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2008-08-26

A propósito de los caballos, la guerra y también de la culpa, el año pasado cité La historia verdadera de la conquista de la Nueva España.
En Tabasco, Cortés montó una mis en sc
ène con caballos ante los primeros cuarenta caciques vencidos. Los aterrorizó con un caballo alzado por el olor de una yegua. Después del armisticio, Cortés les diría riendo a sus soldados: «Sabéis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho a los caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra».


2007-07-21

En Tabasco, al inicio de la incursión en tierra firme, el conquistador Cortés predica la paz entre los nativos, previniéndolos de que si ellos daban comienzo a una nueva batalla los iba a hacer aniquilar. Me pregunto si acaso fue el momento de instauración de la culpa en el Mondo Novo (1519).
Según el cronista Díaz del Castillo, Cortés, luego de librar la primera batalla con los indios, aguardaba el arribo de los caciques de los pueblos vencidos: «Y estando en esto, que ya era mediodía —se refiere al montaje que Cortés había hecho preparar en su aposento: un caballo brioso había sido antes llevado cerca de una yegua y más tarde la yegua al aposento pero solamente por un rato. Cuando los caciques llegaron al aposento, el caballo fue introducido para que brinque y relinche por el olor de la yegua, y de esta manera los conquistadores hicieron creer a los caciques que el animal estaba enojado con ellos (cap. XXXV)—, vinieron cuarenta indios, todos caciques, con buena manera y mantas ricas, a la usanza de ellos, y saludaron a Cortés y a todos nosotros, y traían sus inciensos, y andaban sahumando a cuantos allí estábamos, y demandaron perdón de lo pasado, y que desde allí adelante serían buenos (...)» Cortés les respondió como enojado. Dijo que él les había requerido mucho con la paz, y que tendrían ellos la culpa de ser aniquilados si buscaban más guerra.
Cuatro capítulos antes, el cronista narra que Cortés, en presencia de un escribano del Rey, manifestó a unos guerreros que le impedían avanzar por las aguas del río Grijalva que él solamente quería tomar agua y hablarles cosas de Dios y de su Majestad; «y que si ellos guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese, u otros cualquier daños, fuesen su culpa y cargo y no la nuestra».
En la isla de Cozumel, Cortés había ya mandado a despedazar y a echar a rodar una casa de adoratorios. Después erigió en ese mismo lugar un altar «muy limpio» para la imagen de la Virgen María. También hizo colocar una cruz, de «maderos nuevos».
Respecto al miserable escenario del armisticio, preparado antes del encuentro cara a cara con los caciques vencidos, Cortés les habría dicho riendo a sus soldados: «Sabéis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho a los caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra».