2007-09-17

La historia transcurre en el cielo.
Allí está Jesús y aparece un viejito recién llegado.
Jesús le oye comentar al viejito que no consigue encontrar a su hijo. Entonces Jesús se le arrima y el viejito le dice: mi nombre es José, soy carpintero, tuve un hijo de manera un poco extraña, no exactamente natural, y después él quiso hacer las cosas a su modo, se fue de casa y no volví a verlo. En ese instante Jesús alarga los brazos conmovido y grita: ¡Papá!
Y el viejito grita: ¡Pinocho!

Un cuento hecho realidad

Buscando lectores en el paraíso Blogger encontré ciento veintiún registros (121) que incluyen entre sus libros favoritos a Pinocho (36) / Pinocchio (85). Entre todos Lucignolo se lleva la palma: Fecha de inscripción: junio 2005 / Profesión: Marionnette / País: Pays des jouets / Datos personales: Je suis le meilleur ami de Pinocchio, j'aime pas l'école, les livres, les maîtres, bref, tout ce qui peut embrigader un esprit qui n'a pas peur de la vie et de ce qu'elle représente pour chacun de nous / Intereses: Pinocchio / Películas favoritas: Le avventure di Pinocchio / Libros favoritos: Pinocchio


2007-09-14

Terminé las dos últimas páginas de La invención. Me dieron ganas de empezar el Libro de la memoria de nuevo. Fue una sorpresa lo que hace Auster al final. Imposible de sintetizar. Un joven alquila una habitación en París y luego descubre que su padre había estado escondido en aquella habitación durante la guerra. Auster habla acerca de la rima que esos dos hechos establecen al ser relacionados. Y a partir de ahí, todo lo demás: Pinocho y Collodi, el mundo de los juegos de Daniel, su hijo… Éste es el mejor Auster.

Pero no puedo sustraerme ahora de la decepción con el tintero de Auster, la imagen que él asienta en La invención. Quisiera estar yo equivocado pero pienso se trata de una falta a la verdad. He cotejado varias fuentes y no encontré el fascinador tintero que Auster dice está en Collodi.

Mi decepción empezó al anotar a mano en las páginas de mi propio Pinocho la versión de Auster del capítulo XXXIV, es decir en las páginas donde: Pinocchio, gettato in mare, è mangiato dai pesci e ritorna ad essere un burattino come prima; ma mentre nuota per salvarsi, è ingoiato dal terribile Pesce-cane / Pinocho arrojado al mar, es comido por los peces y vuelve a ser un muñeco como antes; pero mientras nada para salvarse es engullido por el terrible Tiburón.

Pensaba en el hallazgo del tintero.
Paul Auster apunta que Disney deformó el Pinocho de Collodi haciendo entre otras cosas que el muñeco fuese tragado por la Ballena en vez de por el Tiburón, il terribile Pesce-cane. Cualquiera que recuerde el libro de Carlo Collodi lo sabe.
Sin embargo, completamente embebido en la transcripción que Auster hace del momento en que Pinocho es tragado por el Tiburón fui a buscar el pasaje del tintero.
Siendo así leí que «el monstruo, absorbiendo el agua, se bebió al pobre muñeco como si bebiera un huevo de gallina; y lo tragó con tanta violencia y avidez que Pinocho, al caer en el cuerpo del Tiburón, se dio un golpe tan descomunal que se quedó aturdido un cuarto de hora».
Mi decepción con Auster fue fiera cuando continué leyendo mi propio Pinocho. Voy a cruzar las versiones:

Quando ritornò in sé da quello sbigottimento, non sapeva raccapezzarsi, nemmeno lui, in che mondo si fosse. Intorno a sé c’era da ogni parte un gran buio: ma un buio così nero e profondo, che gli pareva di essere entrato col capo in un calamaio pieno d’inchiostro. / Cuando [Pinocho] volvió en sí […] había, por todas partes, una gran oscuridad; una oscuridad "so deep and so black that for a moment he thought he had been dipped head first into an inkwell." This is Collodi's description of Pinocchio's arrival in the belly of the shark. ...

Durante varias noches revisé fuentes y más fuentes pero no hallé el pasaje del libro de Carlo Collodi que, de acuerdo con Paul Auster en la p. 160 de La invención, diría: "…por un momento [Pinocho] pensó que lo habían sumergido de cabeza en un tintero…"

Por el contrario dice:
"…una oscuridad tan negra y profunda que le parecía como si hubiese entrado de cabeza en un calamar lleno de tinta…"

El calamar lleno de tinta es una imagen tan impresionante como la del tintero. Los lectores de La invención conocemos el increíble despliegue que Paul Auster hace a partir del inusitado tintero o inkwell. Pero dicha imagen tiene un poder de revelación increíble porque no está. El efecto de revelación surge de una cita que por lo menos yo no pude hallar.
Me resulta chocante tener que decirlo. Pero no está en Collodi. Únicamente parece existir en Austerlandia.


2007-09-11

Tiempo de abrazar y los cuentos de 1933 a 1950
Arca. Montevideo 1974.

En 1941 Onetti realizó un segundo viaje a Buenos Aires. Colaboraría en los suplementos literarios de La Nación, la revista Vea y lea, y otros medios. El diario La Nación publicó Un sueño realizado, sobre el que Onetti dijo: «Un sueño realizado nació de un sueño: vi a la mujer en la vereda, esperando el paso de un coche, supe que también ella estaba soñando». Ese mismo año fue finalista con Tiempo de abrazar del premio Farrar & Rinehart. La novela logró una importante aceptación. Tanto que un jurado declaró: «Creo que Tiempo de abrazar será un gran éxito el día que se publique y dará lugar a juicios apasionados». Lamentablemente, Marcha sólo publicaría fragmentos de la novela, antes de la pérdida y posterior recuperación casi veinte años después, cuando Arca la publicó junto con una recopilación de fenomenales cuentos.

―La novia robada y otros cuentos, en el '68 ―viene pasando lista de libros el entrevistador español―. Aparece luego una extraña novela perdida, que al parecer estaba en posesión de una hermana suya.
―Habían quedado algunos capítulos. Es ésta ―el escritor uruguayo toma el título de Arca―. Tiempo de abrazar.
―Es ésa, exactamente.
―Esto lo han publicado como una novela. Pero es mentira. Son fragmentos de una novela. Son capítulos que se pudieron recuperar. Yo después me fui a Buenos Aires, y perdí todo.
Entrevista a JUAN CARLOS ONETTI por JOAQUÍN SOLER SERRANO,
1977

—Estaba pensando... Aunque te parezca que soy tonta. ¿Sabés lo que sentía antes...? Me daba vergüenza; como si ser virgen fuera algo anormal. Tenía vergüenza de sentirme, pensando en las otras... En las mujeres que ya eran mujeres.

Una chica Onetti.
Pienso en los brazos, senos y pies que arrebatan. En las especulaciones de Onetti sobre el sello de la virginidad.
Tapa de la primera edición: curvas de una mujer que parece la diosa de un templo hindú. La sueño en bajorrelieve y sexualmente entrelazada a otra armónica figura, que, como se llama, hace de apoyo.
Prosa admirable.

—Virginia.
Se miraron, sonriendo. Luego él vio morir el guión de la cortina y, con los ojos fijos en el ángulo en que había estado, murmuró:
—Tenía un miedo... después de la carta. Pensaba que todo había terminado. No por celos; pero tenía miedo de que esto, tal vez lo más grande que haya, lo conocieras con otro. Con alguno demasiado bruto; demasiado macho para tu ternura...
Ella saltó levemente, acariciándole un brazo con los perezosos dedos.
—No, Julio... No podía ser. Yo presentía lo lindo de esto, vida. No me hubiera animado a estropearlo. Tenía que ser contigo... contigo, vida querida. Y yo estaba tan segura de que iba a ser...; y lindo, lindo, lindo...

Tiempo de abrazar me hechizó desde la mitad hacia adelante. El erotismo es implosivo y moroso. […] Mierda, damas y caballeros. No era el pensamiento humano quien trazaba cauces para el instinto. Eran las mismas almas puras, los hombres rectos, los perfectos caballeros, las damas con neuralgia en lo ovarios […] Jason en la muchedumbre, último parágrafo, una bestia pulcra.

En mayo de 1976 la revista Crisis rescató un capítulo perdido. Fue publicado con el título La total liberación.
[…] Algo nuevo había aquella noche en Isabel. Un elemento extraño se agregaba a ella, evidenciándose en los ojos ausentes y la boca entristecida. Al besarla [Jason] sintió tan claramente la existencia de aquel algo indefinido y molesto, que la tomó por los hombros y la interrogó con sencillez, buscándole los ojos […]

La edición que tengo en mi biblioteca posee tapa celeste y dura. Título ocho de la serie Club Bruguera.

Tiempo de abrazar
Bruguera. Barcelona 1980.


2007-09-05

La cartografía española cobra en el siglo XV un considerable desarrollo a causa de la colonización de América y de la Guía de Ptolomeo, redescubierta en Constantinopla. La edición de 1535 muestra en el encabezamiento de cada página al propio Ptolomeo sosteniendo distintas escuadras, un compás, una esfera armilar o celeste. La obra establecía por medio del sistema de latitud y longitud una representación plana del globo terráqueo. Si bien hasta finales del siglo XVII fue difícil establecer la longitud de un punto en el mar, los cálculos para tomar la latitud geográfica se hacían midiendo la altura y posición de los astros. De esta suerte, don Quijote y Sancho se metieron en un mapa complicadísimo; me refiero al capítulo del bote encantado del Segundo Quijote (1615).



El Quijote terminará casi ahogado.
Confundirá una aceña situada dentro del cauce del Ebro con un castillo, y luego de hacer romper el inocente bote contra las ruedas hidráulicas, irá a parar prácticamente al fondo de las aguas en companía de Sancho.
La figura con su pesada armadura y pegando manotazos de ahogado entremedio de diferentes escuadras, compases y esferas.
¿Qué es lo real?
Frente a esta navegación accidentada: ¿cómo era escuchado don Quijote cuando hablaba de cartografía y astrolabios? Me pregunto por el común de los lectores del siglo XVII. Imagino que lo escrito en este capítulo entraría por esas orejas como las palabras de un fuera de sí que enloqueció leyendo a Ptolomeo. Y en este punto aparecen los distintos niveles de abstracción del Quijote. Porque la mayoría de la población española no sabía leer. Igual que en la Antigüedad o en la Edad Media, la mayor parte de las lecturas todavía se hacían en vos alta; sin embargo, en todas partes y en todos los niveles sociales había algunos que leían, explica Margit Frenk en la edición IV centenario de la RAE. Lo mismo ocurre en el interior del propio Quijote.
Y con el auge de la imprenta todas las mentes lectoras se estamparían raudamente de voces y de visiones fantásticas. Porque los mapas de América pretendían dar unicidad y totalidad a la realidad multifacética de los descubrimientos. Pero, al mismo tiempo, la geografía más próxima había quedado a la intemperie, dado que la cartografía peninsular resultó desatendida.
Y era una época de revueltas en la península, guerra entre musulmanes y cristianos, la violenta Inquisición, Drake al norte, la matanza de moriscos, robos, incendios, etcétera.

La representación de modo continuo y global del territorio peninsular no se inició hasta que Felipe II promovió ilustraciones y cartografías para mejorar el conocimiento de las regiones sobre las cuales reinaba. Por ejemplo, dice Raymond Crab en Cartography and power in the conquest and creation of New Spain, Felipe II simultáneamente contrató al artista flamenco Anton van de Wyngaerde para pintar las ciudades españolas y encargó al cartógrafo español Pedro de Esquivel un atlas peninsular, con el expreso mandamiento de que «recorriese y marcase por vista de ojo todos los lugares, ríos, arroyos y montañas por pequeños que fueren». Pero la carta o planisferio de España quedará incompleto.
Así que.
Arriesgo a decir que el propio Ptolomeo naufraga, junto con don Quijote y Sancho, en el capítulo De la famosa aventura del barco encantado.
La ciencia exacta.
Sobrevuela esta idea aquel tema de los distintos niveles de abstracción del que hablaba unas líneas arriba. Porque los lectores menos ilustrados de principios del siglo XVII escucharían locura de remate donde el narrador pone en boca de don Quijote modernísimos conocimientos de navegación. El "sin sentido" encuentra concordancia en las orejas Sancho, que oye las palabras cómputo, cosmógrafo y el nombre del célebre griego, y de ahí que Sancho figure puto y gafo a Ptolomeo, palabra que hoy casi ha muerto, gafo, pero que significa deforme, contrahecho o que tiene encorvados y rígidos los dedos de pies y manos. Además «de meón, o meo, o no sé cómo», exclamará Sancho.
Una lengua imposible la de la ciencia.
En cambio, el lector erudito observa la erudición misma de don Quijote. El héroe habla la lengua de Ptolomeo, muy a pesar de lo cual, esa lengua no es racional ni exacta, sino que es, y sin ningún complejo, un desatino que le hace ver a don Quijote la proximidad del Ecuador donde el narrador sólo está viendo la apacible corriente del Ebro.
Una clase sobre narración que da Cervantes y la consigue gracias a que propone distintos niveles de cultura y simulacros. Cervantes decide siempre treparse a los mapas inacabados y hacer el suyo propio, que necesita construirse de palabras.