Nunca antes había besado la mano de un hombre. Lo hice en una desesperación de ternura.
Vengo entrelazando cosas desde hace meses entre la literatura y la vida. Le contaba a Paulino, felizmente le contaba todo.
Ahora cuento qué hice ayer con dos puñados de las cenizas de Paulino. Los tiré. No los solté, ni los diseminé. Los tiré con violencia. Pero esa violencia es la fuerza de contar todo.
Cuando fue la primera operación y pasé a verlo, abrió los ojos. Inmediatamente extendió una mano y se la besé.
Paulino afirmaba que un amigo es uno mismo pero con otro cuero. Se trata de una afirmación de Atahualpa Yupanqui; muy feliz creo. Uno mismo, pero con otro cuero.
Entonces, pasó que el martes pasado perdí a mi otro cuero.
Hablábamos mucho, y esto es un problema, porque no sé ahora con quién. Seguramente él estaría más o menos como yo ahora.
En marzo le alcancé personalmente la una. Y conversé con él algunas cosas que la missing piece pareció reflejar en los demás. En diciembre de 2007, Paulino escribió algo así: El ojo que ves, no es ojo porque lo ves sino porque te ve.
La visión incompleta. Qué pesada la urnita.
El hijo de Paulino sostenía la urnita destapada, me pareció que sin resolver cómo concluir el asunto de haberla traído hasta la Costanera Sur. Con su consentimiento tomé un puñado de cenizas y lo tiré. Luego otro y lo tiré también. A continuación los otros alivianaron un poco más el peso. Agarraron cenizas y las diseminaban, hasta que por último el hijo de Paulino volcó la urnita, como si tomara la cabeza del padre por la nuca y lavara su pelo. En la Costanera Sur.
Alguien mencionó el desconcierto de Paulino en las últimas horas. Otro aseguró que se dejó morir, que no había querido alimentarse más. Estaba cansado. Yo no sé, ninguno resuelve nada. De repente, asoma el paralelo entre la literatura y la vida. La vida escurre de la boca, mancha las manos…
2008-04-26
2008-04-22
José
E agora, José?
A festa acabou,
a luz apagou,
o povo sumiu,
a noite esfriou,
e agora, José?
e agora, você?
você que é sem nome,
que zomba dos outros,
você que faz versos, 
que ama, protesta?
e agora, José?
Está sem mulher,
está sem discurso,
está sem carinho,
já não pode beber,
já não pode fumar,
cuspir já não pode,
a noite esfriou,
o dia não veio,
o bonde não veio,
o riso não veio,
não veio a utopia
e tudo acabou
e tudo fugiu
e tudo mofou,
e agora, José?
E agora, José?
Sua doce palavra,
seu instante de febre,
sua gula e jejum,
sua biblioteca,
sua lavra de ouro,
seu terno de vidro,
sua incoerência,
seu ódio —e agora?
Com a chave na mão
quer abrir a porta,
não existe porta;
quer morrer no mar,
mas o mar secou;
quer ir para Minas,
Minas não há mais.
José, e agora?
Se você gritasse,
se você gemesse,
se você tocasse
a valsa vienense,
se você dormisse,
se você cansasse,
se você morresse...
Mas você não morre,
você é duro, José!
Sozinho no escuro
qual bicho-do-mato,
sem teogonia,
sem parede nua
para se encostar,
sem cavalo preto
que fuja a galope,
você marcha, José!
José, para onde?
2008-04-19
Libros violentos.
Las palabras engañan, puesto que la palabra violencia comporta a la vez nociones de dolor, incomodidad, cambio y, también, por qué no, fascinación.
No creo que los escritores sean visionarios. Por lo menos no creo que el escritor de Moby Dick lo fuera, y tampoco el del Quijote, y mucho menos el de La vida breve. Libros que amo porque en ellos hay cicatrices de la composición o de la hechura. Y la composición revela que habrían sido imaginados en contra de algo. Incluso en contra de otros libros.
Algunas hojas llevan incrustadas búsquedas de los escritores, aunque, difícilmente, esas hojas, hayan sido imaginadas exactamente como salieron escritas. Pienso en hojas que pueden ponerme en una situación molesta o que me enojan. Son hojas violentas sólo porque los escritores dejaron marcas de las vacilaciones o dificultades que afrontaron al escribirlas.
La noción misma de violencia puede ser inadecuada. Estos libros, a decir verdad, parecen deshechos. Tienen fallas. Pero, en eso, creo, reside el arte de estos libros.
Parecer no terminados.
2008-04-15
«No se trata simplemente de fragmentar una historia, sino de impedir que avancen todas las […] historias que comienzan a contarse. Chitarroni las corta con un No, como si la frustración de la ficción, el gesto de pararla en seco o descartarla por inadecuada […] fuera lo único que puede hacerse en el jardín en ruinas de la literatura: seguir produciendo ruinas.» Esta cita es de Beatriz Sarlo y pertenece a la página catorce del número final de la revista Punto de vista —la reseña de Sarlo sobre la novela de Luis Chitarroni está completa en el sitio de La Nación—. Sigo una frase que Sarlo toma de Chitarroni: Si uno llega a completar la biblioteca de otro, muere. Sarlo desarrolla ese enunciado: «Negarse a completar, negarse incluso a las mejores ideas: por ejemplo, inventar una historia sobre "El solterón" de Lugones, cuyo narrador tendría en su poder un libro que perteneció al solterón y pudiera leer sus subrayados.»
Estoy moviendo oraciones y reubicándolas para llegar a la parte que me interesa. Chitarroni en su novela, simplemente anuncia el argumento [historia sobre "El solterón" de Lugones] pero no se concede la oportunidad de continuarlo. Esta afirmación se ejemplificaría: si un autor llega a completar la historia de otro también muere. No se relaciona demasiado conmigo la estrategia constructiva de Chitarroni. Un adefesio escribió por ahí, que seguramente ofrece el atractivo para los amigos de «saber qué hace él cuando no está con nosotros, cuando está solo y piensa y escribe.»
Vuelvo a la página catorce. A continuación, Sarlo expande su afirmación acerca de la ficción interrumpida usando paréntesis, que dicen: si un autor llega a completar la propia historia muere.
Lo dicho en ese paréntesis tiene un potencial infrecuente, que habla no sólo de literatura.


