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2009-07-17

Ayer, mientras conversaba con Víctor sobre las motivaciones al momento de comenzar a leer una novela, comenté que había experimentado al menos dos al ponerme con Werther: continuar más adelante con los Fragmentos de un discurso amoroso, puesto que al llegar a Las imágenes tuve la sensación de que me estaba perdiendo muchas cosas por no haber leído previamente Werther, libro de cabecera de Roland Barthes, y, la segunda, encontrar la página donde debía aparecer la cápsula nevada, como yo la llamo, la esfera de agua, como Víctor la llama, o la miniatura vidriada, como Eduardo Molina, el traductor de los Fragmentos, la llama; si, y solo si, los tres hablamos de lo mismo. En una próxima entrada, relataré algunos percances al respecto; antes quiero volver al falso tintero de Paul Auster.
En una entrada de hace casi dos años mencioné la falsa cita de Pinocho en La invención de la soledad. Reproduciré abajo los parágrafos sustanciales, y también, a continuación, algunos comentarios y correos entre amigos.
El tintero falso en Terminé las dos últimas páginas de La invención:

[…]
Durante varias noches revisé fuentes y más fuentes pero no hallé el pasaje del libro de Carlo Collodi que, de acuerdo con Paul Auster en la p. 231 de La invención, diría: «…por un momento [Pinocho] pensó que lo habían sumergido de cabeza en un tintero…»

Por el contrario dice:
«…una oscuridad tan negra y profunda que le parecía como si hubiese entrado de cabeza en un calamar lleno de tinta…»

El calamar lleno de tinta es una imagen tan impresionante como la del tintero. Los lectores de La invención conocemos el increíble despliegue que Paul Auster hace a partir del inusitado tintero o inkwell. Pero dicha imagen tiene un poder de revelación increíble porque no está. El efecto de revelación surge de una cita que por lo menos yo no pude hallar.
Me resulta chocante tener que decirlo. Pero no está en Collodi. Únicamente parece existir en Austerlandia.



No voy a defender a Auster.
Pero se me ocurrió que, como Ravel con Debussy al orquestar sus piezas para piano, hizo modificaciones sin traicionar el espíritu original.
Auster se tentó con la metáfora, y se cayó al pozo de tinta.

Publicado por Paulino para Lugar de olvido a las 16 de septiembre de 2007 12:18


Estoy intentando (ya sé que suena a locura) contactar con Paul Auster para preguntarle por qué ese intercambio entre tintero y calamar. No me puedo creer que sea un error, y no me puedo creer que sea una "licencia". Le mande un mensaje a la persona que le lleva su web "oficial". Veremos...

Publicado por gaab de aquí para allá para Lugar de olvido a las 19 de septiembre de 2007 4:15

From: Gabriela
To: Gustavo
Sent: Monday, October 22, 2007 5:11 AM
Subject: Paul Auster Discussion Forum

Recibí una respuesta (no de Auster) sobre una teoría acerca del tema del tintero, Pinocho y el calamar.

Maybe because Solitude is about the writing process.
Since that part about Pinochio is a metaphor for the writer's solitude and creative process ("it is in this darkness... that the essentia creative act of the book takes place") he uses an inkwell instead of a squid. Just as Pinocchio is dipped into the darkness (and creates himself), so Collodi dips his pen into the inkwell and creates his work (which is also a way of creating himself).

— Original Message —
In The invention of solitude P. Auster mentions Pinocchio. He says that when Pinocchio recovered there was darkness everywhere, a darkness "so deep and so black that for a moment he thought he had been dipped head first into an inkwell." but in the actual book (Pinocchio) Collodi says that he thought he had dipped his head into a "squid full of ink".
A friend is trying to find out why Auster may have changed the story turning an squid full of ink into an inkwell.
Any help would be much appreciated.
Thanks
Gaby
the invention of solitude - the inkwell and the squid - by gaby - Sep 17th, 2007 - 12:19 PM

From: Gustavo
To: Gabriela
Sent: Tuesday, October 23, 2007 1:04 AM
Subject: al pepe...

Auster, pero no Collodi, «uses an inkwell instead of a squid».

La decepción proviene de la cita textual, el entrecomillado se lee en todas partes como cita textual.
Me encanta la imagen del tintero pero es falsa.
Paul Auster debería haberla incluido como lo que es: una imagen del narrador a partir del libro de Collodi.

La lectura atenta de La invención de la soledad muestra que Auster refiere también a una versión americana del libro... es decir, va y viene descuidadamente, tomando partes y haciendo con esas partes lo que a él se le antoja y/o ocurre. De cualquier manera, que haga todo eso no es objetable. Quiero decir, me parece que no debe existir duda acerca de la objeción: las citas deben ser válidas, es decir, literales.

On Page 126: "... The story of Pinocchio. First in the Disney version, and then, soon after, in the original version, with text by Collodi and illustrations by Mussino..."
On Page 129: "... nearly sinking under the weight of Gepetto's body, making his way through the gray-blue night (page 296 of the American edition), with the moon shining above them, a benign smile on its face, and the huge open mouth of the shark behind them. ..."
On Page 160: "... Around him all was darkness, a darkness so deep and so black that for a moment he thought he had been dipped head first into an inkwell." This is Collodi's description of Pinocchio's arrival in the belly of the shark. ..."

Si la respuesta que obtuviste es de Austerlandia (página oficial de Auster) y querés publicarla en el blog, dale. […] Si fuera necesario yo haría un comentario para cerrar.
Y si no, me parece al pepe.
[…]

From: Gabriela
To: Gustavo
Sent: Monday, October 22, 2007 5:29 PM
Subject: Re: al pepe...

Sí, es de la página oficial de Auster, y te la mandé aún a sabiendas de que no te haría ni cosquillas, porque sabía lo de la cita y el entrecomillado.
Como te dije, yo no leí el libro aún (creo que está en la maleta de mi padre, que revolvió cielo y tierra para conseguirlo) así que soy mera copiadora.
[…]

From: Paulino
To: Gustavo
Sent: Tuesday, October 23, 2007 10:47 AM
Subject: Re: al pepe...

Leí todo el mail aunque ya me había quedado claro lo de la cita textual que en cualquier caso es mentira si se la toma como tal.
Pero no entiendo por qué un escritor como Auster hace semejante cosa, es incomprensible.


La entrada de marzo sobre la miniatura vidriada:
El aire atrapado (o la irrealidad misma)

Nota paranoica: Parece que Gabriela respondiera antes de que yo le dirija mis correos porque escribe desde Australia.

2008-06-27

Durante el mes de abril, más exactamente entre el cuatro y el treinta de abril de dos mil ocho, hubo cuarenta visitas a través de Google que buscaban información acerca de un barco.La primera fue hecha desde Chuquicamata, en Chile, y las treinta y nueve restantes desde Vicente López, en Argentina.
La primera búsqueda, era por una imagen, porque exactamente fue: «foto del barco dew of fire». Y las treinta y nueve restantes, solamente: «barco dew of fire».
La visita desde Chile tuvo como destino un comentario de Gaab, que contiene una bellísima combinación de dew y fire. Dichas palabras aparecieron en el contexto de una respuesta de Gaab a Silv en la entrada de agosto de dos mil siete. Transcribo los comentarios completos a continuación:

gaab de aquí a allá ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Tengo La invención de la soledad apoyado sobre el ...":

Nunca percibí­ a dios. Nunca debo haber tenido una emoción tan grande. Percibo, sí, su ausencia constantemente. ¿Quizás me olvidé?
Silv, creo que tu cita perdida es:

Once in my dreams I held in my hand a pearl. I have no memory-vision of a real pearl. The one I saw in my dreams must, therefore, have been a creation of my imagination. It was a smooth, exquisitely molded crystal. [...] My pearl was dew and fire, the velvety green of moss, the soft whiteness of lilies. Helen Keller.

No modificarí­a tu lista. Me gusta tal cual es. Pero tendría mi lista, que no incluirí­a a Nebbia. Me produce una profunda tristeza. Mi lista incluirí­a a Auster, tengo que leer La invención... Mi preferido es Mr. Vértigo.

Publicado por gaab de aquí a allá para Lugar de olvido a las 7:56 del 7 de agosto de 2007

silv ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Tengo La invención de la soledad apoyado sobre el ...":

Me siento a escribirte con el imagen de Lito el sapo, por supuesto. El “sapolito” me lleva al nombre de algún antiguo dios americano. O el altar de los sacrificios, donde guillotinaban a los bichitos en su honor para que el gran dios Sapolito no enfurezca y castigue a la humanidad medanera con tormentas de arenas. Su amante “saponina”, siempre intercediendo compasiva ante el gran sapo glotón, creó la planta “uña de gato” para contener las dunas, mientras Sapolito posponía el despertar de su furia; después de todo, siempre, si sabía esperar, le llegarían más bichitos.
Gesell y tu percepción. Que habría recortado Cervantes? El ruso? Gaab? Cuál habría sido mi lista? Seguramente más árboles y menos paletas. Venís/venimos rondando la ceguera y la visión: lo que se percibe. “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Como dice mi amiga F.: “el problema no es morirme sino dejar de ver lo que seguirá sucediendo”.
La visión como percepción. Mal cito lo que no pude reencontrar para citar correctamente: Hellen Keller que era ciega, sorda y muda. Cuenta que soñó con un objeto maravilloso y lo describe (y aquí vendría lo que no encontré en ese libro descomunal): el lector sabe que es una perla, pero ella soñó con una perla que no sabe. Tal vez, yo soy ciega para las perlas de Keller. Otra percepción.
Badoni, la gata de mi flatmate, a la cual rebauticé Bodoni, que es la letra que usé para mi primer libro. Me ama, soy su mamá gata perdida. Quisiera poder escribir uno de esos cuentos maravillosos que Colette escribió sobre sus gatos. La percepción del amor reencontrado.

blow blow soft winds
my heart is empty

Trabajo muchos estos días antes ir a ver a S. al continente, tengo la cabeza con tantas cosas que cierro los ojos y no veo nada, lo cual me produce un terrible malestar. Percepción saturada
Pienso mucho en S. y su percepción de mi persona.
De la percepción a la conciencia hay un pasito. Pero de esto no voy a hablar (Wittgenstein)


Publicado por silv para Lugar de olvido a las 19:08 del 3 de agosto de 2007

Mi perla era lisa, exquisitamente moldeada en cristal.
[...] Mi perla era rocío y fuego, el aterciopelado verde del musgo, la suave pureza de los lirios.

Estas treinta y nueve visitas del rocío y el fuego, es probable que hayan sido efectuadas todas por una misma persona. Estoy casi seguro, dado que se efectuaron desde Windows con el navegador Safari, una combinación infrecuente.
La llegada habría ocurrido por azar, para usar alguna expresión, porque el contexto de las palabras en cuestión habla de una perla, y no habla del barco buscado. Sin embargo, la misma persona habría vuelto treinta y ocho veces más durante el mes de abril repitiendo la búsqueda inicial. Indudablemente, durante sus visitas encontró contenidos de interés, ya que:
1. No se dirigieron ya a la entrada del comentario donde aparecen las palabras.
2. El promedio de lectura fue de 2:36 minutos, apenas inferior al promedio general, que es de tres minutos.
La visita de Chile no fue nada breve, por el contrario fue de 10:51 minutos. Pero fue hecha con otro navegador y no se repitió desde aquel país.
Así que.
Yo me animo a suponer que a partir del treinta de abril, el visitante o la visitante de Argentina, ingresaría en forma directa. Quiero pensar que está leyendo ahora...

Pero todo viene a cuento de otra visita, un auténtico enigma. Una visita reciente, que no tuvo nada que ver con la perla o el barco. No. Tuvo que ver con Karma Illyar, o más precisamente, con las palabras claves: «karma illyar». Ocurrió el martes pasado, unos días después de la entrada: [19:54] Yo: alguien habla español... Para hacer la prueba, repetí la búsqueda a través de Google: los nombres, tipeados uno a continuación de otro, condujeron a Lugar de olvido
Google Analytics me dio más información: la visita duró 4:55 minutos y fue realizada desde Hamamatsu, en Japón. Abajo las ventanas correspondientes:

Yo titularía: El rostro de Karma Illyar.
Trataría acerca de alguien que sigue las huellas del avatar de la isla estrellada, aunque también ese alguien podría ser la propia persona que mueve los hilos del avatar, y a quien, como a Silvio le pasó con el unicornio azul, el avatar se le perdió.
¿Es mentira o es ficción? Las fronteras parecen haberse borrado. El juego ha tomado el sesgo de un relato de misterio o cuento policial. Pero es verdad, es japonés y entró por mis ventanas.


2008-02-16

Partes de Encontrado y memoria de la tapa de otro libro. La tapa de Tombuctú, el nombre de un sitio que es como el Valle de los Huesos de jota. A remote or extremely distant place; from here to Timbuktu; también en la novela de Paul Auster. Adonde el perro semihundido de Goya va a morir.


Tal vez allí Bea esté leyendo. Entre elefantes.
Quién sabe.

El punto es que Cipriano anduvo llorando. La mudanza de la alfarería al Centro dejó de ser solamente una ilusión de su yerno. Se convirtió en realidad.
Llovía.
«No hay nadie más en la aldea, y probablemente en el mundo, con quien dejase a Encontrado, preferiría matarlo. Expectante, moviendo el rabo con lentitud, el animal seguía mirando desde lejos. Cipriano Algor se agachó y lo llamó, Encontrado, ven aquí. Escurriendo agua por todas partes, el perro comenzó sacudiéndose entero, como si sólo decente y presentable estuviese autorizado para acercarse al dueño, después dio una rápida carrera para encontrarse, al instante siguiente, con la cabezorra apoyada en el pecho de Cipriano Algor, con tanta fuerza que parecía querérsele meter adentro. […] Le extrañó que le pusieran la correa, no era habitual cuando viajaban, pero la extrañeza aumentó, se hizo confusión, cuando la dueña y el dueño más joven le pasaron la mano por la cabeza, al mismo tiempo que murmuraban palabras incomprensibles y en las que su propio nombre de Encontrado sonaba de manera inquietante, aunque lo que estaban diciendo no fuera tan malo, Vendremos a verte un día de estos. Un tirón le hizo entender que tenía que seguir al dueño, la situación volvía a aclararse, la furgoneta era para los otros dueños, con éste el paso sería a pie».

Posdata a Tombuctú. Tercera edición, diciembre 1999, Anagrama: en las páginas preliminares dice Perro semidesnudo en vez de «Perro semihundido».

2007-12-14

Pasa el tiempo suficiente conmigo, y ni lo verás siquiera.
El escritor viaja al encuentro de Héctor Mann en avión, no sin angustia pero acompañado por Alma, una joven con la mancha de un antojo en la cara, que lo saca a la fuerza del aislamiento en que se encontraba
Él había tenido un accidente en el camino de regreso a su refugio; chocó con la camioneta al intentar esquivar un perro.
¿Mr. Bones?
Al llegar, lo aguardaba la desconocida Alma.
Ahora emprenden juntos el viaje en avión hacia Nuevo México, donde ella dice que está Héctor Mann. Alma se lo asegura. Acaricia la mano del escritor. Alma toma la mano al momento de despegar del aeropuerto donde se estrellaron la esposa y los hijos del escritor.

El penúltimo capítulo consiste en una cadena de especulaciones construidas a partir del acto de hacer algo para luego destruirlo. Tópico en paralelo con la historia de Martin y Claire, Héctor, Frieda, la joven asesinada, el escritor mismo y Alma. Giros y más giros sobre el mismo asunto.
Horas después, la copia de Martin Frost será destruida.
Pregunto dónde quedó el antojo de Alma.
Cuando Zimmer y Alma se ponen de acuerdo en viajar a Nueva México, después de una primera reacción, contraria y violenta, se da entre los dos un bello diálogo. Quiero copiar unas palabras de Alma a Zimmer:

«Pasa el tiempo suficiente conmigo, y ni lo verás siquiera».

En dicha conversación hay una referencia a El antojo, cuento de Nathaniel Hawthorne.
El cuento está en la biblioteca de Alma. Afuera se queman todas las películas de Héctor Mann.


2007-10-12

El Diario del año de la peste es citado en Estado de sitio. La propia peste forma parte del elenco en esta obra dramática de Albert Camus: un funcionario burócrata y sus acólitos.
La peste se transmite a través de la traición, que es también traición romántica.

El vecino que me trajo El país de Auster se llevó copia de tres textos míos. Me llamaron la atención los nombres que usó para referirse a los tres: el gutre, la salina, y la polio, como yo los llamo de entre casa. Con respecto al gutre, vino a Internet buscar el significado, pero mi vecino no hizo referencia alguna al cuento de Borges: El evangelio según Marcos. Parece que la mirada de Víctor Hugo Sommi se las trae, aunque sosegada e inquietante. Le hizo evocar algunos deslizamientos por escondrijos de Sobre héroes y tumbas. Estableció un paralelo entre el peregrinaje de Sommi y el del envenenador. Los dos cementerios. Asoció las mariposas con las pulgas, en la clave racional del envenenador de la salina. El encuentro del envenenador en Londres con la mujer desfalleciente le hizo evocar el pasaje de Las piadosas en el cual se inspecciona el cuerpo de una sifilítica. Leyó la crónica periodística de la polio, como si se tratara de un cuento. Le pareció maravilloso «el sueño con leones» del Ruso.
Lo perturbaron las fotos que le mostré del Hogar Respiratorio.
Es curioso que haya asociado mis relatos con dos autores que no me interesan. Pero leer es traer al presente libros.
Y viceversa: todos los libros están en un libro.
En el mejor de los casos, el libro más amado.

Leo cuentos de Di Benedetto.
Son propios de los diarios de Kafka. Porque Enroscado, el primero de los Cuentos claros, es la historia de un Gregorio Samsa contada con la prosa de Mario Denevi, el escritor de Rosaura a las diez.
Son relatos alucinantes. Falta de vocación y As se parecen mucho a la cautivante Dormir al sol, de Bioy Casares.
El relato titulado: Caballo en el salitral es único. Sólo una sombra: el comienzo. Pero es único. Pertenece al libro de cuentos El cariño de los tontos.
De Mundo animal, releí Las mariposas de Koch y Reducido, dos relatos breves, de página y media, que había encontrado de casualidad en 2002, publicados en una revista. Cito el primer parágrafo de Las mariposas con el propósito de que, si mi vecino todavía no lo leyó, comprenda la obligación de hacerlo:

Dicen que escupo sangre, y que pronto moriré. ¡No! ¡No! Son mariposas, mariposas rojas. Veréis.


2007-10-09

Placeres a partir de Playa quemada.
El cuento de las jaulas con los pájaros secos es el mejor cuento argentino de terror desde La gallina degollada. Macabro.
«Tus pájaros te salvan de ser iguales a ellos», le dice un compañero de la Morgue al protagonista del cuento, que había dormido una siestita a un costado del piletón donde se enjuagaban los bobis. Me encanta el niño electrizado de Rompecabezas. El niño reúne las piezas con la potencia de un loco, sin mirar, ubicándolas de memoria en los lugares exactos. La mariposa de cartón en el final. La versión de Nielsen de La intrusa me sigue pareciendo genial después de los años transcurridos desde la publicación en El porteño. Excitante la escena de la prima con uno de los hermanos, bajándole la malla y chupando, ella «pulpo calamar ventosa agua fondo sueño adiós mundo real». Y también son geniales: el codex, las etiquetas, las franjas en que fue dividida la arena en tributo a Borges.

Tengo El país de las últimas cosas, de Auster, que me prestó un vecino. Me la trajo después de ver La invención de la soledad en mi escritorio.
Nada alcanza para romper la monotonía de este Auster. Un solo instante de la lectura en que me pasó algo. La que habla es Anna.
«Cada vez que tomábamos uno de aquellos breves paseos, yo sentía que me enamoraba de él otra vez, en medio de aquella oscuridad, tomados de la mano, recordando cómo había sido todo al principio, en los días del invierno terrible, cuando vivíamos en la biblioteca y mirábamos cada noche a través de la enorme ventana».
No obstante, el libro tiene un aire de apariencia urgente. Pretenciosamente urgente.

Agarré los libros de cuentos de Levrero.
A tientas, como el personaje de El lugar, pasé las páginas de los dos libros buscando el único cuento que recuerdo, y no podía encontrarlo, perdido en la indefinición de los textos, desorientado por una arquitectura demasiado plástica, gomosa quiero decir, y por ello distinta a la de la novela. Distinta a la de la magnífica novela El lugar.
Finalmente lo ubiqué, se llama Los muertos. Es ocurrente, como son ocurrentes todos los demás relatos. Sin embargo, yo recordaba que el comienzo era muy montevideano. Los libros no son descartables, tienen su parte erótica, pero a mí me decepcionó que tuviera solamente eso y los cuentos fueran tan arbitrarios. Caprichosos.
Algunos comienzan a lo Nielsen, sin embargo ningún texto de estos dos libros se le aproxima siquiera. Se llaman Espacios libres y Aguas salobres

Me tocan los siguientes objetos del testamento de Juan José Castelli.
En La revolución es un sueño eterno el testamento de puño y letra de Castelli incluye, entre otras cosas, y habiendo él previamente aclarado que no era dueño de moneda alguna ni de objetos de valor:

Un ejemplar del Quijote, regalo de mi padre
...
Un ídolo asiático, con un pito desmesuradamente largo, regalo de un patriota que conocí en el Alto Perú.
...
Dos pistolas, que pertenecieron a Moreno, de corto alcance, que me regaló su viuda.
...
Diario del año de la peste, de un tal Daniel Defoe, traducido del inglés por Agrelo.
...
Dos cuadernos
Cuatro plumas
Un tintero.


2007-09-21

«Soy amigo de Pinocho, que en la infancia me llevó de la mano por los caminos de la imaginación. Cuando me encuentro con otros devotos de Pinocho descubro que nuestros recuerdos no coinciden. Freud, quiero decir algún "complejo" del snobismo herido, me induce a olvidar lo que sé: ellos, siguiendo una buena tradición, leyeron el volumen de Collodi; yo, con infinidad de ignorantes, los fascículos publicados en la colección "Cuentos de Calleja" en colores.»
»Hoy leo la "Nota preliminar" de Esther Benítez a su traducción del libro de Collodi: "Es muy cierto que la fama y difusión del Pinocho de Bartolozzi en el ámbito lingüístico hispano eclipsaron por completo el Pinocho de Collodi, hasta el punto de que aún hoy es frecuente encontrarse con quien [¡con ABC debiera decir!] recuerda nítidamente el Pinocho de Calleja y sólo tiene una borrosa memoria del de Collodi". Baste aclarar que Bartolozzi ―Salvador Bartolozzi Rubio― ilustró con sus dibujos la traducción de Calleja del libro y escribió el texto de las nuevas aventuras publicadas en los fascículos que tanto me atraían: Pinocho en la India, Pinocho en la China, Pinocho en el Polo, Pinocho en la Luna, Pinocho en el país de los hombres gordos, Pinocho en el país de los hombres flacos, Pinocho en Jauja, Pinocho en Babia, Pinocho detective y de la serie Chapete reta a Pinocho, que me gustó menos.»

Este es un escrito de Adolfo Bioy Casares en Descanso de caminantes, 1982.
Tiene mínimas revisiones mías a partir de que poseo el Pinocho de Alianza, 1980, con Prólogo y Nota preliminar notables. Entre otras cosas, corregí el nombre del dibujante y escritor del Pinocho español, que en el diario de Bioy Casares aparece como «Bertolozzi».
Pero lo que importa es el encuentro con amigos. El miércoles fui a tomar un café con Paulino a La giralda y mezclado con temas automovilísticos, la largada de Spa-Francochamps y otros, nos perdimos hablando de Lucignolo, Paul Auster, Bioy Casares.
Las charlas con amigos suponen un montón de desviaciones. De todas ellas me pareció atractiva la huella que dejó Bioy, vista ahora desde el ángulo de la traductora del libro de Collodi, M. Esther Benítez, que en la Nota hace la siguiente pregunta:
«¿Cómo es el Pinocho de Bartolozzi?»
Sumar ahora una nueva cita de la Nota tiene por fin denotar que, como explica la contratapa de Alianza, la llamada literatura para niños desborda las fronteras del género.
»¿Por qué el Pinocho español se mueve en un mundo de fábula? ¿Por qué en todas sus aventuras no existe una progresión psicológica de los personajes, como ocurre en el Pinocchio italiano? Si la constante obsesión de Pinocchio es convertirse en un niño de carne y hueso, nuestro Pinocho [España, 1917/1920], satisfechísimo de su condición, sueña en seguir siendo muñeco; en cierto sentido es como Peter Pan, el niño que no quiso crecer. Y lo mismo ocurre con el realismo de la obra, que sólo aparece en detalles esporádicos y nunca en la caracterización y actuación de los personajes. ¿Por qué este enfoque? ¿Presiones del medio ambiente? ¿Imposición del editor? Habría que estudiar el problema a fondo y por extenso y no en los reducidos límites de estas notas».


2007-09-14

Terminé las dos últimas páginas de La invención. Me dieron ganas de empezar el Libro de la memoria de nuevo. Fue una sorpresa lo que hace Auster al final. Imposible de sintetizar. Un joven alquila una habitación en París y luego descubre que su padre había estado escondido en aquella habitación durante la guerra. Auster habla acerca de la rima que esos dos hechos establecen al ser relacionados. Y a partir de ahí, todo lo demás: Pinocho y Collodi, el mundo de los juegos de Daniel, su hijo… Éste es el mejor Auster.

Pero no puedo sustraerme ahora de la decepción con el tintero de Auster, la imagen que él asienta en La invención. Quisiera estar yo equivocado pero pienso se trata de una falta a la verdad. He cotejado varias fuentes y no encontré el fascinador tintero que Auster dice está en Collodi.

Mi decepción empezó al anotar a mano en las páginas de mi propio Pinocho la versión de Auster del capítulo XXXIV, es decir en las páginas donde: Pinocchio, gettato in mare, è mangiato dai pesci e ritorna ad essere un burattino come prima; ma mentre nuota per salvarsi, è ingoiato dal terribile Pesce-cane / Pinocho arrojado al mar, es comido por los peces y vuelve a ser un muñeco como antes; pero mientras nada para salvarse es engullido por el terrible Tiburón.

Pensaba en el hallazgo del tintero.
Paul Auster apunta que Disney deformó el Pinocho de Collodi haciendo entre otras cosas que el muñeco fuese tragado por la Ballena en vez de por el Tiburón, il terribile Pesce-cane. Cualquiera que recuerde el libro de Carlo Collodi lo sabe.
Sin embargo, completamente embebido en la transcripción que Auster hace del momento en que Pinocho es tragado por el Tiburón fui a buscar el pasaje del tintero.
Siendo así leí que «el monstruo, absorbiendo el agua, se bebió al pobre muñeco como si bebiera un huevo de gallina; y lo tragó con tanta violencia y avidez que Pinocho, al caer en el cuerpo del Tiburón, se dio un golpe tan descomunal que se quedó aturdido un cuarto de hora».
Mi decepción con Auster fue fiera cuando continué leyendo mi propio Pinocho. Voy a cruzar las versiones:

Quando ritornò in sé da quello sbigottimento, non sapeva raccapezzarsi, nemmeno lui, in che mondo si fosse. Intorno a sé c’era da ogni parte un gran buio: ma un buio così nero e profondo, che gli pareva di essere entrato col capo in un calamaio pieno d’inchiostro. / Cuando [Pinocho] volvió en sí […] había, por todas partes, una gran oscuridad; una oscuridad "so deep and so black that for a moment he thought he had been dipped head first into an inkwell." This is Collodi's description of Pinocchio's arrival in the belly of the shark. ...

Durante varias noches revisé fuentes y más fuentes pero no hallé el pasaje del libro de Carlo Collodi que, de acuerdo con Paul Auster en la p. 160 de La invención, diría: "…por un momento [Pinocho] pensó que lo habían sumergido de cabeza en un tintero…"

Por el contrario dice:
"…una oscuridad tan negra y profunda que le parecía como si hubiese entrado de cabeza en un calamar lleno de tinta…"

El calamar lleno de tinta es una imagen tan impresionante como la del tintero. Los lectores de La invención conocemos el increíble despliegue que Paul Auster hace a partir del inusitado tintero o inkwell. Pero dicha imagen tiene un poder de revelación increíble porque no está. El efecto de revelación surge de una cita que por lo menos yo no pude hallar.
Me resulta chocante tener que decirlo. Pero no está en Collodi. Únicamente parece existir en Austerlandia.


2007-08-02

Tengo La invención de la soledad apoyado sobre el escritorio, entre la ibook y mi pecho. Y de mi lado izquierdo las notas que apunté durante los días que estuve en Gesell.
Van mis apuntes.

El malentendido y Calígula, de Albert Camus. Los huesos y los perros de la villa. La sombra del cuis gigante en dirección al muelle, la buscadora de oro con su estrafalario bastón, la parejita de la sombrilla, el blues, los rebuznos de Cervantes, los originales de mi propia novela, el fuego, el asado frío, las paletas y el juego de manos con la pelotita de tenis, el perro lanudo que me hizo entrar al helado mar cuando me robó la pelotita, la esquinita verde y con sol, el bosquecito, el refugio al lado de la casa del viejo patriarca de la villa.

Trazo el derrotero de Miguel, el autor del Quijote: Nápoles Roma Mesina Navarino Túnez Cerdeña Argel Barcelona Esquivias Lisboa Orán Toledo Valladolid El Escorial. Un camino que Miguel empieza con su padre: de Alcalá de Henares a Valladolid, de Valladolid otra vez a Alcalá y de allí a Córdoba Sevilla Madrid.
Dibujo una mula patas para arriba (significa muerta) mirando con un solo ojo hacia el río Tajo. Una mano izquierda en Lepanto. La galeta El Sol, en medio de una tormenta, frente a las costas de Cadaqués.
Ubicación del Toboso.
En la misma hoja el itinerario de las tres salidas del Quijote y Sancho.

Hay pájaros con sus crías en el balcón que rasquetea Ramón. La vecina jubilada les tira migas de pan. Los pichones hacen prácticas de vuelo entre los alguaciles. Chillan. Son pájaros del antifaz.

Leí el barco encantado y el encuentro con la bella cazadora. El Quijote contesta las ofensivas del grave clérigo.

Advierto que los jugadores de paleta de la última hora del martes están en la playa. 10:30 hs. ¿Habrán permanecido jugando toda la noche?

Ramón dice que hoy miércoles termina con los postigos. Me pregunta si estoy aburrido. Le digo que estoy terminando una novela. Me pregunta si soy escritor. Le respondo que sí. Él se siente en falta porque no lo sabía.
Acá se sabe todo, dice. Cómo no me enteré.

Un tipo anda con un detector de metales por la orilla.

Mientras miro los alguaciles aparece la vecina jubilada y también me pregunta si estoy aburrido.
Le comento que los alguaciles deben venir con los riegos de Elsa, porque posteriormente no llueve. Sucede igual en toda la villa, en los jardines desiertos pero con regadores automáticos.

Un travesti trota por la orilla del mar.
Lleva puestos un corpiño turquesa y unos jeans, desteñidos o manchados de fábrica, apretadísimos.

Es jueves. Otro persona más con un detector de metales.

Ayer no sonó la alarma.
Me figuro a mí mismo como al personaje de Soy leyenda, oculto de los vampiros durante la noche. No sé, pero todos los días a las 18:00 horas suena una alarma en Gesell.

Me río con el «cómputo de Ptolomeo» en el viaje corto pero fantástico en el barco encantado.

Le agrego pimienta al guiso de arroz.

Lloro.

Lito Nebbia en la 94.7 FM del Mar.

Un sapo pasa el día entero en el rincón izquierdo del postigo de la entrada del departamento. Duerme acurrucado. Lo descubrí al irme a la playa. Está bien protegido ahí. Tiene insectos de los que se alimenta. Lo bautizo Lito.

El travesti salticonando en la orilla. Con los mismos jeans. Qué sucia, dice Elsa mientras abre el riego y aparecen los alguaciles.
No llueve.

Un perro mira todo el tiempo los pies del dueño, mientras ambos pasean por la costa.

Es de noche y Lito anda bien despabilado por el parque.

Cortázar en la 94.7
Hermoso relato llamado «Correos y telecomunicaciones» Las encomiendas son embadurnadas con alquitrán para asegurarlas. Y adornadas con plumas (imagen de Disney y de Los tres chiflados). Las estampillas se expenden con un globo de obsequio.

Corto malvones y geranios para traer a Buenos Aires.

Dormí la siesta en el diván negro de la izquierda. Me tapé con una frazada. Estaba medio nublado.

Como palitos de la selva.

Después del mar una ducha caliente (creo que hace tres días que no me ducho, la vez anterior fue luego de un chapuzón en el mar con perro blanco y lanudo).

Jugadores de paleta en el mismo punto de la playa. Los observo desde el diván de la derecha. 18:30 horas.

Putos fósforos que se apagan solos. Puta marca Cancún.

Momentos de danza con sones de blues para distraerme de los vampiros,

Dancing cheek to cheek
Come on, and dance with me

...

bellísima voz y ritmo lento:

blow blow soft winds
my heart is empty

Hoy viernes pasó una citroneta, con un quincho de paja en lugar de acoplado.

Problemas de una parejita. Más diestra hoy con la sombrilla para protegerse del viento. Sin embargo todo se les complica porque hay vientos fuertes desde la villa. Duermen por la mañana y aparecen por las tardes en la playa. El sol se pone en la villa. ¿Cómo se protegen del viento y toman sol al mismo tiempo? Gente delicada y sin solución. El sol de invierno les es esquivo.

Por la cantidad de veces que lo nombra, parece que Cervantes en el Segundo Quijote hubiera descubierto el átomo.

Capítulo I del Segundo Quijote. De lo que el cura y el barbero pasaron con Don Quijote cerca de su enfermedad
El discreto don Quijote, cuando los examinadores le mencionan que el Turco bajaba con su poderosa armada sobre España, propone armar toda la nación de caballeros andantes. El cura dice que todo en aquello que cree el Quijote no es otra cosa que fábula y mentira. Cuando el señor rapador (así lo llama don Quijote al barbero con ánimo de maltratarlo) le pregunta a don Quijote, socarronamente, sobre el tamaño del gigante Morgante, Cervantes usa por primera vez en su novela la palabra átomo:
En esto de gigantes, respondió don Quijote, hay diferentes opiniones, si los ha habido o no en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo…

Transité a pie el bosque entre la tres y el boulevard, a la altura del muelle. Lo había observado en aquella foto aérea exhibida en la casa del patriarca. En la época de la foto la zona era solamente de médanos. Ahora es un paseo bonito, con cuestas y muchos árboles.

Sabina y Milanés. La más puta entre las señoras. La más señora entre las putas.

Emilio Gauna murió en Palermo. Canta Jaime Ross y se basó en el «Sueño de los héroes» de Bioy.

Joaquín Díaz. Paco Ibañez. Leda Valladares.

Leo las cartas del cap. LI, entre el Quijote y Sancho. No quiero que la historia termine, ni tampoco que muera el Quijote. Necesito compartir la ternura del libro.

Leo a Paul Auster, ahora el capítulo dos del libro de la memoria.
La reseña de Las mil y una noches, en el vol. 11, texto en espejo con la primera parte de la novela: La invención de la soledad. El padre le narra un cuento a su hijo.
A menudo le narra un cuento de hadas, o de aventuras; pero a veces no es más que un simple salto imaginario. Había una vez, un niño pequeño llamado Daniel, le dice A. a su hijo Daniel. Estas historias, en las que Daniel es el protagonista, son las que más le gustan a Daniel. A. advierte que, en forma similar, cuando se encierra en su habitación a escribir el Libro de la memoria, cuenta su propia historia, si bien escribe A. donde en realidad correspondería escribir «yo». Real e imaginario, cada uno existe gracias al otro: dos espejos enfrentados.
Libro con dos comienzos. La historia empieza al final, escribe Auster antes de nombrar a Scherezade.