Leo la última novela de Di Benedetto, la parte en que se menciona a otro novelista argentino. ¿Qué es una buena novela? Las de Di Benedetto tienen todas un trabajo singular con la palabra, pero Zama es superior al resto. No me acuerdo de que iban las otras y ahora me pasa también con Sombras, nada más. El protagonista es un periodista, se cuentan cosas de la redacción, de repente gana espacio la historia de uno de los dueños del diario, un joven que le es infiel a su esposa con una sirvienta; en sí lo que sucede es de lo más común, pero hay pasajes de mucha sensualidad y que me provocan placer por los detalles con los que Di Benedetto narra la pasión del amo con la sirvienta, por ejemplo, los roces y la presión de la piernas de ambos. La novela es una suma de episodios o sketches de la vida del periodista, que seguro no voy a recordar. Pero el encanto de esa prosa no voy a olvidarlo. Y puede ser que la inesperada mención del otro novelista argentino haga compañía en mi memoria al niño rubio y a los indios ciegos y al mono que flota entre las patas del muelle, de Zama.
Emanuel, el periodista de Sombras, teje una relación amorosa con Ave o Eva, una niña o que parece una niña. Se trata de la sobrina del jefe de la sección del diario en la que trabaja y la conoce en la casa del jefe. Mientras los dos conversan ella les cebaba mates. Al poco tiempo, el jefe muere. Ave va visitar a Emanuel al diario. Le transmite una hipótesis vampírica en torno a la muerte de su tío, que Emanuel no acepta. Sin embargo, lo inquieta que Ave tome el rechazo como una burla u ofensa. Lo cierto es que Emanuel se descubre seducido por Ave o Eva. Busca entonces en el recurso de una carta la forma de mitigar la discrepancia y manifestarle su atracción por ella. Así empieza una correspondencia que va a terminar en un encuentro junto al lago, en medio de insultos y con Emanuel dispuesto a ahogarla a causa de las confesiones de Ave.
[…]
Si bien admito que hay formas secretas de ser lo que no se es y pasar inadvertido en las sociedades humanas. Es lo que suele ocurrir con los unicornios que en algunas películas bajan a las zonas pobladas, ¿o no crees en los unicornios? ¿Por qué no, si puedes creer en los vampiros hembras?
En todo caso y en plan de procurar que nuestra reyerta (¿me atreveré a llamarla riña de enamorados o es prematuro decirlo?) no tiene que generar entre nosotros un desastre, ni siquiera una incomodidad, me allano.
Conocí en la Capital a un joven escritor, niño casi, que se llamaba Manuel y me dijo que cuando él fuera mayor escribiría un libro sobre los besos de la mujer araña.
Adiós, hasta que me llames sin enojo, pureza mía.
Ella no lo llama y piensa responder con otra carta cada uno de los párrafos de la de Emanuel, que consta de otros que la encabezan, entre los cuales él representa a la compañera del tío besándolo, como si libara sus jugos vitales. Pero Ave se aturde y abrevia:
No es prematuro lo que has vacilado decir.
Emanuel desengáñate, yo no soy pura.
2017-04-04
Mi sangre toda vertirla a tus pies
2015-12-30
Frágiles muñecas del olvido
Cuando a la gente que quiere ser mejor se le proponen modelos torpes y valores ilegítimos, el ridículo, la parodia instalan su reino. Cuando el ideal es ser fino y el molde es la cursilería, se acaba doblando el dedo meñique para tomar la taza. Pero esto no me causa gracia. No escribí Boquitas pintadas como una parodia, sino como la historia de gentes de la pequeña burguesía que, como primera generación de argentinos, debía inventarse un estilo.
El beso de sus Boquitas pintadas
2011-03-21
[…] empecé a pensar cuáles eran las madres que estaban en la literatura argentina y que uno podía recordar […]
[…] Recordaba entonces, por ejemplo, la madre de Silvio Astier en El juguete rabioso, que es una figura fortísima porque siempre que quiere escribir, la madre le dice que hay que trabajar, cada vez que Silvio Astier está leyendo, le dice «no sigas leyendo tenés que buscar un trabajo», y entonces la novela es la fuga de la madre, cómo se escapa de esa especie de orden materna de que hay que salir a ganarse la vida. Después está la madre que aparece en La traición de Rita Hayworth, la novela de Manuel Puig. Toto, el chico que anda por ahí en el colegio y está siempre escapando porque todos le quieren pegar, lo maltratan, tiene a su madre que lo lleva al cine. La madre lo lleva al cine y entonces es la madre la que instala esa mitología que va a acompañar a Puig durante toda su obra, y está muy bien contada esa intimidad con la madre, esas tardes en que van al cine del pueblo a ver películas de Hollywood.
Después está la madre de Tomatis, el personaje de Juan José Saer, que es una especie de madre negativa porque está siempre mirando televisión (que en el mundo de Saer es lo peor que puede pasar). La madre está siempre mirando televisión y lo único que le pasa a la madre es que Tomatis —que es el poeta que anda por ahí— le tapa la pantalla, la única relación que tienen es que Tomatis le tapa a la madre el televisor, y entonces la madre le pide que pase rápido.
A raíz de la presentación de Soy un bravo piloto de la nueva China.
2011-01-21
El miércoles me di el gusto de bañarme bajo la lluvia, y en traje de Adán, en la terraza de una casa en Campana.
Hace unas semanas atrás, estaba justamente leyendo en un parque de Campana la parte de Cae la noche tropical acerca del cerro mexicano, el Ajusco, que atrae tormentas increíbles. Luisa, se fija en las noticias de accidentes en los diarios: «...a menudo había un rayo matando a alguien…» Al volver a guarecerme de la lluvia en la casa de Campana, las fatales noticias que daba la tele me impactaron. Hay un dato curioso en la novela en relación a los rayos: los árboles de hojas con reverso blanco, o plateado, atraerían a las descargas, tanto como el miedo humano.
2010-10-20
Puig llevaba una vida austera en Nueva York y daba clases semanales en la universidad de Columbia, como escritor residente. Sin embargo, sufría a menudo pesadillas con grupos comandos que tomaban por asalto el mono ambiente de la calle Charcas, en Buenos Aires.
Se trató del período de escritura de El beso y Maldición. Puig alquilaba en el West Village una réplica del departamento de Buenos Aires. El entorno de amigos y relaciones se apreciaba a sí mismo con encanto camp y sonreía de cara al resto del mundo con ironía kitsch. Puig encajaba en el West Village por su lucidez nostálgica y era admirado por su entorno, a causa de ser un escritor reconocido más allá del círculo de literatura gay. Sin embargo, no tenía ligue a los cuarenta y cinco años, o, no era ya deseado dentro del grupo conformado en su mayoría por jóvenes «hermanas» o «hijas».
Sus padres vivían en Argentina. A partir de 1976, y durante tres años, su madre viajará seguido a Nueva York. Llegaba para la temporada de musicales en Broadway y de ópera en el Metropolitan. Puig reclutaría «niñeras» para que acompañasen a su madre al Theater 80, cuando él prefería ver películas viejas en televisión o en Cinemaphilia, un cine club del que se había vuelto habitué. Veía dos o tres películas por día. Consultaba sistemáticamente los archivos del MoMA.
Entre las películas, hizo una selección de melodromas nazis, que lo pondría a reflexionar acerca de la conjunción entre el esplendor hollywoodense y la ideología hitleriana, un cruce que involucra siempre las relaciones de atracción sexual o amorosa. En otra palabras: observó que las relaciones amorosas y sexuales son dispositivos explícitos donde la incorrección política prevalece. De esta incorrección surgió El beso.
Un día, el grupo camp se sorprendió con un nuevo amigo de Puig: un treintañero, que el escritor había conocido en la pileta a la que iba al mediodía. Sin chispa y algo obeso, los amigos del West no entendían que sacaba Puig con ese tipo. Puig podría haber visto cosas en el nuevo amigo que a él le faltaban. Por un lado, el amigo era un profesional, aunque por el momento se encontraba desempleado. No era un extranjero como Puig, es decir, tenía patria, o, por decirlo mejor, tenía una patria que a pesar de todo lo acogía, la estadounidense. Por su parte, Puig se sentía rechazado. Sus libros integraban listas negras en su país, mientras que en Francia e Italia no eran editados porque sus últimos títulos no conformaban la literatura que se esperaba proviniera de Latinoamérica. Tampoco le iba bien con El beso en Nueva York, que había sido considerada carente de originalidad y pesada, a causa de las citas.
Puig vivía con necesidades económicas. Le preocupaba la edad avanzada de sus padres. Complacía a la madre y la cuidaba o se cuidaban mutuamente. Pero el padre permanecía en Argentina y Puig no se ocupaba mucho.
El tipo de la pileta trabajaba temporalmente cuidando viejos. Puig pactó citas precisas y grabaría las conversaciones. Había empezado a pergeñar las páginas de Maldición, ideadas como la transcripción cruda de esas conversaciones, aunque necesitaba un interlocutor para esa voz, sesgada por las frustraciones y limitada en sus aspiraciones, e imaginará a un viejo invalido que ha perdido la memoria o la conserva en forma de fragmentos. El padre de Puig sería esa voz senil.
El diálogo moldearía definitivamente Maldición eterna, así como también moldeó El beso, dos obras de confrontación para la etapa más crucial, tal vez, en la vida de Puig: los años de Nueva York.
Fuente biográfica: Suzane Jill-Levine, Manuel Puig y la mujer araña.
2010-03-09
Desde el piso doce se divisan claramente los muchos árboles que tiene la ciudad. Distingo unas manzanas (en la veintidós) con tilos. Por la noche se ve el parpadeo de la pequeña Mar del Sur. En el negror, también los focos de algunos autos que asemejan la luz periódica de los faros.
Hoy el plan era Mar del Sur por la tarde. Pero demasiado viento. El cielo sin nubes, así que: lectura de Middlesex en el vivero, donde se estaba bárbaro (acto repetitivo: bomberos nuevamente previniendo sobre la zona «insegura»). La idea para mañana es alquilar bici: ir a Seis Brujas y a conocer el bosque «energético».
Seguramente vuelva al barcito de la semana pasada, así publico esta entrada. Ahora, mucha hambre de pizza a la piedra con roquefort en la veintidós y Mitre. Estoy escuchando a Estrella Morente: Errante en la sombra, te busca y te nombra. Vivir...
Me acuerdo de mis lecturas del Quijote en Gesell.
El Quijote es un libro de largo aliento, también para el lector, el cual no debería cejar en la lectura cuando el libro recién empieza... Cervantes escucha a los lectores de su libro y se da cuenta de los imposibles que presenta el camino que emprendió su héroe; y de tal forma se da cuenta que lo hará volver a su aldea, y lo munirá de un escudero para tener alguien con quién dialogar (ya no dialogará solamente con los libros que lo han enloquecido), e inventará más de un narrador de las historias. Cervantes batalla mucho para hacer gozosa su invención a los lectores. Para que los lectores no interrumpan la lectura.
Es un libro para las noches. En Gesell leía uno o dos capítulos antes de dormir. También leí partes bajo los árboles de la casa del viejo Gesell. Me acuerdo de esa casa y de los billetes del abuelo, o tal vez eran del padre de Gesell, dinero que se depreciaría con el tiempo para que hubiera que gastarlo (respondían a una delirante teoría anticapitalista); también me acuerdo de las paredes «huecas» para contrarrestar los cambios climáticos; las puertas en cada una de las caras de la casa, por si acaso el médano obturaba la salida, el cochecito de bebé de la antigua casa Gesell; las fotos aéreas de los médanos de la futura villa... Volviendo a la novela de Cervantes; es un placer leerla despacio, acostumbrar el oído a esos encantamientos y a esos humores, a todos los monólogos «dialogados». Y el Quijote descubrirá los mares, poco antes del final.
Me vino a la mente una noche gloriosa del año pasado, en Reta. El clima allá es muy áspero, pero esa noche me puse a escribir en un balcón con este mismo ipod. Estaba yo feliz por el sosiego nocturno, la bonanza del clima después de una tormenta y una copa de vino apoyada en la barandilla.
Las calles de Reta son de tierra (o arena). Las playas recuerdan a las de Gesell del pasado. También a las de acá, siempre me refiero a las que están ubicadas antes del Arco o a las de Mar del Sur. Todas estas playas eran en el pasado tan dilatadas como las de Reta en el presente. En verdad, ahora encuentro a las playas de Reta parecidas a las de Cabo Polonio. Si bien no cuentan con un faro, ni con lobos marinos... las playas de Reta presentan una formación natural de médanos como las de Polonio. Los fuertes vientos acumulan arena constantemente y producen desplazamientos de los médanos.
Están animados, casi vivos.
El pueblo más cercano está a treinta kilómetros, un lugar donde yo imaginaba historias aquella noche como las de Manuel Puig. Se accede a las playas de Reta desde ese pueblo por un zigzagueante camino de tosca.
En lo alto de los médanos de Reta, se pueden ver a adolescentes que desafian los vientos y la arena con sus celulares apuntando hacia el pueblo. Seguramente intentando pescar un mensajito. Me acuerdo de mi propia adolescencia, cuando transportaba la fantasía de alguna novia en mis salidas en bici. Me acuerdo cuando hacía aparecer mentalmente a mi amada en las librerías, o en una curva del arroyito, o al caminar de noche por las orilla del mar o simplemente en un almacén. Mi corazón las evoca como el del caballero de la Triste Figura a la bella Dulcinea: solamente un tap en la palma de la mano para hacer surgir todo el amor y toda la locura.

La pequeña bahía de Seis Brujas se parece a como eran en mi niñez las playas de la zona del Arco. Mar abierto, sin escolleras (veo una muy pequeña en la punta norte, para acumular arena en el balneario siguiente, Copacabana). A diferencia de aquellas playas del Arco, hoy inexistentes, Seis Brujas tiene acantilados. Y en los extremos tiene rocas, donde se forman esas peceras naturales, unos micromundos marinos con cangrejos rosados, mejillones negros, algas de colores rojizas y verdes, sensibles anémonas.
Recién, cuando salía del mar —hoy escribo con marcas de sal en la piel— me topé con un pingüino que ingresaba. La poca gente que había en la orilla lo seguía. Lo vi entrar de forma muy pingüinera: se frenó, dio unas pisaditas como reconociendo el estado del mar, avanzó dando dos o tres pisadas y se echó de panza. Se introdujo ayudado por las aletas, hundió la cabeza y no lo vi más. Cuando emergió, ya estaba lejos.
Esta aparición, que parece fabulosa, me trajo a la memoria que a las playas del Arco solían llegar pingüinos. Posiblemente exista una ruta marina y estos que se ven todavía hoy en la playa se hallen seguramente perdidos. Queda la esperanza de que el pingüino de hoy sobreviva, porque, y esto es lo nuevo para mí, lo encontré retornando al mar abierto.
Ahora, un petit descanso en el petit departamento antes de visitar el tan mentado bosque «energético». Hoy es un día increíble.
Las rocas de Piedras Negras, en Mar del Sur, se asemejan a las de la pequeña bahía. Las de Mar del Sur son aludidas en Sobre Héroes y Tumbas.
[...] el campo de las viejas daba al océano, un poco al sur de Miramar [...] / Recostada sobre un lado vi cómo [Marcos] se alejaba. Luego me levanté y corrí hacia el agua. Nadé durante mucho tiempo, sintiendo cómo el agua salada envolvía mi cuerpo desnudo. Cada partícula de mi carne parecía vibrar con el espíritu del mundo. / Durante varios días Marcos desapareció de Piedras Negras.
El concurrido bosque «energético» es un extremo del vivero, como suponía. He andado millones de veces por ahí en épocas en las cuales buscaba playas para bañarme en traje de Adán.
Al fondo del bosquecito hay una encrucijada o un sendero que se bifurca. El de la izquierda es el de todos los laberintos... por eso tiene una estaca amarilla con la cifra 58; muy borgiano el color amarillo, claro. Si se continúa ese sendero: 58, 57, 56... en un rato se llega a la parte «segura» del vivero: museíto a la izquierda, en la hondonada... afuera el carro negro, a la derecha la nueva gruta, fogones, etc. Si se toma el otro sendero, el de la derecha, en diez minutos se llega a aquellas playas del Paraíso Perdido... tras una loma la invasión de cuatro por cuatros y cuatriciclos, donde en mi adolescencia se alcanzaba a divisar sólo el mar. Ya no existen aquellas playas para nadar desnudos... O sí, pero no son éstas.
Al volver (bellas fotos del crepúsculo: mar perlado) una sorpresa: desde la parte prohibida o en peligro de derrumbe, pero atiborrada de pescadores, había cinco nadadores que se arrojaron al mar y nadaron hasta la rambla.
Ya era noche.
Cena: grueso bife de chorizo a la plancha, acompañado con rodajas de zapallitos y berenjenas. Soy feliz acá. Muy feliz de haber vuelto a Miramar (acto repetitivo). Repetición final: un auto rojo que entraba al vivero y sacaba gente, volvía a entrar a los pocos minutos, salía repleto y manejando muy rápido el día de lluvia de la semana pasada: ¡era un remisero!
Paisaje nocturno de la medianoche: gigante frente de tormenta eléctrica en el sur. Muy lejana: no se oyen todavía los truenos.
2010-01-27
Relato policial
Una carta ha sido robada
La verdad tiene estructura de ficción
Realismo
Tensión entre fact y fiction
¿Qué es lo que ha sucedido?, ¿qué es una interpretación?, ¿cuál es la verdad?, ¿qué es un hecho?, ¿quién es el que sabe?, ¿qué verdad tiene el que habla?
Paradigma indiciario o adivinatorio
Serie negra
El autor es un misterio
Noticias policiales
Piquetitos pintados
Ficción paranoica
Un pez en el hielo
Kafka suicida
Una línea invisible e incesante
Publicado por Gustavo López 3 comentarios
Escritores: bioy casares, borges, chesterton, dannay, doyle, dumas, gombrowicz, heany, kafka, lee, lostal, patmore, pavese, piglia, poe, puig, shiel, woolrich, yeats
2009-12-14
...Durante el sueño habían sido sacudidos por los gritos del Suboficial Páez, herido en el jardín por la sirvienta de la casa Antonia Josefa Ramírez, a la que ahora pasaremos a nombrar como la «imputada».
[...constató que el cuerpo ya estaba sin vida, y lo declaró occiso a los efectos de la ley. El enfermero con ayuda del Cabo trasladaron la camilla contenida en la ambulancia hasta el nombrado jardín. Antes de mover el cadáver, el que suscribe debió imponer su autoridad porque el médico forense insistía en levantar el cadáver sin antes permitir al que suscribe tomar todas las precauciones del caso, tales como relevar en suscintas anotaciones la posición del cadáver en el preciso lugar de su caída y también tomar nota del estado en que se encontraban las plantas circundantes, que para el caso eran rosales.
El enfermero Launero, en actitud casi de desacato a la autoridad, dejó caer la camilla sobre el cantero dañando las plantas, pero como ya había sido observado por el que suscribe los rosales que bordeaban el camino a la mano izquierda estaban intactos, antes de la intervención del enfermero, mientras que los de la derecha estaban dañados por la caída del occiso. De eso se deduce que no hubo lucha que se diga, el Suboficial fue atacado de frente pero de sorpresa porque no se explica de otro modo que no haya alcanzado a sacar el revólver de su cartuchera, aunque su mano derecha estaba aferrada al mango del revólver, que por causas fortuitas no pudo alcanzar a desenvainar.]
[...y a esto el Subcomisario que refrenda el presente sumario desea agregar que eso comprueba que la primera herida fue la del abdomen, mientras que la del corazón le fue aplicada cuando ya estaba por tierra...]
[... un corte de cuchilla de cocina de hoja afilada de veintiocho centímetros de largo, que le penetró entre las costillas derecho al corazón, golpe este que una mujer no podría haber dado estando la víctima en posición vertical pero sí en posición horizontal, lo que permitía a la mujer hundir la cuchilla de arriba para abajo en un cuerpo ya para entonces indefenso.]
[...y allí estaba tendida en la cama sin conocimiento. A su vera se hallaba la señorita Sáenz. La imputada estaba vestida solamente con una enagua y su ropa interior, la enagua presentaba restos de manchas de sangre lavadas con agua pero según explicó la señorita Sáenz cuando oyeron los gritos la encontraron a la imputada junto al occiso, de pie, blandiendo el arma y balbuceando. A renglón seguido se desmayó y fue conducida a su lecho por la señorita Sáenz quien para entonces ya contaba con el auxilio de sus señores padres. Colocaron a la imputada en la cama y lavaron sus manchas de sangre con una esponja. Como estaba fría la taparon con las cobijas y procedieron inmediatamente a llamar al Médico y luego a la Policía, después de lo cual...]
Manuel Puig: Boquitas pintadas
2009-01-29
Tendría que estar contenta y no lo estoy, una pena que no es honda pero es pena quiere anidar en mi pecho. ¿Será la luz mortecina de este crepúsculo de domingo? […]El Diario de Esther, tal como se lo conoce, está compuesto por ocho entradas:
Domingo 7
Lunes 8
Martes 9
Miércoles 10
Jueves
Viernes
Sábado
Miércoles
Las últimas tres, Viernes / Sábado / Miércoles, fueron publicadas en TEXTOS DE PRIMERA PLANA. Ocupan prácticamente la totalidad de las seis columnas de las páginas 72 y 73 del número 226 de la revista.
La página 72 está ilustrada con el retrato de Puig, hecho por el ilustrador Hermenegildo Sábat, e incluye una presentación que dice así:
DIARIO DE ESTHER: 1947
En 1966, los jurados del Premio Biblioteca Breve —que concede la editorial española Seix Barral— revelaron a un novelista argentino sin ningún antecedente: Juan Manuel Puig, de 34 años. Su libro La traición de Rita Hayworth, seleccionado para la final, describía la historia íntima de una familia provinciana, enajenada por el cine, a través de diarios, del monólogo infantil de Toto y de viejas cartas. Ningún texto de Puig se había difundido hasta ahora en la Argentina. Primera Plana reproduce aquí un fragmento del capítulo 12, con autorización expresa del autor. La traición de Rita Hayworth será publicada este año, por la editorial Joaquín Mortiz.
Abajo, las cinco entradas omitidas del largo capítulo.
Capítulo XII
Diario de Esther, 1947
Ya cayó la noche en mi suburbio, así como en la esquina más aristocrática de la urbe porteña, para todos se ha puesto el sol, uno de tantos consuelos del pobre. Al libro de Geometría ni siquiera lo abrí, antes de la cena podría estudiar, Esther... Esther... no te comprendo, tenés una hermana buena que antes del cine ya dejó preparada la cena, tu sobrinito es un ángel que no te da trabajo, pobrecito, si me pudiera recibir pronto de médica lo primero que le compraba era la bicicleta, entre que termino el bachillerato y siete años de facultad... pobre pibe. Sentadito en la vereda, mientras el chico de al lado da cuatro vueltas a la manzana porque tiene bicicleta. Cada cuatro vueltas se la presta una. Qué le va a hacer... si nació pobre, ¿y la tía tuvo acaso bicicleta?, nos tocó a nosotros no tenerla, pero se va a cortar la racha, Dardito, tu tía tuvo una dicha inmensa, Dios la señaló entre todos los chicos de su escuela, una populosa escuela de nuestro arrabal bordado de yuyos. Soltaría el lápiz y te llevaría hasta allá, si agarramos por el medio del baldío (¿sabes una cosa?, con vos no tengo miedo, sos un hombrecito), pisando por el estrecho sendero, esquivando las ortigas, después que saltemos la tranquera enfrente nomás podes pasar entre el alambre de púa y cruzar las vías del ferrocarril y delante de la estación está la escuela, forja de los hombres del mañana. «Una humilde niña de nuestro partido escolar, ejemplo de aplicación al estudio, compañerismo, aseo personal y asistencia, en un año de tantas lluvias y tormentas como este, no faltó un solo día a clase: la niña Esther Castagno es la ganadora de la nueva beca ofrecida por el Colegio Incorporado George Washington, de la vecina localidad de Merlo»: la directora entró en el aula de sexto grado y anunció la ganadora de la beca. Para un ilustre colegio de ricos. Pero mis hijos van a tener bicicleta, aunque nosotros no la hayamos tenido. ¿Y acaso qué? ¿Acaso fui al centro hoy domingo? Vine a tu casa, Dardito, a pasar el día, para cambiar un poco de aire... a cinco cuadras de casa. Y pasamos bien el día, aunque nos hayamos quedado solitos, tu mamá se fue a pasar toda la tarde al cine y tu papá atendió a sus deberes concurriendo al comité. Pícaro, si no hubiese sido por ti yo lo habría acompañado ¿pero cómo te iba a dejar solo?
Laurita y Graciela son ricas, claro que habrán ido al centro, como se lo tenían preparado, al cine de las tres y media, y nada de ver un programa de tres películas, o ni siquiera de dos, ¡no!, una sola, de estreno, bien cara, termina a las cinco menos cuarto y así tienen tiempo de ir a gastar más, como si fuera poco, a tomar café con leche con panqueques norteamericanos de dulce de leche. Dice Casals: «no es un panqueque arrollado como lo hacen en mi casa, y finito: es chato, redondo y grueso sin arrollar, y en el medio te sirven como un kilo de dulce de leche que vos vas repartiendo con el cuchillo por todo el panqueque, ¿y qué, ahí terminó todo?, no mocosas mejor que se aprendieran a limpiar el traste que a lo mejor todavía no saben, bueno, no, a eso de las cinco y media o seis se van a escuchar la jazz «Santa Anita» al Adlon ¡Adlon, Adlon, Adlon!, ¿qué es ese bendito Adlon? Dice Casals: «es la confitería donde van todas las chicas y todos los muchachos, y ahí se sientan juntos y toman copetines de todos los colores: el "Primavera" es jugo de frutillas con un alcohol fuerte». ¿Y dónde está el famoso Adlon que pasé por la calle de todos los negocios de lujo que me dijo Casals y no lo pude encontrar? Él me explicó lo siguiente: «Frente a esa joyería grande, no del lado de los candelabros de plata bien en frente de donde están las pulseras, anillos y todo lo de oro, y al fondo de esas vidrieras de pieles está la puerta de Adlon.» Pero yo no hubo caso de que la encontrara. También mi hermana a qué tenía tanto apuro con sus sábanas, que lo mismo íbamos a llegar a tiempo a la liquidación. Vendían a precios regalados sábanas blancas con una guarda celeste bordada en las fundas y otra guarda celeste en la sábana de arriba, y nada más, eso era todo, ¿pero para qué se necesita más?
Lunes 8 — ¡Yo sabía! Algo me anunciaba esto por algo la mano del destino me atenazaba ayer, para ahogarme casi, mano que no es mano porque es garra. ¿Se va nuestro director? ¿porque está enfermo? ¿es cierto o no? ¿qué infamia hay detrás de todo esto? En el silencio de la prueba escrita no sé cómo pude ahogar ese grito que arrancaba de lo más hondo de mis entrañas, allá donde un vigía está siempre alerta: mi agradecimiento.
Yo hubiera gritado «¡queremos a nuestro director! ¡no queremos que se vaya!» y si acaso hubiese yo podido conmover a esos niños, que otra cosa no son, esos niños inconscientes, que osaron alegrarse porque nuestro director podía ser destituido, y todo porque un día les habrá colocado alguna amonestación que otra.
Pero quien todo le debe todo haría por él. Un día un viejo maestro de ilustre carrera estampó su firma en una circular, notificando que la ganadora de la beca anual era una humilde niña de una escuela de barrio, hija de obreros, depositó su confianza en alguien a quien no conocía, poniendo así en peligro una brillante trayectoria en el magisterio, porque yo podría haber sido una mancha en el legajo de su vida. Una beca para primer año, que será renovada para segundo (y lo fue) si la alumna lo merece, y para tercero, y así año tras año, hasta que la niña deje de ser tal, pues ese día será bachiller.
Iba a contárselo a mamá pero el corazón me subió a la garganta y no pude, para qué preocuparla, ella revolvía la leche en la cacerolita nada más que para mí (¿no soy una holgazana sin perdón?) como la había revuelto apenas un rato antes para el resto de la cría. Mamá déjame de nata, ¡no quiero la leche con nata! Me guarda la nata, se cree que me gusta, y que la necesito más que nadie porque soy la que estudia, ¡pero no me gusta!, a nadie le gusta. En casa de Laurita la tiran. Es ordinaria y fea la nata ¿te crees que si la tiras vamos a ser más pobres todavía? ¿te crees qué? ay, mi hermana a lo mejor comprendía todo mi tormento, o tal vez no, pero mis estudios peligran, a alguien necesito contarle, y total quedarme toda la tarde en estas cuatro paredes para ni abrir el libro, y ahora ya es tarde, tarde, mi mamá me mata si ve que tomo frío a sacarme el camisón y vuelta a vestirme. Si alguien me acompañara todavía, pero de vuelta el Dardito me puede acompañar, pero ya debe estar frito durmiendo. Total él de vuelta se corre las cinco cuadras en un santiamén, esas patitas de conejo.
Y no estudié y no se lo conté a mi hermana, ¿y si este año no me renuevan la beca qué hago? Yo no comprendo nada, ¿por qué 5 en Zoología, 4 en Matemáticas y 5 en Historia? ¡porque la señorita no estudia!, abre su libro de texto, se encierra, hace apagar la radio a su pobre padre, ...y en el silencio con olor a puchero que hierve pacientemente hora tras hora los ojos recorren los renglones de la lección del día, mientras la mente emprende su propio viaje. Es el viaje sin meta y sin premio de una chiquilina más.
¡Qué tonta es Graciela! Se cree que me voy a creer todo lo que me cuenta, y si no sonaba el timbre del recreo ella seguía. Mañana quedó que en Música se sienta conmigo y me cuenta todo. Graciela y sus cuentos, no le di mucha bolilla y saliéndose del renglón en que estaba tomando el apunte dibuja una flecha que apunta a un cuadradito y en el cuadrado lo cierra y escribe «tengo una cosa que contarte», y ya sé, lo que tiene que contarme tiene pantalones, y el resto también lo sé, que «está loco por mí pero a mí me gusta más o menos». Sí, porque el padre tiene plata en el Banco ya se cree que la quieren todos. Se cree todo lo que le dicen. Ahora le pasó la locura por Adhemar, comprendo que guste a todas, con esas pestañas y ojos tan negros y el pelo rubio como un maizal, y ante todo no es un chiquitín, está en tercer año pero es tan serio como uno de 5°, pero... estoy casi segura de que Graciela ahora piensa en alguien cuyo nombre empieza con «H». Mejor dicho, Graciela y yo pensamos en esa «H». Esa mirada triste que busca una superficie queda donde apoyar una lágrima, su pecho es una fragua templada por el fuego del sufrimiento pero de ella brota y se escurre un diamante, una lágrima acrisolada e hirviente, una lágrima de hombre. Ha mucho que él perdió a su madre. En cambio Adhemar no creo que haya llorado jamás, dulce y educado tal vez porque su vida es sólo un panal, un castillo de miel, y si un día esas paredes se desploman me lo veo llorando como un niño sin atinar a nada; otra cosa muy distinta es la lágrima de un hombre.
Raro que «H» le guste a Graciela, pero a ella le basta con variar. Pobre hueca. Pero le vi el corazón, y allí tampoco tiene nada: «¿así que lo piantan al pelado?», fue su comentario ante el drama de un viejo maestro. Pobre mi director querido.
Mi cuñado apenas si me saludó hoy, ¿se habrá ofendido porque no no fui a la reunión del comité como prometí? Total el diputado por Matanzas iba a hablar y a último momento no fue.
¿Hace cuánto que yo no voy?... Bueno, desde el verano que no voy.
Martes 9 — Casals me salvó, pasó en Castellano y estuvo toda la hora casi en el frente, no se le terminaba la cuerda, que si no hoy seguro la Chancha me tomaba lección. Esther... ¿qué pasa... qué pasa??!! reacciona, desdichada, sabiendo muy bien que hoy era casi seguro que me tocaba a mí, con la beca en peligro, con mis sueños apilados, un palacio de barajas a merced del huracán de la desdicha. Papá se cree que estoy haciendo los deberes, y no se anima a prender la radio, en el dormitorio me muero de frío si me pongo quieta a escribir ¿esta cocina a leña nos une más que el amor familiar? y nadie pone la radio para que yo haga los deberes ¿y quién soy yo? la que estudia, la inteligente ¡la que no estudia!, un cuervo se les ha entrado en la casa no se han dado cuenta, todos en silencio, ¡y ya es más de las 10! ay mi padre, mi pobre padre, perdió el noticioso de las 10 ¡por mí!, con el brazo tronchado sujeta el diario y con la mano izquierda le da vuelta la página. Ahora que los pobres tenemos nuestro diario, sus múltiples páginas la expresión de nuestro líder, en una palabra encerrado el corazón de un pueblo... ¡Perón!, en un año que eres presidente no caben en las páginas de cada día de todos los meses de este año de periódicos las cosas que has hecho por nosotros... y sin embargo caben en tu corazón ¡juguetes para tus niños! todos los niños desvalidos del territorio nacional, ¡leyes para tus obreros! que no han de ser ya humillados, ¡auxilios para los cargados de años y los cargados de penurias! mi pobre padre, y su universo pequeño, de casa a la fábrica y de la fábrica a casa y un partido de barajas el sábado a la noche frente a una grapa: mi padre es un hombre de verdad y una grapa no pone más que un chispa en sus ojos, que un día aciago fueran transidos por el dolor...
Había una vez una inmensa fábrica y allí un capataz, el mejor que jamás hubiera. Sus manos manejaban las herramientas más pesadas y difíciles, pero él las doblegaba a su voluntad y reparaba una y todas las maquinarias del establecimiento, la inmensa forja de la que salen millones de metros de tela por día. Uno de esos días en que la producción de infinitos metros y yardas (también infinita es la perfidia del destino) se apilaba como de costumbre gracias a los esfuerzos de mi padre y su ojo alerta que no dejaba flaquear uno solo de esos herrajes... en un momento... tal vez absorbido por un algo que vio y le pareció funcionar mal, dejó por última vez reposar su mano derecha sobre el rollo asesino que se la tronchó, el rollo de las telas engomadas, el rollo que enamorado de esa mano fuerte se la llevó para siempre. Es una simple manija la que abre y cierra la puerta del ascensor, y mi padre ahora con su mano izquierda cierra y abre infinitas veces al día las rejas plegadizas del ascensor de la fábrica... «el Dardito lo podría hacer, con ocho años que tiene»... dice sonriendo mi padre, él que otrora dominara todo un ejército endiablado de pistones, tornos, tuercas, clavos, cremalleras organizadas en ejército de la industria, por el derrotero del progreso. Y vi que eran las 10 y no me di cuenta de decirle que prendiera la radio, y él se quedó callado, para que yo terminara mis deberes, los deberes que no hice. ¡Castígame, Dios mío! porque dentro mía anida un cuervo y ha caído la noche en mi alma, teñida por el negro de sus plumas.
Casals dice que estando pupilo lo mejor es estudiar para que se le pase más rápido el tiempo. Viendo pasar a Graciela me preguntó «¿quién te gusta más, mi primo o Adhemar?», y por eso antes de que Graciela me lo dijera ya confirmé yo de quién eran los pantalones de que ayer ella me empezó a hablar. Si sabe me mata. El sábado del campeonato intercolegial, «H» estaba sentado al lado mío, entre yo y Casals. De «H» sé que le gusta más ver un partido de fútbol que ese partido de volley perdido vergonzosamente por nuestro equipo representante, sé que va con Casals todos los domingos a una matinée de cine.
El primo de Casals, que se llama Héctor, la hache no se pronuncia, sabemos que está ahí esa pequeña letra, y nada más.
Hay en mí algo hoy, también, que no se pronuncia, pero está allí. Tal vez sea mejor no encontrarle un sonido. Callemos. Ese coche que pasa en este momento por mi vereda y agita las aguas del charco ya se va alejando, ya no lo oigo, ya no ha dejado más que un hueco en mis oídos, pertenece al pasado, un pasado en que se encuentra con una algarabía de voces juveniles vitoreando a un equipo de volley perdedor, y él no vitorea a nadie, lo sé ¡cuánto más le hubiese gustado un partido de fútbol! y su silencio, su voz que no vitorea, también dejó un hueco en mis oídos. Héctor, tienes una extraña sombra en la mirada ¿y eres silencioso como la primera letra de tu nombre? casi no me dirigiste la palabra, claro, pensaste que era una nena, con mis zapatos sin taco y mis zoquetes blancos, ¡qué ridícula me habrás encontrado!
Toda una grandota de catorce años vestida de nena, sí, y con soltarme las trenzas creí que estaba hermosa, la pavota, este pelacho suelto, parezco una india, eso es lo que parezco, y mi hermana qué se cree, estúpida, y se piensa que le voy a tener que estar agradecida toda la vida porque me mandó a comprar cincuenta centímetros de cinta nueva, ¡con quince centavos ¿qué se creyó? ¿que iba a quedar la mejor de todas? ¿no sabe lo que gastan esas mocosas en vestir? no se imagina siquiera esa ignorante que hay gente que para un vestido a la niña de la casa se gastan lo que nosotros gastamos para mantener la familia todo un mes. Todas tienen tacos bien altos, peinados de señorita y pollera ajustada. Mientras que yo por esa porquería de cinta de la que salta toda esta mata de pelo duro le tengo que andar diciendo gracias hasta el año que viene...
Cuando doblé por el pasillo para salir del gimnasio, Héctor estaba prendiendo un cigarrillo, callado, ¡él es tan grande, se aburrirá entre nosotras mocosas! Tiene diecinueve años, y miraba pensativo la vitrina con las copas de los campeonatos. Héctor, quiero cambiarte el nombre... Alberto, o Amadeo, o Adrián, o Adolfo, ¿no te das cuenta por qué, porque así tu nombre va a empezar con «a», como alegría...
Miércoles 10 — ¿Dios tuvo oídos para mí? Nuestro director ayer presentó la renuncia pero no se la aceptaron ¿por qué se habrá visto obligado a dar ese paso? ¿estaré salvada? ¿y qué hice yo por él en estas circunstancias aciagas? pero calla, Esther, calla de una vez ¿quién eres tú para ayudar a tu director? Calla y ruega, ya que «el silencio de la plegaria es la música preferida de Dios» como dijo alguien que sabía más que yo. ¿Rezará Héctor por las noches? ¿me habrías creído, Esther, si ayer te hubiese dicho que... el DOMINGO esa y otras preguntas le podrás hacer a Héctor? ¡Casals, bendito sea Casals!
Le dije yo: «Casals, ayer a la tarde le tuve que ir a retirar los papeles del Ministerio de Trabajo y Previsión a mi papá que sabés que dan subsidio a los mutilados, y fui de paso por la calle de Adlon y no lo pude encontrar, para mí que me explicaste mal», y no recuerdo exactamente la conversación cómo siguió, pero bueno... ¿será cierto? ¿es Dios una centella? ¡qué cosa de decir! ¿y cómo me atrevo a sacar a colación esa tontería? Y bien, fue el verano pasado: venía yo de lo de mi hermana y quien mucho necesita de Dios eleva siempre su mirada al cielo, un cielo azul mar de tardecita calurosa, y por la vereda adornada de alguna pareja y una que otra comadre que sale a tomar el fresco mirando a lo alto vi una centella... ¡un deseo! ¡pronto! ¡hay que pedirle a la centella un deseo! pero me avergüenzo de sólo recordarlo, y no sé si me animaré a contarlo en estas cuartillas. Pude pedir más salud para mi madre... pude pedir la confirmación de mi beca... pude pedir más aún: que mis estudios puedan continuar hasta recibirme de médica... pude pedir ¿por qué no? una bicicleta para el Dardito... o la lotería, para todos olvidarnos de estrecheces y pagarle servicio doméstico a mi madre... ¿y qué fue lo que pedí? tan sólo se me ocurrió (en ese instante que me desnudó ante mí misma) lo que podría haber pedido Graciela, o tal vez también Laurita: cuatro letras me subieron a la garganta, me embriagaron cuatro letras como un trago de la grapa más fuerte, y una chiquilina más... pedí Amor.
Bueno, la cuestión es que ayer, a la hora en que el sol estaba en el cenit de un cielo casi blanco de luz, apenas terminamos el almuerzo llegó Casals a la mesa pero ya Laurita se había levantado y se sentó al lado mío y fuimos al parque hasta que sonó el timbre de vuelta a clase. El pasto todavía estaba mojado y hay mucho barro todavía pero por fin pudimos caminar un poco al sol y aprovechar nuestro inmenso parque después de tantos días de lluvia.
Casals entonces (ni que yo se lo hubiera pedido), empezó a hablarme de Graciela, y que Laurita antes hablaba mal de Graciela pero ahora la defiende y que Graciela es una porquería. Así se expresó Casals: «Graciela, sabés Esther, estábamos el domingo con mi prima en la Cabaña Canadiense comiendo panqueques después del cine y pasó por la mesa con esa amiga que vino con ella para el partido intercolegial, esa nariz ganchuda y se pusieron a hablar ahí paradas al lado de la mesa y mi primo les dijo que se sentaran y yo lo hubiese matado que se sentaron y pidieron también panqueques y tuvo que pagar mi primo con la plata mía para Adlon» ¡y Casals se quedó sin Adlon! y a esas dos asquerosas le dijo que había visto el estreno de Ginger Rogers y según las palabras de Casals: me dicen que es vieja Ginger Rogers, que no les gusta y me miraron con una cara como diciendo que yo era un tarado y le preguntaron a mi primo si le había gustado la película ¡y el idiota les dice que no! y yo creí que le había gustado y ellas le preguntan si yo había elegido el programa y él les dice que sí, que yo siempre elijo y ellas le dijeron «pobre, qué paciencia ¡mira qué inmundas!» y para colmo llovía y qué iban a hacer hasta la hora de volver al colegio si no tenían plata para Adlon y no podían ir a caminar por el centro porque llovía y se tuvieron que quedar ahí en esa mesa, y decía Casals «¡qué domingo! y Laurita dice que Adlon estuvo fenómeno, llegó el Charrúa con las de Kraler, la de quinto y la de tercero también». «Nunca hablé con las de Kraler ¿vos hablaste con ellas alguna vez? el padre es dueño de casi la mitad de Río Negro, es alemán. La más grande es la más linda ¿no te parece a vos? y la orquesta dice Laurita que tocó el "Boogie de los lustrabotas" y la de Kraler sabía toda la letra en inglés y cantó despacito en la mesa y la otra de Kraler dice Laurita qué toca la batería con las cucharitas de la mesa y los vasos y las tazas y todas las mesas los miraban que ellos eran los que se divertían más.»
Me contaba el pobre chico: «Héctor nos dejó en la estación y en el tren si te digo que la nariguda compró chocolate y le pedí un pedacito y me dijo que me comprara y yo le dije que la había invitado con el panqueque o si ya se había olvidado y entonces me dio la mitad y me dijo que yo era muy chico para salir con ellas» ¡y tiene catorce años igual que yo y que él! Casals me hizo sentir avergonzada cuando agregó «yo sé que a casi todas ustedes les gustan los de 5° ¿pero no te parece que son grandes para ustedes? tienen diecisiete o dieciocho años».
Y fue entonces que me animé, en la vida se necesita coraje, bien dicen que sin coraje no hay guerra, y le dije que me moría de ganas de conocer a Adlon, y recién entonces se le ocurrió decirme por fin dónde está Adlon, en frente de la joyería y al lado de pieles «Fantasio»... pero en el primer piso, y la entrada está al fondo de la galería y por más que pase por la vereda no se ve la entrada, y habrá que mirar arriba para ver las ventanas de donde sale la música, dice Casals, cuando toca la orquesta Y... «¿por qué no venís un domingo con nosotros?», y Esther azorada «¿adonde?» y respondió «al cine a la matinée, y después basta que me des para pagarte el panqueque y dos pesos más para una naranjada en Adlon, nos sentamos en la mesa con Laurita y así mi primo habla con ella por primera vez». Y le pregunté qué es lo que hacen los muchachos y las chicas los domingos desde que se encuentran hasta que se separan. Y dijo así: «Se encuentran en el cine y están toda la película con la mano agarrada, después van a comer algo al bar lácteo y después a Adlon donde tocan la música especial para parejas. Y en la mesa se dicen que se quieren, hablan de la película que vieron y planean qué película van a ver el domingo siguiente y lo mejor de todo es si en la semana hay un feriado así no tienen que esperar una semana y la hora se acerca de acompañar el muchacho a la chica al colegio y en esas cuadras oscuras se besan y se aprietan.» E inquirí: «¿es eso lo que te cuenta Héctor?» pero vi pasar como una sombra por su rostro y continuó con lo siguiente: «Adhemar cuando salía con la más chica de Kraler el año pasado, como ella también está pupila él la acompañaba hasta la verja del pabellón de chicas y desde ahí los espía la vieja celadora de las chicas, que es tan buena, y la Kraler no toma alcohol porque es protestante pero Adhemar en Adlon tomaba un "Manhattan", mezcla de whisky no sé qué más y me parece que con eso se le iba la timidez y le decía a la de Kraler lo que todos los pupilos sabíamos». E inquirí sobre lo que todos los pupilos sabían. A lo que respondió: «yo le pregunté a Adhemar si la quería a la Kraler y me contestó que "una piba así merece que la quieran para toda la vida". Quién sabe por qué se habrán peleado...» Y Esther taimada le dice a Casals «a vos la que te gusta es la de nariz ganchuda y no lo querés decir, claro, porque es más linda que Laurita, que creí que era la que te gustaba». Y respondió Casals con voz que le salía del cofre de sus sueños: «Laurita es la mejor».
Pero a ella le gusta el Charrúa que tiene veinte años. Y me preguntó Casals: «¿no le gusta Adhemar? el Charrúa es un salvaje de la selva», a lo que añadí: «Pero si Laurita te gusta a vos, por qué le querés hacer gancho con tu primo?» «Mi primo tiene cuatrocientas novias, qué le importa a él de Laurita, pero lo mejor es hacerse de la barra de las de Kraler y Laurita y todos. Y esto es secreto: el año que viene mi primo no está porque le toca el servicio militar, y yo ya quedo adentro de la barra.»
Pobre chico, se hace ilusiones, y se lo dije, por qué no buscaba una más chica, una del primario, y me respondió: «Con una de esas no se puede hablar de nada, son muy chicas.» Y de buenas a primeras me cortó la respiración: «Voy a hablar por teléfono a mi primo a ver si este domingo vamos al cine o si él me viene a buscar a la salida después del partido de River, porque ahora ya me deja tomar el colectivo solo al centro, sabes, si querés venir entonces yo le hablo y le digo.» Sí, sí sí, se oyó exclamar a una tonta colegiala, su corazón, cual niño que gatea y de repente se larga a caminar, hoy se aventuró a dar un primer paso.
Nunca lo olvidaré, Casals me llevó hasta Secretaría a telefonearle al primo y yo quería escuchar lo que decía y justo me viene la empleada con la noticia de que el director se queda y no me dejó oír una palabra de lo que decía Casals por teléfono. Qué bueno es.
El domingo…, el domingo, Esther, es tu primera cita con la vida, al mismo tiempo que Laurita a la una del mediodía come apurada su almuerzo de domingo en su vasto chalet de rojas tejas, ¿y Graciela? me la imagino muy bien, consentida en todo por sus padres, se desata los rulos en la mesa, mientras picotea un delicado postre de cocina, en el suntuoso comedor de su departamento frente a la aterciopelada Plaza Francia; pero tanto una como la otra como la otra (¡esa tercera soy yo!), sólo obramos en pos de un sueño, un sueño romántico.
Cita a las tres en el majestuoso jol del cine más lujoso de Buenos Aires, un palacio de las mil y una noches, donde se proyecta la película que eligió Casals. Y como si no bastara con el sueño que llevo en mi alma —y que henchida me empuja como un huracán de popa— otro sueño se proyecta en la pantalla, otro sueño de otra u otro que como yo... se apresta a amar, ama, o recuerda haber amado. Lágrimas, sonrisas para la heroína, o para mí misma en ella retratada, y sobre la palabra fin las luces de la sala vuelven a iluminarse. Casals está junto a mí ¿te gustó la película, Casals? lo que esperaste toda la semana mientras pasabas hoja a hoja las lecciones a estudiar, y ahora a salir de este mundo de gente, una oleada de público se vuelca a las calles del centro de la gran urbe, cuyas luces (azules y rojas son más que nada las luces de mi ciudad) se van dibujando cada vez más claras sobre un cielo azul cada vez más oscuro, sobre una taffeta azul tornasolada (el cielo de Buenos Aires) lucen joyas (sus incandescentes letreros), que son pedrería prendida a la taffeta que prendida a mi carne no me deja olvidar que es día de fiesta.
Y llegó la hora de los panqueques en la Cabaña Canadiense, «todo llega en la vida» dice mi madre, y llega un mozo con casaca ribeteada de amarillo y blanco con dos panqueques a la americana y dos tazas humeantes de café con leche. Y mientras se va acercando la hora, porque Casals calcula que a las seis y cuarto ya podrá llegar ¿quién? ¡Héctor! ¿quién otro va a ser? porque ni bien terminó el partido de su equipo favorito se largó a las calles, tomó el colectivo como una exhalación y ya está en la pensión bañándose y todavía el pelo corto (¿y un poco de carpincho?) no se le ha terminado de secar que aparece en el cálido recinto de la Cabaña Canadiense. A las seis y algo es de noche cerrada ¿y dónde está el sol? pero los rayos tibios de la corta tarde que perdimos escondidos en la penumbra de un cine... si yo estiro la mano y acaricio la mejilla de Héctor estoy todavía a tiempo de tocarlos, oh tibios rayos, ya que el astro rey dejó su encendido color en toda la muchachada encaramada en las tribunas.
Y todo llega en la vida, llega también el momento de preguntarle todo lo que se me ocurre, de qué equipo es, qué jugador le gusta más, si piensa seguir estudiando, y sus ideas políticas para ver si en su corazón hay un lugar para los pobres, todo se lo puedo preguntar, tenía razón mamá que la vida es mía, y mi hermana que dice «no te cases joven, no te cases joven» porque la juventud manda y ya llegarán las obligaciones y las responsabilidades, pero ahora es la hora de divertirse, de vivir y dar alas a los sueños que anidan en nuestro corazón, es tu hora Esther, porque después de una animada charla iremos a caminar por las veredas del centro (una vía láctea desmembrada en prolijo cuadriculado: el centro de mi ciudad) e imantados por un polo poco tardaremos en subir las escaleras por donde ya se empieza a escuchar la síncopa electrizada de una orquesta de jazz, y bajo las ultramodernas lámparas difusas de Adlon, recortándose en el aire satinado, luciendo sus mejores galas está la juventud triunfadora del Colegio Incorporado «George Washington» y Casals hace su maniobra y al sentarnos a mí me pone al lado de Héctor, y la orquesta ataca un cadencioso fox y a lo mejor Héctor se quiere cambiar de asiento y sentarse al lado de otra ¿cómo puede una pobre niña inexperta saber lo que una dama habría de hacer en esas circunstancias? ¿pero es posible Dios mío lo que estoy sintiendo?... ¿basta tan sólo esto para barrer con mis dudas —telarañas del alma— tan fácilmente?... sí, ya todo es verdad, ya nada es feo, falso, triste o malo en el mundo, porque... bueno, es tan simple... es que Héctor me ha tomado la mano debajo de la mesa, y me la estrecha, y nuestros corazones laten al compás de un fox, y Esther ¿qué más puedes pedir? ya nada más hay que pedir, porque en este mundo a la vuelta de cada esquina florecen un rosal y una pareja, y no hay nada más que pedir, sólo una cosa, sí, por favor, una cosa... que los relojes se detengan y el tiempo muera por siempre, cuando sea domingo.
Jueves — La felicidad... eres mujer, y por lo tanto esquiva ¿y también mentirosa? ¿prometes y no cumples? Empecemos porque mamá no me quiere dejar, y sigamos porque mi hermana de una vez por todas reveló lo que es: una pobre orillera, la detesto. Con el tapado mostaza, que ella se cree que es lo más fino que hay y vienen ganas de darle limosna, y semejante grandota con un hijo de ocho años se quiere venir a sentar entre nosotros en Adlon. Es ella la que nunca oyó decir que una chica de catorce años puede salir sola con sus compañeros, ella solamente porque es una pobre diabla que nunca salió de este barrio de mala muerte. Y cuando se saca el tapado se cree que va a quedar muy linda con ese traje de saco que ya se le está destiñendo el teñido que era lo único que lo salvaba de esas rayas amarillas y rojas, pero se ve que está teñido, la anilina se nota porque la tela está como quemada.
Tal cual una nena de cinco años ahí con mi hermana para que no me pierda. Antes de ir con ella me mato. Y mi cuñado qué envidioso, eso es lo que es, me dice que por qué no le llevo «la barrita pituca» al comité, así les canta cuatro frescas... Un domingo quiere él que la juventud se vaya a encerrar a un comité, y se lo dije, y me contesta: «A las pendejas esas llévalas al comité, vas a ver cómo las hacemos divertir los muchachos». Mientras viva no olvidaré su grosería.
Y Casals hoy viene y me dice si yo me iba a dejar acompañar hasta casa por Héctor, y miraba para otro lado como para aguantar la risa. Además agregó: «¿Tu cuadra es muy oscura? pero no vas a tener miedo, porque él te tiene abrazada y te defiende ¿no?», ¿qué querés decir? «nada, mi primo ya te va a decir lo demás, vas a aprender mucho con él». Yo no pude aguantarme y le di un terrible pellizcón en el brazo, y Casals me agarró de una trenza y me dice dándome tirones como jugando pero medio me dolían: «no seas tonta ¿no se puede bromear con vos? mi primo y yo te vamos a acompañar, así que delante mío no puede pasar nada, ¡a no ser que me hagan esperar en la esquina!», y se reía. Yo le dije: «eso es lo que querrías hacer vos con Laurita», y el mocoso pretencioso me contestó: «si yo fuera Adhemar tendría que elegir entre la de Kraler y Laurita».
En casa yo tendría que haber dicho que era una fiesta del colegio, cualquier macana pero que se hacía en el centro en vez de en el colegio. Una fiesta para celebrar la confirmación de nuestro director en su puesto, que bien merecería una fiestecita mi buen director. Pero preferí decir la verdad, yo creo que antes de entrar a Adlon con mi hermana prefiero la muerte, que me pise un auto al cruzar las diagonales del centro, aunque los autos tendrían que pisarla a ella, sí, que pise una cáscara de banana de esas que a lo mejor se lleva en la cartera para comer en el subterráneo, es capaz de eso con tal de llenarse el buche a toda hora. Yo me sé aguantar el hambre si me viene, si no tengo dinero para entrar a un bar paciencia, pero no voy a poner en la cartera un pedazo de queso como ella el día de las bananas.
Bueno, he llegado al final de este cuaderno, y, por falta de más renglones, el final de este barato cuaderno de almacén (con alguna que otra gota de grasa), coincidirá con el final de un día que no le va en zaga, quiero decir que también mi día está manchado.
[…]
2009-01-21
RETRATO DEL NOVELISTA DESCONOCIDO
La improvisación repetida. Rita traiciona otra vez.
Primera Plana (Buenos Aires),
N° 226 (25 de abril de 1967), 66-67
[…] Una nota de Mary McCarthy en Encounter […] lo envió [a Manuel Puig] a las páginas de Ivy Compton-Burnett. «Para mi gran sorpresa… descubrí que mis diálogos de incógnito ya habían sido hechos hace 20 años: y pensar que creía haber inventado algo nuevo», informó [Manuel Puig a Emir Rodríguez Monegal, 11 de abril de 1967] con esquinado humor.
Referencia a lo expresado al tope de la tercera columna, p. 66
[…] Se eligió Diario de Esther: 1947 para la revista porque, como Borrini [corresponsal de Primera Plana en Nueva York] le explicó a Manuel, era el único capítulo «que tu padre podría leer sin ningún problema». […] Como le escribió Manuel a Emir, «supongo que una nota en Primera Plana te pone en órbita enseguida». Pero los extractos del Diario de Esther podían ser entendidos como «demasiado cercanos a lo real», advertía Emir […] Sin el comienzo sentimental ( Domingo 7 Tendría que estar contenta y no lo estoy, una pena que no es honda pero es pena quiere anidar en mi pecho. ¿Será la luz mortecina de este crepúsculo de domingo?) donde como Manuel lo expresó: «al faltar el principio del capítulo (donde yo cargo más las tintas para hacer entrar al lector en el juego) parece que el cursi es el autor y no el personaje». Tal como apareció en Primera Plana el extracto invitaba a lecturas altaneras y erróneas y rechazos hoscos, como [el ácido comentario de Juan Carlos Onetti:] «Sé cómo hablan los personajes de Puig; lo que no sé es cómo escribe».
Referencia a «una aventura del lenguaje (ver páginas 72/73)» en la segunda columna, ocho líneas debajo del subtítulo, p. 66
Manuel Puig y la mujer araña, de Suzanne Jill-Levine.
Seix Barral Los Tres Mundos Biografía
2008-09-18
Tengo conmigo unos libros que fueron de Paulino. Los traje hace una semana y los conservé dos o tres días como estaban, es decir, atados. No es simple ahora encontrarles un lugar en la biblioteca. Están por el momento apilados en un escritorio.
Entre los libros hay uno que le había regalado a mediados de los ochenta, tal vez haya sido el primero y creo que se lo regalé para un cumpleaños: Sexo y traición en Roberto Arlt (1982), de Oscar Masotta. Extrañamente no hay dedicatoria, sin embargo el año pasado charlamos sobre ese libro. Fue el día que fuimos a El rufián melancólico en busca del número 226 de la revista Primera Plana, aquel ejemplar que incluía una entrevista a Manuel Puig. Le pregunté si guardaba el libro de Masotta, porque en las idas y venidas, de un lugar a otro, podía haberlo perdido, como le había pasado con otras cosas. Por ejemplo, con algunas fotografías. Paulino me dijo que no lo había perdido.
Por esos días de enero, él había comprado Los zumitas (1999), de Federico Jeanmaire. Se había puesto a pensar, me acuerdo, acerca de la magia, arte por excelencia de la civilización zumita: Una ilusión, apenas, que ni siquiera puede robarse.
También tengo el último libro que le regalé: Prólogo Anotado (1993), del autor de Los zumitas. Éste sí con dedicatoria que dice: Para Paulino, mi amigo más generoso. 2005-12-…
Horas antes de la segunda operación, planificada para un viernes, pero que se pospuso para el lunes siguiente, le di una ficha de rompecabezas que decía: Suerte, mi mejor amigo. 2008-04-10
Para mí agrado encuentro un libro que Paulino mencionó en "No podía resistirme a conocer quiénes eran...":
Hacía tiempo que no entraba al blog y me sorprendo ya que casualmente estoy leyendo unos cuentos de Melville, El vendedor de pararrayos [...] Melville me genera una especie de ansiedad difícil de explicar, aunque no pase nada siento en ciernes la catástrofe. Que puede ser pequeña pero abrumadora como en Bartleby o descomunal como las adversidades que sufren muchos de sus protagonistas [...]
Publicado el 3 de noviembre de 2007
No sé referir este momento.
Las bibliotecas se incomodan con las donaciones otorgadas con el prerrequisito de ser conservadas separadas del resto. El donante supone que la unión física guarda la memoria del antiguo poseedor. Espectáculo únicamente para los ojos de la persona que lleva y trae los libros. Perteneciente al trasmundo de los mostradores… Me quedo con la parábola de Melville:
[…] Aferré el artefacto [pararrayos], lo partí, lo destruí, lo pisoteé, y, arrastrando fuera de mi casa al caballero del rayo, arrojé detrás de él su retorcido cetro de cobre.
Pero, no obstante el trato que le he dado, no obstante los intentos de disuasión que he practicado entre mis vecinos, el vendedor de pararrayos aún habita esta región; aún viaja en medio de las tormentas para traficar con el terror de los hombres.
2008-07-31
« […] es absolutamente imprescindible la intervención de alguna de las dos llamadas piedras del mal, la kriptonita verde, que lo hace flaquear pero no lo mata, la roja, la única capaz de aniquilarlo, llegadas ambas desde su planeta natal como recordatorios de la vulnerabilidad que el mundo humano, quizá menos exigente, se empeña en hacerle olvidar.»
Sob!

Have fun.
2008-02-20
Happy Together.
Fui en bicicleta desde Cardales hasta Capilla del Señor, unos quince kilómetros por medio del campo. En el camino de tierra topé con un puente del ferrocarril. Según me contaron más tarde en Capilla, en ese puente se hizo una escena de la versión cinematográfica de Boquitas Pintadas.
Me dieron que pensar.
Ahora creo que podría haber sido otra película. El pibe cabeza, también con Alfredo Alcón y dirigida por Leopoldo Torre Nilsson.
De todos modos miré el pueblo como si se tratara del plató de una película. Compré unas empanadas fritas en un club llamado Honor y Patria, frente a la plaza principal. Me senté en un banco.
Observé dos perros.
Un galgo enfermo y otro, mezcla de no sé qué, que me hacía acordar a Freddy Mercuri. Por la vitalidad. Freddy merodeaba la plaza, meaba todos los árboles y luego se acercaba adonde estaba recostado el galgo. Entonces, le lamía los huevos, o, mejor dicho hacía el intento, porque el galgo se ponía en pie y le mostraba los dientes. Pero Freddy, que era más joven, a pesar de las amenazas, le entraba por atrás con la lengua, hasta que un tarascón del galgo lo alejaba. El galgo, positivamente enfermo, sin embargo no quería morderlo. Freddy se iba y el galgo se echaba nuevamente. Durante la pausa, Freddy meaba, o hacía que meaba. De repente se acercaba, volvía a hundir su hocico en las ancas huesudas del galgo, y recomenzaba la succión curativa, si puede usarse la expresión.
Pese a parecer una cinta imposible los machos terminaron ariscamente juntos.
2008-01-09
Tengo en mi escritorio unas flores de palo borracho que recogí el viernes pasado en la Nueve de julio. Son amarillas como las del Hotel de Inmigrantes. Tienen un color canela en el nacimiento de los pétalos. También corté algunas de color fucsia, con pecas y trazos de color tierra. De esas flores hay muchas en Palermo.
El viernes cuatro fue mi primer día en la uca y no produje demasiado. Estuve de 9:30 a 13:00.
Volví a casa a comer algo y a hacer una siesta. Más tarde pasó Paulino y fuimos a revisar pilas de revistas viejas. Compré Primera Plana 226 (25 abril 1967), ejemplar que yo buscaba a partir de leer la biografía de Suzanne Jill-Levine.
La semana pasada hallé una opinión de Germán García, 28 mayo 2002, acerca de dicha biografía:
«Acabo de leer un libro de una americana, Jill-Levine… ella misma declara su pasión en una página, al mejor estilo de Puig... [risas] ¡Es un libro que Puig no hubiera publicado de sí mismo!»
Luego acompañé unas cuadras a Paulino.
Hasta la Nueve de Julio.
El domingo no insistí. Mucho de aquí para allá con mi valijita para nada. Bueno, más o menos. Puse más vida a mi escritorio. Vivos colores de palo borracho.
«Cómo cuesta despedirse», no se cansa Juan Aparicio de repetir antes del epílogo. Hojeé una edición de La Divina comedia y me tenté con el prólogo de 64 páginas escrito en 1868 por un tal Marques de Molins. La idea de personajes como Juan Aparicio y Gabriela no nació de la nada. Me la pasé discutiendo mentalmente con Marques.
De todas maneras, me senté algunos minutos frente al ventanal de Belgrano. Pareció que se iba a desplomar el cielo pero no llovió.
Refrescó algo, sin embargo.
Siempre soy el primero en llegar y me voy cuatro horas después; 13:30 ó 14:00. Respecto al lunes siete hubo más gente.
Está dando resultados; estoy concentrado en un cuento.
2007-11-22
Fui al Affair y leí un capítulo en el que Leo habla por teléfono con una pintora de sesenta años, no es Gladys.
Puig solamente transcribe la parte de las conversaciones que corresponden a Leo. Recuerdo que, a partir de la entrevista a Gladys, que me divirtió mucho, supe que Leo era "el zar de la crítica plástica"; él había ido a buscar a Gladys a Playa Blanca, influenciado por la recomendación de un grupo de veraneantes jóvenes que merodeaban la casa, a los cuales Gladys había dado entrada y éstos alabaron su obra. La transcripción de Leo es más o menos lograda; despierta interés acerca de la lógica de las respuestas.
Unos capítulos antes, Puig aplica el mismo recurso en una comisaría que recibe el llamado de una mujer. La mujer pide a la policía que efectúe una investigación pero se niega a dar nombres, no dará el propio ni el de los implicados, por lo tanto, la denuncia no tendrá cabida formal. En este caso es muy claro todo. Magnífico el modo de narrar. Cualquier lector se erige en escucha de algo confidencial relacionado con un delito, como si estuviera matando el tiempo mientras que espera en una comisaría.
Un espacio retratado por Edward Hopper.
Respecto a Leo, no quiero contar más. Puig construye su historia desde el nacimiento, igual que hizo con la vida de Gladys. Después predomina lo subjetivo, la narración se fragmenta y se mezcla.
2007-11-17
El manuscrito tendría el apoyo absoluto de Néstor Almendros, Severo Sarduy, Juan Goytisolo y Guillermo Cabrera Infante.
Manuel Puig —que luego destacaría en la elección de títulos brillantes y a veces geniales— había confiado el manuscrito a Néstor con una docena de ellos, provisionales y de escasa enjundia. En su respuesta a mis líneas —que, desdichadamente, no conservo—, el novelista me resumía la educación sentimental de su protagonista y mencionaba la impresión causada en él por "la traición de Rita Hayworth". La frase me cautivó: tal era, debía ser, el título. Así éste fue obra de Manuel Puig, pero descubrimiento mío.
En seguida, Puig le escribió:
(Por favor no muestres esta carta a Ava [Gardner: Carlos Fuentes], tampoco a la temible gimnástica Esther [Williams: Mario Vargas Llosa]) soy una hermosa odalisca, amiga de la Sarduy y la Almendros, soy la Sally, ¿remember? la Manuel Puig. Cómo estás? Vamos a ser amigos o algo más? Me muero por conocerte después de tanto oírte nombrar, y después de leer tus páginas inolvidables [Tres tristes tigres] —1—. Y ahora me quiero hacer la witty pero una extraña fuerza detiene el curso de mi pensamiento: ya me estás dominando? Me revuelco, pataleo mentalmente pero todo es inútil, hembra débil resulté ser y me entrego; ¿pero y si no me querés? Bueno, en estos días te mando una copia del Margarita Cansino betrayal; no sé cómo te caerá. Si la querés mostrar a algún editor inglés, please do it, por supuesto te adjudicas tu comisión, ¿te ofendo? Lejos estoy de querer ofenderte —2—… Te hablo un poco de tu novela, que me fascinó… Cómo me gustaría formar con Uds. dos [Sarduy y Cabrera Infante] la trinidad de talento. Bueno, tesoro, escribime y si necesitas algo de acá, pedímelo. Quiero hacerme acreedora de favores, así te conquisto y me proteges, que soy tan débil, y quiero mostrarte mi nueva obra Boquitas pintadas, "folletín" en 16 entregas… Todo lo hago para un día, frente al hombre de mi elección, decirle "Mira lo que soy capaz de crear y sin embargo dejo todo por vos, por mi macho, por lavarte las camisas y hacerte la comida, todo simplemente a cambio de tus pingazos". Porque soy así, toma nota…
Sally
—1— This I really mean.
—2— That's the real me: picua and truthful [picua —YouTube La araña picua— y confiable]
Publicado por Gustavo López 7 comentarios
Escritores: cabrera infante, fuentes, goytisolo, puig, sarduy, vargas llosa
2007-11-13
Querida Miss Hayworth…
Usted aparece mencionada en el capítulo 5; es una aparición breve pero extremadamente importante, dado que marca el momento crucial de la relación del chico con su padre. Este hombre parece siempre desinteresado de su hijito, absorto como está en perturbadoras cuestiones de negocios, pese a los intentos que el chico hace por capturar su atención. El capítulo 5 es el gran punto de giro de la novela, porque es allí donde el chico deja de buscar a su padre y empieza a tratar de reemplazarlo por otra imagen paterna. El desarrollo es éste: el chico siempre va al cine con su madre, su padre se niega a acompañarlos ya que no puede concentrarse en la película, obsesionado como está por sus preocupaciones financieras. Pero en el capítulo 5 va a ver Sangre y Arena con su mujer y su hijo y disfruta de la película y de la nueva estrella (usted misma) tremendamente. Promete que volverá al cine más a menudo. Para el chico es un momento de felicidad y satisfacción. Pero el padre no cumple su promesa y el chico se resiente al punto de rechazarlo definitivamente. Rechaza a su padre y todo lo que él representa; simbólicamente, el chico se resiente por la atracción que su padre siente hacia Rita-Doña Sol, que en la película traiciona a Juan Gallardo. Y el hecho de que Rita-Doña Sol sea malvada pero bella al mismo tiempo confunde al chico aún más. Debido a este momento simbólico, la frase «la traición de Rita Hayworth» se presentó como un título posible. Yo había sugerido el título a Seix Barral con la mayor timidez pero a todos les gustó de inmediato. Para ellos es muy excitante y nuevo en un estilo «pop-art». El señor Barral mencionó también que la había conocido en Barcelona y pensó que usted era una persona encantadora y que no se opondría a algo así. Antes que nada me gustaría asegurarle que su nombre es usado en el título sólo como un símbolo de la seducción en la pantalla y que la novela no trata en ningún sentido sobre su vida personal y tampoco intenta evaluarla a usted como actriz.
2007-07-12
Jill-Levine, amiga de Manuel Puig y autora del libro acerca de la vida del escritor, cuenta en la pág. 121 una curiosidad:
El neblinoso invierno de Londres y la vida social previsible lo inspiraron [a Puig] una vez más para sumergirse en la lectura y la escritura: motivado por la filmación de una obra que había visto, protagonizada por una nueva actriz llamada Julie Harris, leyó Frankie y la boda, de Carson McCullers. El tratamiento autobiográfico que McCullers hace del paso a la mayoría de edad de una muchacha en una pequeña población sureña y su uso vívido del habla regional daban vida a la historia de una solitaria excéntrica con humor y compasión. El Sur literario de Norteamérica había producido esta obra, le escribió Manuel a Male, «todo sobre una niña de 12 años pero creo que lo mismo puede gustar a los que tienen alergia a los temas de chicos». Pronto iba a empezar el guión "fallido" que se convirtió finalmente en su propia autobiografía de infancia, La traición de Rita Hayworth.
2007-07-03
Durante una charla telefónica el viernes 29 de junio con Silvina, que está en Londres, ella dijo que su padre se cree el centro del mundo. Yo le dije que el mío también se lo cree, y añadí que esa creencia es una mierda.
Porque no hay centro del mundo, dije.
Hay infinitos centros, dijo Silvina. Y, a continuación, hizo un intento por recordar a Borges. El mundo es una esfera, agregó, con circunferencia en ninguna parte y su centro es infinito.
Ése sería dios, dije.
Jill-Levine relata:
En Londres hacía mucho frío o demasiado calor, y hacia agosto [Manuel Puig / 1958] estaba solo, luchando por mantenerse a flote:
La semana pasada vi un programa doble bodriazo, Diana Dors y otra de Bardot-Louis Jordan; salí del cine medio dormido, la Diana ya no sabe qué hacer para mantener al público, se está yendo al tacho; Brigitte bestia, ni comparar a cómo está en... Y Dios creó a la mujer... odio los meses de vacaciones (agosto en toda Europa es un mes de feria, como febrero en Argentina): mucha gente se va, bibliotecas cerradas, pocos espectáculos, qué porquería.
(...)
Un año entre los ingleses había llevado a Manuel a concluir que eran "espléndidos pero incomprensibles". Los ingleses lo sofocaban con sus tés y sus fiestas, con sus intentos de casarlo, y en especial con sus exagerados rituales de Navidad. Sus estudiantes [de idiomas] y amigos lo invitaron a incontables cenas y fiestas del 25 al 31, "la mayor de todas, la mitad de Londres está invitada". Sonaba un poco como Scrooge. [Ebenezer Scrooge, un personaje de Dickens en A Christmas Carol] en esta carta en víspera de la Navidad a Male [madre de Manuel]:
Aquí estoy en medio de la niebla... hace mucho frío y oscurece a las tres de la tarde!!! Uno de estos días será el más corto del año y después se empezarán a alargar... Se acerca la odiada Navidad ¡cuándo pasará!... Me pudre Londres con la bendita Navidad, todo el mundo enloquecido comprando cosas, exageran de lo lindo, al final para sentarse a la mesa y no decir una palabra.
Sabés, supe de la lluvia por una carrera de motos en Donington. Sin embargo, durante los últimos días se estuvieron jugando las primeras rondas de Wimbledon y, a pesar de que hubo interrupciones por la lluvia, el cronograma se viene hasta ahora cumpliendo sin atrasos.
Mencionamos al pasar la sospecha acerca de un coche bomba, noticia que se difundió entremedio de los anuncios del nuevo gobierno acerca de continuar la guerra contra Irak, y ganarla, tan sólo a cuarenta y ocho horas de la renuncia de Tony Blair.
Ya sobre el final de La esfera, Borges escribe:
[Pascal] aborrecía el universo y hubiera querido adorar a Dios, pero Dios, para él, era menos real que el aborrecido universo. Deploró que no hablara el firmamento, comparó nuestra vida con la de náufragos en una isla desierta. Sintió el peso incesante del mundo físico, sintió vértigo, miedo y soledad, y los puso en otras palabras: «La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.» Así publica Brunschvicg el texto, pero la edición crítica de Tourneur (París, 1941), que reproduce las tachaduras y vacilaciones del manuscrito, revela que Pascal empezó a escribir effroyable: «Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.»
From: Sil
To: Gustavo López
Sent: Thursday, July 07, 2005 7:15 AM
Subject: silvina desde londres
mañana negra en londres pero yo estoy bien
besos
silvina
From: Gustavo López
To: Sil
Sent: Saturday, July 09, 2005 7:04 AM
Subject: Re: silvina desde londres
Fini Straubinger en País de silencio y oscuridad, documental sobre el mundo de los sordiciegos, de Werner Herzog.


