Federico habla del barrio de Congreso, desierto durante los fines de semana, y de las vías de Colegiales, próximas a la clínica donde su padre está muriendo de cáncer; una discusión del hermano y la mamá con el papá, que recrimina el trato que todos le dan, como si él estuviera muriéndose.
Un cuento que escribió su hijo Juanito sobre una pareja de pájaros que vuelan hambrientos hacia el sur en un intento desesperado de encontrar un horizonte en donde haya la suficiente comida como para no tener que comerse a sus propias crías, «a los nuevos hijos que, seguramente, van a ir naciendo durante el camino».
A Federico le parece escuchar un cuento sobre la patria.
Palabras sobre la escritura; las posibilidades infinitas de la escritura, una fiesta. Sin embargo, esa noche, esa larguísima noche en Congreso, la página en blanco se presentará «sin ninguna posibilidad de infinito, sin esperanzas, sin fiesta». Una página negra: papá murió el jueves a las nueve de la noche.
2007-07-31
2007-07-27
«Hace unos años un amigo de mi confianza me dijo que debería leer el Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Cuando tuve delante de mí esas oraciones de corrido y sin separación de los diálogos, carente de los guiones que deberían identificar los diálogos, lo abandoné de inmediato, emitiendo un gruñido. Con el tiempo intenté leerlo nuevamente, yendo todavía más lejos, y lo dejé porque estaba impresionada. El Ensayo sobre la ceguera es un libro que mete miedo. Antes de permitirle a un autor de semejante poder que me imponga sus horrores tiene que haberse ganado mi confianza. Entonces fui a leer sus primeras novelas y me puse a hacer un curso sobre Saramago. »Es difícil no progresar rápidamente a través de una prosa que utiliza comas en lugar de puntos, pero una vez que aprendí a imprimirle lentitud, las ventajas se acumularon: su sonido, dulce humor, su sorprendente imaginación, sus admirables perros y amantes, la sutileza, el honesto funcionamiento de su mente. Aquí, por lo tanto, un novelista digno de la confianza de un lector. Así, por último, pude leer su gran libro, o el más grande hasta su continuación. »Admitiendo su premio Nóbel, Saramago, llamándose a sí mismo "el aprendiz", dijo: "El aprendiz pensó, 'nosotros somos ciegos' y se sentó y escribió Ensayo sobre la ceguera para recordar, a aquellos que puedan leerlo, que pervertimos la razón cuando humillamos la vida, que la dignidad humana es insultada cada día por el poderoso, que la mentira universal ha reemplazado las verdades plurales, que el hombre se entorpeció a sí mismo cuando perdió el debido respeto a las criaturas que lo rodean." »A pesar de todo es una rara descripción de Ensayo sobre la ceguera, puesto que en el libro la gente menos poderosa es la que insulta la dignidad humana ―el pueblo, aterrorizado de encontrarse a sí mismo y a todo el mundo ciego, todo fuera de control. Se comporta con estupidez, brutalidad egoísta, sauve qui peut. El grupo de hombres que detentan poder en el manicomio abandonado, y usan y abusan de la cobardía de los internados ha perdido el respeto por sí mismos y la decencia: es un microcosmos de la corrupción. Pero los verdaderamente poderosos de nuestro mundo no aparecen todavía en Ensayo sobre la ceguera. Ensayo sobre la lucidez trata sobre ellos: los pervertidos de razón, los mentirosos universales. Trata sobre gobiernos con dirección equivocada (…)»
2007-07-21
En Tabasco, al inicio de la incursión en tierra firme, el conquistador Cortés predica la paz entre los nativos, previniéndolos de que si ellos daban comienzo a una nueva batalla los iba a hacer aniquilar. Me pregunto si acaso fue el momento de instauración de la culpa en el Mondo Novo (1519).
Según el cronista Díaz del Castillo, Cortés, luego de librar la primera batalla con los indios, aguardaba el arribo de los caciques de los pueblos vencidos: «Y estando en esto, que ya era mediodía —se refiere al montaje que Cortés había hecho preparar en su aposento: un caballo brioso había sido antes llevado cerca de una yegua y más tarde la yegua al aposento pero solamente por un rato. Cuando los caciques llegaron al aposento, el caballo fue introducido para que brinque y relinche por el olor de la yegua, y de esta manera los conquistadores hicieron creer a los caciques que el animal estaba enojado con ellos (cap. XXXV)—, vinieron cuarenta indios, todos caciques, con buena manera y mantas ricas, a la usanza de ellos, y saludaron a Cortés y a todos nosotros, y traían sus inciensos, y andaban sahumando a cuantos allí estábamos, y demandaron perdón de lo pasado, y que desde allí adelante serían buenos (...)» Cortés les respondió como enojado. Dijo que él les había requerido mucho con la paz, y que tendrían ellos la culpa de ser aniquilados si buscaban más guerra.
Cuatro capítulos antes, el cronista narra que Cortés, en presencia de un escribano del Rey, manifestó a unos guerreros que le impedían avanzar por las aguas del río Grijalva que él solamente quería tomar agua y hablarles cosas de Dios y de su Majestad; «y que si ellos guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese, u otros cualquier daños, fuesen su culpa y cargo y no la nuestra».
En la isla de Cozumel, Cortés había ya mandado a despedazar y a echar a rodar una casa de adoratorios. Después erigió en ese mismo lugar un altar «muy limpio» para la imagen de la Virgen María. También hizo colocar una cruz, de «maderos nuevos».
Respecto al miserable escenario del armisticio, preparado antes del encuentro cara a cara con los caciques vencidos, Cortés les habría dicho riendo a sus soldados: «Sabéis, señores, que me parece que estos indios temerán mucho a los caballos, y deben de pensar que ellos solos hacen la guerra».
2007-07-20
En la novela de Saramago noté dos estatutos diferentes en relación a la muerte: uno es el estatuto de matar y otro el estatuto de morir.
Herodes manda a matar, en la guerra se mata gente, en el Templo de Jerusalén se matan animales, José despierta sobresaltado cuando sueña que va presuroso a matar a su hijo.
Por otro lado, José tuvo un pensamiento triste, el de que los hijos están condenados a morir. «Comprendió que por primera vez dudaba del sentido del mundo». «Su cuerpo se había inundado de un sudor frío» y en tal momento de confusión y angustia no pasó nadie a quien pudiera pedir auxilio. Morir. Más adelante dice, «ya sabemos que ése es destino del que nadie se libra». Hijos y padres. Y continuará diciendo, «pero hay maneras y maneras».
Donde se habla de matar y de morir hace irrupción la culpa. Hablar del origen es algo que carece de todo sentido. Sin embargo, la tradición cristiana habla de que la existencia conlleva cargar con una culpa original. La genealogía de la moral dice que la vida obtiene con los espectáculos crueles, como las guerras troyanas y otras atrocidades trágicas, «realizar la obra de arte que siempre ha sabido realizar, justificarse a sí misma, justificar su "mal"».
Los dioses pensados como espectadores de espectáculos crueles: «en la gran pena hay muchos elementos festivos».
Pero como sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria, Nietzsche pregunta: de dónde ha sacado fuerza la idea de una equivalencia entre perjuicio y dolor. «Yo ya lo he adivinado: de la relación contractual entre acreedor y deudor».


