocosas en vestir? no se imagina siquiera esa ignorante que hay gente que para un vestido a la niña de la casa se gastan lo que nosotros gastamos para mantener la familia todo un mes. Todas tienen tacos bien altos, peinados de señorita y pollera ajustada. Mientras que yo por esa porquería de cinta de la que salta toda esta mata de pelo duro le tengo que andar diciendo gracias hasta el año que viene...
Cuando doblé por el pasillo para salir del gimnasio, Héctor estaba prendiendo un cigarrillo, callado, ¡él es tan grande, se aburrirá entre nosotras mocosas! Tiene diecinueve años, y miraba pensativo la vitrina con las copas de los campeonatos. Héctor, quiero cambiarte el nombre... Alberto, o Amadeo, o Adrián, o Adolfo, ¿no te das cuenta por qué, porque así tu nombre va a empezar con «a», como alegría...
Miércoles 10 — ¿Dios tuvo oídos para mí? Nuestro director ayer presentó la renuncia pero no se la aceptaron ¿por qué se habrá visto obligado a dar ese paso? ¿estaré salvada? ¿y qué hice yo por él en estas circunstancias aciagas? pero calla, Esther, calla de una vez ¿quién eres tú para ayudar a tu director? Calla y ruega, ya que «el silencio de la plegaria es la música preferida de Dios» como dijo alguien que sabía más que yo. ¿Rezará Héctor por las noches? ¿me habrías creído, Esther, si ayer te hubiese dicho que... el DOMINGO esa y otras preguntas le podrás hacer a Héctor? ¡Casals, bendito sea Casals!
Le dije yo: «Casals, ayer a la tarde le tuve que ir a retirar los papeles del Ministerio de Trabajo y Previsión a mi papá que sabés que dan subsidio a los mutilados, y fui de paso por la calle de Adlon y no lo pude encontrar, para mí que me explicaste mal», y no recuerdo exactamente la conversación cómo siguió, pero bueno... ¿será cierto? ¿es Dios una centella? ¡qué cosa de decir! ¿y cómo me atrevo a sacar a colación esa tontería? Y bien, fue el verano pasado: venía yo de lo de mi hermana y quien mucho necesita de Dios eleva siempre su mirada al cielo, un cielo azul mar de tardecita calurosa, y por la vereda adornada de alguna pareja y una que otra comadre que sale a tomar el fresco mirando a lo alto vi una centella... ¡un deseo! ¡pronto! ¡hay que pedirle a la centella un deseo! pero me avergüenzo de sólo recordarlo, y no sé si me animaré a contarlo en estas cuartillas. Pude pedir más salud para mi madre... pude pedir la confirmación de mi beca... pude pedir más aún: que mis estudios puedan continuar hasta recibirme de médica... pude pedir ¿por qué no? una bicicleta para el Dardito... o la lotería, para todos olvidarnos de estrecheces y pagarle servicio doméstico a mi madre... ¿y qué fue lo que pedí? tan sólo se me ocurrió (en ese instante que me desnudó ante mí misma) lo que podría haber pedido Graciela, o tal vez también Laurita: cuatro letras me subieron a la garganta, me embriagaron cuatro letras como un trago de la grapa más fuerte, y una chiquilina más... pedí Amor.
Bueno, la cuestión es que ayer, a la hora en que el sol estaba en el cenit de un cielo casi blanco de luz, apenas terminamos el almuerzo llegó Casals a la mesa pero ya Laurita se había levantado y se sentó al lado mío y fuimos al parque hasta que sonó el timbre de vuelta a clase. El pasto todavía estaba mojado y hay mucho barro todavía pero por fin pudimos caminar un poco al sol y aprovechar nuestro inmenso parque después de tantos días de lluvia.
Casals entonces (ni que yo se lo hubiera pedido), empezó a hablarme de Graciela, y que Laurita antes hablaba mal de Graciela pero ahora la defiende y que Graciela es una porquería. Así se expresó Casals: «Graciela, sabés Esther, estábamos el domingo con mi prima en la Cabaña Canadiense comiendo panqueques después del cine y pasó por la mesa con esa amiga que vino con ella para el partido intercolegial, esa nariz ganchuda y se pusieron a hablar ahí paradas al lado de la mesa y mi primo les dijo que se sentaran y yo lo hubiese matado que se sentaron y pidieron también panqueques y tuvo que pagar mi primo con la plata mía para Adlon» ¡y Casals se quedó sin Adlon! y a esas dos asquerosas le dijo que había visto el estreno de Ginger Rogers y según las palabras de Casals: me dicen que es vieja Ginger Rogers, que no les gusta y me miraron con una cara como diciendo que yo era un tarado y le preguntaron a mi primo si le había gustado la película ¡y el idiota les dice que no! y yo creí que le había gustado y ellas le preguntan si yo había elegido el programa y él les dice que sí, que yo siempre elijo y ellas le dijeron «pobre, qué paciencia ¡mira qué inmundas!» y para colmo llovía y qué iban a hacer hasta la hora de volver al colegio si no tenían plata para Adlon y no podían ir a caminar por el centro porque llovía y se tuvieron que quedar ahí en esa mesa, y decía Casals «¡qué domingo! y Laurita dice que Adlon estuvo fenómeno, llegó el Charrúa con las de Kraler, la de quinto y la de tercero también». «Nunca hablé con las de Kraler ¿vos hablaste con ellas alguna vez? el padre es dueño de casi la mitad de Río Negro, es alemán. La más grande es la más linda ¿no te parece a vos? y la orquesta dice Laurita que tocó el "Boogie de los lustrabotas" y la de Kraler sabía toda la letra en inglés y cantó despacito en la mesa y la otra de Kraler dice Laurita qué toca la batería con las cucharitas de la mesa y los vasos y las tazas y todas las mesas los miraban que ellos eran los que se divertían más.»
Me contaba el pobre chico: «Héctor nos dejó en la estación y en el tren si te digo que la nariguda compró chocolate y le pedí un pedacito y me dijo que me comprara y yo le dije que la había invitado con el panqueque o si ya se había olvidado y entonces me dio la mitad y me dijo que yo era muy chico para salir con ellas» ¡y tiene catorce años igual que yo y que él! Casals me hizo sentir avergonzada cuando agregó «yo sé que a casi todas ustedes les gustan los de 5° ¿pero no te parece que son grandes para ustedes? tienen diecisiete o dieciocho años».
Y fue entonces que me animé, en la vida se necesita coraje, bien dicen que sin coraje no hay guerra, y le dije que me moría de ganas de conocer a Adlon, y recién entonces se le ocurrió decirme por fin dónde está Adlon, en frente de la joyería y al lado de pieles «Fantasio»... pero en el primer piso, y la entrada está al fondo de la galería y por más que pase por la vereda no se ve la entrada, y habrá que mirar arriba para ver las ventanas de donde sale la música, dice Casals, cuando toca la orquesta Y... «¿por qué no venís un domingo con nosotros?», y Esther azorada «¿adonde?» y respondió «al cine a la matinée, y después basta que me des para pagarte el panqueque y dos pesos más para una naranjada en Adlon, nos sentamos en la mesa con Laurita y así mi primo habla con ella por primera vez». Y le pregunté qué es lo que hacen los muchachos y las chicas los domingos desde que se encuentran hasta que se separan. Y dijo así: «Se encuentran en el cine y están toda la película con la mano agarrada, después van a comer algo al bar lácteo y después a Adlon donde tocan la música especial para parejas. Y en la mesa se dicen que se quieren, hablan de la película que vieron y planean qué película van a ver el domingo siguiente y lo mejor de todo es si en la semana hay un feriado así no tienen que esperar una semana y la hora se acerca de acompañar el muchacho a la chica al colegio y en esas cuadras oscuras se besan y se aprietan.» E inquirí: «¿es eso lo que te cuenta Héctor?» pero vi pasar como una sombra por su rostro y continuó con lo siguiente: «Adhemar cuando salía con la más chica de Kraler el año pasado, como ella también está pupila él la acompañaba hasta la verja del pabellón de chicas y desde ahí los espía la vieja celadora de las chicas, que es tan buena, y la Kraler no toma alcohol porque es protestante pero Adhemar en Adlon tomaba un "Manhattan", mezcla de whisky no sé qué más y me parece que con eso se le iba la timidez y le decía a la de Kraler lo que todos los pupilos sabíamos». E inquirí sobre lo que todos los pupilos sabían. A lo que respondió: «yo le pregunté a Adhemar si la quería a la Kraler y me contestó que "una piba así merece que la quieran para toda la vida". Quién sabe por qué se habrán peleado...» Y Esther taimada le dice a Casals «a vos la que te gusta es la de nariz ganchuda y no lo querés decir, claro, porque es más linda que Laurita, que creí que era la que te gustaba». Y respondió Casals con voz que le salía del cofre de sus sueños: «Laurita es la mejor».
Pero a ella le gusta el Charrúa que tiene veinte años. Y me preguntó Casals: «¿no le gusta Adhemar? el Charrúa es un salvaje de la selva», a lo que añadí: «Pero si Laurita te gusta a vos, por qué le querés hacer gancho con tu primo?» «Mi primo tiene cuatrocientas novias, qué le importa a él de Laurita, pero lo mejor es hacerse de la barra de las de Kraler y Laurita y todos. Y esto es secreto: el año que viene mi primo no está porque le toca el servicio militar, y yo ya quedo adentro de la barra.»
Pobre chico, se hace ilusiones, y se lo dije, por qué no buscaba una más chica, una del primario, y me respondió: «Con una de esas no se puede hablar de nada, son muy chicas.» Y de buenas a primeras me cortó la respiración: «Voy a hablar por teléfono a mi primo a ver si este domingo vamos al cine o si él me viene a buscar a la salida después del partido de River, porque ahora ya me deja tomar el colectivo solo al centro, sabes, si querés venir entonces yo le hablo y le digo.» Sí, sí sí, se oyó exclamar a una tonta colegiala, su corazón, cual niño que gatea y de repente se larga a caminar, hoy se aventuró a dar un primer paso.
Nunca lo olvidaré, Casals me llevó hasta Secretaría a telefonearle al primo y yo quería escuchar lo que decía y justo me viene la empleada con la noticia de que el director se queda y no me dejó oír una palabra de lo que decía Casals por teléfono. Qué bueno es.
El domingo…, el domingo, Esther, es tu primera cita con la vida, al mismo tiempo que Laurita a la una del mediodía come apurada su almuerzo de domingo en su vasto chalet de rojas tejas, ¿y Graciela? me la imagino muy bien, consentida en todo por sus padres, se desata los rulos en la mesa, mientras picotea un delicado postre de cocina, en el suntuoso comedor de su departamento frente a la aterciopelada Plaza Francia; pero tanto una como la otra como la otra (¡esa tercera soy yo!), sólo obramos en pos de un sueño, un sueño romántico.
Cita a las tres en el majestuoso jol del cine más lujoso de Buenos Aires, un palacio de las mil y una noches, donde se proyecta la película que eligió Casals. Y como si no bastara con el sueño que llevo en mi alma —y que henchida me empuja como un huracán de popa— otro sueño se proyecta en la pantalla, otro sueño de otra u otro que como yo... se apresta a amar, ama, o recuerda haber amado. Lágrimas, sonrisas para la heroína, o para mí misma en ella retratada, y sobre la palabra fin las luces de la sala vuelven a iluminarse. Casals está junto a mí ¿te gustó la película, Casals? lo que esperaste toda la semana mientras pasabas hoja a hoja las lecciones a estudiar, y ahora a salir de este mundo de gente, una oleada de público se vuelca a las calles del centro de la gran urbe, cuyas luces (azules y rojas son más que nada las luces de mi ciudad) se van dibujando cada vez más claras sobre un cielo azul cada vez más oscuro, sobre una taffeta azul tornasolada (el cielo de Buenos Aires) lucen joyas (sus incandescentes letreros), que son pedrería prendida a la taffeta que prendida a mi carne no me deja olvidar que es día de fiesta.
Y llegó la hora de los panqueques en la Cabaña Canadiense, «todo llega en la vida» dice mi madre, y llega un mozo con casaca ribeteada de amarillo y blanco con dos panqueques a la americana y dos tazas humeantes de café con leche. Y mientras se va acercando la hora, porque Casals calcula que a las seis y cuarto ya podrá llegar ¿quién? ¡Héctor! ¿quién otro va a ser? porque ni bien terminó el partido de su equipo favorito se largó a las calles, tomó el colectivo como una exhalación y ya está en la pensión bañándose y todavía el pelo corto (¿y un poco de carpincho?) no se le ha terminado de secar que aparece en el cálido recinto de la Cabaña Canadiense. A las seis y algo es de noche cerrada ¿y dónde está el sol? pero los rayos tibios de la corta tarde que perdimos escondidos en la penumbra de un cine... si yo estiro la mano y acaricio la mejilla de Héctor estoy todavía a tiempo de tocarlos, oh tibios rayos, ya que el astro rey dejó su encendido color en toda la muchachada encaramada en las tribunas.
Y todo llega en la vida, llega también el momento de preguntarle todo lo que se me ocurre, de qué equipo es, qué jugador le gusta más, si piensa seguir estudiando, y sus ideas políticas para ver si en su corazón hay un lugar para los pobres, todo se lo puedo preguntar, tenía razón mamá que la vida es mía, y mi hermana que dice «no te cases joven, no te cases joven» porque la juventud manda y ya llegarán las obligaciones y las responsabilidades, pero ahora es la hora de divertirse, de vivir y dar alas a los sueños que anidan en nuestro corazón, es tu hora Esther, porque después de una animada charla iremos a caminar por las veredas del centro (una vía láctea desmembrada en prolijo cuadriculado: el centro de mi ciudad) e imantados por un polo poco tardaremos en subir las escaleras por donde ya se empieza a escuchar la síncopa electrizada de una orquesta de jazz, y bajo las ultramodernas lámparas difusas de Adlon, recortándose en el aire satinado, luciendo sus mejores galas está la juventud triunfadora del Colegio Incorporado «George Washington» y Casals hace su maniobra y al sentarnos a mí me pone al lado de Héctor, y la orquesta ataca un cadencioso fox y a lo mejor Héctor se quiere cambiar de asiento y sentarse al lado de otra ¿cómo puede una pobre niña inexperta saber lo que una dama habría de hacer en esas circunstancias? ¿pero es posible Dios mío lo que estoy sintiendo?... ¿basta tan sólo esto para barrer con mis dudas —telarañas del alma— tan fácilmente?... sí, ya todo es verdad, ya nada es feo, falso, triste o malo en el mundo, porque... bueno, es tan simple... es que Héctor me ha tomado la mano debajo de la mesa, y me la estrecha, y nuestros corazones laten al compás de un fox, y Esther ¿qué más puedes pedir? ya nada más hay que pedir, porque en este mundo a la vuelta de cada esquina florecen un rosal y una pareja, y no hay nada más que pedir, sólo una cosa, sí, por favor, una cosa... que los relojes se detengan y el tiempo muera por siempre, cuando sea domingo.
Jueves — La felicidad... eres mujer, y por lo tanto esquiva ¿y también mentirosa? ¿prometes y no cumples? Empecemos porque mamá no me quiere dejar, y sigamos porque mi hermana de una vez por todas reveló lo que es: una pobre orillera, la detesto. Con el tapado mostaza, que ella se cree que es lo más fino que hay y vienen ganas de darle limosna, y semejante grandota con un hijo de ocho años se quiere venir a sentar entre nosotros en Adlon. Es ella la que nunca oyó decir que una chica de catorce años puede salir sola con sus compañeros, ella solamente porque es una pobre diabla que nunca salió de este barrio de mala muerte. Y cuando se saca el tapado se cree que va a quedar muy linda con ese traje de saco que ya se le está destiñendo el teñido que era lo único que lo salvaba de esas rayas amarillas y rojas, pero se ve que está teñido, la anilina se nota porque la tela está como quemada.
Tal cual una nena de cinco años ahí con mi hermana para que no me pierda. Antes de ir con ella me mato. Y mi cuñado qué envidioso, eso es lo que es, me dice que por qué no le llevo «la barrita pituca» al comité, así les canta cuatro frescas... Un domingo quiere él que la juventud se vaya a encerrar a un comité, y se lo dije, y me contesta: «A las pendejas esas llévalas al comité, vas a ver cómo las hacemos divertir los muchachos». Mientras viva no olvidaré su grosería.
Y Casals hoy viene y me dice si yo me iba a dejar acompañar hasta casa por Héctor, y miraba para otro lado como para aguantar la risa. Además agregó: «¿Tu cuadra es muy oscura? pero no vas a tener miedo, porque él te tiene abrazada y te defiende ¿no?», ¿qué querés decir? «nada, mi primo ya te va a decir lo demás, vas a aprender mucho con él». Yo no pude aguantarme y le di un terrible pellizcón en el brazo, y Casals me agarró de una trenza y me dice dándome tirones como jugando pero medio me dolían: «no seas tonta ¿no se puede bromear con vos? mi primo y yo te vamos a acompañar, así que delante mío no puede pasar nada, ¡a no ser que me hagan esperar en la esquina!», y se reía. Yo le dije: «eso es lo que querrías hacer vos con Laurita», y el mocoso pretencioso me contestó: «si yo fuera Adhemar tendría que elegir entre la de Kraler y Laurita».
En casa yo tendría que haber dicho que era una fiesta del colegio, cualquier macana pero que se hacía en el centro en vez de en el colegio. Una fiesta para celebrar la confirmación de nuestro director en su puesto, que bien merecería una fiestecita mi buen director. Pero preferí decir la verdad, yo creo que antes de entrar a Adlon con mi hermana prefiero la muerte, que me pise un auto al cruzar las diagonales del centro, aunque los autos tendrían que pisarla a ella, sí, que pise una cáscara de banana de esas que a lo mejor se lleva en la cartera para comer en el subterráneo, es capaz de eso con tal de llenarse el buche a toda hora. Yo me sé aguantar el hambre si me viene, si no tengo dinero para entrar a un bar paciencia, pero no voy a poner en la cartera un pedazo de queso como ella el día de las bananas.
Bueno, he llegado al final de este cuaderno, y, por falta de más renglones, el final de este barato cuaderno de almacén (con alguna que otra gota de grasa), coincidirá con el final de un día que no le va en zaga, quiero decir que también mi día está manchado.
[…]
2009-01-21
RETRATO DEL NOVELISTA DESCONOCIDO
La improvisación repetida. Rita traiciona otra vez.
Primera Plana (Buenos Aires),
N° 226 (25 de abril de 1967), 66-67
[…] Una nota de Mary McCarthy en Encounter […] lo envió [a Manuel Puig] a las páginas de Ivy Compton-Burnett. «Para mi gran sorpresa… descubrí que mis diálogos de incógnito ya habían sido hechos hace 20 años: y pensar que creía haber inventado algo nuevo», informó [Manuel Puig a Emir Rodríguez Monegal, 11 de abril de 1967] con esquinado humor.
Referencia a lo expresado al tope de la tercera columna, p. 66
[…] Se eligió Diario de Esther: 1947 para la revista porque, como Borrini [corresponsal de Primera Plana en Nueva York] le explicó a Manuel, era el único capítulo «que tu padre podría leer sin ningún problema». […] Como le escribió Manuel a Emir, «supongo que una nota en Primera Plana te pone en órbita enseguida». Pero los extractos del Diario de Esther podían ser entendidos como «demasiado cercanos a lo real», advertía Emir […] Sin el comienzo sentimental ( Domingo 7 Tendría que estar contenta y no lo estoy, una pena que no es honda pero es pena quiere anidar en mi pecho. ¿Será la luz mortecina de este crepúsculo de domingo?) donde como Manuel lo expresó: «al faltar el principio del capítulo (donde yo cargo más las tintas para hacer entrar al lector en el juego) parece que el cursi es el autor y no el personaje». Tal como apareció en Primera Plana el extracto invitaba a lecturas altaneras y erróneas y rechazos hoscos, como [el ácido comentario de Juan Carlos Onetti:] «Sé cómo hablan los personajes de Puig; lo que no sé es cómo escribe».
Referencia a «una aventura del lenguaje (ver páginas 72/73)» en la segunda columna, ocho líneas debajo del subtítulo, p. 66
Manuel Puig y la mujer araña, de Suzanne Jill-Levine.
Seix Barral Los Tres Mundos Biografía
2009-01-11
—Desde que era niño, a Takachan le ha dado miedo el cuadro del infierno, ¿verdad Mitsu? —comenta el monje, luego de que Taka se fuera hacia el osario.
Al rato, Taka retorna con las cenizas del hermano S. El mal humor y el abatimiento de Taka antes de dirigirse al osario transmutan en una especie de exaltación. Dice que encontró los anteojos de S junto con las cenizas y le hicieron recordar la cara del hermano asesinado en la colonia coreana.
Este pasaje de los anteojos resulta significativo, porque el capítulo se inicia con la visión de una gorda, que no puede moverse ni dormir bien. El capítulo lleva como título los versos de Edgar Allan Poe, que en la traducción del japonés al español de Miguel Wanderbergh dicen:
No es todo lo que ve y se ve sino
un sueño en un sueño
En compañía de los hermanos se encuentra la esposa de Mitsu. Los tres se suben a un citroën.
Taka maneja el citroën, la esposa de Mitsu ocupa el asiento del acompañante con las cenizas de S en su regazo y Mitsu va en el asiento trasero.
Taka recuerda a S con uniforme militar. Un militar galante, extrovertido y varonil, que cada vez que se cruzaba con alguien del valle, saludaba con un taconazo como un soldado nazi. Mitsu dobla las rodillas y se tumba en el asiento; no hará falta que cierre los ojos para revivir el color de las llamas del cuadro del infierno.
Los rollos narrativos del medioevo japonés abarcaban distintos temas y asuntos. Los del infierno me atrajeron desde que topé con los de los fantasmas hambrientos en el conocido ensayo de William L. Lafleur, en la parte primera de Fragmentos para una historia del cuerpo humano.
Algunos de estos rollos han sido seccionados y las partes de texto se perdieron. Se pueden contemplar las pinturas solamente.
Esto parece ser lo que ocurre en el templo con los protagonistas del El grito silencioso: observan dos secciones pictóricas de un rollo del infierno y comentan sus impresiones acerca de lo que en dichas secciones ven. Abajo podrá verse un detalle de la imagen previa, el jigoku-zōshi que corresponde al primero de los cuatro dominios dentro del Gran Infierno de los Gritos. Tal vez resulte ser el cuadro del espíritu femenino; aquel respecto del cual la mujer de Mitsu dijo:
—Ese demonio que está vuelto de espaldas y parece parte de la roca, ese que se dedica a atormentar con tanto ahínco al espíritu femenino, tiene el cuerpo cubierto de sombras negras […] no se distingue bien si son músculos o cicatrices, pero le dan muy mal aspecto, ¿no creen? En comparación, el espíritu femenino al que le está pegando parece estar en mucho mejor forma física. Incluso se diría que está tan acostumbrado al demonio que ya no le tiene miedo, ¿verdad, Mitsu?
La esposa de Mitsu habría estado observando el cuadro con la punta de su nariz rozando el cuadro, dado que el demonio y el espíritu femenino son, en verdad, unas miniaturas en la superficie que tiene de alto solamente veintiséis centímetros.
De cualquier manera, estas son curiosidades del andamiaje que Kenzaburo Oé arma para poder transitar el viaje en el citroën. Hay hasta acá un sugestivo título, una mujer gorda, unos anteojos, las cenizas de un hermano asesinado, dos cuadros del infierno.
Falta la leyenda, si puede usarse la expresión.
2008-12-31
Cotejando lecturas acerca de Giorgio Manganelli encontré que el Infierno podría ser purificador. De inmediato, me vinieron a la cabeza los versos de un libro editado este año: Cartografías, de Silvia López.
vuelo suicida del vencejo
flechazo negro en el aliento
blanquísimo del Diablo
y si en el fondo del abismo
traga males el Infierno
¿ruge empacho de Eternidad?
pero el pájaro resurge
de su ducha fresca
haciendo una verónica
que —estoy segura
me dedica.
Garganta del Diablo,
Cataratas del Iguazú, 15 de agosto de 1996
2008-12-26
—En vez de tanto mirar ese cuadro, ¿por qué no nos llevamos ya los restos de S, Mitsu?
La imagen pertenece al jigoku-zōshi, rollo del infierno, y corresponde al segundo de los cuatro dominios dentro del Gran Infierno de los Gritos.Medidas en centímetros: 26,1 por 240,0.
Tokio National Museum
William L. Lafleur, en la parte primera de Fragmentos para una historia del cuerpo humano, explica «que zōshi hace referencia a la naturaleza documental y testimonial de las imágenes» de los rollos. Es decir, en el siglo XII, las imágenes «secuencialmente ordenadas» constituían «auténticas aperturas a la realidad» tal cual era.
2008-12-19
También las leyendas tienen su importancia
Los hermanos Mitsu y Taka han retornado a la aldea para vender el almacén del bisabuelo.
Jin ha engordado horriblemente y permanece en un rincón oscuro porque no se puede mover. «Por las noches no duermo bien, y sueño mucho», protesta. ¡No puedo dormir! ¡Sólo tengo sueños tristes, sólo sueño quedarme sin casa!.
Mitsu le dice que van solamente a desmontar el almacén para llevarlo a Tokio, que no hará falta demoler la casona y los anexos donde ella vive.
—Pero van a vender las tierras, ¿no? —prosigue Jin.
—Mientras no se solucione lo de tu vivienda, las tierras, la casona y los anexos se quedarán como están, Jin.
—¿Qué piensan hacer con la tumba familiar?
—No hay por qué tocarla, creo yo —responde Mitsu.
—Las cenizas del señor S están en el templo, ¿recuerda?
Compasivo, Taka comenta a Mitsu acerca de la inutilidad y el pesimismo de Jin, que ha triplicado su peso en los últimos seis años y sigue engordando. Mitsu responde a Jin que irá ese mismo día a recoger las cenizas de S, el hermano muerto a golpes en una colonia coreana, y que quiere ver el cuadro del infierno que hay en el templo.
[...]
Todo lo que vemos o parecemos
no es más que un sueño en un sueño.
[...]
All that we see or seem
Is but a dream within a dream.
Edgar Allan Poe
Los cuadros descriptos en el capítulo de la novela de Kenzaburo Oé, que lleva como título los versos de Edgar Allan Poe, podrían pertenecer al rollo japonés del infierno: 26.1 cm x 240.0 cm, siglo XII, Tokio National Museum.
Hice recientemente descripciones de rollos japoneses; es decir, desplegué las pinturas, o mejor aún, las desenrrollé a lo largo de una novela. Por tal razón, me atraen los cuadros en El grito silencioso: el río de llamas y el espíritu femenino.
En una entrada futura subiré los cuadros de Tokio y haré la prueba de reseñar el prodigio narrativo de Oé en relación al asesinato de S. Este prodigio forma parte del mismo capítulo de los cuadros.
Ahora, y antes de finalizar, quiero comentar que, en relación a los cuadros del infierno, los atormentados dan la impresión de divertirse, de estar acostumbrados al fuego. Y el espíritu femenino, tan curtido, parece ya no tenerle miedo al demonio que la hostiga.
El monje del templo expresa su propia impresión acerca de los cuadros:
Como las almas del infierno llevan verdaderamente una eternidad sufriendo sin cesar, ya deben de haberse acostumbrado, y puede que sólo pretendan hacer ver que sufren para mantener el orden de las cosas. El modo como se calcula la duración del sufrimiento en el infierno es de lo más excéntrico, ¿sabe? Por ejemplo, en este infierno ardiente un día y una noche constan de mil seiscientos años, equivalentes a dieciséis mil años con sus días y sus noches en el mundo de los hombres. ¡Eso sí que es tiempo! Ahora bien, las almas de este infierno tienen que sufrir sin parar los dieciséis mil años, ¿comprende? Hasta el más reticente de los espíritus tiene tiempo para acostumbrarse, ¿no?
2008-12-13
El dolor de un poeta...
Eurídice habla que él no podía pasarse sin ella, desde que su salud, que empeoró de repente, obligó a que fuese internada. Habla que él vivía exaltado; no encontraba sus páginas, porque era yo la que las ponía en orden. Cuando se las corregía se sentía tranquilo. Junto a ti sé quien soy, decía después que yo le había limpiado sus papelajos de la mucha grasa y papilla sentimental que tenían.
Ah, cuánto lastre ha acabado en la basura gracias a mí. Estaba orgullosa de que todos y todas lo admiraran y no me importaba que no supieran que era mérito mío.
Hay diferencia entre ser un narciso cauteloso y un hombre verdadero. Un hombre verdadero va por su camino, sin tener miedo de lo que pueda suceder. Desde que estoy aquí, he oído comentar que Orfeo pide ayuda a todo el mundo y no escucha a nadie y pretende que le estén escuchando y le admiren sólo porque… Quién sabe cómo se las arreglará ahora que no le puedo corregir sus versos. Cometo demasiados errores, decía, pero también era por cómodo, así me tocaba hacerlo a mí y mientras tanto él se ponía a leer el periódico o se iba a tomar una cerveza.
Las mujeres que van a oírle cada vez que lee o da una conferencia lo miman, lo manosean, pero ya me gustaría a mí ver si se ponen siquiera a pasar en limpio tanto papelajo ilegible, esa escritura suya de neurótico.
Es estupendo que te ame un neurótico, da seguridad. Sabes que no se le va a pasar, una idea fija resistente a todos los embates de la vida. No creo que me hubiera enamorado tanto si no hubiese sido tan neurótico. Algo sabe Usted ya de eso, de su solicitud para obtener mi permiso de salida, con todos los sellos correspondientes… ¿Cómo? No le oigo, discúlpeme. Es que no le veo, en esta oscuridad.
Pastiche de Así que Usted comprenderá, de Claudio Magris.
2008-12-07
Paradojas
El 31 de diciembre de 1936. Antonio Machado
No, no soy fascista ni bolchevique; soy un solitario.
Aproximadamente dos meses antes de su muerte. Miguel de Unamuno
Durante el acto de apertura del curso académico en la Universidad de Salamanca, el 12 de octubre de 1936, varios oradores soltaron tópicos acerca de la anti-España. Un indignado Unamuno, que había estado tomando apuntes sin intención de hablar, se puso de pie y dijo: Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. [...] Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...
En ese punto, el general José Millán-Astray que, tras haber fundado el Tercio de Extranjeros bajo los lemas ¡viva la muerte! y ¡a mí la Legión!, había perdido un ojo y un brazo en la guerra de Marruecos, empezó a gritar: ¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?. Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: ¡Viva la muerte!
A continuación Millán inició su arenga: ¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!. Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando, se cuadró mientras se oían gritos de ¡viva España!
Se produjo un silencio y Unamuno agregó: Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de «¡viva la muerte!». Esto me suena lo mismo que, «¡muera la vida!». Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán-Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. [...] El general Millán-Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada...
Millán-Astray gritó: ¡Muera la inteligencia! Sin embargo, José María Pemán, apologeta católico y creador de himnos, exclamó: ¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!
Unamuno no se amilanó y concluyó: ¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España.
Wikipedia
2008-12-04
Cuando Rey Mono tradujo el poema Verrà la morte e avrà i tuoi occhi, de Cesare Pavese, dije que la lectura del siguiente verso:
un grido taciuto, un silenzio.
me había llevado a otra parte. Al silencio de Dios, en referencia a Auschwitz, en boca insólitamente del actual Papa.
Pensaba sobre el uso de «acallado», o, mejor, el adjetivo callado, en el sentido de: grito no pronunciado / no articulado, cuando leí lo siguiente:
Il Papa ad Auschwitz a mani giunte "Signore, perché hai taciuto? Perché hai potuto tollerare tutto questo?" dice Benedetto XVI, al termine del canto di lutto del Kaddish e l'accensione di un cero. 28-05-06. El diario La Croix, de París, comentó: "Benedicto XVI ha planteado la pregunta que todo el mundo hace, sea o no sea creyente: ¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué calló?"
2008-12-02
Una pedagogía del odio
J. L. Borges: Sur número 32, mayo 1937
Las exhibiciones del odio pueden ser más obscenas y denigrantes que las del apetito carnal. Yo desafío a todos los amateurs de estampas eróticas a que me muestren una sola más vil que alguna de las veintidós que componen el libro para niños Trau keinem Fuchs auf gruener Heid und keinem Jud bei seinem Eid, cuya cuarta edición está pululando en Baviera. La primera es de 1936: poco más de un año ha bastado para agotar cincuenta y un mil ejemplares del alarmante opúsculo. Su objeto es inculcar en los niños del tercer Reich la desconfianza y la abominación del judío. Se trata, pues, de un curso de ejercicios de odio. En ese curso colaboran el verso (ya conocemos las virtudes mnemónicas de la rima) y el grabado en colores (ya conocemos la eficacia de las imágenes).
Interrogo una página cualquiera: la número cinco. Doy ahí, no sin justificada perplejidad, con este poema didáctico: “El alemán es un hombre altivo que sabe trabajar y pelear. Por lo mismo que es tan hermoso y tan emprendedor, lo aborrece al judío”. Después ocurre una cuarteta, no menos informativa y explícita: “He aquí el judío –¿quién no lo reconoce?–, el sinvergüenza más grande de todo el reino. Él se figura que es lindísimo, y es horrible”. Los grabados son más astutos. El alemán es un atleta escandinavo de dieciocho años, rápidamente caracterizado de obrero. El judío es un turco amulatado, obeso y cincuentón. Otro rasgo sofístico: el alemán acaba de rasurarse, el judío combina la calvicie con la suma pilosidad. (Es muy sabido que los judíos alemanes son Ashkenazim, hombres de sangre eslava, rojizos. En este libro los presentan morenos hasta la mulatez, para que sean el reverso total de las bestias rubias. Les atribuyen, además, el uso permanente del fez, de los cigarros de hoja y de los rubíes.)
Otro grabado nos exhibe un enano lujoso, que intenta seducir con un collar a una señorita germánica. Otro, la acriminación del padre a la hija que acepta los regalos y las promesas de Sali Rosenfeld, que de seguro no la hará su mujer. Otro, la hediondez y la negligencia de los carniceros judíos. (¿Cómo, y las muchas precauciones para que la carne sea Kósher?). Otro, la desventaja de dejarse estafar por un abogado, que solicita de sus clientes un tributo incesante de huevos frescos, de carne de ternera y de harina. Al cabo de un año, los clientes han perdido el proceso, pero el abogado judío “pesa doscientas cuarenta libras”. Otro, el alivio de los niños ante la oportuna expulsión de los profesores judíos. “Queremos un maestro alemán”, gritan los escolares, entusiasmados, “un alegre maestro que sepa jugar con nosotros y que mantenga la disciplina y el orden. Queremos un maestro alemán que nos enseñe la sensatez”. Es difícil no compartir ese último anhelo.
¿Qué opinar de un libro como éste? A mí personalmente me indigna, menos por Israel que por Alemania, menos por la injuriosa comunidad que por la injuriosa nación. No sé si el mundo puede prescindir de la civilización alemana. Es bochornoso que la estén corrompiendo con enseñanzas de odio.
2008-11-27
Después de leer Rostros de felicidad se me ocurre que el desconcierto de Sin destino, de Imre Kertész, podría equiparase en algo al desconcierto que produce Wakefield, de Nathaniel Hawthorne. Una tarde Wakefield se despidió de su esposa, con la cual llevaba diez años de casado. Le dijo que a más tardar estaría de vuelta para la cena del viernes, pero, sin razón aparente, se ausentó por veinte años. Sencillamente, como si hubiera faltado una semana, luego de veinte años retornó con una sonrisa y permaneció calmo junto con su esposa hasta el fin de sus días.
Kertész hace lo mismo que Hawthorne. Sin destino relata la historia de un adolescente recluido durante un año en Auschwitz. Pero la estrella de seis puntas, el traslado en el tren, las colas para el examen de aptitud física y las duchas colectivas son un montón de cosas, dice la reseña de Rey Mono, que suceden antes del inevitable retorno a casa.
Sinceramente no tenía previsto hacer el siguiente recorrido: Kertész me llevó a Hawthorne, y Hawthorne a Otras Inquisiciones. De suerte que me asombra encontrar en la conferencia de Borges sobre Hawthorne la parábola que el autor de Wakefield tituló: Earth's Holocaust; entonces, Borges desliza que Schopenhauer comparó la historia con un calidoscopio y que esa misma intuición hizo escribir a Emerson el poema History.
Alrededor de hacer convivir varias voces, Borges concluye:
El pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas, y una de las cosas que vuelven es el proyecto de abolir el pasado. Este pensamiento encaja perfectamente con Kaddish, otro libro de Kertész, en el cual puede leerse el cuestionamiento a la frase que comúnmente alude a la existencia de campos de concentración: «Auschwitz no tiene explicación». Kertész en otra parte de ese libro dice: […] lo verdaderamente irracional y lo que en verdad no tiene explicación no es el mal sino lo contrario: el bien.
Kaddish es un denso rezo. Una plegaria dirigida al hijo no nacido, que podría ser leído como ausencia de destino. Hay una imagen, que quizás mi memoria ha deformado, la imagen de una mujer pelada que viste una bata roja. En el libro está el cuestionamiento a la frase: «Auschwitz no tiene explicación».
La mujer pelada no tiene explicación y los veinte años de Wakefield tampoco. O, usando palabras del narrador de Kaddish: con la vuelta de Wakefield a la casa, su ausencia durante veinte años no existe, o, para ser más preciso, no existió, y, como es lógico, sólo aquello que no existe o no existió carece de explicación. Es famosa la cita de Jorge Luis Borges afirmando que, si Kafka hubiera escrito esa historia, Wakefield no hubiera conseguido, jamás, volver a su casa, y, a continuación, Borges añade que, Hawthorne le permite volver, pero su vuelta no es menos lamentable ni atroz que su larga ausencia.
Para mi sorpresa, encuentro en la conferencia dicha por Borges en 1949 que: […] Un autor puede prevalecer de prejuicios absurdos, pero su obra, si es genuina, si responde a una genuina visión, no podrá ser absurda. Hacia 1916, los novelistas de Inglaterra y de Francia creían (o creían que creían) que todos los alemanes eran demonios; en sus novelas, sin embargo, los presentaban como seres humanos.
2008-11-21

Capítulo 48
—Aquí no hay nada.
Y dije yo:
—Y ese ruido tan terrible, ¿qué fue?
Respondió él:
—Algún diablo había sido por espantarnos.
Yo, desimulado, me tomé a asentar y él también. Y luego tornó el ruido tan fuerte como primero. Yo quise tomar la candela y ir delante, y él me ganó por la mano y entró primero y dijo:
—Veis aquí que no hay nada.
Y no me dejaba entrar a mí a la cocinilla, y si trujéramos dagas, que no se podían traer, yo creo le ganara por mano. Yo, enojado, le dije:
—Mirad qué hay en aquel fuego.
Y él, también enojado, pisó con el pie en la ceniza y dijo:
—¿Qué ha de haber?, que no hay nada.
Y así nos tornamos a asentar, y él se puso a leer en un libro de corónicas. Subió la señora de abajo con la muchacha y dijo qué ruido era el que había sonado. Dijo su marido:
—No lo sé.
Llegose la muchacha a mí y me dijo qué tenía, que estaba tan flaco y malo. Yo le respondí:
—Dios lo sabe lo que tengo, pero bienaventurada tú si no hubieras nacido.
Y esto dije yo, porque su ama le había mostrado sus malas artes. Respondió el ama:
—¿Por qué?
Yo dije:
—Por lo que Dios sabe.
Respondió el marido:
—Que tú le debes haber enseñado a que se condene.
Ella replicó:
—Ay, amarga de mí, algún diablo debe haber en esta casa.
El marido alza el libro a dos manos y dale con él en la cabeza. Ella se entró en la cocinilla, y yo aquieté el marido lo mejor que pude, y me bajé a dormir. Mirad si hay maldades como estas; y todo procede de no quitalles las armas a los frenéticos con que se matan, digo la prohibición de los malos espíritus. Estando en el hospital, vino un hombre honrado a mí y me dijo:
—Señor Pasamonte, vuestra merced a mí me ha hecho placer; véngase en mi casa, que mi mujer y yo le serviremos y tendrá harto mejor cama y servicio por los quince reales.
Yo me fui en casa deste hombre de bien, y cierto tenía mejor servicio. Pero tenía una dificultad, que un español honrado que tenía allí tres hijas y andaban a tú por tú cuál se casaría comigo, y yo estaba aborrido que no sabía qué hacerme. Fuimos pagados; y la patrona de la casa se llamaba la Osorio, mujer muy libre y conocida; dándole yo el pagamento a razón de quince reales, y díjome:
—¿Y no quiere pagar más?
Yo le respondí:
—Señora, sólo yo en Gaeta doy quince reales y no puedo dar más.
Ella, como mujer libre, me dijo:
—Pues otro poco a otro cabo—, que creo fue ángel para mí.
Yo me enojé y fui al capitán a suplicalle me diese licencia para irme al reino; y no queriéndomela dar, tantos medios tuve que me hizo la merced, y ansí salí libre de más que de demonios. Gracias al Señor.
2008-11-17
A los cuarenta años, Gerónimo de Pasamonte escribió su autobiografía con la pretensión de recibir algún tipo de compensación económica por los servicios prestados al rey contra los turcos. La obra se distribuyó por Madrid en manuscrito en 1593 y no fue editada hasta 1922, cuando Raymond Foulché-Delbosc la publicó en Revue Hispanique.
La escritura de Gerónimo es ágil y vale la pena hacer un esfuerzo para salvar algunos escollos que podría presentar sólo en algunas partes.
Las historias del capítulo cuarenta y siete transcurren en Italia. Jerónimo anda medio paranoico. Es sugestivo el momento en la cual Gerónimo, huyendo de una bruja, se muda, a cambio de una paga de dos reales, a la casa del soldado Jiménez. Pero allí será hostigado por la esposa del soldado, que le confesará que el marido la mataría de una puñalada si él se muda nuevamente, lo cual representaría para ellos la pérdida de los dos reales.
Gatitos, huevos envenenados y gusanos fermentarán un universo que se respira también a través de los cuadros de El Bosco y en ciertas películas contemporáneas de efectos especiales. En fin, historia de desgracias con invenciones infernales, brujas y fantasmas, o, de como aconteció que Gerónimo cayó un día de la sartén a la brasas, si bien, y por fortuna, no hubo de faltarle médico, confesor y ángel de la guardia.
—Oh, traidor, ¿y cómo sabes tanto?
Yo simplemente le dije:
—¿Qué dices, fulana?
Ella replicó:
—¡Oh, traidor!, que esta noche escapaste de muerte.
Entonces me acordé y le dije:
—¡Oh, bellaca descomulgada!
Y ella echó a huir y se metió en su casa, y yo entré en la mía, haciéndome la cruz; y di en la cuenta, qué cosas eran brujas y como cierto fue el ángel de la guardia el que me amonestó y defendió, gracias al Señor. En esta casa, un soldado estremeño (que pocos días había que había venido a este presidio, casado con una coja y que tal) me venía a visitar muchas veces y nos íbamos paseando a la Trinidad, y yo, por velle de honrado pecho, entre algunos días le fui contando mis desgracias y trabajos. Bajeme de aquella casa y torné a entrar en la ciudad por huir de aquella mala mujer. El estremeño siempre me visitaba hasta cerca un año, y tanto hizo que me sonsacó me fuese en su casa. Dábale real y medio por la comida y medio por el servicio, que eran dos reales. Mudámonos de una casa mal cómoda a otra mejor; ellos estaban en lo alto y yo en lo bajo, y esta fue la postrera casa, que nunca allá fuera. Este buen hombre mostraba estar muy contento comigo y yo también con ellos, y Dios se lo perdone a quien los conocía del reino y no me avisó de la verdad cuando yo se lo pedí. A cabo de pocos días, yo descubrí que había caído de la sartén en las brasas y que estaba en mayor peligro que jamás. A cuantos meses que estuve con su casa, vine a Nápoles si podía negociar poner mi ventaja en un castillo por salir de aquel peligro y tierra, y no lo pude alcanzar, por ser aún vivo Mayorga, que este fue el favor que tuve de España, gracias a mi Dios. Torneme en casa de mi estremeño, donde tenía mi ropa, y su mujer arrodillada delante un Cristo me juró que su marido había jurado, si yo me iba de su casa, de dalle de puñaladas a ella, porque perdía su comodidad. Yo le dije:
—Señora, yo no tengo tal voluntad, pero no andemos en naturales, porque yo no me quiero casar; y esas señoras viudas que os han hablado, decildes que yo no soy bueno para ser casado en Gaeta.
No sé si le dieron algún dinero porque me matase, que yo iba menoscabando mi salud y conocía por lo pasado mi mal. Dos veces hice muestra de quererme salir, y siempre me hizo juramento que si yo me salía, que su marido la mataría, como fue. Veis aquí el pobre Pasamonte que no sabía qué hacerse ni cómo remediallo. Yo decía: «Si me salgo, él la mata, y si se escapa, a mí me prenderán y me pondrán en quistión de tormento por adúltero». Rogaba yo a Dios en mis sacramentos me diese unas calenturas para irme al hospital y era lo peor que me iba helando. Ella tomó un gatico de leche y lo comenzó a criar y lo ponía en la mesa con sus cascabelicos de plata. Yo, que soy amoroso, gustaba dello. Un día murió el gatillo, por desgracia o aposta. Yo le dije al marido:
—Señor Jiménez, por amor de Dios, eche ese gatillo a la mar, pues sabe lo que hacen con esos animales.
Él se rió y dijo:
—No tenga miedo, que sí haré.
¡Dios nos guarde de traidores! De allí a no se qué días hicieron lo proprio con otro gatillo; y era en cuaresma, yo no sabía qué hacerme. Un confesor me dijo mudase barrio, y otros amigos; yo les decía lo que pasaba y quedaban espantados. Yo me determiné de morir, si Dios no lo remediaba. Con los gatillos hacen la mayor maldad que se puede escribir, y con güevos frescos dan venenos sin rompellos, y otras mil artes del demonio. ¡Jesús, Jesús, Jesús! En conclusión, el martes sancto me dijo la mala hembra (estando los dos a la mesa y su marido era de guardia):
—No te curarás, don traidor, pues que te has querido ir de mi casa; y yo te juro que antes del Viernes Sancto has de morir de muerte subitánea y sin poder frecuentar sacramentos.
Yo le respondí muy enojado y con ánimo:
—¡Oh, traidora herética!, el Domingo de Ramos me he confesado y comulgado, y estoy aparejado para morir, porque no se me acumule tu muerte; pero tengo fe en Jesucristo que me ha de remediar, y tú morirás a puñaladas.
Y me alcé de la silla y me bajé a mi cámara. Ella, la malaventurada, con los demonios y venenos tenía ya el término, pero Dios tenía otro término. El Jueves Sancto, muy de mañana, me reconcilié y recebí el Sanctísimo Sacramento, y después de comer me iba muriendo por la calle y haciéndome cruces en el corazón, y tomé el camino de la Nuntiada Sanctísima para ir a los oficios. Y en el camino hice fuerza para escupir y eché un gusano como un caracol. Ven aquí otra manera de muerte subitánea. Como eché este gusano, sentí un poco de descanso; llegué a la Nuntiada y oí los oficios y en un oficio de Nuestra Señora (que me fue prestado allí, que el mío le había olvidado) dije la oración in afflictione y el psalmo in tribulatione, y se me pasaron aquellas ansias. El domingo de Resurrectión confesé y comulgué, y el parrochiano me dijo tomase el sacramento con ella. Yo di una voz y dije:
—¡Con esa herética había yo de hacer tal; y no quise!
Un día de la semana de Albis, a la noche, yo estaba en mi cama rezando, creyendo me había de morir entonces, y bajó aquella buena mujer con su marido y el marido traía una candela en un candelero encendida. Ella entró delante, y el marido se paró a mi cabecera. Ella me perguntó cómo estaba, yo le dije que mejor, y en este instante comenzaron a dar vueltas alrededor della tantos demonios unos tras otros, en hábitos de frailecicos de San Francisco, como muchachos de ocho o doce años y de quince el mayor, y tantos que se hinchió la cámara. Yo, espantado, le dije:
—¡Oh, qué bien acompañada viene, señora Catalina!
Y ella me respondió:
—Bien, por cierto, pues vengo con mi marido.
Y estando mirando el maldito spectáculo, vi otros frailes de diferentes religiones dalle vueltas el derredor, y estos no eran muchachos sino como hombres grandes, y de la religión de Sancto Domingo no vi ninguno. Y entonces volví la cara a mano izquierda a la pared, llorando mis ojos; y tornando a mirar la mala mujer, vide un demonio en hábito de clérigo y sin cuello, que daba grandes saltos al derredor della con mucha alegría. Juzgue Dios y Vuestras Reverencias el caso, que yo no me atrevo a decir nada ni quiero, sino que digo que no fue sueño, sino que lo vide con estos ojos corporales. El marido no sé si vía nada. Dijéronme si quería algo. Yo dije que no, y ansí en aquel instante una multitud de demonios de aquellos se hundió hacia la mano izquierda y los otros, que estaban unos encima de otros (que no cabían en la cámara), se hundieron al rincón de la mano derecha. La mujer y el marido se fueron, y yo en mi cama me harté de llorar, encomendándome a Dios. Envié el otro día a llamar el médico que me había dado la otra vez las píldoras, y le dije como estaba peor que la otra vez. Él me ordenó las píldoras, que eran tres y había de tomar una cada noche. Tomé la una y hice muchos cursos, pero me vi perdido de los sentidos. Otro día envié a llamar al cabo de escuadra que era de guardia, y le dije:
—Señor, decid al capitán Aguirra que su merced me haga recebir al hospital de la Nunciada, porque muero helados mis sentidos si no me socorre.
El cabo de escuadra fue, y el capitán mandó me recibiesen, y vino por mí. Yo me levanté lo mejor que pude, y cuando me quería salir, me dijo la buena mujer:
—Señor Pasamonte, tome, bébase estos güevos frescos.
Yo le respondí:
—¡Para ti, traidora, y para tu marido!— Y me fui.
Llegado a la Nunciada, un fraile de la religión de Sancto Domingo que allí tienen y le llaman el Teólogo, me vino a confesar, y yo le dije mi mal y se quedó espantado. En ocho días tomé tres purgas y otras tres veces los divinos sacramentos. Del viernes a sábado de Albis, que fui al hospital, al otro sábado, ya yo estaba muy mejor. Los más días me venía a visitar el buen estremeño. Yo le dije este sábado último:
—Señor Jiménez, ya yo estoy bueno, gracias a Dios; los médicos dicen que no vuelva más en aquel barrio, porque es muy húmido. Vuestra merced tiene la casa pagada por nueve meses, y traígame la cama al torreón de Sancta María en casa de Carmona, que ya está concertado con el alférez.
Él dijo que de muy buena gana, y se fue. Dijo la criadilla que tenían que, como llegó, dijo a la mujer:
—Catalina, Pasamonte no viene más en casa, porque esto y esto me ha dicho.
Ella, por la mañana, que era domingo, se fue a confesar; y estando en el lastrago después de comer al sol con otros vecinos, dijo él a la mujer:
—Vámonos abajo.
Y como la tuvo abajo, dijo a la muchacha:
—Ve escoba abajo.
Y él metió mano a un pasador que siempre lo traía consigo, y principió a dar por los pechos de su mujer y le dio siete o ocho heridas y la dejó por muerta y tomó la escalera. Ella que le vio tomar la escalera, se alzó corriendo y cerró la puerta. Él, que vio que no era muerta, torna como un rayo y da una coz a la puerta y mete mano a una muy buena espada que traía del perrillo, y pásala por las tripas. Y de esta herida murió, que si se estaba queda, no moría de las puñaladas. Y dicen que de la calle tornó arriba a quitalle unas arracadas de las orejas que valían veinte ducados. A los gritos acudió un alférez reformado a llamar gente de la guardia, que en casa nadie osó entrar. Y cuando vino la gente, ya él se había puesto en salvo por la otra puerta de la ciudad por aquellos bosques adentro, y se libró. Ven aquí el fin que tuvo la gran maestra de invenciones infernales, y vivió veinticuatro horas. Ruego a Dios que aquel sacramento que recibió la haya salvado. Luego supe la nueva al hospital, y el médico se llegó a mí y me dijo:
—Señor Pasamonte, por la herida de las tripas de aquella mujer le han salido un pañizuelo de gusanos gordos y rojos.
Yo le respondí:
—Señor, que no son sino dragones de la muerte que ella quería darme a mí.
El médico se quedó espantado; y Dios la perdone.
2008-11-12
¿Qué hay en el infierno? Porque quien muere desesperado, por fuerza ha de tener aquel paradero.
Antes de la partida hacia Barcelona, Sancho Panza y don Quijote creyeron que Altisidora había muerto por el desamor del hidalgo caballero. Otra vez en el palacio, Altisidora resucita. Luego, Sancho aprovechará y preguntará a la resucitada: qué vio en el otro mundo, qué hay en el infierno.
—La verdad que os diga [...] yo no debí de morir del todo, pues no entré en el infierno; que, si allá entrara, una por una no pudiera salir de él, aunque quisiera. La verdad es que llegué a la puerta, adonde estaban jugando hasta una docena de diablos a la pelota, […] y lo que más me admiró fue que les servían, en lugar de pelotas, libros, al parecer, llenos de viento y de borra […] A uno de ellos, nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo que le sacaron las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: «Mirad qué libro es ése». Y el diablo le respondió: «Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas». «Quitádmele de ahí —respondió el otro diablo— y metedle en los abismos del infierno: no le vean más mis ojos.» «¿Tan malo es?, respondió el otro.» «Tan malo —replicó el primero—, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara.» Prosiguieron su juego, peloteando otros libros, y yo, por haber oído nombrar a don Quijote, a quien tanto adamo y quiero, procuré que se me quedase en la memoria esta visión.
2008-11-07
Fui hace unos días hasta las fotos de Ingrid Valencia. Más específicamente al álbum: «La Manzana» en Zapotlán el Grande, Jalisco.
Viendo a Orso Arreola, me acordé de un antiguo reportaje, en el que su padre acompañaba la charla con ademanes amplios, pero resultó que tenía un brazo enyesado, y, entonces, para seguir cómodamente hablando, se desprendió el pañuelo que le sostenía ese brazo. Yo tenía mentalmente la imagen del escritor Juan José Arreola, con su pelo largo y su mano de yeso alzada. Orso se le parece, si bien lleva el pelo corto.
En aquel reportaje de Primer Plano conocí a Arreola... me maravilló que dijese que él escribía por el sonido y que no le daba mucha bolilla al sentido de las frases. Se guiaba por el sonido. Me hizo mucha gracia, también.
Ahora abro el diario Página/12: dos de febrero de mil novecientos noventa y dos. El reportaje es de Tomás Eloy Martínez. Vuelvo a leerlo completo y no puedo dejar de reír. Y tampoco puedo evitar relacionar el último parágrafo con Los espejos velados, el relato de horror de Jorge Luis Borges.
Juan José Arreola cuenta de la siguiente manera, el último de una serie de encuentros similares que mantuvo con Borges:
«En la Jolla, California, nos invitaron a que hiciéramos juntos seis o siete programas de televisión. Los hicimos, pero no los pasaron nunca porque Borges no consiguió decir ni una sola palabra completa. No lo dejé. «Schopen...», empezaba él, y ahí no más yo me echaba un discurso sobre Schopenhauer. «La reali...», decía, y yo explicaba las teorías sobre la realidad desde los presocráticos hasta Wittgenstein. Había ido preparado. Al final, terminé recitando unos poemas de Amado Nervo y de Salvador Novo, y para que él pudiera decir algo le serví una pregunta: «¿Cómo le parecen estos versos, Borges», a lo que él respondió: «Qué melodías las del mundo, Arreola, qué armonías». Y eso fue todo. No lo vi más. Pero a veces, cuando estoy solo, sigo hablándole. En algún lugar del Cosmos, Borges me oye. Sí señor: para su fatalidad, él me oye.»
2008-11-04
Repaso del diálogo sostenido con el correr de los meses, a través de e-mails y de comentarios. Presenta a Eneas y a Orfeo como denominador común.
Silvina 15 de enero
13:47
La narración [Tabla de salvación] tiene algo de bajada a los infiernos y Jana sería algo así como una Eurídice.
¿Te acordás de la Eneida? Cuando Eneas baja al Infierno a ver a su padre.
Gustavo 17 de enero
14:46
No me acuerdo que Eneas haya bajado al Infierno, no sé por qué. Orfeo desciende al Infierno para convencer a Hades que retorne a Eurídice a la vida; se me hizo ahora un lío.
15:12
Me acuerdo de la reina Dido. Y también del Leteo, que quiere decir olvido. Que Eneas derrotado quiere hablar con su padre muerto, pero... lo consigue, qué lapsus tremendo. De resultas del encuentro con el padre, Eneas batallará hasta refundar Troya en las tierras de Lacio, o sea, la civilización romana.
Silvina 19 de enero
19:31
Eneas y Orfeo bajaron al Infierno aunque por razones distintas: Eneas por razones políticas (le preguntará a su padre donde fundar Roma) y abandonará a Dido, que luego se suicidará de amor (Dido es un personaje maravilloso). Orfeo bajará por amor a Eurídice.
Silvina 25 de enero
19:47
Estoy leyendo Así que Usted comprenderá del italiano Claudio Magris. La historia de Eurídice y Orfeo contada por ella... Ya sé que ahora estás con Casandra, pero hablamos el otro día de Eurídice con respecto a tu cuento Tabla...
Eurídice 25 de septiembre
12:05
Al leerte [Tengo conmigo unos libros que fueron de Paulino], pensé en Orfeo:
Con su arpa en la mano, tomó la senda de los espíritus de los muertos y descendió a los infiernos.
En su camino, encantó con sortilegios a todos los guardianes y consiguió llegar a la morada del dios Hades, señor del inframundo. Juró que si no conseguía volver a la tierra con Eurídice, permanecería en el mundo de los muertos para siempre.
Los corazones de los dioses se ablandaron con su canto, y cedieron. Dijeron: "Márchate, tu mujer te seguirá. Hay una condición, durante el viaje de vuelta no debes mirar hacia atrás.
A punto de volver a la superficie, lo inquietó el silencio. Se giró para ver si su amada no se había perdido en la espesa niebla. Ella estaba justo detrás de él, aún no había llegado a la superficie.
Hermes, el mensajero, que les había seguido, invisible, la tomó y tiró de ella para devolverla al mundo de los muertos.
Pastora 3 de noviembre
9:34
Eurídice ve almas como figuritas de papel, miradas blancas, equipajes abandonados en el mundo de los muertos.
Objetos cotidianos que no volveremos a usar, cuerpos que se echan a volar con una corriente de aire.
En cambio, Eneas observa a las multitudes que nacerán y Dante al tumulto torturado de las almas.
Son dos infiernos más. Uno en el que puede verse el futuro y otro en el que aplica la justicia universal.
Nota mía de hoy:
Después de la toma de Troya, Eneas dejó atrás a su mujer en la confusión de la huida. Emprendió la fuga tomando a su pequeño hijo de la mano, y con su padre, Anquises, a cuestas.
Virgilio cuenta que Eneas en el mundo de los muertos caminaba con Anquises y vieron una muchedumbre que hacía una larga cola para transmigrar al mundo de los vivos. Anquises le señalará los propios descendientes, es decir, aquellos que harán brillar de nuevo el antiguo esplendor troyano.
Dante y Virgilio enseñaron cómo son las entradas al infierno; hoy esta enseñanza es prácticamente ignorada. Ha sido casi perdida u olvidada.
2008-10-31
2008-10-28
2008-10-23
Have you written the word love when you really meant to write the word tenderness, affection or passion? A raíz de Los espejos velados, le dije a Silvina que me había quedado pensando en una distinción acerca del amor. No hubo amor ni ficción de amor. No hubo nada con Julia, quiso decir Borges. La pura verdad es que esa distinción que Borges hizo entre amor y ficción de amor me pareció espléndida. Y, de repente, se me ocurrió una tercera: pensé en un estado que pasa entre la mujer y el hombre, la ficción de deseo. Y se lo mencioné a Silvina telefónicamente. Por supuesto —y ahora me causa gracia admitirlo—, mi cita de Borges se dio en un contexto que posteriormente Silvina, en un ejercicio de escritura con su profesor de inglés, explicaría mucho mejor de lo que yo ahora podría hacer. A mí me ha fascinado descubrirme en ese ejercicio que ella me envió por e-mail desde Londres, al mismo tiempo que yo hacía en Buenos Aires la entrada anterior, la del narrador infidente, enamorado, no fiable. Abajo el ejercicio, borrador, selva de palabras…
«Few days ago I had a long, or I would said, an endless conversation over the phone with Gustavo, an old friend. He lives in Buenos Aires and we have known each other for more than twenty years. I call him roughly three times a month. Because he is also a writer we have interesting conversations and because he is Argentinean like me, we talk a lot about how we are feeling at the present moment and, because he is a male Argentinean writer, the whole conversation is the game of cat and mouse. But everything happens inside the language.
»A chasing game we play, so easy when the other person is so far away. Which is the correct word to define our feelings? Or should I ask first which our feelings are? Sometimes I think I cannot judge our conversations with the same parameters I do with other men. Because it is not about the two of us, it is all about the language, that beautiful landscape where we get lost while we are playing. »So, if I go back to the question about our feelings. I wouldn’t say we love each other as partners; neither is it tenderness what keeps me calling him. We care for each other but the real thing is that there is something erotic in this game. While Eroticism is a tropical jungle Desire is mountains and valleys.
»How women relate to men, how men relate to women. How human beings desire each other. We talk and we go around circles, all trees are different but they might look the same if you not a monkey.
»And after an hour we always get to the point where I said that for men their desire is the force behind everything; and for women, there is always the idea of a relationship. When we get to this no exit corner we laugh. Generalizations are easy and mostly stupid. But the other day we kept talking beyond this point and we arrived to Idea-land.
»And we realized that sometimes it is not the desire but the Idea of the desire or neither is relationship but the idea of a relationship.
»Wise who knows the difference between the idea and the real thing…
»Even wiser who knows the name of his/her feelings…
»I might prefer the jungle.»
2008-10-20
Quizás sea interesante no fiarnos del narrador enamorado. Pienso que enamorar y enamorarse despiertan siempre alguna clase de temor. Cierta clase de locura.
Viene ahora a mi cabeza un escrito breve de Borges. Empieza con una reseña del juicio final. El momento fatal en el cual los artistas serían mandados a animar a sus criaturas o creaciones. Los artistas no conseguirían dotar de vida a sus obras y en consecuencia habrían de ser implacablemente condenados al infierno.
En la infancia había un espejo. A Borges le daba espanto la posibilidad de que su reflejo en el espejo cobrase autonomía de su propia persona. Imprevistamente, Borges afirma: veo en el mundo presente resurgir ese temor.
A continuación, comienza a relatar las salidas con una joven. Caminatas que habían ocurrido un tiempo atrás, tres o cuatro años antes. Era una chica sombría, en cuyas venas corría la sangre de abuelos y bisabuelos federales, así como en sus propias venas corría sangre unitaria. Paseó Borges con ella desde Once hasta el parque Centenario. Pero era, se dice así, una chica con la cual no pasaba nada. Borges espléndidamente dice: «Entre nosotros no hubo amor ni ficción de amor: yo adivinaba en ella una intensidad que era del todo extraña a la erótica, y la temía.»
Sin embargo, hubo temas de conversación. En las primeras salidas se acostumbra relatar algún episodio verdadero o prestado del pasado. Pueril, anota Borges. Al punto, relata: «yo debí contarle una vez el de los espejos y dicté así, en 1928, una alucinación que iba a florecer en 1931. Ahora acabo de saber que se ha enloquecido y que en su dormitorio los espejos están velados pues en ellos ve mi reflejo, usurpando el suyo, y tiembla y calla y dice que yo la persigo mágicamente.»
Pero.
Quizás el narrador mienta. No deliberadamente, pero mienta. De suerte que Borges sería un sombrío perseguidor de Julia, la nieta y bisnieta de federales. Unitario y enloquecido. Cebado durante aquellos tres o cuatro años por una ficción de amor, sólo visible en la superficie velada de su relato. Como sucede con la locura paranoica del protagonista de El inquilino, de Polanski. Ficción velada por el yo.
Son perturbadoras las expresiones finales del relato:
«Aciaga servidumbre la de mi cara, la de una de mis caras antiguas. Ese odioso destino de mis facciones tiene que hacerme odioso también, pero ya no me importa.»
2008-10-15
La meta era ouvroir y no aquel sim japonés. Es decir: la suerte para la que yo había creado el homúnculo era conocer con qué o para qué había incursionado Chris Marker en Second Life. Por lo tanto, abrí el simulador y tipeé el nuevo destino, lieu de travail.
La silueta de un gato anaranjado y con rayas negras daba vueltas encima de una caja. Y eso era todo, o parecía serlo todo. Troncos tirados, un búho con cara de pocos amigos, cajas apiladas, un camión y una avioneta semienterrados en el médano. En el fondo, cielo y mar.
Anduve a pie.
Podía oír el mar que rompía abajo, en la base del médano o montaña de arena. Era una isla deshabitada. De repente, experimenté ansiedad: había evitado los cursos de entrenamiento en el portal español, y tal vez no fuera el momento para vivir la experiencia Marker. Sin embargo, ahí estaba.
Desde un acantilado veía una ballena. Y en el cielo una estructura blanca, negra y roja, que se perfilaba o construía en tres dimensiones, de acuerdo con mi ubicación en el borde. Me acordé de los habitantes de la colina de La invención de Morel. Podría haberme dejado caer al mar, o saltar y volar hacia ese espejismo edilicio, pero seguí rondando la isla a pie.
En eso, di con una rampa ascendente con forma de caracol. Me aproximé y vi unas latas en la rampa. Estaban estampadas con la cabeza del gato rayado. Miré alrededor y reparé en que me hallaba nuevamente cerca del gato rayado.
El gato era un dibujo troquelado con punto de apoyo en una de sus patas traseras. Extendí mi mano hacia la figura que giraba como un trompo y se me contagió la danza, o, para decirlo de otro modo, el homúnculo que yo era se puso a bailar.
Sin parar.
El baile era un script: un programa o libreto que mi avatar debía interpretar. Cuando las manos del avatar rozaron el gato, se sobreimprimieron funciones en la pantalla, una de las cuales puse en funcionamiento a la manera en que el náufrago de La invención ponía en marcha las bombas de sacar agua: sin entender.
Tenía incorporado un programa de baile pero había «silencio, el ruido solitario del mar […] Temí una invasión de fantasmas, una invasión de policías, menos verosímil.» Supuse que, si me alejaba del gato rayado, el efecto Fred Astaire cesaría. En vano lo intenté; me desplazaba dando pasos de baile. Y no podía volar.
Subí la rampa.
Me empezó a causar gracia mi ascenso danzarín. Por momentos iba muy rápido y la rampa en caracol parecía truncarse. Sin embargo, cuando imaginaba una caída, se alzaba la continuación de la rampa. Yo era un ciempiés en una rama. De pronto, me encontré nuevamente caminando. Velozmente giré, descendí, giré, subí. Me desplazaba a una velocidad mayor que la normal, pero ahora con los brazos al ras del cuerpo. Tropecé con una lata y estuve a punto de caer: apareció un menú. Había un montón de remeras que tenían estampado el gato rayado, no ignoro que para contrarrestar la sorpresa elegí una remera de mangas cortas y de color blanco, haciendo juego con mis calzones. Más tarde supe que el gato era Guillaume-en-Egypte, la mascota de Marker.
Al término de la rampa, mi sensación fue «la admiración placentera y larga: las paredes, el techo, el piso […]»
2008-10-08
No todos los seres humanos son comestibles.
Los cuadernos de cocina de La cuisine cannibal traen recetas sorprendentes y algunas totalmente tabúes, como afirma Domingo Pujante González al citar un plato de cada clase: Myope au gratin y Bébé à la brissac.
No hay duda que Roland Topor con La cuisine cannibal termina haciendo apología del cigarrillo: Un sujet fumeur est souvent plus sain, et son goût plus fin, qu'un sujet non fumeur.
La cuisine incluye placas de crónicas policiales.
El buen locador nunca debe fiarse del locatario. El inquilino puede perseguir a toda costa el asentimiento del locador. Pero puede engañarse; el punto de vista de quien narra una historia siempre es limitado. Más todavía si enloquece como una cabra, según parece ocurrir en Le locataire chimérique —novela de Topor dirigida y protagonizada en cine por Roman Polanski: The tenant (1976) —.
2008-10-03
La nueva Investigaciones en masa (2008) empieza con un banquete. Presenta una pared y cierta vacilación en la contemplación del banquete. El narrador dice que mira a través de una pared, pero enseguida dice que puede ser que no, que posiblemente observe el banquete por encima de la pared, aunque oblicuamente. Esta mirada sugiere un escenario contenido en una caja de zapatos, pero sin tapa.
Luego de leerla, Norberto Butler me dijo que contrajo el tic del lector ingenuo. Dicho tic lo habría instado a buscar el enganche de los personajes del banquete con los de la historia familiar. La lectura volitiva lo impulsó a conectar, por un lado, a los comensales con el padre, y por otro lado, a la fierecilla que come las migajas del banquete con el hijo. Quedaría bajo ese efecto. La gracia del texto está ahí, me dijo, y el efecto habría sido fuertísimo.
Las escenas de las fierecillas convergen en el niño que escribe con el dedo en la espalda del padre. Pero también ocurre que la forma de leer es todo el tiempo contradicha por la novela. El efecto o tic, según Norberto, es distinto entre la versión del año pasado y la de este dos mil ocho. En la primera, él había identificado un impacto en la mitad de la novela y otro impacto poco antes del final. En la nueva versión, que no incluye la matanza de la rata, Norberto señala que se producen irrupciones como en un sueño.
No existen dos universos paralelos. Tampoco dos planos imbricados, ya que las historias se narran con independencia total. Eso lo fascina, pero al mismo tiempo problematiza su comprensión del texto. Sin embargo, no queda espacio para la queja. Otro lector puede ser que diga: qué carajo tiene que ver una cosa con la otra. Por el contrario, la lectura demanda a Norberto poner palabras a ese efecto. Quedo fascinado y en ascuas a la vez, dice.
Un tic muy extraño.
En la novela aparecen los sombreros de los abuelos, o más exactamente, los sombreros de los dos maridos de la mami, o abuela del narrador. Ni Norberto ni el narrador supieron distinguir claramente a uno del otro, es decir, al abuelo verdadero del que no lo es. Este es el estigma del narrador, que le sucede algo parecido a lo que le sucede al personaje de El Gólem (1915) de Gustav Meyrink.
Durante la escena del parto, cuando el monstruo pretende comerse al recién nacido, Norberto necesitó unir la escena con la historia familiar. Pero nuevamente quedó sin poder hacer la conexión... sumido en el efecto de "violentización" mágica o sobrenatural de las partes intercaladas ahora en el desarrollo de la novela familiar. Quedó en ascuas.
Ahora, y por otra parte, esta segunda versión contiene sentencias y frases más poderosas que la primera versión. Para Norberto, la novela reflexiona todavía más profundamente acerca de la violencia.
Paradójicamente, el nombre gaki le resultó dulce y el iphone intrascendente. Las dos versiones se detienen en la contemplación de distintas clases de muñecos: a] los de bienvenida cuando la vuelta del hospital b] los inconfesables de Isabel Perón c] los de la casa de veraneo (que incluyen a un Cristo) d] los del sector de homicidios del museo. Pero estos muñecos cobraron relieve ahora, en la nueva versión. No se olvida (no puedo olvidarme, dijo) de una expresión poderosísima: carne, mierda, madera. Por otra parte, le pareció que en esta versión hay «más madre» y «menos Vanna».
Para terminar, me ha cautivado atisbar las sombras guardadas en cajas de zapatos desde el punto de vista de Norberto, y hacer la prueba de encender algunos pensamientos con el sombrero de un fantasma. De un otro yo fantasmal.
2008-09-28
Hinne-ni —Heme aquí, responde Abraham a Dios— «el resto permanece en la oscuridad.»
«Dios dicta su orden», señala Erich Auerbach, y oímos una enumeración compuesta de «siervos, asnos, madera o cuchillo, y nada más, sin epítetos; [animales que forman la comitiva, herramientas empleadas, etcétera] no tienen otro fin que cumplir la misión que Dios les ha encomendado; lo que son, eran o serán aparte de esto —repite Auerbach— permanece en la oscuridad.»
Dios dice: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas. «Dios ordena por sí mismo, pero calla sus motivos e intenciones; Abraham permanece silencioso al recibir la orden, y obra como se le manda [...] Tímidamente, Isaac pregunta por el cordero [...] Luego el texto bíblico repite: E iban juntos. Todo queda inexpresado.»
La verosimilitud es un registro ideado para mantener el equilibrio entre imitación e invención. El relato bíblico dota de un destino a los personajes para alcanzar dicho equilibrio o, si se prefiere, para armar el verosímil. Pero un destino no se construye así nomás: la «sagrada ordenación de la vida» resulta expresada dentro de cada personaje del relato a través de un trasfondo de capas y planos diversos. Los textos se configuran complejos, tanto en la imagen del hombre como en «lo que respecta a la realidad de la vida que describen». De tal manera que «los escritores judíos consiguen expresar las capas superpuestas y simultáneas de la conciencia y el conflicto entre ellas.»
La historia de la tentación de Abraham es leyenda, sin embargo el narrador bíblico establecía una relación apasionada y terminante entre relato y verdad. Su armado, afirma Auerbach, tiende «no al realismo, que cuando le conseguía, sólo era un medio y no un fin, sino a la verdad.»
Verdad tiránica.
«El mundo de los relatos bíblicos no se contenta con ser una realidad histórica, sino que pretende ser el único mundo verdadero [...] Cualquier otro escenario, decurso y orden no tienen derecho alguno a presentarse con independencia, y está dicho que todos ellos, la historia de la humanidad en general, han de inscribirse en sus marcos y ocupar un lugar subordinado.» La historia universal desde la creación del mundo (desde Adán) hasta los profetas está lejos de ser una «realidad» contada. Encarna «la doctrina y la promesa,» y precisamente por eso, es oscura y con trasfondo. Como parte del plan divino, todo lo que se llegue a conocer, será posible solamente por medio de una exégesis.
¿Qué es una exégesis?
En marzo comenté que me gusta la palabra patah. Por eso no continuaré más allá de este punto con La cicatriz de Ulises (1942), de Auerbach. Puedo sí adelantar que, en lo que se refiere a la tentación de Abraham, en el texto elohístico del Antiguo Testamento que lee Auerbach, existe particularmente una puesta en foco sobre el armado del verosímil bíblico en tanto que «verdad total» o profetizada.
Pero ahora quiero tomar un desvío, el que conduce a Kafka, pero a través de la huella de Gershom Scholem.
En La autoridad religiosa y la mística (1949), primero de cinco trabajos acerca de la cábala, Scholem diferencia la experiencia profética de la mística.
El profeta recibiría un mensaje divino y lo transmitiría sin vaguedad, duda o equívoco. Una imagen, «no muestra, ni al ser captada ni al sedimentarse» en la memoria del profeta, «rasgos de imprecisión.» El mensaje profético contiene en sí, afirma Scholem, «una pretensión directa de autoridad religiosa.» Por lo tanto, y empleando palabras de Auerbach, mensaje, imagen y autoridad religiosa constituyen una «unidad vertical».
Pero la experiencia mística contrasta «con el nítido contorno de la experiencia profética.» Carece de «contenido positivo»; es decir, no «se deja traducir sencilla y exhaustivamente en imágenes y nociones de clara determinación». Sin embargo, es «en lo informe de su experiencia lo que en el místico se convierte en fuerza propulsora para la comprensión del mundo religioso y los valores que de él se derivan […]» de manera tal que, en los casos extremos, se sitúa, a partir de su omnitendencia innata, más allá de cualquier autoridad religiosa.
«La palabra de Dios tiene que ser infinita, o, en otros términos, la palabra absoluta carece aún de un significado en sí, pero está preñada de él. […] Con ello se expresa el esencial carácter de clave que corresponde a la exégesis mística.»
Y la clave puede incluso perderse.
De repente, aparece una parábola hebrea: la casa con muchas habitaciones, y que delante de cada puerta clausurada se ubica una llave, pero no es la llave que corresponde a la puerta, porque las llaves han sido mezcladas. La difícil, dice Scholem, «y al mismo tiempo importante tarea consiste en encontrar la llave adecuada.» Ahora bien, esta parábola se contrapone a aquella idea de las piezas sueltas que encajarían dentro de la historia universal. O en otras palabras, como dirá Scholem más adelante, la «autoridad ya no constituye el "sentido" unilateral e inconfundible de la comunicación divina, sino que se muestra de una plasticidad infinita.» Y, por otro lado, la parábola está en relación directa a una idea de Scholem acerca de los libros de Franz Kafka. Dichos escritos, «nos presentan los impulsos místicos, por así decir, reducidos a cero, y aun en el grado cero mismo, en el que parecen desaparecer, conservan una infinita eficacia.»
En suma, siguiendo con atención el desvío hacia Scholem y su docto volumen haré la prueba de expresar con sus palabras la situación kafkiana: Kafka «está en posesión de una revelación, pero sabe que ya no cuenta con la clave adecuada, y está buscándola.»
Por eso Scholem dice que el mundo kafkiano está enraizado profundamente con la mística judía o la cábala: revelación como clave de la revelación.
Otro verosímil.
Y como sostendría Walter Benjamin la obra de Kafka es arte, porque provee la llave de un nuevo verosímil.
2008-09-18
Tengo conmigo unos libros que fueron de Paulino. Los traje hace una semana y los conservé dos o tres días como estaban, es decir, atados. No es simple ahora encontrarles un lugar en la biblioteca. Están por el momento apilados en un escritorio.
Entre los libros hay uno que le había regalado a mediados de los ochenta, tal vez haya sido el primero y creo que se lo regalé para un cumpleaños: Sexo y traición en Roberto Arlt (1982), de Oscar Masotta. Extrañamente no hay dedicatoria, sin embargo el año pasado charlamos sobre ese libro. Fue el día que fuimos a El rufián melancólico en busca del número 226 de la revista Primera Plana, aquel ejemplar que incluía una entrevista a Manuel Puig. Le pregunté si guardaba el libro de Masotta, porque en las idas y venidas, de un lugar a otro, podía haberlo perdido, como le había pasado con otras cosas. Por ejemplo, con algunas fotografías. Paulino me dijo que no lo había perdido.
Por esos días de enero, él había comprado Los zumitas (1999), de Federico Jeanmaire. Se había puesto a pensar, me acuerdo, acerca de la magia, arte por excelencia de la civilización zumita: Una ilusión, apenas, que ni siquiera puede robarse.
También tengo el último libro que le regalé: Prólogo Anotado (1993), del autor de Los zumitas. Éste sí con dedicatoria que dice: Para Paulino, mi amigo más generoso. 2005-12-…
Horas antes de la segunda operación, planificada para un viernes, pero que se pospuso para el lunes siguiente, le di una ficha de rompecabezas que decía: Suerte, mi mejor amigo. 2008-04-10
Para mí agrado encuentro un libro que Paulino mencionó en "No podía resistirme a conocer quiénes eran...":
Hacía tiempo que no entraba al blog y me sorprendo ya que casualmente estoy leyendo unos cuentos de Melville, El vendedor de pararrayos [...] Melville me genera una especie de ansiedad difícil de explicar, aunque no pase nada siento en ciernes la catástrofe. Que puede ser pequeña pero abrumadora como en Bartleby o descomunal como las adversidades que sufren muchos de sus protagonistas [...]
Publicado el 3 de noviembre de 2007
No sé referir este momento.
Las bibliotecas se incomodan con las donaciones otorgadas con el prerrequisito de ser conservadas separadas del resto. El donante supone que la unión física guarda la memoria del antiguo poseedor. Espectáculo únicamente para los ojos de la persona que lleva y trae los libros. Perteneciente al trasmundo de los mostradores… Me quedo con la parábola de Melville:
[…] Aferré el artefacto [pararrayos], lo partí, lo destruí, lo pisoteé, y, arrastrando fuera de mi casa al caballero del rayo, arrojé detrás de él su retorcido cetro de cobre.
Pero, no obstante el trato que le he dado, no obstante los intentos de disuasión que he practicado entre mis vecinos, el vendedor de pararrayos aún habita esta región; aún viaja en medio de las tormentas para traficar con el terror de los hombres.
2008-09-13
Osvaldo Bayer hace recuento de su correspondencia con Osvaldo Soriano:
[...] El 8 de septiembre [de 1977] le comunico a Soriano que la traducción al alemán de su Triste, solitario y final es mala. Le pongo algunos ejemplos.
La palabra sobradora es traducida como audaz, osada, mateo, es decir, el coche de plaza, como mate. Vuelcan, como revuelven. Bebé rozagante como bebé orgulloso. Desprolija es traducida como provisoria; Bonos para el partido como títulos hipotecarios. Las ropas flamantes como las cosas iluminaban. Tuve que empeñarme (es decir pedir dinero) como tuve que esforzarme.
Cuando leyó mi carta, Soriano se enfermó de rabia y escribió una carta cargada de palabrotas (para usar el término borgeano). Dice que va a protestar ante la editorial Suhrkamp, y agrega: «Bueno, creo que me pueden mandar a la mierda, pero que se vayan a la puta que los parió. Les mando una carta respetuosa pero no aguantan ni eso porque son fascistas de primera y realmente nos tratan como si fuéramos indios y ellos Pizarro y Almagro. Cuando el libro salga les voy a mandar una carta con todo.» [...]
2008-09-09
Nobody nothing never. 1993.
La traducción de Helen Lane omite la ambivalencia del título original. Es interesante notar que la edición francesa de la novela optó por conservar el título en español.
Nada de nada
Nada de nadar
En la contratapa de Nadie nada nunca, edición de Seix Barral, se imprimió en rojo:
¿Qué discurso da cuenta de la complejidad de lo real?
¿Cuántas versiones de una historia son posibles?
¿Cómo sería El limonero real en inglés: royal o real?
Idéntico problema se ha presentado para el francés. Sí: la traducción de El limonero real en Francia colisionó con el problema del título.
La ambivalencia del español admitía tanto:
Royal de rey
Réel de real
En El concepto de ficción se dice:
[…] El tema formal del libro sería justamente esta imposibilidad de agotar el significante y por lo tanto de la narración, como ocurre por el contrario con la narración clásica. [Entrevista de Gérard de Cortanze a Juan José Saer]
De cara a la complejidad de la traducción al francés: Le citronnier royal / réel, Laure Guille-Bataillon tituló la novela: Los grandes paraísos / Les grands paradis.
[…] J’ai rencontré Juan José Saer, pour la première fois en 1974, lors d’une lecture de poèmes à la librairie Shakespeare and Company, encore hantée par les fantômes de James Joyce et de Sylvia Beach… Il m’offrit un exemplaire du Limonero real, en me disant : «Je n’écris pas pour exhiber mon argentinité.» Nous ne connaissions que peu de chose sur cet Argentin «habité». Il était arrivé en France six ans auparavant et y avait élu domicile. Les Grands Paradis — titre français de El Limonero real — était son septième livre. Le choc fut immédiat et Juan José Saer fit partie, aux côtés de Cesar Vallejo, Alfredo Bryce Echenique et Eduardo Mendoza, des quatre premiers auteurs que je publiai dans la collection "Barroco" aux éditions Flammarion. […]
Par Gérard de Cortanze
—Les Grands paradis (El limonero real, 1974), roman traduit de l'espagnol par Laure Guille-Bataillon. [Paris], Éditions Flammarion « Barroco », 1980, 240 p.
— Nadie nada nunca (Nadie nada nunca, 1979), roman traduit de l'espagnol par Laure Guille-Bataillon. [Paris], Éditions Flammarion, « Barroco », 1982, 262 p.
Publicado por Gustavo López 2 comentarios
Escritores: beach, bryce echenique, joyce, mendoza, saer, shakespeare, vallejo
2008-09-07
La inflamación de un nervio del antebrazo derecho me causa dolores reumáticos en dedos, muñeca y codo. Como apenas puedo dormir en una posición fija, amanezco con contracturas del cuello y se me producen nudos en la espalda.
Ahora uso un pack azul de gel para aliviar los dolores del antebrazo. Sé que existe una terapia con láser pero necesito la orden. Creo que iré ahora a la guardia traumatológica para que me la indique. Las pastillas se terminaron y no pienso tomar más; no sé, no puedo pensar claro.
Preso de terribles fiebres reumáticas, que para colmo sufrió desde la adolescencia, William Henry Hudson escribió en la vejez su encantador Far away and long ago. Los recuerdos abarcan desde su infancia en el sur de Buenos Aires hasta el comienzo de las fiebres. Escribir Far away era el paliativo más grande para él.
2008-09-04
Leí un capítulo más de Solaris.
Puras teorías.
Vi la película hasta más o menos donde había dicho: no me acordaba del orejudo ni del enano, que creía que eran uno solo. Menos de la mujer del suicida... aquella que anda por la base espacial con una pulsera de cascabeles. En la novela es una mulata enorme.
Esta película siempre depara sorpresas.
Hoy jueves sigo dolorido e incómodo. Tomo solamente una de las pastillas, las que quedan del fin de semana pasado; las otras se acabaron el martes.
2008-09-02
Me desperté más aliviado.
Siento dolores pero no tengo puntadas. El lunes por la madrugada fueron una tortura. Me volvieron a despertar intensos puntadas en toda la espalda, la muñeca derecha y los dedos de la misma mano. Ocurrió a eso de las cinco.
Después de maldecir durante un rato, fui a la cocina y me puse a leer Solaris de pie.
El informe Berton, con los jardines de yeso y el bebé de cuatro metros, no es una invención de Tarkovsky, sino que se puede leer en la novela de Lem.
El sueño ganó a los dolores alrededor de las diez y media. Dormí hasta las trece. Me levanté mucho mejor, pero con miedo. No quiero volver a sufrir las puntadas de la tendinitis.
Me cuido ahora de tipear despacio y probaré usar el mouse con la izquierda.
Hoy continuaré la película hasta donde llegué con la novela: primera resucitación de la mujer de Kelvin y conferencia, videófono de por medio, entre Sartorius, Saunt y Kelvin.
2008-08-29
Se han, un poco más tarde, puesto de pie y avanzando, con dificultad, en la oscuridad, entre las viejas baterías y las cubiertas podridas, se han ido aproximando al bayo amarillo viendo, con mayor nitidez a medida que se aproximaban, el resplandor apagado que emitía el pelo amarillento del caballo. Elisa lo ha palmeado en el cuello con suavidad, mientras el Gato, manteniéndose a distancia, observaba en voz alta que la inmovilidad total del caballo, semejante a la de un hombre pegado contra la pared de un túnel mientras pasa a su lado una locomotora a toda velocidad, era un signo de miedo y desconfianza. No había parecido moverse, en efecto, ni un solo músculo del caballo, mientras se habían ido aproximando ni durante los minutos en que estuvieron a su lado. Pero cuando se pusieron a caminar de vuelta hacia la casa, entre los yuyos resecos que chasqueaban en la oscuridad, habían comenzado a oír, otra vez, los sacudimientos metálicos de la cola y el ruido de los vasos chocando contra la tierra, como si todo el cuerpo amarillento se hubiese distendido cuando los extraños se alejaban. […]
Justo en el momento en que entra al dormitorio para buscar el libro que Pichón le ha mandado de Francia, Elisa, que ha estirado con prolijidad la sábana y acomodado la almohada en la cabecera, está sacándose, por la cabeza, el vestido blanco. Sus tetas de bronce se sacuden pesadas, al ritmo de sus movimientos. Elisa acomoda con cuidado el vestido, lo dobla en dos y lo cuelga del respaldar de la cama. Las tiras de las sandalias que mantienen tensas las argollas de bronce apoyadas en el empeine se anudan en las pantorrillas después de entrecruzarse varias veces y la bombacha negra, exigua y transparente, deja ver un triángulo de negrura más intenso y protuberante entre las piernas. Cuando Elisa se da vuelta para colgar el vestido en el respaldar de la cama, el Gato observa que las nalgas blanquecinas escapan por debajo del elástico de la bombacha, que no alcanza a contenerlas del todo: dos franjas de carne espesa que forman un pliegue contra la parte superior de los muslos. Y cuando se inclina un poco, desplegando el vestido en el respaldar, el Gato ve que la tela transparente de la bombacha se estira, tensa, sobre la franja vertical que separa las nalgas: por un efecto extraño, la tela, que a causa de la tensión pierde negrura y se vuelve todavía más transparente, parece contener una especie de niebla difusa, color pizarra, que estuviese subiendo del desfiladero negro. Apoyando su vientre contra las nalgas ligeramente salientes por la inclinación de Elisa, y recogiendo en las palmas de las manos ahuecadas las tetas colgantes, el Gato murmura dos o tres palabras en el oído de Elisa que sacude la cabeza, riendo. Después el Gato se dirige a la mesa de luz, diciendo: "Como la de un caballo, sí" […]
IX Nadie nada nunca
2008-08-26
A propósito de los caballos, la guerra y también de la culpa, el año pasado cité La historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
En Tabasco, Cortés montó una mis en scène con caballos ante los primeros cuarenta caciques vencidos. Los aterrorizó con un caballo alzado por el olor de una yegua. Después del armisticio, Cortés les diría riendo a sus soldados: «Sabéis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho a los caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra».
2008-08-25
Michael Kohlhaas se dedicaba al comercio de caballos. Camino a Leipzig tuvo que pagar un peaje inesperado e incluso debió dejar dos caballos negros en garantía, ya que no contaba con un pase que le fue exigido y le urgía llegar a tiempo a la feria. Un criado quedó en compañía de los dos caballos negros.
En Dresde, comprobaría que el pase carecía de fundamento legal.
A su regreso, y después de haber vendido todos sus caballos, se anotició de que el criado había sido expulsado. «Con oscuros presentimientos abrió entonces el vendedor las puertas de la cuadra donde estaban sus caballos. Pero su asombro no tuvo límites al ver que en lugar de sus dos animales relucientes y bien alimentados había allí un par de jamelgos esqueléticos y agotados; sus huesos sobresalían de modo tal que podrían haber sido usados como perchas, las crines y el pelo estaban sucios y apelmazados. Constituían una verídica imagen de miseria animal.»
Este es el comienzo de una guerra.
Kohlhaas iniciará una cruzada contra los señores. Formará un ejército, y el propio Martín Lutero deberá intervenir en la guerra, porque el vendedor de caballos masacrará inocentes en busca de la restitución de sus dos caballos negros en las condiciones en que los había dejado.
Vista de primeras páginas
2008-08-19
Las cifras: 2.20.31.0. E/e/a/i/u/o. Doble z. Raquel: un anagrama. ¿Quién llega? ¿Quién está por llegar? A mí, pensó Arocena, no me van a engañar.
2008-08-15
«Se encabritaban fácil; buscaban de morder a sus jinetes, y rara vez se dejaban montar por extraños. Y la gente parecía no darse cuenta de que la causa de todo eso eran los crímenes y que los caballos olían en el aire que algo se tramaba en la oscuridad contra ellos.
Por eso cuando al cabo de un mes de que no pasara nada la vigilancia aflojó, los únicos que seguían estando a la expectativa y no muy convencidos de que el peligro había pasado, eran los caballos. Cualquiera que se hubiese puesto a observar aunque más no sea un poco a los caballos se hubiese dado cuenta de que los animales sabían que algo se venía preparando. Desde fines de mayo, que era cuando el azulejo del doctor Croce había sido descubierto en la maleza de la isla, comido por los chimangos y las hormigas, los caballos parecían saber en toda la costa un poco más que los hombres. A los percherones de Lázaro los habían matado a mediados de julio. En los dos meses que siguieron, en medio de heladas y temporales, no pasó nada: y la verdad es que no era fácil quedarse al sereno toda la noche vigilando los potreros mientras caían las heladas de julio y agosto, que llenaban el campo de escarcha, o cuando esos temporales de lluvia fina que duraban una semana y durante los cuales el campo y los ríos estaban desiertos y la gente se acurrucaba alrededor de los braseros adentro de los ranchos. Fue a mediados de septiembre, el dieciséis, para ser más exactos, la noche del quince al dieciséis, cuando ya casi no se hablaba más de la cuestión en la costa, que otro caballo, un doradillo, apareció muerto en un campo de Rincón, con un tiro en la cabeza y el cuerpo lleno de tajos.»
2008-08-10
Lo real, dice el relato que lleva por título Prólogo, no es el objeto de la representación sino el espacio donde un mundo fantástico tiene lugar. De los altos edificios que forman una muralla, diviso el faro próximo a las aguas rectangulares de La muerte y la brújula. Una iglesia y las ruinas de una cárcel. Luego, la corteza de un árbol que ha deglutido con el paso del tiempo un cartel antiguo de parada de colectivo. El registro microscópico de las lecturas también se expande, dice Russel, si uno estudia el mapa de donde vive.
En el capítulo acerca del Ulysses aparece un asunto con una papa que puede ser ridículo o brillante, según cómo se tome. Para Piglia se trata de un error de traducción o de lectura incorrecta. Se pensó durante mucho tiempo que Bloom palpaba, en sentido figurado, una papa en el bolsillo trasero del pantalón. Es decir, el enunciado fue leído como una expresión del tipo: dónde habré dejado las llaves. Pero Piglia afirma que Bloom palpaba una papa, dado que los irlandeses acostumbraban a llevar una papa en el bolsillo para mitigar el reuma.
2008-08-04
Era raro no tener un yo —ser como un niño pequeño al que han dejado sólo en una casa enorme y que sabía que ahora podía hacer todo lo que quisiera, pero descubría que no quería hacer nada—.
2008-07-31
« […] es absolutamente imprescindible la intervención de alguna de las dos llamadas piedras del mal, la kriptonita verde, que lo hace flaquear pero no lo mata, la roja, la única capaz de aniquilarlo, llegadas ambas desde su planeta natal como recordatorios de la vulnerabilidad que el mundo humano, quizá menos exigente, se empeña en hacerle olvidar.»
Sob!

Have fun.
2008-07-27
Tan pronto como Mami Xue y Karma Illyar empezaron a menearse y a hacer cabriolas, me dirigí a otra que se hallaba algo separada del grupo. Enseguida su voz de nínfula se insinuó; dijo «form» y después «from». «I'm from Japan».
Su apellido era «Lane», el mismo apellido de la periodista de Superman, un atributo imposible de soslayar para el avatar que yo era, con las aéreas aptitudes recién adquiridas. Me reí como haciendo gárgaras, seguramente por nerviosismo. Había en el apellido una tensión que me provocaba palpitaciones superpoderosas. Sin embargo, la nínfula tenía nombre, Sakurako, y demostraría ser una geisha. Una geisha que me perdonaría todas las torpezas —o casi todas—. Así como ella habló de música, mi cabeza de repente se inundó de flores tarifarias; esto es, mi supermemoria recuperó un conocimiento que hablaba del tiempo medido de una geisha, o, del amor que palpita lo que tarda en consumirse un sahumerio. Hablé de tango, e, increíblemente, hablé de un boliche de tango, emplazado a pocos metros de mi casa. Y Sakurako Lane se figuró mi hogar en Second Life. Claro, ella era del Daily Planet, mientras que yo apenas he escrito alguna crónica en la revista de Página/12. Pero mi geisha conocía el tango.
Lo. Lee. Ta.
«Mi corazón fue como nieve». Yo estaba superconcentrado, a pesar de los avatares danzando a nuestro alrededor, en imaginar el punto desnudo del blanco maquillaje de Sakurako, ese punto en la nuca de toda geisha que resulta ser una letra. Y, además, fantaseaba con la zona de piel alrededor del pelo, que crea la ilusión de una máscara. Suavemente Sakurako Lane expresó: «I see». Claro, qué otra cosa podía expresar una geisha preciosa sobre la Argentina. «I see».
Llevábamos seis minutos de charla; dado que la nínfula me perdonaba todo —o casi—, aproveché y exhibí una entrega total a las antorchas y los ukeleles. Un sim japonés. Arena y estrellas. Me encontraba en una isla llamada «Japan resort». Nada mal, siendo que había coseguido liberarme del encierro en español, por medio de una impredecible teletransportación Time Tunnel. Entonces.
La invité a volar.
Fue una invitación a salir en busca de un común destino en el sim y enterrar para siempre mi pasado argentino. Divina geisha. Lo siento, se excusó educadamente en inglés, no conozco tanto. Yo debería haberle dicho que la llevaba en superandas, que la acunaba en mis superbrazos, pero Sakurako había seguramente contemplado mi arribo al Japan Resort, a la manera de Peter Sellers en La fiesta inolvidable, es decir, derecho al agua.
De esta suerte, me sentía un despreciable pollo mojado, que formulaba «comentarios desesperadamente inconexos en un tono artificial que me daba frío en mis últimos dientes verdaderos» y «que hacía imposible toda conversación ulterior, oh mi pobre niña […]» Tuve una vaga premonición de desastre. Me fui como un gallo asustado.
Glup.
Abajo mis nueve minutos en Second Life con Sakurako. Have fun.
[19:56] Sakurako Lane: Hi
[19:56] Yo: i dont understand many things
[19:56] Sakurako Lane: ok
[19:56] Yo: i am from argentina
[19:57] Sakurako Lane: I see....I'm form japan
[19:57] Sakurako Lane: * from
[19:57] Yo: ok, from jajajjjaj
[19:57] Yo: i dont know how to speak
[19:58] Sakurako Lane: I hear music
[19:59] Yo: do you like tango?
[20:00] Sakurako Lane: tango? yeah
[20:00] Yo: i live near a tango club
[20:00] Sakurako Lane: In SL?
[20:01] Yo: in buenos aires, argentina
[20:01] Sakurako Lane: I see
[20:01] Yo: where are we?
[20:01] Sakurako Lane: Here is a japanese sim called japan resort
[20:02] Yo: ah
[20:02] Yo: and... what can we do
[20:02] Sakurako Lane: here? hmmm...
[20:03] Yo: do you want to show me some place, flying together?
[20:03] Sakurako Lane: here?
[20:03] Yo: if you want
[20:04] Sakurako Lane: sorry I don't know much about here
[20:04] Yo: like me
[20:04] Sakurako Lane: yeah
[20:05] Yo: but do you know something about that group?
[20:05] Sakurako Lane: no... so sorry....
[20:05] Yo: ok, next see you again
[20:05] Sakurako Lane: by the way... you should put on your clothes...
[20:05] Yo: glup
[20:06] Sakurako Lane: see you, have fun!
2008-07-22
2008-07-20
Hace un mes, cuando contaba los primeros pasos del avatar en la isla estrellada, me vino Peter Sellers a los dedos. Hice una pausa en el minuto cincuenta y cuatro de la primera conversación, es decir antes de que el avatar se dirigiera a Sakurako, instante en el cual, empapado de agua de mar, el avatar se precipitó a pronunciar palabras con visos de aquel berdi nam nam de la película.
No sé si la pausa fue corta o larga, pero fue de sabana africana y leones; ficciones y mentiras pampeanas; el barco y la perla; la visita incomprensible; las coordenadas de un crimen; los rodeos de una novela familiar; la violenta fotografía de una ventana.
Aunque siempre de Peter Sellers.
Porque, mientras el avatar en la ínsula virtual quedó pausado, mis dedos robaron la famosa novela de Jerzy Kosinski de los estantes de la biblioteca de mi padre.
Being There o Desde el jardín.
Y, en relación a hacer una incursión en otro mundo, o realidad, tomé nota de una parte del comienzo del apacible y absorbente libro de Kosinsky, referida al asunto de adoptar un nombre.
El libro cuenta la salida de Chance, y «todo lo que veía fuera de los límites de la casa se asemejaba a lo que había contemplado en la televisión; la única diferencia era que los objetos y las personas eran de un tamaño mayor, aunque los acontecimientos parecían desarrollarse a un ritmo más lento, más simple, pero menos ágil. Tenía la sensación de haberlo visto todo.»
A mitad de la calle y al pasar entremedio de dos autos estacionados, Chance sufrirá un accidente. Una señora esbelta saldrá inmediatamente de uno de los autos.
Chance se lamentaba del dolor en su pierna cuando «levantó los ojos hacia ella. Había visto muchas mujeres parecidas en la televisión.»
Transcribiré un pasaje de diálogo entre la señora y Chance hasta el punto de la adopción del nombre:
—Ninguno, por supuesto.
—Vamos, entonces —decidió la mujer—. Si el médico lo considera necesario, lo llevaremos directamente al hospital.
Chance se apoyó en el brazo que le ofreció la mujer. En el coche, ella se sentó muy próxima a él. El chófer colocó la maleta de Chance en la caja y el vehículo se unió al tránsito matutino.
La mujer se presentó.
—Soy la señora de Benjamin Rand. Mis amigos me llaman EE, las iniciales de mis nombres de pila, Elizabeth Eve.
—EE —repitió Chance con seriedad.
Chance recordó que en situaciones similares los hombres de la televisión acostumbraban presentarse.
—Yo soy Chance —tartamudeó y, por no parecerle esto suficiente, añadió—: el jardinero.
—Chauncey Gardiner —repitió la señora.
Chance se dio cuenta de que había cambiado el nombre. Dio por sentado que, al igual que en la televisión, en adelante debía usar su nuevo nombre.
O a Chauncey Gardiner.
2008-07-13
Joyce y una carta a Sylvia Beach, la primera editora del Ulysses.
Hesse y la fotografía de una ventana.
Freud y un libro de Jung.
Gandhi y una nota en un día de silencio, justo antes de su muerte.
Le Corbusier y un manuscrito acerca de la arquitectura moderna.
Trotsky y un diccionario dañado en el primer atentado a su vida.
Between visible and invisible
Lentes de Tomoko Yoneda
2008-07-07
Alguien que escribe acerca de sí mismo. Me pregunto cómo hacerlo subrepticiamente. Esto me quedé pensando después de que terminé de leer tu novela inédita: Investigaciones en masa (2007)
¿Cómo hacés vos?, quiero decir.
Porque Proust es el escritor arquetípico del recuerdo. Y tengo que admitir que me perdí un poco en sus libros, a pesar de que solamente cuentan cinco o seis episodios. Con el Ulysess (1922) de Joyce otro tanto. Tu novela es bastante liviana, no resulta de lectura difícil. Me refiero a poder diferenciar la textura de los personajes, que son muchos.
Quizás porque leo con la ayuda de un programa oral, me pasa que, cada vez que voy a retomar, lo hago por la primera línea. Al cabo de unas páginas, interrumpo la escucha y voy el lugar adonde había dejado. Eso hace que recuerde mucho los comienzos de los libros. Y en el tuyo aparece la mami. Una abuela transgresora. Ella no tiene que justificarse en la vida; en cambio su hija se pontifica permanentemente. Y el marido de esta hija también. La abuela atorranta es un personaje muy potente.
Hay una parte en el medio donde me trabé. De repente, la narración me condujo al pasillo de un museo donde había un bebé. Yo venía fuertemente enganchado con la historia familiar: padres, abuelos, tíos y primos... buscaba una conexión. Me pregunté si se trataba del bebé de un familiar, pero no lo era. Se produce un impacto en la novela familiar a partir de la mitad.
Más adelante me pasó con la rata. El tipo no le da bola a su hijo cuando lo pone a vigilar desde arriba de una silla, y la silla se le rompe, y el nene se cae. Al padre solamente le importa la rata. Luego sucede el incendio, que es la muerte.
La esposa del protagonista es Vanna. Pensaba en la expresión: "carne vana" para hablar de cierta superficialidad, que finalmente no es tal.
Puesto en exegeta, me gustaría forzar el enlace entre las partes violentas de la novela con las historias familiares. Las páginas de la novela trasudan abominación de lo familiar. Una cuerda entona y otra desafina.
Explícitamente la novela habla de los libros violentos, pero el texto mismo me hizo pensar en obras de Osvaldo Lamborghini. En El fiord (1969) y El niño proletario (1973). También en William Burroughs y su novela: El festín desnudo (1959). La violencia aparece en estos libros con intensidad, pero, en ocasiones, gratuitamente para la lectura.
En tu novela pude reconocer dos ejes de violencia: el neurótico-familiar y el de la especie humana. Pero todos los espacios de violencia son ficciones. El narrador se ahoga en los escenarios mentales que arma; sólo muestra placer en indagar en las cartas de amor del padre a la madre. Hay formas de violencia sutiles, que pienso que son las ponderables realmente. Cito como ejemplo dos:
1. Las peleas de los mayores en la ruta, o bien, lo que el niño debe obligadamente tener que soportar oír de sus padres en el auto que va al lugar de veraneo.
2. La escritura del niño con el dedo en la espada del padre.
Son ámbitos de sufrimiento colosales.
Me quedaría una pregunta por resolver: ¿Quién es el lector? En primera instancia podría decirse que Vanna. Pero podría ser también el narrador, que es lector de su propia historia.
2008-07-03
Un homúnculo más próximo al personaje de El hombre sin atributos, de Robert Musil, que al héroe de la pesadilla de Chesterton: El hombre que fue Jueves. Si bien, en su anárquico andar podría no estar ausente la idea de rebelión, y, creo que, estaría permitido el encuentro con otros impostores.
De esta suerte, el homúnculo sería, como caracterizó Zygmunt Bauman al personaje de Musil, un personaje que carece de atributos propios «en un mundo colmado de señales confusas, con tendencia a cambiar rápidamente y de maneras imprevisibles.»
Cruces. Paradojas.
La paradoja, en su acepción matemática, es un efecto del lenguaje clausurado. De repente, la paradoja surge en el orden matemático y se exhibe como una nueva realidad que imposibilita distinguir entre lo verdadero y lo falso.
Casi una enfermedad del lenguaje.
Los relatos de crímenes hacen uso de la paradoja. El clásico del género es: la víctima en una habitación sin ventanas y cerrada con llave desde adentro. Murders in the Rue Morgue; Le mystère de la chambre jaune; El enigma de la calle Arcos; plantean igual problema con distinta solución.
El punto de partida siempre es el mismo: la irrupción de lo real —la víctima— en el mundo generado por la paradoja —el cuarto cerrado—. Me refiero al cruce, o al problema, tal como es exhibido al lector; es decir, el enigma que luego el detective deberá resolver.
Recientemente, la irrupción de lo real desde Hamamatsu cobró esa forma, o, si se prefiere, hubo un cruce.
Pero no es algo nuevo. Las antiguas fuentes cabalísticas enseñan que la creación de un homúnculo encierra «como toda creación magna» sus enigmas. El albur puede ser el agua o las llamas; sin embargo, eso inquietaría antes al creador que al soñado.
2008-06-27
Durante el mes de abril, más exactamente entre el cuatro y el treinta de abril de dos mil ocho, hubo cuarenta visitas a través de Google que buscaban información acerca de un barco.La primera fue hecha desde Chuquicamata, en Chile, y las treinta y nueve restantes desde Vicente López, en Argentina.
La primera búsqueda, era por una imagen, porque exactamente fue: «foto del barco dew of fire». Y las treinta y nueve restantes, solamente: «barco dew of fire».
La visita desde Chile tuvo como destino un comentario de Gaab, que contiene una bellísima combinación de dew y fire. Dichas palabras aparecieron en el contexto de una respuesta de Gaab a Silv en la entrada de agosto de dos mil siete. Transcribo los comentarios completos a continuación:
Nunca percibí a dios. Nunca debo haber tenido una emoción tan grande. Percibo, sí, su ausencia constantemente. ¿Quizás me olvidé?
Silv, creo que tu cita perdida es:
Publicado por gaab de aquí a allá para Lugar de olvido a las 7:56 del 7 de agosto de 2007
Me siento a escribirte con el imagen de Lito el sapo, por supuesto. El “sapolito” me lleva al nombre de algún antiguo dios americano. O el altar de los sacrificios, donde guillotinaban a los bichitos en su honor para que el gran dios Sapolito no enfurezca y castigue a la humanidad medanera con tormentas de arenas. Su amante “saponina”, siempre intercediendo compasiva ante el gran sapo glotón, creó la planta “uña de gato” para contener las dunas, mientras Sapolito posponía el despertar de su furia; después de todo, siempre, si sabía esperar, le llegarían más bichitos.
Gesell y tu percepción. Que habría recortado Cervantes? El ruso? Gaab? Cuál habría sido mi lista? Seguramente más árboles y menos paletas. Venís/venimos rondando la ceguera y la visión: lo que se percibe. “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Como dice mi amiga F.: “el problema no es morirme sino dejar de ver lo que seguirá sucediendo”.
La visión como percepción. Mal cito lo que no pude reencontrar para citar correctamente: Hellen Keller que era ciega, sorda y muda. Cuenta que soñó con un objeto maravilloso y lo describe (y aquí vendría lo que no encontré en ese libro descomunal): el lector sabe que es una perla, pero ella soñó con una perla que no sabe. Tal vez, yo soy ciega para las perlas de Keller. Otra percepción.
Badoni, la gata de mi flatmate, a la cual rebauticé Bodoni, que es la letra que usé para mi primer libro. Me ama, soy su mamá gata perdida. Quisiera poder escribir uno de esos cuentos maravillosos que Colette escribió sobre sus gatos. La percepción del amor reencontrado.
blow blow soft winds
my heart is empty
Trabajo muchos estos días antes ir a ver a S. al continente, tengo la cabeza con tantas cosas que cierro los ojos y no veo nada, lo cual me produce un terrible malestar. Percepción saturada
Pienso mucho en S. y su percepción de mi persona.
De la percepción a la conciencia hay un pasito. Pero de esto no voy a hablar (Wittgenstein)
Publicado por silv para Lugar de olvido a las 19:08 del 3 de agosto de 2007
Mi perla era lisa, exquisitamente moldeada en cristal.
[...] Mi perla era rocío y fuego, el aterciopelado verde del musgo, la suave pureza de los lirios.
La llegada habría ocurrido por azar, para usar alguna expresión, porque el contexto de las palabras en cuestión habla de una perla, y no habla del barco buscado. Sin embargo, la misma persona habría vuelto treinta y ocho veces más durante el mes de abril repitiendo la búsqueda inicial. Indudablemente, durante sus visitas encontró contenidos de interés, ya que:
1. No se dirigieron ya a la entrada del comentario donde aparecen las palabras.
2. El promedio de lectura fue de 2:36 minutos, apenas inferior al promedio general, que es de tres minutos.
La visita de Chile no fue nada breve, por el contrario fue de 10:51 minutos. Pero fue hecha con otro navegador y no se repitió desde aquel país.
Así que.
Yo me animo a suponer que a partir del treinta de abril, el visitante —o la visitante— de Argentina, ingresaría en forma directa. Quiero pensar que está leyendo ahora...
Pero todo viene a cuento de otra visita, un auténtico enigma. Una visita reciente, que no tuvo nada que ver con la perla o el barco. No. Tuvo que ver con Karma Illyar, o más precisamente, con las palabras claves: «karma illyar». Ocurrió el martes pasado, unos días después de la entrada: [19:54] Yo: alguien habla español... Para hacer la prueba, repetí la búsqueda a través de Google: los nombres, tipeados uno a continuación de otro, condujeron a Lugar de olvido
Google Analytics me dio más información: la visita duró 4:55 minutos y fue realizada desde Hamamatsu, en Japón. Abajo las ventanas correspondientes:
Yo titularía: El rostro de Karma Illyar.
Trataría acerca de alguien que sigue las huellas del avatar de la isla estrellada, aunque también ese alguien podría ser la propia persona que mueve los hilos del avatar, y a quien, como a Silvio le pasó con el unicornio azul, el avatar se le perdió.
¿Es mentira o es ficción? Las fronteras parecen haberse borrado. El juego ha tomado el sesgo de un relato de misterio o cuento policial. Pero es verdad, es japonés y entró por mis ventanas.
2008-06-25
Hacer apuntes de cosas que pasaron al avatar en Second Life es material que empieza a funcionar como literatura cuando uno es escritor.
Responder si algo es mentira o ficción, creo que es problemático. Porque ni siquiera es fácil calificar a Domingo Faustino Sarmiento. La forma que encuentra Sarmiento de empujar al lector hacia un territorio desnudo, con algunas colonias alemanas y escocesas, que se exhiben en contraste con la villas nacionales; y a vislumbrar ríos que no son navegados; y a escuchar las confesiones: Yo soy muy propenso a llorar... junto con las ideas que sorpresivamente emergen de esas mismas páginas acerca de la poesía, o, las visiones exageradas del cerebro, o la memoria, del gaucho, por citar algunos ejemplos, es notable.
Por último, Las Nubes, me parece, dialoga con el Facundo. Con la locura del Facundo. Una novela con muchísimo humor. Y leer a Saer es una experiencia estética magnífica.
2008-06-22
En el Facundo, Sarmiento habla de los accidentes naturales y declara que la poesía «necesita el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad, de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible, porque sólo donde acaba lo palpable y lo vulgar empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal».
El miércoles pasado recibí por correo electrónico el cuento de Ray Bradbury: The veldt. El correo decía: «Estoy segura que lo conocés […] Second Life tiene un poco de esto.» Yo respondí: «Sí, es genial el cuarto de los niños.»
En inglés sudafricano, el título quiere decir: open grassland; unenclosed country.
El mensaje no llegó como el de Paulino, por debajo de la puerta de mi departamento. Pero es también una definición: el Segundo Mundo tiene algo de ese cuento. Sin embargo, el cuento habla de cuatro paredes de cristal que serían un canal de ideas destructivas.
La sabana africana y sus leones.
El Facundo habla del hombre-mapa que examina el suelo y el horizonte, «y se echa a galopar con la rectitud de un flecha, hasta que cambia de rumbo por motivos que sólo él sabe, y, galopando día y noche, llega al lugar designado.» El «topógrafo» sirve a los ejércitos, dado que conoce «el rumbo por donde se acerca [el enemigo], por medio del movimiento de los avestruces, de los gamos y guanacos que huyen en cierta dirección.» El libro de Sarmiento describe la práctica de los que atraviesan La Pampa para salvarse de los incendios de pasto. Asegura que hay mil estancias en la mente del gaucho malo. Una mente que puede recordar las señas, las marcas y el color de todos los caballos de La Pampa. Etcéteras que hacen acordar a Las nubes, de Juan José Saer. Para Sarmiento, las mentiras de la imaginación y el mundo ideal, o, lo incomprensible y lo bello, no se contraponen.
Por lo tanto, la tercera definición proviene de la poética sarmientina: el Segundo Mundo es donde empiezan las mentiras de la imaginación.
2008-06-20
[19:54] Yo: alguien habla español
[19:54] Mami Xue: 身長わかるの?
[19:54] Yo: i dont undestand
[19:54] Karma Illyar: 容姿編集で
[19:54] Karma Illyar: いちばんはじめにでてくる
[19:54] Karma Illyar: 0〜100が
Encontré el ambiente animado. No había altos edificios; solamente había búngalos, kioscos y mucha gente al aire libre. Era de noche.
Me arrimé a una barra:
Absolut Vodka
Shirnoff
Speed Unlimited
Guiness
Chandon
Cuervo
Vat 69
Había una pista de baile. Salí a caminar.
Bríos un poco fisgones se me despertaron cuando vi a la distancia un avatar. Él estaba afuera del ruido, en medio de la oscuridad y descansaba en una reposera o lona de playa, color cherry —no alcanzaba a ver a la distancia claramente qué, si reposera, manta o colchoneta inflable, pero yo me dirigí caminando hacia donde se encontraba—. Cuando me puse aproximadamente a diez metros, tuve la impresión de que el avatar, junto con la cosa en la que se hallaba recostado, se había elevado un poco. Di cinco o seis pasos más en la dirección del avatar e hice stop. Sí, el avatar, en compañía de su cosa cherry, perecía haberse elevado. Pero no estaba yo seguro. Sin darle nunca la espalda retrocedí algunos pasos. Comprobé que descendía.
Curiosa perspectiva.
Arremetí luego hacia él y vi con estupor que ascendía. Me dio risa el avatar y su alfombra mágica. Si me acercaba, él subía. Si me alejaba, él bajaba. Seguí adelante, y me detuve cuando él quedó a tres metros de altura, más o menos, justo encima de mi cabeza.
Un cosa cherry y rectangular suspendida arriba mío.
Miré en derredor. Noté que las antorchas de la isla se habían apagado o, más exacto, no se veían. Qué broma era ésta.
Me vinieron a la cabeza las crónicas del Fray Jerónimo de Mendieta, donde refiere la leyenda de la Antilia o Isla de las Siete Ciudades, aquel mundo que el propio Cristóbal Colón esperaba encontrar en medio del Océano Atlántico. Convencido de la existencia de la fabulosa Antilia, Mendieta escribió que la isla estaba encantada y desaparecía de la vista de los navegantes cuando se acercaban a ella.
Volví sobre mis pasos. Todo seguía negro, pero la alfombra descendió. Caminé retrocediendo y me di cuenta que me hallaba en el agua. Sumergido con el agua al cuello. Y que la alfombra era una colchoneta. Una colchoneta inflable a la altura de mi visión. Por lo tanto, y consiguientemente, yo había estado caminando por el fondo de las aguas, hasta haber quedado parado a unos tres metros de profundidad, debajo del tranquilo avatar.
Salí a la superficie con los peores ojos abiertos de Hrundi V. Bakshi (Peter Sellers) en The party (1968). Una dolorosa sonrisa, a juego con la musculosa y los calzones.
Sin embargo, afuera esperaría una preciosa conversación con Sakurako, la joven que me vería dejar el agua; salir caminando, todo mojado y me vería preguntar en medio del grupo integrado por Mami Xue y Karma Illyar; así, tan distendidamente, y como quien al pasar dice con una dolorosa sonrisa: ¿Alguien habla español? Una pregunta que en la isla estrellada habrá sonado: berdi nam nam.
De todas maneras, qué habrá Karma Illyar querido decir con «0〜100» a las 19:54 en la barra. ¿Cuánto se tarda en Second Life para acelerar de 0 a 100 km/h? ¡Querés que te enseñe a contar desde cero hasta cien! Me habrá propuesto jugar a un pool con cien bolas, o quizás formar parte de un multitudinario dominó de homúnculos… Por cierto, todo berdi nam nam.
2008-06-15
Nada fácil aterrizar.
Recién cuando llegué a Ouvroir usé la tecla de PgDn, mientras tanto seguí cayendo a lo Tony.
Nadie por las calles, nadie en la playa. Me dejé crecer un poco la barba y el pelo. Aprendí a arrojar besitos, a aplaudir y a tirarme pedos. Una fiesta nocturna, la verdad.
Encontré a un alma sentada en el pasto con los ojos cerrados, en medio de una especie de granja, llena de patos y de caballos. El alma tenía las plantas de los pies juntas, la espalda derecha y las manos por encima de las rodillas. Aplaudí desde unos tres metros, aproximadamente. Otra vez más, desde dos metros. Siguió en trance.
Eché a volar.
Pasé rozando unos edificios y me embrollé, porque a medida que cambiaba de dirección, la hora del día oscilaba entre la noche y la mañana. Choqué y caí con el método time tunnel; es decir, primero en remolino y por último a pique.
A nivel del mar era noche. Anduve a pie por unas calles bien iluminadas, hasta que vi a mitad de cuadra otro avatar y me acerqué para poner a prueba alguna estrategia de conversación. Puede usted llamarme Ismael, dije. Whenever I find myself growing grim abouth the mouth; whenever it is a damp, drizzly November in my soul, recité. Call me Ishmael, insistí. Me percaté que el avatar tenía la cabeza gacha, como si el power le hubiera bajado. Imaginé a mi propio avatar en off. Horrible visión.
Qué descuido, abandonar así al homúnculo.
Seguí por ahí, con esas aciagas imágenes en mi cabeza. En eso estaba, cuando las tinieblas se disolvieron maravillosamente al toparme con una joven que vestía una lencería muy sexy y hervía en corazones rosados. Los corazones brotaban de su cuerpo, o de su lencería rosada, no sabía yo bien, pero eran rosadísimos. Le arrojé besitos.
Corazones.
Sos alguien o sólo una caldera de corazones.
Dije y me arrepentí.
Rosadísimos siguieron brotando, como por un surtidor. Muda la chica muy sexy. Sonó un timbrazo. Dejé todo y fui a ver. Era Ricardo Velázquez, vecino del tercero L, que cumple ochenta y seis a fines de julio. Quería mostrarme que había conseguido el repuesto para la lamparita de la heladera. Fui tranquilamente hasta lo de Ricardo, seguro que al volver encontraría al surtidor rosadísimo en el mismo lugar. Pero no, no.
Dime que ves, susurraba el mensaje.
Postrero y único. Me sentí un legítimo homúnculito.
Ingresé a un teatro, con bronca.
En primera fila había dos.
Nada.
Lancé unos pedos y salí.
Surqué durante unos segundos el cielo estrellado, pero otra vez lo mismo, se hizo de día y me llevé por delante un techo de tejas.
Ya no daba más. Quedé incomunicado, encerrado en un altillo de dos por uno. Y para colmo a dos aguas. No tenía escapatoria, no había agujero. Second Life parecía reconstruirse luego de mis colisiones.
No cabía yo ahí adentro.
Desesperadamente empecé a desplegar menús, leí «Reportar abusos». Mi mente se esperanzó inútilmente en la llegada de una ninfa voladora, que tomara el asunto por las astas, o al menos el techo a dos aguas y lo arrancara de cuajo.
Urgido de aire, desplegué las herramientas y, sin reflexionar demasiado, hice click en «Teletransportación».
Se abrió una cascada de ventanas, que ofrecían visitas a zoológicos, casinos, sambódromos, etcétera. Elegí una isla estrellada y en idioma de Oriente; cualquier cosa con tal de abandonar de inmediato el Portal de Bienvenida en español.
Sin bolso de viaje, exclamé: God keep the! A sabiendas de que nadie me oiría.
2008-06-11
El mes pasado conocí el CD Immemory y me enteré que Chris Marker había creado un sitio en Second Life.
Recordé las fantasías que tuve en 1997 —el torino es modelo 1975, de color blanco, y en el tiempo transcurrido desde las Dos notas antiguas recorrió algunos kilómetros, partiendo siempre de Buenos Aires y hasta lugares tan distantes como Salta o Península de Valdés— y me lancé a hacer mi propia experiencia. Quise conocer con qué cosas Chris Marker había hecho pie en la terra nova.
Di algunas vueltas.
Tuve que descargar el programa y bautizar al avatar. Esto último me llevó tiempo. El nombre es arbitrario pero el apellido debe ser elegido de una lista.
Me pregunté por qué. Había Zapatero. Había Ansar, que supuse sería el apodo Aznar, como el apodo que en Argentina recibían Alfonsín: Alfonso o Menem: Méndez… Pero, quién ha publicado la lista de apellidos. Acaso, tiene precio, pregunto.
Luego di con un Google Maps, pero me pareció aventurado aterrizar desde ahí, así que opté por ingresar calmosamente a través de un Portal en español.
Calmosamente es una forma de decir. Emergí a Second life de la misma manera en que lo hacían los doctores Tony y Douglas en la serie The Time Tunnel (1966).
Aparecí en una construcción circular y vidriada, pero con pantallas que explicaban cómo cambiar mi aspecto físico y otras indicaciones. Opté por desconectar la voz y usar textos para comunicarme. Había avatares caminando, me acuerdo particularmente de uno con barba y con tetas. Hice la prueba de volar. Di varias veces mi cabeza contra el vidrio del lucernario hasta que lo rompí o encontré una abertura; no sé exactamente cómo, pero salí.
No se vuela al estilo de Superman, es decir enarbolando el puño, sino con los brazos colgantes a los costados, como se desplazan los pulpos o los calamares en el agua, por describirlo de algún modo. Es posible quedar suspendido. Vi a alguien sobre una plaza. Le pregunté si estaba aprendiendo a volar. Me respondió que estaba observando el orden.
Seguí vuelo y llegué al mar. Anoté las siguientes cosas.
«Estoy en una playita. Jajaja. Llegué volando, quiero decir que me escapé del lugar de bienvenida volando. Volé al lado de unas gaviotas. Ahora pienso meterme en el mar. Pero no sé como desvestirme.»
No supe nadar; caminé, me sumergí hasta quedar cubierto por el agua. Salí caminando.
«Recién me metí, pero está hondo. Acá estoy bien. La orilla repleta de aguavivas. Se oye el mar. Hay un fuego allá a la izquierda, pero me parece que no hay nadie. En la esquina inferior izquierda hay una pelota azul abandonada. No sé patear todavía. Dije hola a una chica que se llamaba Duna, hola me contestó y se fue corriendo.»
Compro cada tanto un ejemplar de las pilas de Péndulos que asoman en la avenida Corrientes. Y no es la primera vez que lo hago. Una decena de veces, por lo menos, compré la extraordinaria novela en librerías de saldos para prestarla.
Nadie la devuelve.
Me refiero al número seis de Péndulo (enero 1982). De cualquier manera, el ejemplar de la revista-libro donde fue publicada la novela de Levrero, parece inagotable. Por alguna propiedad espacial intrínseca se sigue multiplicando.
Refiero acá los encuentros del protagonista con otras personas que hablan un idioma desconocido.
No empieza en la oscuridad de El lugar.
El protagonista se perderá en la lluvia, en una ruta. Más adelante encontrará el pueblo, con una estación de servicio que posee una estufa encendida a leña.
Los tres primeros capítulos se pueden leer haciendo click en el enlace de abajo:
Abanico: revista de letras de la Biblioteca Nacional
2008-06-06
Deuxième Monde, un monde meilleur.
Dos notas antiguas.
Ayer por la mañana llamó Paulino. Realmente no lo esperaba.
Me dijo que había pedido el día en el trabajo porque sentía una molestia en la rodilla. El médico debía pasar antes de las cinco de la tarde. Me invitó a tomar unos mates. Le dije que pasaría alrededor de las tres y media y que llevaría unos recortes de diarios para leer.
Nos pusimos a tomar mate y empecé a leer partes de una noticia sobre el hurto de libros de Borges en una biblioteca vecinal de Villa Ballester. Paulino ya había escuchado la noticia. La entrada de los ladrones parecía de ficción. Un tipo fue hacia los estantes —la letra B— y otro con un bolso hacia el mostrador. Quiero todos los libros de Borges. La bibliotecaria solicitó el carnet de socio. El del bolso mostró un revólver. La bibliotecaria no se movió. Mientras apuntaba con el revólver a la bibliotecaria arrojó el bolso al otro. Éste empezó a cargar los libros. Cuando terminó, se dirigió hacia la salida, cubierto por el que estaba armado. Una vez en la calle, no les arrancó el auto. Testigos tomaron la patente y la crónica siguió con la captura de los tipos.
Nos entusiasmamos con Paulino imaginando cosas: La primera letra del nombre fue pronunciada. Quizá estaban emitiendo un mensaje. O, simplemente, preanunciaran nuevos hurtos en otras bibliotecas. Nos divirtieron esos tipos. Paulino y yo experimentamos muchas veces la tentación de robar libros en las bibliotecas. Robaron los libros aunque estuvieran repetidos, exclamó posteriormente el director de la biblioteca.
Otro recorte era sobre un sitio de Internet que emula el mundo real, pero por ahora sólo conformado por una ciudad: París. El artículo muestra imágenes panorámicas y algunos postales de dicha París: Les Champs Élysées, el Museo del Louvre, la rue Rivoli, también el cementerio del Père-Lachaise, etc. —todo en tres dimensiones, como en algunos videojuegos—. Establecida la conexión, el navegante puede empezar a vivir una vida paralela. Los pasos básicos a dar son: elegir rostro y sexo, un nombre y unas vestimentas. A continuación, elegir un lugar dónde vivir. Todas las viviendas son de cuatrocientos metros cuadrados. Pueden ser departamentos o casas. De acuerdo con el artículo del diario, se puede amueblar el hogar como a uno le plazca, colgar cuadros de los pintores que uno desee. La ventana introductoria a Le 2ème Monde dice «La llave es exclusiva y cada uno de los ciberhabitantes tiene derecho a hacer lo que quiera dentro de su casa.” Hay un máximo de cincuenta personas por reunión o fiesta privada—la invitación se envía por e-mail o por debajo de la puerta—. Instalado cómodamente, el ciberciudadano puede abrir la puerta de calle y dar un paseo por el «exterior».
Las citas son del Suplemento de Informática de Clarín del seis de agosto.
Transcribo textuales algunas partes del artículo: el «avatar» —así se denomina al yo virtual— «se moverá por una París idílica. Sin vehículos, donde las calles le pertenecen. El ruido del tránsito, el olor de los escapes: se acabaron.» El Sena no es un obstáculo si uno desea cruzar de una orilla a otra a nado. Es posible que a lo largo de un paseo se encuentren otros avatares. Se puede conversar con ellos y «expresarles sentimientos».
Te imaginás, dije a Paulino, andar por ahí y ver una silueta cruzar por una bocacalle. Entonces correría hasta alcanzarla y me presentaría. Paulino imaginó un juego parecido a la mancha, limitado a un barrio de París, con gente amiga entre la multitud —De hecho el Segundo Mundo permite juegos de rol o búsquedas del tesoro—. Ambos pensamos también en delinquir o ser asesinos. ¿Pero cómo? ¿Cuál es el límite de lo permitido? Matar a alguien en un juego de rol implica un pacto entre los que juegan. Por ejemplo, acordamos entre nosotros dos asesinar a alguien, dije. Cuando la potencial víctima en presencia de un testigo escupe el café que está bebiendo porque lo encuentra salado, de acuerdo con nuestro código significaría que cayó en la trampa y murió envenenado. No me refiero a esto, dije. Sino a eliminar a alguien de ese mundo. ¿Para qué el cementerio? ¿Qué pasa con los que se desconectan?
Le comenté a Paulino reacciones de Vero cuando entrevió mi creciente interés por tener una vida paralela. Le pregunté a Paulino: ¿Vos te enamorarías de un avatar? Me contestó que la probabilidad era muy alta. Sabiendo que Vero es celosa, me dijo que seguramente ella se conectaría a la misma hora que yo lo hiciera y me andaría persiguiendo. Pero necesitarían otra computadora más. Por ahora estás salvado, me consoló.
—Claro. Una posibilidad es que entre ambos, ella y yo, moldeemos un avatar y lo condujéramos un día cada uno.
—Un hijo.
—...
Volvimos a lo permitido y lo prohibido. Existe parlamento representativo, poder judicial, plebiscitos, enlaces con comercios reales cuyos productos se pagan con dinero real. Hay reglas: «Al aceptar las condiciones del contrato, los cibernautas se comprometen ante todo, a no atentar contra la libertad de expresión y a no incitar a otros a la discriminación. Ante una ofensa, los jueces pueden decidir desde la invisibilidad hasta la desconexión temporaria o total del irrespetuoso.» «Cabe la posibilidad de que un grupo tome el poder del París Virtual, porque prácticamente todas las decisiones dependen de cada uno de sus habitantes. La tecnología empleada, la orientación de la investigación —¿investigación? — e incluso la economía del Segundo Mundo estarán permanentemente abiertos al debate.»
Es un simulador de vida.
Paulino imaginó dar conciertos en una placita. Más adelante, con el tiempo podría llegar a presentarse en una sala; con suerte llegar a vivir de eso. Dije que nunca se sabe. Capaz que un desconocido te deja en la latita mucho dinero de su cuenta bancaria. Me gustó hacer algo al aire libre. Fantaseé con disfraces. Animarme a cosas que ya no juego más. Por ejemplo, disfrazarme. Ir un domingo disfrazado a la Plaza Dorrego. Disfrazado. Y vos también, dije. E invitar a otros. Ver si nos descubrimos. O mejor: no descubrirnos. ¿Acaso en la antigüedad, los bailes de disfraces no cumplían esa función? Los romanos hacían orgías en las que cualquiera podía tener sexo con cualquiera, pero al día siguiente todo volvía a la normalidad. Por qué hoy admitiríamos hacerlo solamente en el Segundo Mundo. O en la ficción. De repente, Paulino dijo que le gustaría representar a Jorge Luis Borges. Yo recordé los dos Quijotes que habitan el Quijote. Fahrenheit: gente para mantener vivos a los libros en el Segundo Mundo. Esfinges. Oráculos. Se podría recrear el mundo griego, pensamos a la vez. Pero, inevitablemente, pensamos: ¿Por qué no en este mundo?
Paulino fue hasta la cocina. Otro universo, me dijo. Yo me quedé pensando en los tristes dobles de Batman o de la Pantera Rosa. Al volver de la cocina, Paulino había recordado algo de Borges y lo relató más o menos así:
Un nazi será ejecutado a las 9 a. m..
El sentenciado a muerte imagina las circunstancias del fusilamiento. Procura agotar todas las variaciones. Anticipa infinitamente el proceso. Muere centenares de muertes.
Sabe que el tiempo se precipita hacia el alba. Llegará la hora. Entonces, antes de que la cuádruple descarga lo derribe, consigue detener el tiempo con un gesto ampuloso y expiar, no a modo de justificación, su destino.
Paulino condensó en su narración dos cuentos de Borges. Entre los paralelos que presentan esos cuentos, la concentración se produce a partir de que los protagonistas de esos cuentos son condenados a muerte. El milagro secreto es el cuento donde el universo físico se detiene. En la víspera del fusilamiento, Hladíck le solicita a Dios un año para concluir un obra dramática que había empezado a escribir antes de ser detenido y condenado. Cuando se cumplió el plazo, la concluyó mentalmente. Una gota de lluvia resbaló sobre su mejilla y sintió la descarga sobre su cuerpo. El «gesto ampuloso» fue invención de Paulino. El protagonista es un judío sentenciado por la Gestapo; es decir lo opuesto a un nazi. Paulino lo confundió con el protagonista de Deutsches Requiem —condenado por haber sido subdirector del campo de concentración de Tarnowitz—. El personaje de este cuento, Otto Dietrich zur Linde, explica su vida como una serie heterogénea de actos independientes y casuales. No para ser perdonado o justificarse, sino a modo de expiación. En el relato que construye Paulino a partir de la concentración de esos dos cuentos, el nazi ocupa el lugar del judío. El nazi es el condenado judío de El milagro secreto. Se habían hecho las cinco. El médico no vino.
Le comenté que tenía que salir. Iba a buscar el torino al taller mecánico. ¿Querés acompañarme? le pregunté.
En la ida hacia el taller, en el 126, conversamos sobre el primer párrafo del cuento donde él halló la definición aplicable al Segundo Mundo. Continuamos hablando de ese cuento de espionaje. Me corrigió al rato. Él lo había leído esta mañana. No era un inglés el que iba a matar a un chino. Era precisamente lo opuesto. Bueno, admití que podía haberme equivocado.
—El asesinado tampoco era inglés. Era irlandés.
—¿Sí? —dije, y pasé a explicar los problemas del torino.
Le agradecí que me acompañara porque yo entiendo poco de mecánica y era la primera vez que llevaba el torino a ese taller. Bajamos. A pocos pasos del taller, Paulino dijo sentirse seducido por la idea de habitar un segundo mundo. Llegamos, le dije.
Por debajo de la puerta recibí un sobre.
Posiblemente chamuscada con un encendedor, la hojita del sobre habría sido arrancada de una carpeta de colegio. Incluía, en letras de máquina de escribir, la definición del Le 2ème Monde que Paulino encontró en El jardín de los senderos que se bifurcan.
2008-05-31
«¿Quién puede decir de qué carne estoy hecho?» El narrador de La luna e i falò hace esa pregunta al inicio de la novela.
No creo haya respuesta a tal pregunta. Tampoco creo que dicha pregunta guarde relación directa con la confusión a la que se presta, al menos en castellano, la palabra patria.
La pregunta recorre toda la novela.
Pero no se trata de seguir la pregunta a lo largo del río Pavese. Quiero decir que la novela parece escrita para olvidarla.
«En los meses que Rosana fue mi amiga, comprendí que en verdad era bastarda, que las piernas que extendía sobre el lecho eran su única fuerza, que podía tener a sus padres en el Estado productor de grano o quién sabe dónde, pero para ella sólo una cosa contaba: decidirme a volver con ella a la costa y abrir un local italiano con pérgolas de parra —a fancy place, you know— y allí tener ocasión para que alguien la viese y fotografiase difundiéndola luego en un diario editado en colores —only gimme a break, baby— […]
»Era rubia, alta, siempre dispuesta a alisarse las arrugas y arreglarse los cabellos. Quien no la hubiese conocido, viéndola salir con aquel paso de la puerta de la escuela, la habría confundido con una simpática estudiante. Qué enseñaba no lo sé; sus alumnos la saludaban echando al aire la gorra y silbando. En los primeros tiempos, hablándole, yo escondía mis manos y bajaba la voz. Me preguntó enseguida por qué no me hacía americano. Porque no lo soy, balbucí —because I'm a wop—, y ella reía y repetía que eran los dólares y la cabeza lo que hacían a un americano. Which of them do you lack? ¿Cuál de los dos te falta?»
En la página ciento veintitrés hay una inversión, por decirlo de algún modo, de la pregunta del inicio de la novela. Una inversión material a partir de «carne», de la palabra carne, y que escapa a la entidad abstracta de la otra, la palabra patria.
Pienso que hoy la patria es apenas un estandarte para hacer la guerra. Pero a partir de Nineteen Eigthy-Four sabemos que la guerra no está destinada a ser ganada sino a ser continua. Y no sé más al respecto.
2008-05-25
La infancia de los Próceres. Daniel Santoro, 2005.
Abajo el comienzo del capítulo G / 4 minutos : 55 segundos / Investigaciones en masa.
Le debe bastante a Un mundo para Julius.
| Investigaciones cap. G ... |
2008-05-20
En 1782, el marqués de Sade, que por entonces llevaba once años de cautiverio en la Bastilla, escribió:
Una gran revolución se incuba en el país. Los crímenes de nuestros soberanos, sus crueldades, sus libertinajes y necedades le han cansado. Francia está asqueada del despotismo. Está a la puerta del día en que, airada, romperá sus cadenas.
En 1803, Sade ingresa al manicomio de Charenton, en el bosque de Vincennes. Es el manicomio donde la burguesía y la pequeña aristocracia parisiense recluían a sus parientes locos. Sade hizo buenas migas con el abate François Simonet de Coulmier. Organizaron comedias con los enfermos para el público aristocrático. En 1808, el Médico Jefe de Charenton se queja al Ministro de Policía: «…Este hombre no es un alienado. Su único delirio es el vicio… El señor de Sade tiene libertad de pasear por el parque, y encuentra a menudo allí a enfermos que gozan del mismo privilegio. A uno predica sus teorías repugnantes, al otro presta libros… Se ha cometido el desatino de permitir en el establecimiento un teatro, para que los locos puedan representar comedias, sin reparar que este entretenimiento tan excitante puede ejercer efectos perniciosos sobre sus débiles imaginaciones. El señor de Sade es el director de este teatro. Él elige las piezas, reparte los papeles y dirige los ensayos. Enseña a declamar a actores y a actrices y los forma artísticamente. Asegura que está creando un nuevo arte escénico… No es necesario, a mi entender, demostrar a V. E. lo desagradable de semejante modo de vida y los peligros de toda índole que esto lleva aparejado…»
MINISTERIO DEL INTERIOR
3a División
Oficina de Asistencia, Hospicios, Prisiones y Mendicidad
Copia
Conde del Imperio,
Firmado: MONTALIVET
En 1963, Peter Weiss imagina a los locos de Charenton representando los últimos días de Jean-Paul Marat, dirigidos por Sade, que se interpreta a sí mismo. Peter Brook la dirigió en teatro y en cine. La película es de 1967. Marat-Sade fue un acontecimiento actual en 1968.
2008-05-14
El sábado pasado se dio a sala llena en el San Martín Le fond de l'air est rouge (1993) del director de La jetée (1962), Chris Marker.
Le fond es una película concebida a partir de materiales fílmicos del Mayo Francés y del contexto mundial de la época. Admiro La jetée por la calma manipulación de la foto fija y por la única imagen que no tiene intermisión de movimiento, de manera que quise apreciar qué había hecho Chris Marker con aquellos registros de mil novecientos sesenta y ocho.
La soledad vietnamita, el aviador exaltado con las descargas de napalm, la primavera de Praga, las manos ocupadas de Fidel, los devaneos de Fidel entre lo legal y lo político respecto a la invasión de la URSS a Checoslovaquia, las familias japonesas de envenenados con metilmercurio por la empresa petroquímica Chisso que toman el control mayoritario de dicha empresa por medio de la compra de acciones, el funeral de la culpa, el agua del cordón que avanza con la protesta por las calles de París, el suicidio de Tati Allende en La Habana como había hecho su padre en Santiago cuatro años antes, el final con lobos, son algunas instantáneas del período que Marker llama Tercera Guerra Mundial.
En La jetée dicha guerra ya aconteció.
»Mi tesis de trabajo fue que toda memoria de volumen considerable es más estructurada de lo que parece. Que las fotos sacadas aparentemente por azar, las postales elegidas según el humor del momento, a partir de una cierta cantidad comienzan a diseñar un itinerario, una cartografía del país imaginario que se extiende en nuestro interior.
»El arte de la memoria es […] una vieja disciplina caída —¡atajá la porción!— en el olvido, en la medida en que se consuma el divorcio entre la fisiología y la psicología. Ciertos autores antiguos tuvieron una visión más funcional de los giros y de las volteretas de la mente, y uno fue Filippo Gesualdo, que en su Plutosofia (1592) propuso una imagen de la memoria en términos de arborescencia perfectamente lógica, si se puede usar este adjetivo.»
2008-05-08
En Todos os nomes y en El Golem hay una escuela.
as cartas hidrográficas e orográficas do ser humano
a canalização do sangue
o trânsito digestivo
a ordenação dos músculos
a comunicação dos nervos
a armação dos ossos
o fole dos pulmões
o labirinto do cérebro
o corte de olho
o enredo dos sexos
«bancos sucios de tinta de arriba abajo»
«cuadernos de cuentas»
«cantos berreantes de chiquillos»
«un chico que suelta una vaquita de San Antonio en clase»
«manuales de lectura con migas aplastadas y olor a cáscara de naranja»
2008-05-05
Se acostó, apagó la luz, dejó puesta la segunda almohada, cerró los ojos con fuerza, ven, sueño, ven pero el sueño no venía, por la calle pasó un tranvía, tal vez el último, quién será que no quiere dormir en mí, el cuerpo inquieto, de quién, o lo que no siendo cuerpo en él se inquieta, yo entero, o esta parte de mí que crece, Dios mío, las cosas que pueden ocurrirle a un hombre.
Ella irá temblando hasta la cama, sólo sabe decir, Tengo frío, y él calla, está pensando si debe o no debe besarle la boca.
Pessoa aparece en las calles con la lluvia. Conversa con Ricardo bajo una arcada que los resguarda. Ricardo dice que anda tentado de instalarse, abrir un consultorio en Lisboa, Entonces ya no vuelve a Brasil, por qué, Es difícil responder, no sé siquiera si sabría encontrar una respuesta, digamos que estoy como un insomne que encontró el lugar exacto de la almohada y al fin va a poder quedarse dormido.
2008-05-01
Uno es una suma mermada por infinitas restas.
Ocho (8) iconos para el desktop
Usé las piezas en reemplazo de los iconos de algunas carpetas. Y opté por la «c» para que aparezca en la ventana de direcciones, en las pestañas y en marcadores.
2008-04-26
Nunca antes había besado la mano de un hombre. Lo hice en una desesperación de ternura.
Vengo entrelazando cosas desde hace meses entre la literatura y la vida. Le contaba a Paulino, felizmente le contaba todo.
Ahora cuento qué hice ayer con dos puñados de las cenizas de Paulino. Los tiré. No los solté, ni los diseminé. Los tiré con violencia. Pero esa violencia es la fuerza de contar todo.
Cuando fue la primera operación y pasé a verlo, abrió los ojos. Inmediatamente extendió una mano y se la besé.
Paulino afirmaba que un amigo es uno mismo pero con otro cuero. Se trata de una afirmación de Atahualpa Yupanqui; muy feliz creo. Uno mismo, pero con otro cuero.
Entonces, pasó que el martes pasado perdí a mi otro cuero.
Hablábamos mucho, y esto es un problema, porque no sé ahora con quién. Seguramente él estaría más o menos como yo ahora.
En marzo le alcancé personalmente la una. Y conversé con él algunas cosas que la missing piece pareció reflejar en los demás. En diciembre de 2007, Paulino escribió algo así: El ojo que ves, no es ojo porque lo ves sino porque te ve.
La visión incompleta. Qué pesada la urnita.
El hijo de Paulino sostenía la urnita destapada, me pareció que sin resolver cómo concluir el asunto de haberla traído hasta la Costanera Sur. Con su consentimiento tomé un puñado de cenizas y lo tiré. Luego otro y lo tiré también. A continuación los otros alivianaron un poco más el peso. Agarraron cenizas y las diseminaban, hasta que por último el hijo de Paulino volcó la urnita, como si tomara la cabeza del padre por la nuca y lavara su pelo. En la Costanera Sur.
Alguien mencionó el desconcierto de Paulino en las últimas horas. Otro aseguró que se dejó morir, que no había querido alimentarse más. Estaba cansado. Yo no sé, ninguno resuelve nada. De repente, asoma el paralelo entre la literatura y la vida. La vida escurre de la boca, mancha las manos…
2008-04-22
José
E agora, José?
A festa acabou,
a luz apagou,
o povo sumiu,
a noite esfriou,
e agora, José?
e agora, você?
você que é sem nome,
que zomba dos outros,
você que faz versos, 
que ama, protesta?
e agora, José?
Está sem mulher,
está sem discurso,
está sem carinho,
já não pode beber,
já não pode fumar,
cuspir já não pode,
a noite esfriou,
o dia não veio,
o bonde não veio,
o riso não veio,
não veio a utopia
e tudo acabou
e tudo fugiu
e tudo mofou,
e agora, José?
E agora, José?
Sua doce palavra,
seu instante de febre,
sua gula e jejum,
sua biblioteca,
sua lavra de ouro,
seu terno de vidro,
sua incoerência,
seu ódio —e agora?
Com a chave na mão
quer abrir a porta,
não existe porta;
quer morrer no mar,
mas o mar secou;
quer ir para Minas,
Minas não há mais.
José, e agora?
Se você gritasse,
se você gemesse,
se você tocasse
a valsa vienense,
se você dormisse,
se você cansasse,
se você morresse...
Mas você não morre,
você é duro, José!
Sozinho no escuro
qual bicho-do-mato,
sem teogonia,
sem parede nua
para se encostar,
sem cavalo preto
que fuja a galope,
você marcha, José!
José, para onde?
2008-04-19
Libros violentos.
Las palabras engañan, puesto que la palabra violencia comporta a la vez nociones de dolor, incomodidad, cambio y, también, por qué no, fascinación.
No creo que los escritores sean visionarios. Por lo menos no creo que el escritor de Moby Dick lo fuera, y tampoco el del Quijote, y mucho menos el de La vida breve. Libros que amo porque en ellos hay cicatrices de la composición o de la hechura. Y la composición revela que habrían sido imaginados en contra de algo. Incluso en contra de otros libros.
Algunas hojas llevan incrustadas búsquedas de los escritores, aunque, difícilmente, esas hojas, hayan sido imaginadas exactamente como salieron escritas. Pienso en hojas que pueden ponerme en una situación molesta o que me enojan. Son hojas violentas sólo porque los escritores dejaron marcas de las vacilaciones o dificultades que afrontaron al escribirlas.
La noción misma de violencia puede ser inadecuada. Estos libros, a decir verdad, parecen deshechos. Tienen fallas. Pero, en eso, creo, reside el arte de estos libros.
Parecer no terminados.
2008-04-15
«No se trata simplemente de fragmentar una historia, sino de impedir que avancen todas las […] historias que comienzan a contarse. Chitarroni las corta con un No, como si la frustración de la ficción, el gesto de pararla en seco o descartarla por inadecuada […] fuera lo único que puede hacerse en el jardín en ruinas de la literatura: seguir produciendo ruinas.» Esta cita es de Beatriz Sarlo y pertenece a la página catorce del número final de la revista Punto de vista —la reseña de Sarlo sobre la novela de Luis Chitarroni está completa en el sitio de La Nación—. Sigo una frase que Sarlo toma de Chitarroni: Si uno llega a completar la biblioteca de otro, muere. Sarlo desarrolla ese enunciado: «Negarse a completar, negarse incluso a las mejores ideas: por ejemplo, inventar una historia sobre "El solterón" de Lugones, cuyo narrador tendría en su poder un libro que perteneció al solterón y pudiera leer sus subrayados.»
Estoy moviendo oraciones y reubicándolas para llegar a la parte que me interesa. Chitarroni en su novela, simplemente anuncia el argumento [historia sobre "El solterón" de Lugones] pero no se concede la oportunidad de continuarlo. Esta afirmación se ejemplificaría: si un autor llega a completar la historia de otro también muere. No se relaciona demasiado conmigo la estrategia constructiva de Chitarroni. Un adefesio escribió por ahí, que seguramente ofrece el atractivo para los amigos de «saber qué hace él cuando no está con nosotros, cuando está solo y piensa y escribe.»
Vuelvo a la página catorce. A continuación, Sarlo expande su afirmación acerca de la ficción interrumpida usando paréntesis, que dicen: si un autor llega a completar la propia historia muere.
Lo dicho en ese paréntesis tiene un potencial infrecuente, que habla no sólo de literatura.
2008-04-12
Una civilización en los óvalos, rayas y anotaciones hechas en las páginas. Flechas y subrayados en diferentes colores: verde, rojo, azul, violeta, como rutas miradas desde el aire.
Pesquisas.
Son marcas que un lector envenenado hace en las páginas de un best-seller, un libro multiplicado hasta la náusea. Pero los signos se expanden como metástasis y la lectura se torna pedante, obcecada y apodíctica. Vehemente y moralizante a los ojos de Carlos Tomatis.
2008-04-09
Seguí con La vida exagerada.
Insólitamente Martín descubrió que había salido a manifestar durante el Mayo Francés con un contingente de sordomudos. Finalmente, sin la columna de obreros con base en el barrio latino, que Inés y el grupo esperaban, Martín ejercita una crónica piadosa de los movimientos callejeros.
«Apagué la radio, y dije en voz alta que felizmente la radio no había dicho nada sobre el equivocado manifestante peruano Martín Romaña y sus sordomuditos, tras lo cual pensé que, como don Quijote, estaba listo para una nueva salida, tras lo cual me cagué de risa de mí mismo y consideré que, en efecto, debía salir de nuevo, y que efectivamente estaba listo para salir de nuevo. Lo cual hice y explica por qué he redactado estas líneas [...] se me ponen los pelos de punta y empiezan a invadirme, siguiendo la cronología de los hechos, uno por uno los acontecimientos a que dio lugar mi próxima salida, que tuvo un breve retorno, y que después dio conmigo convertido, poquito a poco, en algo así como un estropajo humano.»
Martín volverá a vagabundear por París. En el último y noveno piso que alquila a Madame Labru, recibirá la carta-documento-chau de Inés. A Carlos Salaverry, el filósofo, lo abandonarán su esposa y su hijita, que irán también de barricadas, como Inés.
Carlos no sabe, siquiera, hacerse un plato de fideos. Acudirá a Martín, a que lo auxilie. Muerto de hambre, exagerado. Ambos tan filósofos e inútiles, me sacaron, como dice la novela, de un estado muy blue, blue, blue.
2008-04-04
Lenguaje castrense en LA MANZANA DE LAS LUCES [Marcha de la CGT del 30 de marzo de 1982 / Ciencias Morales (2007) Martín Kohan] y en la abortada MARCHA FEDERAL del viernes pasado.
―Señores preceptores: me he visto en la necesidad de apartarlos de sus obligaciones diarias, en mi carácter de Vicerrector del Colegio Nacional de Buenos Aires, y lamento haberlo hecho. Pero no he tenido alternativa. Allí afuera, quiero decir en la calle, se verifica algún desorden en estos momentos. Nada que deba preocuparnos y nada que nos obligue a interrumpir el normal dictado de las clases. Pero hasta tanto las autoridades logren restablecer el orden, lo que se hará a la mayor brevedad, es preciso adoptar algunas medidas de prevención aquí en el colegio. Debo decirles que hemos tenido que cerrar las puertas principales del edificio. Me refiero a las que dan a la calle Bolívar. Por lo tanto, después de cumplir con absoluta normalidad con los horarios y las actividades previstas para hoy, los alumnos dejarán el colegio por la salida de la calle Moreno que el señor Jefe de Preceptores les indicará oportunamente. Es necesario que ustedes den a los alumnos a su cargo la clara indicación de evitar completamente la zona de Plaza de Mayo. Saldrán por la puerta de la calle Moreno, como les he dicho, y deberán tomar de inmediato la Avenida 9 de Julio. Digan a los alumnos que eviten correr por la calle, pero que tampoco detengan su marcha; que no se desvíen y que no se demoren, pero que tampoco corran. Una vez en la Avenida 9 de Julio, deberán tomar cualquier colectivo que los saque de la zona, no importa si no es uno que los lleve hasta sus casas. Tengan presente, señores preceptores, que el adolescente es un ser humano curioso por naturaleza y rebelde por naturaleza. Adviertan a los alumnos que no pueden acercarse a la Plaza de Mayo de ninguna manera, pero tengan cuidado y no vayan a dejarlos intrigados por eso. Lo que tienen que transmitirles no es curiosidad, sino miedo. Háganles saber que es peligroso acercarse a la Plaza de Mayo en estos momentos. Con una salida tranquila pero rápida en el sentido contrario, evitaremos los problemas y no habrá ningún incidente que lamentar.
El señor Vicerrector hace una pausa. Bajo los muros del colegio, densos como su historia, el silencio es total.
―¿Alguien tiene alguna duda?
Nadie tiene ninguna duda. De todos modos, con un gesto que subraya la curva despejada del mentón sin brillo, el señor Vicerrector aguarda una posible consulta. Pero en verdad lo que espera no es que alguien pregunte, sino que nadie pregunte. Y nadie pregunta.
―Ninguna duda entonces. Perfecto. Cumplan con sus instrucciones y que tengan buenas tardes.
De: […] - St George's College mailto: […]@stgeorge.com.ar
Enviado el: Jueves, 27 de Marzo de 2008 9:55
Para: […]
Asunto: FW: Marcha del Campo
Para los que van a Capital mañana, ojo!
Un beso
-----Original Message-----
From: […]@stgeorge.com.ar
Sent: Thursday, March 27, 2008 9:35 AM
To: […]
Subject: Fw: Marcha del Campo
Estimados,
Les reenvío este mail para que tomen conocimiento sobre todo por el traslado de los alumnos .
Muchas Gracias
-----MARCHA FEDERAL DEL CAMPO PLAN ESQUEMÁTICO DE MOVILIZACIÓN A CAPITAL FEDERAL-----
FECHA: VIERNES 28 de MARZO de 2008
Objetivo:
1. Lograr la presencia masiva de productores agropecuarios en el centro del poder "Plaza de Mayo" y que la situación sea el eje central de la información a través de todos los medios de comunicación de todo el país.
2. Generar la sensación pública del poder de los productores rurales quienes se mueven fundamentalmente por la Dignidad del Campo.
3. Demostrar que al gobierno le llegó su límite de atropello, patoterismo y prepotencia a un sector importante de la sociedad.
Medios:
• Movilización de productores de todo el país sobre las grandes rutas nacionales
• Bloqueo de la totalidad de las rutas nacionales y provinciales convergentes a CF
• Difusión permanente sobre todos los medios demostrando el poder del campo sobre el atropello gubernamental
Organización:
• Los grupos denominados como "auto convocados" que responden al accionar de las instituciones del campo en sus diferentes formas según el territorio, bloquean las rutas nacionales y convergentes según detalle en anexo I el día jueves 27 a 18.00 hs.
• Permanecerán el lugar un grupo de 30 productores bloqueando el "centro" y el resto avanzará hacia el PUNTO DE CONVERGENCIA a marcha lenta (30/40 Km/h).
• PUNTOS DE CONVERGENCIA: recibirán a las columnas, se procederá al reaprovisionamiento de combustibles y alimentación y descanso de las diferentes columnas.
• REINICIO DE LA MARCHA TRAMO FINAL A BUE: a partir de la hora indicada según cada caso en el ANEXO II a marcha lenta (40 Km. / h) por la ruta designada. En todos los casos al paso de los peajes, en caso de no ser levantadas las barreras según lo convenido con las empresas, se abonará el peaje a cargo de cada vehículo
• En los PUNTOS DE CONVERGENCIA FINAL según anexo, se hará un alto a fin de tomar contacto con el resto de las coordinaciones de columnas donde se decidirá el destino y forma del tramo final a PLAZA DE MAYO. En este punto de parada se deberá bloquear 100% el transito a CF.
• En caso de ordenarse el acceso final cada columna tendrá un punto de estacionamiento y bloqueo en CF a poca distancia de la Plaza de Mayo según detalle en Anexo III
• La coordinación en Área GBA y CF se hará mediante uso de celulares sobre líneas que se informaran en forma reservada en las últimas 3 hs previendo bloqueo por parte de servicios de inteligencia; se usaran frecuencias alternativas de NEXTEL según detalle RESERVADO que será distribuido personalmente entre los coordinadores.
ANEXO I
Columnas de convergencia sobre CF
RN 12/14: recibe la confluencia de productores de Misiones, Corrientes y Entre Ríos;
PUNTO DE REUNIÓN: Ceibas ER
Estimado 550 vehículos
RN 9, RN 34 y RN 11 y RP 33: recibe la confluencia de productores de Formosa, Chaco, Santiago del Estero, Santa Fe Norte, Centro y Sur y Oeste de la Prov. de Entre Ríos, Centro y Norte de Córdoba, Tucumán , Salta y Jujuy
PUNTO DE REUNIÓN: Roldan SF
Estimado 1100 vehículos
RN8: recibe la confluencia de productores de San Luis, sur de Córdoba, sur de Santa Fe y Noroeste de Bs.As.
PUNTO DE REUNIÓN: San Antonio de Areco Cruce RP 41 y RN 8
Estimado 1500 vehículos
RN7: recibe la confluencia de productores de Noroeste de Bs.As, sur de Santa fe, Sur de Córdoba, Norte de La Pampa, San Luisa, San Juan y Mendoza
PUNTO DE REUNIÓN: San Andrés de Giles RP 41 y RN 7
Estimado 1000 vehículos
RN5: recibe la confluencia de productores de Oeste de Bs.As, La Pampa, Neuquén
PUNTO DE REUNIÓN: Lujan Acc Oeste y RP 6
Estimado 1600 vehículos
RN 205: recibe la confluencia de productores del centro de la Prov. de Bs.As y sur de La Pampa
PUNTO DE REUNIÓN: Cañuelas RP 6 y RN 205
Estimado 500 vehículos
RN3: recibe la confluencia de productores del cetro y sur de Bs.As, Río Negro, Chubut, Santa Cruz
PUNTO DE REUNIÓN: Cañuelas RN 3 y RP 6 y se suman a columna RN 205
Estimado 800 vehículos
RP 29: recibe la confluencia de productores del centro este de la Prov. de Bs.As y mar y sierras
PUNTO DE REUNIÓN: Brandsen RP 29 y RP 215
Estimado: 800 vehículos
RN 2: recibe la confluencia de productores de la zona atlántica de Necochea al Nor este
PUNTO DE REUNIÓN: Cruce Etcheverry RP 215 y RN 2
Estimado 720 vehículos
RP 36: recibe la confluencia de productores de la zona abasto La Plata, Magdalena, Punta de indio, Partidos de la Costa, Tordillo y Madariaga
PUNTO DE REUNIÓN: Cruce RP 36 y Autovía Mar del Plata
Estimado 200 vehículos
Total estimado de vehículos participantes: 8.770
Total estimado de personas participantes del interior: 25.000
ANEXO II
Marcha y horarios
COLUMNA RN 9, RN 34 y RN 11 y RP 33:
Partirán desde ROLDAN (SF) por periférico Rosario a RN 9.
En Autopista BUE/ROS a nivel curva Zárate Campana se unen a la columna proveniente de la mesopotamia por Puente Zárate Brazo Largo
Partirán para BUE a las 08.00
Deberán cubrir el tramo Zárate – Av. Grl Paz en 4 horas previendo estar en Av. Grl Paz a las 12.00
En empalme Ramal Pilar y Ramal Campana se les une la columna proveniente de RN 8
COLUMNA RN 12/14
Partirán desde Ceibas (ER) por el complejo Zárate Brazo Largo a RN9 Autopista Bs.As/ROS y se unen a COLUMNA RN 9, RN 34 y RN 11 y RP 33 en curva Zárate Campana, partiendo desde allí a las 08.00.
COLUMNA RN8: partirán a las 08.00 desde San Antonio de Areco por RN 8 hasta Pilar, tomando por Ramal Pilar de la Autopista del Sol a BUE uniéndose a las COLUMNAS RN 9 y RN 12/14 en Acceso Norte Panamericana y Grl Paz a las 12.00
COLUMNA RN7: partirán desde San Andrés de Giles a las 09.00 continuando por RN 7, tomando Acceso Oeste a nivel Cortinez Lujan uniéndose con columna RN5 en cruce RP6 y Acc OESTE
COLUMNA RN5: partirán desde Acc Oeste y RP 6 a las 09.00 para llegar a Acc Oeste y Grl Paz a las 12.00
COLUMNA RN 205: partirán conjuntamente con columna RN 3 desde RP 6 y RN 205 por autopista Cañuelas a las 09.00 para llegar a Au. Ricchieri y Grl Paz a las 12.00,
COLUMNA RP 29: partirán desde Brandsen a las 08.30 para sumarse a columna RN 2 en Cruce Etcheverry
COLUMNA RN 2: Partirán conjuntamente con columna RP29 desde Cruce Etcheverry a las 09.00 para continuar por Autovía Mar del Plata y Autopista La Plata /BUE. En Cruce con RP 36 se suma columna RP36. Deberán llegar a Peaje Dock Sud a las 12.00
ANEXO III
Puntos de concentración en CF por columnas se informará posteriormente.
2008-03-29
Villa (1996) es la notable novela que omitía extrañamente Ricardo Piglia hasta hace un par de años cuando llamaba la atención acerca de que todavía no había sido ficcionalizado nada a partir del genocidio o del terrorismo de Estado. Luis Gusmán sitúa su personaje más atrás, pero no por esto habría de ser omitido dentro del mismo contexto. Porque el plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones de la dictadura asomaba ya en aquel accionar ilegal de grupos paramilitares comandados desde el Ministerio de Bienestar Social durante el gobierno democrático de María Estela Martínez.
Ahora las lluvias, la amenaza del desabastecimiento de carne y la Pascua compusieron un marco en el que me resultó imposible no imaginar constantemente El matadero, de Esteban Echeverría.
Pero no sé. Quizá se trate de la argentinidad al palo. La guerra gaucha con ipod, falsamente decidida en una placita a pocos metros de los búnkeres de Puerto Madero. Todo tiene que ver con todo, si puede usarse la expresión. Miro una instalación en el lago del Planetario. La maqueta de una casa semihundida en el lago, rodada de gansos que ahí viven, para despertar acá conciencia sobre las inundaciones en el norte del país. Arte solidario del Ministro del presidente de Boca Juniors. Que fue Ministro hasta el 2001 de De la Rúa y asesor de imagen del cien por ciento amoral Sobisch.
Todo bien exagerado.
Publicado por Gustavo López 6 comentarios
Escritores: bryce echenique, echeverría, gusmán, lugones, piglia
2008-03-27
Hay una parte de ...and that's me on the left with the beautiful legs, capítulo con Sandra, Carlos, Martín y las barricadas, que me pareció bárbaro. Se empieza a poner bueno cuando Martín da con un pañuelito blanco la orden al grupo de resguardarse en una iglesia de la represión policial. A Sandra le maravilla ese Martín, tan líder.
Y Martín parece haber olvidado por completo que hace instantes encontró a Sandra abrazando a un argentino en la pocilga andina, así denomina Martín a la pieza de Sandra en París. Martín había antes dejado un rato a Sandra para buscar a Carlos y salir a manifestar juntos. Luego Carlos se quedó abajo mientras Martín subió a buscarla. Martín apareció un instante después con Sandra, y un nudo en la garganta, una rabia total, y una incertidumbre espantosa.
Una vez en la calle los tres, Carlos se daría cuenta de que la ninfomanía de Sandra, Sandra Anita María Owens: el nombre completo, estaba haciendo ahora, debido a las citas de Marx en alemán, efecto con él mismo. Así que se aisló de Sandra.
A la salida de la iglesia Carlos verá aparecer abrazados a Sandra y a Martín. Tan líder de masas, Martín.
Pero Sandra no tardará nuevamente en fijarse en Carlos, que irá hundiéndose en la contagiosa euforia de la antorchas. La represión acosará otra vez, pero Carlos se adelantará a todos los manifestantes como si nada de represión a la vista, declamando revolucionara y filosóficamente, y como Robert Mitchum en dirección a Troya, para recoger un adoquín que guardará de recuerdo de aquel famosísimo mayo del sesenta y ocho. Nada más. Gran desilusión de Sandra y alegría de Martín Romaña. Sin embargo, aparecerá el ex-grupo, incluida Inés. Entonces Martín morirá de celos, verá al ex-grupo como si lo hiciese a través de un aleph, es decir, verá quien se acuesta con Inés, quien se acuesta con Sandra. «Vi y vi y vi que no hay nada que hacer, Carlos. Lo mejor era irse a dormir, y que la historia nos juzgue».
2008-03-20
MEDEA Inspired by Lars von Trier's TV movie
[…]
¿Por qué ordenas, Creonte, que abandone el país?
CREONTE
Temo —te lo diré sin ambages— que irrogues
a mi hija algún perjuicio que irremediable sea.
Son muchas las razones que a tal temor me inducen:
eres hábil y en toda clase de mal perita
y te afliges privada del lecho de tu esposo.
He oído que amenazas, según hay quien me cuente,
con que vas a hacer algo contra el novio y la novia
y aquel que la entregó. Me guardaré, pues, de ello.
Más vale ahora cargar, mujer, con tu ojeriza
que ablandarme y después gemir desconsolado.
MEDEA
¡Ay, ay! No es la primera vez hoy, Creonte, que mi fama
grandes daños me atrae; me ha ocurrido a menudo.
Ningún hombre que tenga natural sensatez
debe dar a sus hijos muchas habilidades,
pues, amén de ganarse renombre de indolentes,
cosecharán el odio de sus conciudadanos.
Si a los torpes con nuevos saberes te presentas,
parecerás inútil ser, que no inteligente;
y, si te consideran mejor que el que presume
de su varia doctrina, resultarás molesto.
Tal es la situación de que yo participo:
me hace odiosa a los unos el talento y los otros
se enemistan conmigo; y eso que yo muy sabia
no soy. Mas tú me temes, barruntas algo extraño;
pero no es ése el caso, no tiembles ante mí,
Creonte, en nada pienso pecar contra el que manda.
¿Qué mal me has hecho tú? No hiciste sino dar
a quien te pareció tu hija. A mi esposo sí
que le odio, pero tú creo que bien obraste.
Y ahora envidia no tengo de vuestras bienandanzas:
casaos, sed felices, pero dejadme a mí
que en esta tierra habite. Callaré, aun injusticia
padeciendo, pues es más fuerte el que me vence
CREONTE
Suaves, por lo que escucho, son tus palabras, pero
temo que en tu interior medites algún daño
y por eso menor debe ser mi confianza.
Porque más fácil es de hombre o mujer coléricos
guardarse que de aquel que calla y es taimado.
Márchate, pues, cuanto antes, no vengas con discursos;
ello está decidido sin que tengas manera
de vivir con nosotros, porque eres mi enemiga.
MEDEA
Abrazándose a sus rodillas.
¡No, no, por tus rodillas, por la que se ha casado!
CREONTE
Son vanas tus palabras; no me convencerás.
MEDEA
¿Me vas, pues, a expulsar sin atender mis súplicas?
CREONTE
Es que a mi hogar no puedo preferir tu persona.
MEDEA
¡Oh, patria mía, qué recuerdo de ti tengo!
CREONTE
También yo la amo mucho, pero más a mis hijos.
MEDEA
¡Qué gran mal el amor es para los mortales!
CREONTE
Según, supongo yo, como vengan las cosas.
MEDEA
¡No se te oculte, Zeus, quien así me maltrata!
CREONTE
Vete, insensata, ya y evítame disgustos.
MEDEA
Disgustos son los míos; no me faltan por cierto.
CREONTE
Haciendo un gesto a su escolta.
Al punto van a echarte los brazos de mi tropa.
MEDEA
¡Eso no, en modo alguno! Yo te ruego, Creonte...
CREONTE
Paréceme, mujer, que te pones pesada.
MEDEA
Me marcharé; no es eso lo que ahora te suplico.
CREONTE
¿Por qué entonces insistes sin salir del país?
MEDEA
Déjame que me quede tan sólo el día de hoy
para pensar en cómo va a poder ser mi exilio
y a mis hijos recursos buscarles, pues su padre
allegar no se digna ningún medio para ellos.
Compadéceles tú, que también tienes prole;
es natural, por tanto, que propicio les mires.
Por mí no me preocupo si he de estar desterrada,
mas sí lloro por ellos, que en tal trance se ven.
CREONTE
Nada hay en mi carácter que tiránico sea;
el mostrar compasión fue siempre mi desdicha.
Y así ahora, aunque veo, mujer, que me equivoco,
concedo lo que pides; mas te advierto que, si
os ve la luz del dios que ha de llegar mañana
a ti y a tus hijos dentro del país, morirás;
ésta quiero que sea mi sentencia verídica.
Y, si hay aplazamiento, tómate un día solo
y tiempo no tendrás de hacer lo que recelo.
«La provocación es una manera de hacer pensar a la gente».
Extraído del documental de Stig Björkman: Tranceformer — A Portrait of Lars von Trier (1997)

























