Leí un capítulo más de Solaris.
Puras teorías.
Vi la película hasta más o menos donde había dicho: no me acordaba del orejudo ni del enano, que creía que eran uno solo. Menos de la mujer del suicida... aquella que anda por la base espacial con una pulsera de cascabeles. En la novela es una mulata enorme.
Esta película siempre depara sorpresas.
Hoy jueves sigo dolorido e incómodo. Tomo solamente una de las pastillas, las que quedan del fin de semana pasado; las otras se acabaron el martes.
2008-09-04
2008-09-02
Me desperté más aliviado.
Siento dolores pero no tengo puntadas. El lunes por la madrugada fueron una tortura. Me volvieron a despertar intensos puntadas en toda la espalda, la muñeca derecha y los dedos de la misma mano. Ocurrió a eso de las cinco.
Después de maldecir durante un rato, fui a la cocina y me puse a leer Solaris de pie.
El informe Berton, con los jardines de yeso y el bebé de cuatro metros, no es una invención de Tarkovsky, sino que se puede leer en la novela de Lem.
El sueño ganó a los dolores alrededor de las diez y media. Dormí hasta las trece. Me levanté mucho mejor, pero con miedo. No quiero volver a sufrir las puntadas de la tendinitis.
Me cuido ahora de tipear despacio y probaré usar el mouse con la izquierda.
Hoy continuaré la película hasta donde llegué con la novela: primera resucitación de la mujer de Kelvin y conferencia, videófono de por medio, entre Sartorius, Saunt y Kelvin.


