Llega Aurelia y se queda hasta el 3. Al día siguiente, brota el agua de un pozo de veinte metros de profundidad en el terreno de la prefabricada.
— Gustavo López (@lugardeolvido) September 11, 2019
2022-09-11
Prefabricada
2011-10-02
El sábado de las VIII Jornadas Oscar Masotta en la Manzana de la Luces, Tununa Mercado mencionó en dos momentos la «máquina de escribir».
A poco tiempo del inicio del encuentro, dijo: «Escritura quiere decir ponerme ante una máquina [...]». Y volvió a ponerse ante la máquina un rato después, cuando se refería a cómo fue que empezó En estado de memoria, el primer libro que escribiría en Argentina, después de un exilio de casi quince años en México.
¿Qué tipo de escritura ordena la máquina? Puede ser que en el caso de Mercado, la irrupción de la máquina en el dominio de la palabra, de acuerdo con la expresión de Friedrich Kittler, ordene su memoria sobre un fieltro de modista donde ella juega a clavar agujas o alfileres.
Escritura quiere decir ponerme ante una máquina, tener una idea o una cosa que empieza a cobrar forma y que de una manera muy misteriosa se ordena en un registro que no es lo que yo llamaría una obra literaria
[...]
No podría escribir una obra jocosa o interesarme por cosas celebratorias. Sin embargo, estoy convencida de que en el primer libro que hice con la experiencia del exilio me moría de risa de las cosas que había escrito. Hubo mucha gente que captó esos golpes de humor. Yo los hacía un poco de taquito, pensando que era una manera de vincularme con mi propia melancolía.
Es inenarrable lo que uno puede padecer cuando regresa al país después del exilio, yo estaba en un estado terrible. El encuentro con Buenos Aires... necesitaba urgente una ayuda psicoanalítica. Tengo que hacer algo, le decía a mi marido. Hasta que él me dijo, como tomando el té: ¿Y por qué no escribís? Bueno, dije yo. Y me senté en la máquina eléctrica, muy sonora.
Me salió una imagen de antesala de psicoanalista. Escena en la cual no había pensando en veintiún años. Era un psicoanálisis de grupo, donde estábamos todos los compañeros esperando que el psicoanalista nos hiciera pasar, pero de pronto entró un hombre de mediana edad y empezó a doblarse de dolor, diciendo: No puedo más, estoy haciendo una úlcera.
Se estaba muriendo, que por favor el doctor saliera y lo recuperara... Nosotros le decíamos a la secretaria que le dijese al doctor que nosotros nos íbamos, que no había ningún problema. Pero no lo atendió. Tal vez porque no había pedido cita, tal vez porque no era la hora en que tenía que venir. Y aquel hombre esa noche se suicidó.
Así empecé En estado de memoria en 1987.
¿Dónde estaba ese núcleo atrapado para que yo, después de haberme estado paseando por la literatura, con textos eróticos, con textos poéticos o en prosa, comenzara a escribir el libro con un suicida?
Conversación con Patricia Martínez Bin, 17 septiembre 2011.
2008-06-25
Hacer apuntes de cosas que pasaron al avatar en Second Life es material que empieza a funcionar como literatura cuando uno es escritor.
Responder si algo es mentira o ficción, creo que es problemático. Porque ni siquiera es fácil calificar a Domingo Faustino Sarmiento. La forma que encuentra Sarmiento de empujar al lector hacia un territorio desnudo, con algunas colonias alemanas y escocesas, que se exhiben en contraste con la villas nacionales; y a vislumbrar ríos que no son navegados; y a escuchar las confesiones: Yo soy muy propenso a llorar... junto con las ideas que sorpresivamente emergen de esas mismas páginas acerca de la poesía, o, las visiones exageradas del cerebro, o la memoria, del gaucho, por citar algunos ejemplos, es notable.
Por último, Las Nubes, me parece, dialoga con el Facundo. Con la locura del Facundo. Una novela con muchísimo humor. Y leer a Saer es una experiencia estética magnífica.
2008-06-22
En el Facundo, Sarmiento habla de los accidentes naturales y declara que la poesía «necesita el espectáculo de lo bello, del poder terrible, de la inmensidad, de la extensión, de lo vago, de lo incomprensible, porque sólo donde acaba lo palpable y lo vulgar empiezan las mentiras de la imaginación, el mundo ideal».
El miércoles pasado recibí por correo electrónico el cuento de Ray Bradbury: The veldt. El correo decía: «Estoy segura que lo conocés […] Second Life tiene un poco de esto.» Yo respondí: «Sí, es genial el cuarto de los niños.»
En inglés sudafricano, el título quiere decir: open grassland; unenclosed country.
El mensaje no llegó como el de Paulino, por debajo de la puerta de mi departamento. Pero es también una definición: el Segundo Mundo tiene algo de ese cuento. Sin embargo, el cuento habla de cuatro paredes de cristal que serían un canal de ideas destructivas.
La sabana africana y sus leones.
El Facundo habla del hombre-mapa que examina el suelo y el horizonte, «y se echa a galopar con la rectitud de un flecha, hasta que cambia de rumbo por motivos que sólo él sabe, y, galopando día y noche, llega al lugar designado.» El «topógrafo» sirve a los ejércitos, dado que conoce «el rumbo por donde se acerca [el enemigo], por medio del movimiento de los avestruces, de los gamos y guanacos que huyen en cierta dirección.» El libro de Sarmiento describe la práctica de los que atraviesan La Pampa para salvarse de los incendios de pasto. Asegura que hay mil estancias en la mente del gaucho malo. Una mente que puede recordar las señas, las marcas y el color de todos los caballos de La Pampa. Etcéteras que hacen acordar a Las nubes, de Juan José Saer. Para Sarmiento, las mentiras de la imaginación y el mundo ideal, o, lo incomprensible y lo bello, no se contraponen.
Por lo tanto, la tercera definición proviene de la poética sarmientina: el Segundo Mundo es donde empiezan las mentiras de la imaginación.


