2011-02-10

El niño está enfermo. La madre lo acuesta y se sienta a su lado. Y después comienza a contarle cuentos. ¿Cómo se explica esto? Lo presentí cuando N. me contó de la extraordinaria virtud curativa que habían tenido las manos de su mujer. De esas manos decía: «Sus movimientos eran muy expresivos. Pero no habría sido posible describir su expresión. Era como si estuvieran contando un cuento». Los Conjuros de Merseburg ya nos hablan de la curación mediante la narración. No es que sólo repitan la fórmula de Odin, sino que narran el contexto en el cual éste usó la fórmula por primera vez. También se sabe que el relato que el enfermo hace al médico al iniciar el tratamiento puede convertirse en el comienzo de un proceso de curación. Se plantea entonces la pregunta si no será la narración la atmósfera propicia y la condición más favorable para muchas curaciones. Sí, ¿no podría curarse incluso cualquier enfermedad si se la dejara fluir lo suficiente hasta la desembocadura sobre la corriente de la narración? Si se considera que el dolor es un dique que se opone a esta corriente, se ve claramente que este dique será desbordado cuando la corriente sea lo suficientemente fuerte como para conducir al mar del olvido feliz todo lo que encuentre en su camino. Las caricias le dibujan un lecho a esa corriente.

Walter Benjamin, hoy en Página/12

2011-01-21

El miércoles me di el gusto de bañarme bajo la lluvia, y en traje de Adán, en la terraza de una casa en Campana.
Hace unas semanas atrás, estaba justamente leyendo en un parque de Campana la parte de Cae la noche tropical acerca del cerro mexicano, el Ajusco, que atrae tormentas increíbles. Luisa, se fija en las noticias de accidentes en los diarios: «...a menudo había un rayo matando a alguien…» Al volver a guarecerme de la lluvia en la casa de Campana, las fatales noticias que daba la tele me impactaron. Hay un dato curioso en la novela en relación a los rayos: los árboles de hojas con reverso blanco, o plateado, atraerían a las descargas, tanto como el miedo humano.

2010-12-20



Galería del Quijote

2010-12-15

En la segunda parte de Avellaneda, Álvaro Tarfe juega el papel que en la de Cervantes desempeñan los duques. Así queda de claro en el capítulo X. El Quijote se repone de las palizas del melonero y de los carceleros de Zaragoza en casa de Don Álvaro. Cuando éste lo despierta, venida la mañana, le dice:

¿Cómo le va a vuesa merced, mi señor Don Quijote, flor de la caballería manchega, en esta tierra? ¿Hay alguna aventura de nuevo en que los amigos podamos ayudar a vuesa merced?

A pesar de que el Quijote llegó tarde para las justas de Zaragoza, las cuales ya han sucedido, Don Álvaro le anuncia que para después de mañana, que es domingo, tiene concertada una sortija entre los caballeros de la ciudad, y han «de ser jueces dellas los mismos que fueron de las justas».
Durante el capítulo X, me reí con las desnudeces del Quijote y también con las caballerescas poses que ensaya en la soledad del cuarto cuando se retira Don Álvaro.
Dicho capítulo termina con los preparativos de Don Álvaro y los demás caballeros que lo secundan. Van a dar parte a «mucha gente principal y de humor del extraordinario que gastaba Don Quijote y de lo que con él pensaban holgarse y dar que reír a toda la plaza el día de la sortija.»