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2007-07-12

Jill-Levine, amiga de Manuel Puig y autora del libro acerca de la vida del escritor, cuenta en la pág. 121 una curiosidad:
El neblinoso invierno de Londres y la vida social previsible lo inspiraron [a Puig] una vez más para sumergirse en la lectura y la escritura: motivado por la filmación de una obra que había visto, protagonizada por una nueva actriz llamada Julie Harris, leyó Frankie y la boda, de Carson McCullers. El tratamiento autobiográfico que McCullers hace del paso a la mayoría de edad de una muchacha en una pequeña población sureña y su uso vívido del habla regional daban vida a la historia de una solitaria excéntrica con humor y compasión. El Sur literario de Norteamérica había producido esta obra, le escribió Manuel a Male, «todo sobre una niña de 12 años pero creo que lo mismo puede gustar a los que tienen alergia a los temas de chicos». Pronto iba a empezar el guión "fallido" que se convirtió finalmente en su propia autobiografía de infancia, La traición de Rita Hayworth.


2007-04-19

Hay serafines y querubines.
Sería justo hablar de los miedos, y, por qué no, de enfermedades. Me acuerdo de una pregunta que hice en el Hogar durante mis entrevistas: ¿Ustedes le tienen miedo a algo? Los muchachos de la polio se soltaron y expresaron muchas cosas que hasta ese momento no habían sido ni siquiera aludidas. El imaginario o las fantasías nos juegan extrañas pasadas. Por ejemplo, la fantasía de que un encuentro sea de determinada manera... Acerca de esto narra Mitre.
Llegar hasta la Torre.
Volver sobre los propios pasos con torpezas o repliegues.
Me desconozco. Confío en los descuidos, aunque conciten la toma de riesgos por los que uno se juega la vida.
El final de la novela de McCullers.

2007-04-10

Hoy me encontré con las personas ocupadas de pensamientos o las personas que no descansan. Según Singer, yo debo ser uno.
Biff es diferente a Blound, Mick y Copeland; Singer se ausenta de la pensión para ir a visitar a su amigo y le lleva de regalo un proyector para ver las pelis de Mickey y de Popeye; los rumores acerca de Singer; Biff usa los perfumes de Alice y cambia las cosas de lugar; algo le pasa a Biff con Mick...

2007-04-05

Tengo la novela de McCullers Hoy la retomé en el pasaje en que Bubber anda con un rifle y vengo ahora a la pantalla conmovido. Porque los personajes de las novelas pueblan un mundo del que entro y salgo, y que ahora está más habitado.
Me detengo en esta oración del capítulo de Singer:
«Le encantaba trazar palabras en un papel con una estilográfica y lo hacía con el mismo cuidado que si el papel fuese una bandeja de plata».
A continuación leo la carta de Singer a Antonapoulos.
Venir aquí me sirve de guía. En realidad leo porque imagino que alguien también lee y así encuentro a Baby, Copeland, los sentimientos de Singer, las visitas por separado, Antonapoulos que no sabe leer. No soy un lector apasionado de novelas. Y esta es larga. Propongo un intercambio, me parece. Yo presento a algunos personajes queribles y la imaginación me contagia ganas por saber cómo prosigue la historia.

2007-04-03

Voy a seguir con Singer aunque me cueste hacerlo.
Blount, en el bar, no se había dado cuenta de que Singer era sordomudo. Más tarde, cuando se informó del asunto y (me encanta) tras echarle una mirada a la habitación de la pensión, le dijo a Singer, ¿Hay otros sordomudos aquí?
Singer, que no captó sus palabras sino a continuación de que Blount las repitiera, dijo que no con la cabeza.
¿Te sientes solo? Singer no contestó, o su contestación pudo significar que sí o que no.
Es un personaje completamente vivo.

2007-04-01

Empecé a leer la parte cuatro de la novela de McCullers y me resulta difícil seguirla solo. El comienzo es el despertar de Blount y está Singer esperándolo, entretenido en una solitaria partida de ajedrez. Estoy pensando en mis dificultades para escribir. En tener que concentrarme y volver a aislarme.
La novela se llama «El corazón es un cazador solitario». Todos somos algo sordomudos.