2019-09-03
2017-10-03
La conversación
—El tema es la realidad.
—La pesadilla.
—¿La pesadilla?
—Sí, la pesadilla.
—No entiendo.
Este notable documental resulta ser una versión ampliada, con historiadores, conservadores de arte, especialistas, científicos, escritores y otros artistas, de aquel pliego suelto en la novela Miguel, de Federico Jeanmaire, en el que El Greco y Cervantes conversan, con el retablo ante sus ojos, sobre los temas de La lujuria, de El Bosco.
2011-12-01
El libro de Avellaneda lleva a don Quijote a Zaragoza porque Cervantes, en el final de la primera parte, anuncia otra salida a «unas famosas justas» en esa ciudad. De esta forma, el Apócrifo resulta ser «una obra coherente con el hilo argumental de la primera entrega» y «un buen ejercicio de continuación», como explica José Millán en Prólogo al lector [del Quijote apócrifo].
Sin embargo, en la conferencia comentada en la entrada anterior, en el último parágrafo de la reseña del libro de Avellaneda, Pedro Barcia observa que don Álvaro Tarfe «se hospedará en casa de don Quijote y descubrirá que don Martín Quijada es don Quijote, cuyas aventuras ha leído en la novela cervantina.»
Se podría pensar esta afirmación como otro enunciado contrafáctico de la conferencia. Sin embargo, se trata de una afirmación falsa.
El libro apócrifo relata que durante la sobremesa, don Álvaro Tarfe caerá en la cuenta de que Martín Quijada está loco, luego de que éste le dijera que ha desencantado princesas y matado gigantes. El Ápócrifo no dice que don Álvaro ha leído el Quijote. Y ninguno de los personajes del libro de Avellaneda lo hizo. Ni don Álvaro, ni nadie.
En verdad, el Quijote irrumpirá dentro del Quijote de la mano de Cervantes. No de la de Avellaneda.
Hay muchos similitudes entre la segunda parte de la novela de Cervantes (publicada en 1615) y la novela de Avellaneda (publicada en 1614), porque como observa Martín de Riquer en Aproximación al Quijote:
[...] Entre ambas segundas partes hay ciertos paralelismos difíciles de interpretar, pues parece que una de ellas conoce el texto de la otra [...]
Pero el suceso de que Cervantes haya sido capaz de hacer de la primera parte de su propio libro (publicado en 1605) un elemento novelesco de la segunda, no exhibe solamente la distancia que media entre el Quijote verdadero y el Quijote falso. Tal vez, suene exagerado conjeturar un efecto tan devastador como el del relato Así pensó el niño, cuyo argumento resumió Pedro Barcia al término de su conferencia. No obstante, la idea de imaginar una ficción cervantina contrafáctica, pide lectores que lean a Cervantes.
El libro de 1615 reanuda la narración con el cura y el barbero en casa de don Quijote, un mes después del final del libro de 1605. Don Quijote da muestras de estar cuerdo, hasta que la mención por parte del cura de que el Turco podría invadir España va a hacer despeñar al hidalgo, que propondrá juntar al menos una docena de caballeros andantes para destruir a la armada turquesa. Enseguida aparece Sancho, a quien don Quijote pregunta a solas qué es lo que se anda diciendo de él y en particular acerca de su idea de volver a los caballeros andantes al mundo. Sancho informa a su amo, entre otras cosas, que afuera lo tienen por un grandísimo loco, pero cuenta también la noticia de que las salidas que han realizado hasta hace sólo un mes han sido impresas en un libro.
El cura y el barbero, habiéndose cerciorado de que el hidalgo seguía tan loco como antes, se fueron de la casa hacía ya un rato. Ahora este comienzo, con don Quijote y Sancho conversando sobre el mismo libro del que son protagonistas, torna muy diferente a la segunda parte respecto de la primera. Porque si el libro de 1605 dialogaba con los libros de caballerías, el de 1615 dialogará, por usar la expresión de Federico Jeanmaire en Una lectura del Quijote, «con el pasado del mismo don Quijote y sus circunstancias».
Al respecto, escribe Riquer:
[...] En varios momentos de esta segunda parte, la primera, el libro impreso diez años antes, será aludido, criticado y comentado por los mismos seres de la ficción [...]
En esta segunda parte, casi todos los personajes habrán leído la primera, pero no don Quijote y Sancho. Como dice Jeanmaire, a propósito de aquel lugar en que se produce la irrupción del libro en la ficción:
[...] Se trata de lecturas de lecturas. Porque don Quijote y Sancho no han leído el libro sino que lo comentarán a partir de la lectura que ha hecho de él Sansón Carrasco y a partir de las lecturas de otros que ha recolectado el bachiller. [...]

El sorprendente camino del Quijote, nos conduce a una nota de El último lector:
[...] la breve y maravillosa escena en la que [don Quijote] hojea el falso Quijote de Avellaneda donde se cuentan las aventuras que él nunca ha vivido [...]
Publicado por Gustavo López 0 comentarios
Escritores: avellaneda, boullosa, cervantes, jeanmaire, piglia
2011-11-13
La historia contrafáctica es la que no ocurrió, o aquella que habría ocurrido si un hecho, o una circunstancia, hubiera sido diferente.
En El hacedor, Borges figura Un problema, que empieza así:
Imaginemos que en Toledo se descubre un papel con un texto arábigo y que los paleógrafos lo declaran de puño y letra de aquel Cide Hamete Benengeli de quien Cervantes derivó el Don Quijote. En el texto leemos que el héroe (que, como es fama, recorría los caminos de España, armado de espada y de lanza, y desafiaba por cualquier motivo a cualquiera) descubre, al cabo de uno de sus muchos combates, que ha dado muerte a un hombre. En este punto cesa el fragmento; el problema es adivinar, o conjeturar, cómo reacciona don Quijote.
Esta clase de enigma es ejercitado por distintos autores y existen ejemplos en la conferencia dictada en dos mil tres por Pedro Barcia, la cual llevó como título: Ficciones cervantinas contrafácticas.
Las obras reseñadas en dicha conferencia tienen por objeto a Miguel de Cervantes, así como también a personajes del Quijote, como ser el propio héroe, Sancho Panza, Rocinante, el rucio, la pastora Marcela, Álvaro Tarfe, y también a la existencia real del libro. Casi olvido a Pierre Menard.
Otra historia que no ocurrió fue la autobiografía de Cervantes, pero que la escribió Federico Jeanmaire y la llamó Miguel. La autobiografía ficticia tiene una destinataria: la hija natural de Cervantes, analfabeta como la gran mayoría de las mujeres de fines del siglo XVI. Si las biografías de Cervantes exhiben algunos nudos, esta novela tiene ánimo de deshacerlos, primero, por medio de personajes como un tal Jorge de Borges y el pintor Dalí Mamí, y, segundo, por la inserción de pliegos sueltos, que incluyen: la novela del abuelo Juan, dos recetas de cocina, conversaciones con El Greco sobre «La lujuria», pensamientos sobre la iglesia, saberes impertinentes y parecimientos sobre la verdad y la falsedad.
Hay otro asunto.
Una afirmación del profesor Barcia en su conferencia, acerca de la cual quisiera creer que se trata de una ficción contrafáctica zurcida, o pegadiza, pero de este asunto se hablará en la entrada que seguirá a ésta.
Para leer la segunda parte
2011-07-29
En una charla sobre La virgen peronista, el autor, Federico, decía que algunos críticos no tomaban muy en cuenta sus libros porque a ellos les parecía que él escribía boludeces. Lo cierto es que, en esta semana de escaramuza epistolar, en torno a las faldas de Cristina Fernández, ningún titular de noticias estuvo tan a la altura de las estocadas como el nombre de su nueva novela: Fernández mata a Fernández.
Cruce de cartas con George Orwell y Beatriz Sarlo incluidos
Treinta y cinco páginas de Fernández mata a Fernández, de Federico Jeanmaire
2010-10-15

«Creo que la última edición del Quijote va a perdurar varios siglos, tiene artículos históricos como los de Ayala o De Riquer. La edición que hace Francisco Rico es extraordinaria», dice Jeanmaire algo antes de lamentarse por los «muy evidentes errores» del prólogo de Mario Vargas Llosa. «Por un lado, decir que esto no es una parodia, que es el mayor homenaje que se podía hacer a los libros de caballerías, es un error hijo de los románticos, que fueron los que rescataron al Quijote del basurero —explica—. Ya pasaron cien años sin que se haga esa mirada: hoy está demostrado que era una parodia y que la gente se reía cuando recién se publicó. Por más que quede lindo decir que es la máxima expresión de un género, es mentira. Otra cosa increíble que dice es que el Quijote no está loco, que es como una metáfora, una alegoría; si no estuviera loco, la obra se perdería cantidad de aventuras. El tipo sale a tener aventuras y fama, no sale a restaurar ninguna caballería, ni la justicia en el mundo, como dice Vargas. Luego se agarra de un párrafo en el que el Quijote le hace a Sancho un breve parlamento sobre la libertad, luego de haber estado 28 capítulos dentro del castillo de los Duques, hoy diríamos secuestrado, y ve al Quijote como precursor del liberalismo. Es una locura. Si yo fuera marxista, podría agarrar el discurso que hace sobre la edad dorada en el capítulo 11 y decir que ahí hay un precursor del marxismo, sería la misma barbaridad. Y comete muchos errores más: dice que es moderno porque tiene dos narradores; todos los textos de caballerías tenían dos, el trabajo de modernidad del Quijote está en la irrupción de montones de narradores, y no de dos. Dice que es moderno, también, porque tiene muchas historias intercaladas: eso es lo más antiguo de la literatura mundial. La Biblia es eso. Eso está en el Gilgamesh. Yo no tengo entidad para discutir con Vargas Llosa, pero el Quijote me habilita: él está encabezando el homenaje de toda una lengua a su mayor libro, y usar tres páginas de catorce para hablar de una idea política es una barbaridad.»
Página/12 :: Cultura :: 17 diciembre 2004
791 cine
2010-05-27
—Pues, yo no.
—Yo sí.
Mis dedos iniciaron una travesía de vértigo por los menús hasta que vi mi propia imagen en la pantallita y dije que el problema estaba solucionado.
—No te veo, eh.
—Pero, yo me veo.
Víctor mantenía la más serena impasibilidad en las expresiones de su rostro sin yo encontrar la opción que me tornara visible. Un poco abrumado y, con la intención de ganar tiempo, dije que aún era de día y que entraba el último sol por mi ventana.
Aunque los ajustes indicaban que la comunicación era perfecta, yo no podía mostrarle a Víctor la biblioteca que dirigió Borges, ni tampoco que el sol, aunque cada vez más débil, seguía ardiendo detrás de los vitrales de ese edificio. En los vaivenes de la pantallita, mis ojos vieron de repente la nota y aquel delirio que había yo emprendido a través de los colores.
—¿Quieres que cortemos y yo te marco?
—Bueno, dale.

—Ah sí, te veo. Es cierto, se ve la luz —sin duda, que la imperfección que reinaba dispuso el terreno para cosas claras y fáciles de comprender. Por lo tanto, así fue dándose la charla del año pasado:
—Bueno, me fascinó cuando la joven de Unos meses habla de ir a hacer del dos. En esa expresión parece estar dibujado un sorete o el perfil simplificado de las nalgas junto con las piernas en el acto de cagar. En una antigua entrada de tu blog había una referencia al estómago o, más exacto, al calor del estómago.
—Hay cositas que yo no sé, supongo que son como los modismos, diferentes entre Argentina y México. Por ejemplo, acá no se usa para nada la cuestión de placard. Después supe que es una especie de closet, un armario empotrado en la pared.
—Está bien. El problema soy yo, porque usé placard como sinónimo de ropero.
—O sea, un ropero común.
—Sí, debería reemplazar placard por ropero porque no me refiero a algo empotrado, ni nada por el estilo. En realidad, es todo lo contrario, porque el mueble se tendría que poder mover, de acuerdo con la manía de mi abuelo. A mí me pasó con las bisagras de la puerta del baño en Unos meses. Permitime que busque…
—El quicio, si mal no recuerdo.
—Para mí es la bisagra.
—Pero no es exactamente lo mismo, eh. Quicio es como el marco o el umbral. Y la bisagra es esta cosa que hace que se abra y se cierra.
—¿Vos te referís a una ranura o abertura?
—Exactamente, a una minúscula abertura en este umbral.
—Es la primera vez que la veo escrita. Conozco las expresiones sacar de quicio, desquiciado y resquicio. Justamente, había entendido que la puerta entreabierta del baño dejaba un resquicio o rendija vertical, y que el protagonista de la historia la aprovechaba para espiar a la joven. De todas maneras, tengo que volver a leer esa parte, pero ya que estamos ahí, te comento que me perdí con la palabra estancia. Para nosotros es el living o la sala de estar.
—Acá le decimos estancia.
—Para nosotros una estancia es el sitio donde se crían vacas.
—No me imaginaba. Es muy curioso.
—Me causaron gracia las ayugas de El ausente. El héroe de este cuento dice que necesita descargarlas. Hay una atmósfera graciosa que rodea todo el andar del personaje… —se oyó un prolongado bramido del otro lado— Pasó un avión.
—Sí, ya sabes que aquí los aviones siempre se llevan frases de conversaciones.
—Me pareció que hay algunas palabras que faltan o quizás son modismos
—Mira, eso es bueno que lo marques, porque luego ya hay cosas que hoy día no veo, eh. De tanto que uno los está releyendo, corrigiendo y etcétera, hay cosas que ya no veo.
—Te comés algunas palabras.
—Ahá, ¿cómo cuál, tienes alguna en la mano?
—Una podría ser …
—Ay, espérame un segundo porque acaba de empezar a llover y tengo que cerrar la ventana.
—Andá.
Víctor tardará menos de un minuto, sin embargo se disculpará:
—Perdón, pero es que si no se me iba a mojar todo el departamento.
—¿Es una tormenta?
—No, pero el agua se estaba metiendo por la ventana.
—Ayer hubo mucho viento acá. Tuve que guardar algunas plantas porque parecían a punto de caer a la calle. Te decía que falta una palabra en: «Aparecía cada que alguien entraba y encendía la luz para aliviarse del sobrepeso de las entrañas.» Falta el «vez». La oración sería: «Aparecía cada vez que alguien […]». También, a continuación, donde dice: «Un día por fin tuve una oportunidad inmejorable para deslizar la mirada por el agujero. Sus padres llegarían hasta la noche […]» yo entiendo que quiere decir: «Sus padres no llegarían hasta la noche […]»
—Es la cuestión de los modismos. Eso se aplica mucho acá, en el habla normal de aquí. Por ejemplo, dices algo así: «Cada que hago eso, pasa esto.» No es necesario poner el «Cada vez que hago eso, pasa esto.»
—Mirá vos…
—Sí, aquí se dice con quien quieras, eh. Se dice sin necesidad de utilizar el vez. Pero es curioso…
—Mucho. ¿Y en el caso de los padres?
—También. Es como con las maneras de hablar. Hace poquito estaba platicando con una amiga que es de España, de Andalucía. Ella vive aquí, ahorita, en México. Y me decía también que ese hasta de «Sus padres llegarían hasta la noche […]» lo siente un poco complicado, porque no significa exactamente lo mismo en España y en México. Entonces, no sé ahí cómo podría hacerle. Yo trato de mantener una cierta habla de aquí, pero raras veces utilizo palabras como demasiado locales. Raras veces. Pero hacerlo de una manera que ni siquiera yo hablo de esa forma, también me resulta más complicado. ¿Me entiendes?
—Si se trata del habla de tu lugar, tenés que conservarlo.
—Hay una parecida que yo encontré en tu novela. Es en el si no. Fíjate, aquí se usa de esta manera: «Si no es esto, pasa cualquier cosa». Ahí, va separado. En cambio, cuando dices: «No es esto, sino esto», ahí va junto. Sin embargo, en tu texto tienes un sino que según yo tendría que ir separado. En: «Estuve tentado a transcribir esas cartas que conservo. En realidad las copié yo mismo. Y mientras lo hice me pareció encontrar, sino una historia, al menos un esbozo de verdad. »
—Se trata de un error. Yo tuve que revisar a lo largo del texto el uso del sino y el si no porque me los confundía. Me acuerdo que el no es tónico en el segundo caso. También tuve que repasar toda la novela para uniformar el uso de quizá o quizás, aunque en Vida interior, de Federico Jeanmaire, se explica que el uso de una u otra forma depende de la siguiente palabra, quiero decir de si la palabra que sigue empieza con una consonante o con una vocal.
—Exacto, ambas variaciones se utilizan.
—Pero yo opté por no alternar.
—Yo estuve buscando en el R.A.E. y resulta que son válidas ambas y no implican una diferencia como sucede con aún y aun, que cambian totalmente el sentido.
—Claro. Y antes de que me olvide, el uso de reverberar, que es ahora aceptado tanto para la luz como para el sonido. En verdad, se trata de una propiedad o fenómeno de la luz. Vos lo usás tanto en relación a unos gritos, como en relación a la luz que emana de un fuego.
—¿Y las sinestesias? En ese sentido yo soy un amante de las sinestesias. De decir que un sonido huele a algo. O que una mirada puede tener cierto sabor. Son modos de hablar, definitivamente. Te digo… hay palabras, ahorita ya no recuerdo alguna otra… Cuando te refieres al final a estos carniceros, creo que en la vista de los cuadros, ¿cómo es la palabra? Una palabra que aquí no se usa, pero para nada. A ver déjame chequear tu texto rápidamente.
—¿Los matarifes?
—No, matarife se llegó a usar en algún momento.
—Se me trabó la cámara aquí. A ver… Bueno no importa, sígueme diciendo cosas mientras yo encuentro esa parte que te digo.
—En el final, cuando me puse a describir la escena del cuadro, me di cuenta de que dicha escena tendría algunos paralelismos con El matadero, de Esteban Echeverría. Sucedió que volví a leer el cuento y crucé los textos. Incorporé palabras del cuento de Echeverría. ¿Transmite eso el final?
—Los cuadros quedan como una especie de alucinación, quizás. Yo de hecho pensaba como que era algo que sólo veía el niño y que en algún momento iba a interactuar en la anécdota del niño. Así como este monstruo que a veces aparece en el armario, o cosas así.
—¿Qué monstruo?
—Bueno, también está como en la imaginería. Depende de la sociedad, pero por ejemplo acá se teme mucho al monstruo del armario.
—Como leyenda.
—Exacto.
—Como leyenda un tanto urbana. De suburbio… Ah, mira, los encontré; son los achuradores. Esa palabra nunca la había escuchado en mi vida.
—La achura es el aprovechamiento de las entrañas de los animales. El achurador es el tipo que destripa a la vaca.
—Sí, después ya lo investigué. Porque esa palabra, tan rara, de dónde salió.
—Che, ¿vos me estás viendo?
—Yo te veo bastante oscuro. Al que no veo es a mí mismo. Ahora no sé qué hacer. Está como trabada mi cámara.
—Seguís sin cabeza. Yo puedo prender la luz si es necesario.
— Huy, la tuya se quedó fija. Sí, ya no te mueves para nada.
—Pero pudimos hablar cosas interesantes.
—Acabamos de ver que tenemos ciertas formas de narrar que tienen que ver con nuestras zonas. Me emocionó bastante la cuestión del intercambio.
—Y nos reímos mucho. Yo puse a hervir unas papas.
—También tengo que cocinar, porque esta vida no da para más, eh. Y al rato volver a salir.
—Entonces, te mando las anotaciones que realicé con tanta minucia.
—OK. Y a ver que sale para la próxima. Pues, cuídate mucho, Gustavo.
—Igualmente, un abrazo.
2008-09-18
Tengo conmigo unos libros que fueron de Paulino. Los traje hace una semana y los conservé dos o tres días como estaban, es decir, atados. No es simple ahora encontrarles un lugar en la biblioteca. Están por el momento apilados en un escritorio.
Entre los libros hay uno que le había regalado a mediados de los ochenta, tal vez haya sido el primero y creo que se lo regalé para un cumpleaños: Sexo y traición en Roberto Arlt (1982), de Oscar Masotta. Extrañamente no hay dedicatoria, sin embargo el año pasado charlamos sobre ese libro. Fue el día que fuimos a El rufián melancólico en busca del número 226 de la revista Primera Plana, aquel ejemplar que incluía una entrevista a Manuel Puig. Le pregunté si guardaba el libro de Masotta, porque en las idas y venidas, de un lugar a otro, podía haberlo perdido, como le había pasado con otras cosas. Por ejemplo, con algunas fotografías. Paulino me dijo que no lo había perdido.
Por esos días de enero, él había comprado Los zumitas (1999), de Federico Jeanmaire. Se había puesto a pensar, me acuerdo, acerca de la magia, arte por excelencia de la civilización zumita: Una ilusión, apenas, que ni siquiera puede robarse.
También tengo el último libro que le regalé: Prólogo Anotado (1993), del autor de Los zumitas. Éste sí con dedicatoria que dice: Para Paulino, mi amigo más generoso. 2005-12-…
Horas antes de la segunda operación, planificada para un viernes, pero que se pospuso para el lunes siguiente, le di una ficha de rompecabezas que decía: Suerte, mi mejor amigo. 2008-04-10
Para mí agrado encuentro un libro que Paulino mencionó en "No podía resistirme a conocer quiénes eran...":
Hacía tiempo que no entraba al blog y me sorprendo ya que casualmente estoy leyendo unos cuentos de Melville, El vendedor de pararrayos [...] Melville me genera una especie de ansiedad difícil de explicar, aunque no pase nada siento en ciernes la catástrofe. Que puede ser pequeña pero abrumadora como en Bartleby o descomunal como las adversidades que sufren muchos de sus protagonistas [...]
Publicado el 3 de noviembre de 2007
No sé referir este momento.
Las bibliotecas se incomodan con las donaciones otorgadas con el prerrequisito de ser conservadas separadas del resto. El donante supone que la unión física guarda la memoria del antiguo poseedor. Espectáculo únicamente para los ojos de la persona que lleva y trae los libros. Perteneciente al trasmundo de los mostradores… Me quedo con la parábola de Melville:
[…] Aferré el artefacto [pararrayos], lo partí, lo destruí, lo pisoteé, y, arrastrando fuera de mi casa al caballero del rayo, arrojé detrás de él su retorcido cetro de cobre.
Pero, no obstante el trato que le he dado, no obstante los intentos de disuasión que he practicado entre mis vecinos, el vendedor de pararrayos aún habita esta región; aún viaja en medio de las tormentas para traficar con el terror de los hombres.
2008-01-09
Tengo en mi escritorio unas flores de palo borracho que recogí el viernes pasado en la Nueve de julio. Son amarillas como las del Hotel de Inmigrantes. Tienen un color canela en el nacimiento de los pétalos. También corté algunas de color fucsia, con pecas y trazos de color tierra. De esas flores hay muchas en Palermo.
El viernes cuatro fue mi primer día en la uca y no produje demasiado. Estuve de 9:30 a 13:00.
Volví a casa a comer algo y a hacer una siesta. Más tarde pasó Paulino y fuimos a revisar pilas de revistas viejas. Compré Primera Plana 226 (25 abril 1967), ejemplar que yo buscaba a partir de leer la biografía de Suzanne Jill-Levine.
La semana pasada hallé una opinión de Germán García, 28 mayo 2002, acerca de dicha biografía:
«Acabo de leer un libro de una americana, Jill-Levine… ella misma declara su pasión en una página, al mejor estilo de Puig... [risas] ¡Es un libro que Puig no hubiera publicado de sí mismo!»
Luego acompañé unas cuadras a Paulino.
Hasta la Nueve de Julio.
El domingo no insistí. Mucho de aquí para allá con mi valijita para nada. Bueno, más o menos. Puse más vida a mi escritorio. Vivos colores de palo borracho.
«Cómo cuesta despedirse», no se cansa Juan Aparicio de repetir antes del epílogo. Hojeé una edición de La Divina comedia y me tenté con el prólogo de 64 páginas escrito en 1868 por un tal Marques de Molins. La idea de personajes como Juan Aparicio y Gabriela no nació de la nada. Me la pasé discutiendo mentalmente con Marques.
De todas maneras, me senté algunos minutos frente al ventanal de Belgrano. Pareció que se iba a desplomar el cielo pero no llovió.
Refrescó algo, sin embargo.
Siempre soy el primero en llegar y me voy cuatro horas después; 13:30 ó 14:00. Respecto al lunes siete hubo más gente.
Está dando resultados; estoy concentrado en un cuento.
2008-01-03
2007-09-29
Barcelona - Sevilla
¡Está en Sevilla! En malas manos, las mías, pero prometo leerlo muy pronto para que cuando llegue octubre y comience el III Encuentro Nacional de BC-España pueda seguir viaje de forma controlada y no se pierda en las calles.
He leído la entrada de meranis y realmente no sé qué esperar de este libro, porque la frase "las distorsiona, para que lleguen a expresar lo que el autor pretende que expresen" me recuerda una frase de Montaigne: "La palabra es mitad de quien la pronuncia y mitad de quien la escucha", que para mí siempre ha significado que el autor sabrá lo que escribe, pero de parte del lector queda el entender lo que mejor le convenga, porque (al menos en mi caso) las historias se enfocan de una manera u otra según las circunstancias y una misma novela causa muy diferente impresión en distintos momentos de la vida y lo que un día puede parecer una maravillosa metáfora, dos días más tarde puede parecer la cursilada más grande del universo.
Journal entry 6 by carboanion from Castilleja de la Cuesta, Sevilla Spain on Saturday, September 16, 2006
Podría quedarme sólo en la letra, en lo que he leído, que es lo que suelo hacer, pero tanta insistencia a lo largo de la novela en la masturbación me obligaba a pensar que la lectura es un vicio tan solitario como el ya mencionado onanismo: no es hasta el final que Aparicio lo manifiesta, pero supongo que por eso no me chocaba tanto hablar de sus horas en el baño. "Más que un libro es una gran paja" y yo añadiría "mental", porque la exégesis que hace de los comienzos y la que hace del final no tenían mucho sentido para mí, ya que los cientos de páginas intermedios entre el principio y el desenlace los engloba en "lo demás", los desprecia y (qué le voy a hacer) yo soy de esas lectoras que piensan que qué más me da saber el final, si lo que me interesa es cómo se desenvuelven los personajes hasta llegar a ese punto. Como lectora, no he podido desprenderme de mi propia forma de entender la lectura (no la literatura, ojo) y por eso para mí la "x", tan importante en la interpretación de los comienzos, no era más que la incógnita del qué pasará que obliga a seguir leyendo, ¡jamás la hubiera supuesto relacionada con el acto de escribir! (Muy atinada la anotación que afirma que en los idiomas originales no hay tantas equis; un punto surrealista por parte del autor incluir una frase suya entre los ejemplos de excelencia).
Por los comentarios de meranis, esperaba un libro raro, pero para mi sorpresa me ha gustado mucho. Lo pongo en reserva hasta el Encuentro Nacional, que será entre el 12 y el 15 de octubre en Sevilla y por tanto podré encontrar algún becerro que quiera "adoptar" esta novela y no la deje perderse en la selva tan pronto, ¡que tras cruzarse el charco no se merece el olvido!
Journal entry 7 by carboanion from Castilleja de la Cuesta, Sevilla Spain on Friday, September 29, 2006
Released about 10 mos ago (10/14/2006 12:00:00 PM BX time) at Parque Maria Luisa in Sevilla, Spain
RELEASE NOTES: Quien quiera cazar este libro, está citado el sábado 14 de octubre a las cinco y media en la Plaza de América, en el Parque de María Luisa, donde dará comienzo la liberación del III Encuentro Nacional.
2007-09-25
En busca de un fragmento de Prólogo anotado, que supuestamente se encontraba publicado en un web site de la Biblioteca Nacional, hallé el inesperado derrotero de 2006 que cuenta la postdata.
Las reseñas del libro son buenísimas. Yo no sabría hacerlo mejor.
Buenos Aires - Barcelona
Journal entry 1 by akahige-nide from Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina on Saturday, July 08, 2006
Cuando el libro fue editado por el año 1993, el autor estaba encuadrado dentro de la narrativa joven argentina. Posteriormente creció su reconocimiento literario e incluso a fines del 2004 y comienzos del 2005 publicó un ensayo sobre una nueva lectura de la escritura del Quijote de Cervantes.
Esta novela no la leí y como está destinada a ser enviada a España me interesó la temática.
Reproduzco un fragmento de la presentación de la contratapa: «Un profesor de provincia recibe el encargo de escribir el prólogo de un manual de literatura. Emprende la tarea con diligencia, pero con un resultado sorprendente para los lectores. Acaso porque el personaje mismo hace imposible una revisión convencional del pasado literario, su labor se transforma en una travesía avasallante por la más imaginativa e inexacta de las ciencias».
Espero que lo disfruten. Irá hacia Barcelona.
Journal entry 2 by akahige-nide from Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina on Tuesday, July 11, 2006
Released about 1 yr ago (7/10/2006 8:00:00 AM BX time) at De Buenos Aires a Barcelona in Caballito, Ciudad Autónoma de Buenos Aires Argentina
RELEASE NOTES: Enviado a través de un amigo para ser entregado en mano en la ciudad española, muy probablemente a meranis. Buen viaje. Espero que guste y lo disfruten.
Tras una semana de "jugar al escondite" con el mensajero (un tipo muy majo, por cierto), por fin tengo el libro en mis manos. El libro, la postal cinematográfica y el marcapáginas personalizado: D
En cuanto termine el que tengo empezado me pongo con él. ¡Muchas gracias por el detalle, akahige-nide!
Journal entry 4 by meranis from Barcelona, Barcelona Spain on Sunday, July 30, 2006
No puedo negar que es un libro poco convencional, así que el autor, en este sentido, ha acertado de pleno.
Es curioso porque, como lectora, he ido pasando por varias etapas: de la incredibilidad más absoluta ("Un tratado sobre la masturbación??? de qué xxx va todo esto???") hasta la ternura ("pobre diablo!").
Me resulta difícil calificar el libro, sobre todo porque en mi opinión tiene varias capas, y si te quedas en la superficial, la obsesión masturbatoria del protagonista, te pierdes justamente lo más interesante. En mi humilde opinión, Federico Jeanmaire, aparte de buscar su "hueco negro" en la literatura, lo que hace es jugar. ¡Lo que pasa es que hace trampas en el juego! Es decir, se monta todo un tinglado a partir de extractos escogidos de obras escogidas y juega con ellas, las distorsiona, para que lleguen a expresar lo que el autor pretende que expresen. ¡Supongo que "ha gozado como una foca" preparando todo el montaje!, pero en ocasiones para el lector resulta un tanto repetitivo y traído por los pelos.
Otra de las capas que percibo es la crítica corrosiva a la literatura actual, junto con las perlas que va destilando de cara a enseñar a un posible lector a discernir entre lo que está bien escrito y lo que no lo está (lo genial de lo común). Hay fragmentos realmente preciosos.
Y por fin está la capa de una historia de amor muy tierna: la de un viejo perdedor, antisocial y medio loco, que se prenda de una compañera de trabajo joven y atractiva.
¡Tantas cosas en tan pocas páginas! ¿o es que yo veo más de lo que hay? No sé; lectores sucesivos irán expresando sus propias opiniones, espero.
De momento guardo el libro para llevarlo en septiembre a Sevilla, a ver qué tal le sientan los aires del sur. La postal y el marcapáginas de diseño se quedan conmigo, como recuerdo.
Gracias de nuevo a akahige-nide por tenerme en cuenta, a Marc el mensajero y a la artista diseñadora.
2007-08-14
Mi novela tuvo un lector desde el principio.
El viernes 10 conversé con él sobre los pequeños arreglos que hacen falta. Revisar los dos primeros capítulos, porque fue recién a partir del tercer capítulo que encontré la forma de la novela. También estaría bueno incluir alguna pequeña cosa en relación a mis padres y a mis tíos en los últimos capítulos.
Simplemente eso.
Pero charlamos mucho.
Tomamos mate, café y quedamos en hacer un asado en los próximos días. Entremedio de un montón de libros y autores, aparecieron Avellaneda y el Segundo Quijote.
Parece que el Quijote apócrifo no es tan malo. Se publicó en 1614 cuando Cervantes iba por el final de los episodios del castillo, los duques, el gobierno de Sancho.
En consecuencia, Avellaneda le habría hecho un "favor" a Cervantes, dado que lo habría obligado a terminar. Cervantes, a la edad de 68 años y con un pie en el estribo, de lo contrario habría dejado a su Segundo Quijote inconcluso.
Yo estoy en el capítulo de la despedida.
En los mapas que dibujé en Gesell todavía queda lejos Zaragoza. Sin embargo, en los pocos capítulos que restan del Segundo Quijote, Cervantes precipita todo. No sólo reaparecerá Sansón Carrasco sino también Tosilos, el lacayo del duelo que no se consumó (cap. LVI). Habrá una especie de acta notarial, o de escritura firmada por testigos, para dejar fehacientemente asentada la autenticidad del Segundo Quijote en relación con la aparición del Quijote de Avellaneda. También un viaje a Barcelona, una salida en barco, el regreso definitivo a La mancha y el fin de nuestro don Quijote.
2007-08-02
Tengo La invención de la soledad apoyado sobre el escritorio, entre la ibook y mi pecho. Y de mi lado izquierdo las notas que apunté durante los días que estuve en Gesell.
Van mis apuntes.
Dibujo una mula patas para arriba (significa muerta) mirando con un solo ojo hacia el río Tajo. Una mano izquierda en Lepanto. La galeta El Sol, en medio de una tormenta, frente a las costas de Cadaqués.
Ubicación del Toboso.
En la misma hoja el itinerario de las tres salidas del Quijote y Sancho.
Acá se sabe todo, dice. Cómo no me enteré.
Le comento que los alguaciles deben venir con los riegos de Elsa, porque posteriormente no llueve. Sucede igual en toda la villa, en los jardines desiertos pero con regadores automáticos.
Lleva puestos un corpiño turquesa y unos jeans, desteñidos o manchados de fábrica, apretadísimos.
Me figuro a mí mismo como al personaje de Soy leyenda, oculto de los vampiros durante la noche. No sé, pero todos los días a las 18:00 horas suena una alarma en Gesell.
Lloro.
No llueve.
Hermoso relato llamado «Correos y telecomunicaciones» Las encomiendas son embadurnadas con alquitrán para asegurarlas. Y adornadas con plumas (imagen de Disney y de Los tres chiflados). Las estampillas se expenden con un globo de obsequio.
Dancing cheek to cheek
Come on, and dance with me
...
bellísima voz y ritmo lento:
blow blow soft winds
my heart is empty
El discreto don Quijote, cuando los examinadores le mencionan que el Turco bajaba con su poderosa armada sobre España, propone armar toda la nación de caballeros andantes. El cura dice que todo en aquello que cree el Quijote no es otra cosa que fábula y mentira. Cuando el señor rapador (así lo llama don Quijote al barbero con ánimo de maltratarlo) le pregunta a don Quijote, socarronamente, sobre el tamaño del gigante Morgante, Cervantes usa por primera vez en su novela la palabra átomo:
En esto de gigantes, respondió don Quijote, hay diferentes opiniones, si los ha habido o no en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo…
La reseña de Las mil y una noches, en el vol. 11, texto en espejo con la primera parte de la novela: La invención de la soledad. El padre le narra un cuento a su hijo.
A menudo le narra un cuento de hadas, o de aventuras; pero a veces no es más que un simple salto imaginario. Había una vez, un niño pequeño llamado Daniel, le dice A. a su hijo Daniel. Estas historias, en las que Daniel es el protagonista, son las que más le gustan a Daniel. A. advierte que, en forma similar, cuando se encierra en su habitación a escribir el Libro de la memoria, cuenta su propia historia, si bien escribe A. donde en realidad correspondería escribir «yo». Real e imaginario, cada uno existe gracias al otro: dos espejos enfrentados.
Libro con dos comienzos. La historia empieza al final, escribe Auster antes de nombrar a Scherezade.
Publicado por Gustavo López 9 comentarios
Escritores: auster, bioy casares, camus, cervantes, cortázar, jeanmaire, matheson
2007-07-31
Federico habla del barrio de Congreso, desierto durante los fines de semana, y de las vías de Colegiales, próximas a la clínica donde su padre está muriendo de cáncer; una discusión del hermano y la mamá con el papá, que recrimina el trato que todos le dan, como si él estuviera muriéndose.
Un cuento que escribió su hijo Juanito sobre una pareja de pájaros que vuelan hambrientos hacia el sur en un intento desesperado de encontrar un horizonte en donde haya la suficiente comida como para no tener que comerse a sus propias crías, «a los nuevos hijos que, seguramente, van a ir naciendo durante el camino».
A Federico le parece escuchar un cuento sobre la patria.
Palabras sobre la escritura; las posibilidades infinitas de la escritura, una fiesta. Sin embargo, esa noche, esa larguísima noche en Congreso, la página en blanco se presentará «sin ninguna posibilidad de infinito, sin esperanzas, sin fiesta». Una página negra: papá murió el jueves a las nueve de la noche.
2007-06-23
Vuelvo hacia el pasado con Miguel, a cuando él tenía cinco años en Valladolid, donde ve por primera vez el retablo. «(…) descubrí por allí un retablo que me impresionó grandemente. Se agrupaban en él: (…) mil cosas abigarradas en un sitio solamente dos o tres veces mayor que yo.»
En los siguientes parágrafos del mismo pliego:
«Esperaba los miércoles con grande ansia con la sola intención de pasarme algunos minutos recorriéndolo y en cada nueva ocasión encontraba o se me aparecía alguna extrañeza escondida, alguna rareza novedosa, y así hasta aquella pesadilla tan horrible. Pesadilla que desasnó a mis padres acerca de la incomprensible ansia con la que yo esperaba la visita semanal al palacio de don Felipe.
Y ya no pude ir más.
No me dejaron.
Sólo me dejaron el recuerdo, un fantasma imborrable. Pero me volví a encontrar con el retablo, unos cuantos lustros más tarde, en otra situación y en muy otro ámbito.»
El siguiente pliego del libro, el pliego cuatro, narra el episodio de los cerdos en el patio de Santa Catalina, en Córdoba. Un lugar adonde iban los niños pobres a comer, pero un día los niños pobres fueron comidos por los cerdos.
El pliego tres, que relata el ansia que conduce a Miguel a los sucesivos descubrimientos del retablo, parágrafo que acabo de citar por completo, tiene un corte. Un corte narrativo. Reitero ahora la partecita que me interesa para precisar el corte al que refiero: «en cada nueva ocasión encontraba o se me aparecía alguna extrañeza escondida, alguna rareza novedosa, y así hasta aquella pesadilla tan horrible.»
El autor no dice la pesadilla.
No la dice.
Pero, en el pliego siguiente, «(…) se dice de una ciudad que era blanca, se habla de un abuelo licenciado y de otras cosas como un colegio y una plaza donde los niños son comidos por los cerdos»
La pesadilla de los cerdos.
La ausencia que se llena con los cerdos es un eficaz recurso del autor, Federico Jeanmaire, para volver sobre el asunto unas cuantas páginas más adelante, en el genial pliego suelto, el tercero de cinco, o seis, dado que éste: «En donde se pretende decir algo de lo que hay de verdad en la verdad, pero también algo de su mentira» figura antes del último pliego del libro, pero atado.
Como dije, eficazmente el autor hará que Miguel vuelva sobre el pesadillesco asunto en el tercer pliego suelto del libro, en las conversaciones «que hubo con el griego Domingo Theotocopuli en El Escorial, a principios del año del mil y quinientos y ochenta y siete, y avistando los dos que estábamos "La lujuria", retablo de un tal Jerónimo Bosque, natural de Flandes. Es otro pliego notable»
2007-06-15
Ayer leí desde el pliego seis (vi) hasta el pliego diez y ocho (xviii) de Miguel, Phantasmata Speculari.
La princesa Isabel (vi) La doncella del mismo nombre y la casa de mancebía capitaneada por doña Cata (viii) Los paseos de Miguel e Isabel en la vespertineidad, la defensa de la prostitución (x) La muerte ¿muerte? del chulo Borges «de tan poco bizarra compostura» (xi) Más le valdría al cardenal Acquaviva ocuparse del alma que del cuerpo, aunque bello y fuerte como ella (xii) Los revolcones matutinos y los vinos por la tarde de Miguel con Francesca, hasta el 18 agosto 1571 (xiii) Dalí Mamí, citado por primera vez en camino de vuelta a Barcelona: se desata una tormenta frente a las costas de Cadaqués, tierra de Salvador Dalí, de resultas de la cual es abordada la galera «el Sol» y Miguel será llevado cautivo a Argel (xvi) Pinceles y comidas, Miguel se fuga y no lo castigan; enamorará a sus nuevos amos (xvii-xviii) Pliego suelto con las recetas que tanto le gustaban a Dalí «que no se pierdan, y para que algún día que améis mucho las podáis hacer, carísima Isabel, a quien le tocare esa suerte de vuestro amor».




