La justicia dictaminó a favor de JD Salinger y prohibió la publicación de 60 years later. [The New York Times]
Estaba leyendo una de ovnis cuando recibí la novedad. Me distraje un rato con algunos de los capítulos últimos de la Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm. El historiador hace referencia por ahí al «carácter enfermizo de la cultura norteamericana», y a «la predisposición peculiar» de los norteamericanos «para resolver todas las disputas humanas a través de litigios […]» Esto hablaría, según Hobsbawm, de miedos instalados en la sociedad, encarnados de la siguiente manera: «[…] personas que están dispuestas a correr graves riesgos en la práctica […] viajando en coche por una autopista o desplazándose en metro por Nueva York, pueden resistirse a tomar una aspirina porque saben que en algunos casos raros tiene efectos secundarios.» Así, el miedo a morir envenenado manifiesta una indefensión por parte del individuo, que también podría ligarse, aunque amplificada, a la creencia en las invasiones extraterrestres.
Esta aproximación a la cultura norteamericana se enlaza con otras ideas. Los años sesenta marcaron el triunfo de la sociedad de consumo. Y ya en los cincuenta, la lectura dejó de ser «un actividad tan espontánea» como había sido hasta entonces. A fuerza de ser exacto, el sujeto plural de la oración es el conjunto representado por los niños de las clases ricas. Pero, al inicio del siguiente parágrafo, Hobsbawm generaliza, y expresa que las «palabras que dominaban las sociedades de consumo occidentales ya no eran las palabras de los libros sagrados, ni tampoco la de los escritores laicos, sino las marcas de cualquier cosa que pudiera comprarse.»
No obstante, me parece recomendable leer la demanda de JD Salinger, sobre todo lo que respecta a la construcción de la voz de Holden Caulfield; las interpelaciones al lector; el estilo flashback; las digresiones; etcétera. Incluye la sostenida afirmación: «[60 years later] is a rip-off pure and simple».
JD Salinger's suit [Wall Street Journal]
2009-07-01
2009-06-22
El miércoles diecisiete, la jueza federal que atiende la demanda de JD Salinger, dictó una medida cautelar que prohíbe por diez días la publicación de 60 years later en Estados Unidos.
Veinticuatro horas antes, se conoció el nombre del autor. En medio de una andanada de declaraciones e informes ante la corte de Manhattan, se supo que detrás del seudónimo de JD California se ocultaba un sueco, de treinta y tres años, de nombre Fredrik Colting.
La novela ha sido ya publicada en Inglaterra por la editorial Windupbird y entre los documentos presentados a la corte se incluyó un boceto de la portada para Estados Unidos. En la tapa puede leerse de forma destacada que la novela de Colting resultaría:
Y, en la contratapa, dos párrafos de la novela, que, a merced de una síntesis argumental, son presentados como la voz de JD Salinger al instante de retornar a la vida a C, personaje de su invención. Sesenta años después de su «debut como el gran antihéroe norteamericano», C despierta en un geriátrico, con una desconcertante compulsión por escapar. A pesar de no tener una clara noción del porqué, el creador hace subir a su personaje a un micro y lo embarca en una travesía a través de las calles de Nueva York.
Y al pie la advertencia:
La jueza federal expresó su propio parecer: Holden Caulfield es un retrato de palabras, y, dictaminó, que Holden Caulfield existirá, por lo menos hasta fin de mes —sentencia irónicamente uno de los copetes del prestigioso diario—, en estado de permanente adolescencia, aligerado de los cuidados y reproches de la edad madura.
17 junio In state of permanent adolescence
17 junio Publication delayed
16 junio H. C. hangs on to his youth
Documentos
a. Informe de los abogados de Colting
b. Declaración de Colting
c. Declaración del distribuidor en EE UU
d. Lectura de Sixty Years Later
e. Acerca de la publicación de Sixty Years Later
16 junio The sanctity
Fuente principal: NYTimes.com
2009-06-07
Viejos pleitos se actualizan con la demanda presentada por JD Salinger en la ciudad de Manhattan, el lunes pasado, contra la novela 60 years later: coming trough the rye.
Firmada bajo el seudónimo de JD California, 60 years later es promocionada como la continuación de The catcher in the rye. Según reza en las noticias de la semana, el protagonista es un hombre de setenta y seis años, llamado Mr. C, que vagabundea por Nueva York después de haber dejado un geriátrico. Esta salida revive la del joven héroe de JD Salinger, Holden Caulfield, tras dejar Pencey, el colegio de clase alta del que era alumno.
La demanda afirma que el derecho a una continuación de El guardián entre el centeno (también traducida: El cazador oculto), así como el uso del personaje Holden Caulfield es patrimonio exclusivo de JD Salinger, quien ha elegido voluntariamente no ejercerlo. La demanda califica sin titubeos de rip-off a la segunda parte de El guardián: «[...] It is a rip-off pure and simple [...]»
Tal vez, esta declaración no forme parte de la demanda formal, y sólo se trate de una expresión ante los medios de prensa, vertida por los representantes o abogados de JD Salinger. El término rip-off se usa coloquialmente para expresar distintas cosas:
rip-off a. & n. (colloq.)
a. (designating or pertaining to) a fraud, swindle, or instance of esp. financial exploitation;
b. (designating or pertaining to) an imitation or plagiarism, esp. one intended to exploit a current public interest.
Oxford Talking Dictionary. Copyright 1998
Pero ¿es la continuación no autorizada de El guardián en el centeno «[…] lisa y llanamente un plagio […]»? ¿Ha habido, acaso, plagio? El miércoles tres, The Independent publicó: «No todos están convencidos de que Salinger pise terreno legal firme.»
Posiblemente el pleito se pierda de vista en el bosque judicial, pero sirva para apuntar algunas cosas.
El derecho de autor aparece en Inglaterra en el siglo XVII y «no para proteger autores sino para reducir la competencia entre editores. El objetivo era reservar para los editores, perpetuamente, el derecho exclusivo de imprimir ciertos libros. La justificación, por supuesto, era que el lenguaje en literatura llevaba la marca que el autor le había impuesto y que por lo tanto era propiedad privada. Con esta mitología florecieron los derechos de autor durante el capitalismo, y establecieron el derecho legal de privatizar cualquier producto cultural, ya sean palabras, imágenes o sonidos.» [J. Ludmer; Radar 7 mayo 2007]
Por otra parte, en el plagio, Borges supo ver la referencia especular de un discurso con otro. También encontró esa misma relación doble, o especular, en el apócrifo, la traducción, la cita y la paráfrasis. Relaciones que producen efectos ficcionales que suelen desatar la ambivalencia alrededor de ciertas zonas que son objeto de la crítica académica, así como también del mercado editorial, especialmente la que tiene que ver con la propiedad de los textos y el nombre de autor.
Como acertadamente apunta Carlos M. A. Gil en su artículo de la revista Cervantes de la C.S.A., «[…] la creencia en la infalibilidad de lo escrito, […] sólo puede ser tratada eficazmente con la aparición de otro libro que destruye dicha creencia.» El autor se refiere a Don Quijote, y no a Miguel de Cervantes. Como dice Foucault respecto de la Primera parte, Don Quijote se habría empeñado en corroborar los libros de caballería. Sin embargo, en la Segunda parte, el personaje postula la falsedad de lo escrito en el libro de Avellaneda, porque no se corresponde a lo real, que es él mismo.
Cuán ilegal resulta la empresa de la publicación de El guardián apócrifo es algo que por el momento no se sabrá. Sin embargo, suena atractiva en el presente la idea de JD Salinger «polemizando sobre si debe relanzar la historia de Caulfield o no.» Aunque más no sea como personaje de otro libro, quiero decir.
Y no en la corte.
3 junio 2009 The sequel
7 mayo 2007 Sobre el plagio
Primavera 1996 El libro de Avellaneda como purgante
Publicado por Gustavo López 3 comentarios
Escritores: avellaneda, borges, california, cervantes, salinger


