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2008-04-15

«No se trata simplemente de fragmentar una historia, sino de impedir que avancen todas las […] historias que comienzan a contarse. Chitarroni las corta con un No, como si la frustración de la ficción, el gesto de pararla en seco o descartarla por inadecuada […] fuera lo único que puede hacerse en el jardín en ruinas de la literatura: seguir produciendo ruinas.» Esta cita es de Beatriz Sarlo y pertenece a la página catorce del número final de la revista Punto de vista —la reseña de Sarlo sobre la novela de Luis Chitarroni está completa en el sitio de La Nación—. Sigo una frase que Sarlo toma de Chitarroni: Si uno llega a completar la biblioteca de otro, muere. Sarlo desarrolla ese enunciado: «Negarse a completar, negarse incluso a las mejores ideas: por ejemplo, inventar una historia sobre "El solterón" de Lugones, cuyo narrador tendría en su poder un libro que perteneció al solterón y pudiera leer sus subrayados.»
Estoy moviendo oraciones y reubicándolas para llegar a la parte que me interesa. Chitarroni en su novela, simplemente anuncia el argumento [historia sobre "El solterón" de Lugones] pero no se concede la oportunidad de continuarlo. Esta afirmación se ejemplificaría: si un autor llega a completar la historia de otro también muere. No se relaciona demasiado conmigo la estrategia constructiva de Chitarroni. Un adefesio escribió por ahí, que seguramente ofrece el atractivo para los amigos de «saber qué hace él cuando no está con nosotros, cuando está solo y piensa y escribe.»
Vuelvo a la página catorce. A continuación, Sarlo expande su afirmación acerca de la ficción interrumpida usando paréntesis, que dicen: si un autor llega a completar la propia historia muere.
Lo dicho en ese paréntesis tiene un potencial infrecuente, que habla no sólo de literatura.

2008-03-29

Villa (1996) es la notable novela que omitía extrañamente Ricardo Piglia hasta hace un par de años cuando llamaba la atención acerca de que todavía no había sido ficcionalizado nada a partir del genocidio o del terrorismo de Estado. Luis Gusmán sitúa su personaje más atrás, pero no por esto habría de ser omitido dentro del mismo contexto. Porque el plan sistemático de secuestros, torturas y desapariciones de la dictadura asomaba ya en aquel accionar ilegal de grupos paramilitares comandados desde el Ministerio de Bienestar Social durante el gobierno democrático de María Estela Martínez.
Ahora las lluvias, la amenaza del desabastecimiento de carne y la Pascua compusieron un marco en el que me resultó imposible no imaginar constantemente El matadero, de Esteban Echeverría.
Pero no sé. Quizá se trate de la argentinidad al palo. La guerra gaucha con ipod, falsamente decidida en una placita a pocos metros de los búnkeres de Puerto Madero. Todo tiene que ver con todo, si puede usarse la expresión. Miro una instalación en el lago del Planetario. La maqueta de una casa semihundida en el lago, rodada de gansos que ahí viven, para despertar acá conciencia sobre las inundaciones en el norte del país. Arte solidario del Ministro del presidente de Boca Juniors. Que fue Ministro hasta el 2001 de De la Rúa y asesor de imagen del cien por ciento amoral Sobisch.
Todo bien exagerado.