2016-06-21

Cape Cod

30 abril — Recién llegada a Cape Cod, hoy estuve paseando todo el día por Falmouth y vi muchas ballenas, pero no en carne y hueso. Pero cada vez que veía una, me acordaba de vos.
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2016-05-13

O passado

Un año después, ella dijo que estaba leyendo El pasado. Alan Pauls había llamado La mujer zombie a su novela, porque Sofía, la protagonista, era una especie de muerta viva. Pero le molestaba la reminiscencia con Los muertos vivientes, entonces pensó llamarla solamente Ex, un título «logotipo», aunque éste se podía leer como el título de una historia sobre los «exs», una temática que la novela no abordaba. Buscó algo más «hospitalario» y finalmente surgió El pasado, con el plus de poder imaginar el boca a boca del título: ¿Estás leyendo El pasado? o Me encantaría leer El pasado.
Ella quería conocer la relación que unía a Pauls con el autor de Alegorías de la derrota, la historia que explicara la aparición de aquel Idelber Avelar que reclama a Rímini en el capítulo siete de la segunda parte su credencial para el congreso de traductores de San Pablo.
No uno, sino casi una década después, yo venía hojeando El pasado, cuando topé con la bendita aparición, por usar la expresión de ella. Sonreí, también. Estaba motivado para leer la novela desde el comienzo.
De entrada percibí el sesgo delirante del amor de Sofía hacia Rímini, sobre todo en la fijación en cuanto a qué hacer con las fotos en común después de que ambos se separaron. Me atrajo el mundo de dos, el que El último tango en París, El imperio de los sentidos y acaso también El portero de noche narran de manera fatal. En estas películas, el exterior tiene un carácter borroso respecto al mundo íntimo.


La ciudad de nacimiento de Federico Fellini sirvió a Pauls para nombrar al protagonista. Rímini es un apellido que parece un nombre, pero que en tanto apellido produce que los otros personajes giren alrededor del protagonista como los planetas alrededor del sol. Existe el cliché de que los hombres embarazan a las mujeres para retenerlas. Y que las mujeres, como contrapartida, les hacen «recuerdos». El caso es que lo único que podría salvar a este sol de la chica zombi es el olvido.
Hice una búsqueda por Riltse, un pintor que los protagonistas de El pasado adoran. Otra vez la cuestión de nombrar: se trata de un anagrama de Elstir, pintor de Proust, y en parte por esto es que The Guardian tituló la reseña de la edición en inglés: In search of Argentina's lost times.
En esta reseña encontré el tema del exterior que ronda a los mundos cerrados. La realidad se presenta distante del mundo íntimo y las fechas que lo datan son la revolución cubana, el aterrizaje en la luna, la caída del muro de Berlín. A The Guardian le llama la atención que la historia de esta pareja argentina no haga mención de los golpes de estado, ni del peronismo. ¡Tampoco la pareja toma mate! Suena a queja, pero es interesante. Al final de la reseña, queda planteada una línea posible de lectura en consonancia con la búsqueda de los tiempos perdidos: todos somos zombies, a causa de un archivo adjunto a un pasado, ya desaparecido.
Sin embargo, el proceso militar es mencionado al referir a un publicista-escritor adicto a la cocaína, que se trataría de Fogwill. La novela transcurre en los noventa. Rímini traduce compulsivamente con el auxilio de la cocaína. La traducción es una barrera frente al exterior; Rímini es un sol enfrascado, ensimismado en la toma misma de la droga durante extensas jornadas de traducción que le permiten abolir todo, retomar un punto del texto en otra lengua sin interferencias del pasado y del presente.
Tras el ciclo de conferencias en el Rojas, que concluye en choque de planetas o real tragedia emocional, Rímini irá en calidad de acompañante de Carmen Bosch al congreso de San Pablo. El primer día, recibe la credencial de Idelber Avelar.
En el año de la película, 2007, pero antes del estreno, Idelber Avelar puso en duda la lista de las cien mejores novelas en lengua española, tomando veinticinco años a esa fecha, publicada por una revista colombiana. Injustamente El pasado figura en el lugar 31, tipeó en su blog, y creó un paréntesis, merecía una colocación mejor. Luego añadió: Los lectores de este blog que decidan encararlo tendrán una divertida sorpresa por la página 300.
No encontré en el blog la historia por la que ella había preguntado, pero se me ocurre ahora compartir el final de la aparición de Idelber Avelar en El pasado: […] la lucecita roja dejó de titilar y se apagó para siempre, y una voz se metió de pronto en la línea, la voz de Idelber Avelar, la voz de una persona de bien que ha decidido hacer de cuenta que lo que sucedió no sucedió, que nunca oyó lo que creyó haber oído, y empezar todo otra vez, de cero. ¿Podía recuperar su credencial?

o biscoito fino e a massa: las cien mejores y el comentario de Priscilla Fogiato

2016-04-22

Cuarenta y cuatro

Skolinski, historiador de arte, llegó al castillo para inventariar las obras del príncipe Holszanski, quien se encontraba bajo el poder de un pariente lejano, Cholawicki, que hacía las veces de secretario, pero no pensaba en otra cosa que en la herencia del príncipe.

La imaginación de Skolinski galopaba. Trataba de leer esa especie de rompecabezas. ¿Me muevo? ¿Un animal? ¿Negro? Quizá no hubiera ninguna relación entre esas palabras. ¡Salir! ¡Huir! Pero se quedó helado de horror: ya no podía hacer ningún movimiento.
Sólo podía sentarse y esperar, como un pájaro hipnotizado por una serpiente.



Fichas del año pasado, desde la treinta y ocho a la cuarenta y cuatro: Calabria y J. Lanteri [13 marzo] Avenida Independencia 426 [31 marzo] Venezuela 543 [8 abril] Talcahuano 678 [21 mayo] Piedras 948 [23 noviembre] Humberto Primo 843 [23 noviembre] Avenida Independencia y Perú [31 diciembre]

Las treinta y siete anteriores

2015-12-30

Frágiles muñecas del olvido

Cuando a la gente que quiere ser mejor se le proponen modelos torpes y valores ilegítimos, el ridículo, la parodia instalan su reino. Cuando el ideal es ser fino y el molde es la cursilería, se acaba doblando el dedo meñique para tomar la taza. Pero esto no me causa gracia. No escribí Boquitas pintadas como una parodia, sino como la historia de gentes de la pequeña burguesía que, como primera generación de argentinos, debía inventarse un estilo.



El beso de sus Boquitas pintadas