2008-08-04

Era raro no tener un yo —ser como un niño pequeño al que han dejado sólo en una casa enorme y que sabía que ahora podía hacer todo lo que quisiera, pero descubría que no quería hacer nada—.


5 comentarios:

euridice dijo...

Mi vida debe ser como esa casa grande. Ando por ella como el niño de la frase. Me estaciono cerca de unas pocas personas, toqueteo algunas rutinas amadas.
A veces siento culpa por no ser una amazona, una gimnasta, una mamá, la hormiguita viajera...qué se yo...

Gustavo López dijo...

¿Qué ha pasado Eurídice?
Interesa escuchar el yo — interesa escucharlo en ese momento, en el que lo sitúa Fitzgerald—, para evaluar hasta qué punto es posible una literatura que de cuenta de la conciencia. O, mejor dicho, del desmoronamiento de la conciencia. La pregunta que cabría al momento de desmoronamiento de la conciencia es: ¿qué ha pasado? He tomado esta noción de la materia Literatura del siglo veinte (UBA / 2003) Pienso que podría resultar de interés para compartir acá.
Pero, y de paso, respondo a Patrick que a la hora de escribir sobre la infelicidad, la impostura intelectual me parece la más deshonesta de las imposturas. Y respecto al mentiroso desaforado, Pastora, digo: ¿el mitómano es un enfermo? ¿Y el director que aprobaba las entrevistas truchas? De cualquier manera, el dúo me hizo reir muchísimo. Por último, y en relación a la inmensa pregunta de Rey, se me ocurre una más inmensa: ¿cómo representar la conciencia? No obstante, arriesgo un ejemplo a imitar: «Pasting It Together», by Francis Scott Fitzgerald.
Part two of The Crack-Up, as originally published in Esquire, March 1936.

el ruso dijo...

Hace un rato largo que estoy leyendo y me encuentro en el mismo estado que él, pero yo por fiaca... como Norman Brisky.
Igualmente, no es un hacer nada. No se trata de un estado dominguero, de interregno entre lo productivo y lo no productivo.
Quienes conocemos la biografía de Fitzgerald, sabemos que a partir de estos textos del Crack-up, él entra en estado de disrupción. Antes, Fitzgerald era un bon vivant, estaba siempre de juerga, andaba de joda en joda. Pero cuando vuelve de un viaje a Europa entra en ese estado. No sé si estos textos son un pronunciamiento. Quiero decir, no sé si expresan descreimiento por una estética, o se tratan de la expresión de una pérdida vital.
Hay algo de crisis de los cuarenta con elementos de dandismo brugués. Él había abrevado del marxismo, del surrealismo, pero de repente parece decir: yo no creo más en lo que venía sosteniendo.
En el final de su novela Hermosos y malditos se manifiesta esa caída. No estaría de más recordar que el contexto social es el del crack financiero que daría lugar a la llamada Gran Depresión.

la ninfa dijo...

Estas escrituras del "yo" me contagiaron ganas de empezar un blog. Me identifico mucho con todo lo dicho y pensado. Fantaseo con nombres pero a veces, como Eurídice, experimento culpa por no empezarlo.
Como se aprecia, la casa enorme en mi caso vendría a ser Internet. Mis saludos para todos.

Gustavo López dijo...

Los diarios íntimos y las cartas forman parte, Ninfa, de esas escrituras. Pero un punto en cuestión es cuándo se produciría literatura. Tengo reparos en cuanto a las condiciones supuestamente necesarias de esas escrituras del yo, que serían ser drogadicto, alcohólico, enfermo terminal o algo por el estilo. Pero algo externo hace falta para que aparezca el monstruo.
Hace poco el Ruso dijo: «Me gustaría escribir sobre mi vida».
Los nombres de la serie de Fitzgerald: «The Crack-Up» «Pasting It Together» «Handle with Care» suenan como nombres de blogs, si bien fueron escritos hace aproximadamente setenta años.
El título al que pertenece el pasaje Era raro no tener un yo recuerda lo que escribió Rey Mono en su propio blog, respecto a la «visión benjaminiana [...] de la vasija rota: quizá tienes todos los pedazos más grandes y logres reconstruirla en su forma general, pero siempre quedará marcada por las cuarteaduras [...]»