2011-04-22



Estas son nuevas piecitas, desde la diez a la doce: Brasil y Bolívar [4 julio] Aristóbulo del Valle 471 [19 agosto] Defensa 815 [28 octubre]

Los cronopios anteriores

2011-04-04

Volver solamente porque guardé la imagen de un kimono de color salmón para ilustrar la intermitente lectura de El grito silencioso.
Una prenda de sarga, ofrendada a una deidad femenina, en un santuario de las montañas de Kumano. El culto se sostiene en la milenaria creencia de que la periódica renovación de los vestidos renueva la vitalidad del dios, quien, una vez energizado, se encuentra en condiciones de preservar al pueblo de enfermedades y desastres naturales.
Ahora subrayo la primera mención en la novela del hermano muerto a golpes en un poblado coreano «que había crecido como un chichón en un extremo del valle» donde se encontraban Mitsu y Taka al momento de yo dejar el libro.
Me parece que abandoné la lectura a causa de pasajes demasiado explicativos, pero también puede ser que que me disgustara el amplísimo repertorio de personajes.
Por el contrario, ahora, no experimento ninguna de esas molestias. Sin embargo, me pregunto por el armazón del relato, porque Mitsu, el narrador, en la ultima línea de la página veintiocho, dice: «La muerte corta los hilos de la comprensión.»

2011-03-21

[…] empecé a pensar cuáles eran las madres que estaban en la literatura argentina y que uno podía recordar […]

[…] Recordaba entonces, por ejemplo, la madre de Silvio Astier en El juguete rabioso, que es una figura fortísima porque siempre que quiere escribir, la madre le dice que hay que trabajar, cada vez que Silvio Astier está leyendo, le dice «no sigas leyendo tenés que buscar un trabajo», y entonces la novela es la fuga de la madre, cómo se escapa de esa especie de orden materna de que hay que salir a ganarse la vida. Después está la madre que aparece en La traición de Rita Hayworth, la novela de Manuel Puig. Toto, el chico que anda por ahí en el colegio y está siempre escapando porque todos le quieren pegar, lo maltratan, tiene a su madre que lo lleva al cine. La madre lo lleva al cine y entonces es la madre la que instala esa mitología que va a acompañar a Puig durante toda su obra, y está muy bien contada esa intimidad con la madre, esas tardes en que van al cine del pueblo a ver películas de Hollywood.
Después está la madre de Tomatis, el personaje de Juan José Saer, que es una especie de madre negativa porque está siempre mirando televisión (que en el mundo de Saer es lo peor que puede pasar). La madre está siempre mirando televisión y lo único que le pasa a la madre es que Tomatis —que es el poeta que anda por ahí— le tapa la pantalla, la única relación que tienen es que Tomatis le tapa a la madre el televisor, y entonces la madre le pide que pase rápido.

A raíz de la presentación de Soy un bravo piloto de la nueva China.

2011-03-03

«Sencilla y clara», decía el e-mail de Pat que invitaba a escuchar a Chimamanda Adichie.
A poco del comienzo, Adichie reconoce: Yo amaba los libros ingleses y estadounidenses que leí. Avivaron mi imaginación y me abrieron nuevos mundos; pero la consecuencia involuntaria fue que no sabía que personas como yo podían existir en la literatura. Mi descubrimiento de los escritores africanos me salvaron de conocer una sola historia sobre qué son los libros.
A raíz de esas palabras, que hablan de la importancia de muchas historias, empecé a leer a Hanif Kureishi en el libro que contiene la presentación del último borrador del guión de Mi hermosa lavandería. Posteriormente, vi media hora, pero cuando concluya la película, leeré el guión de Kureishi.
El enlace a la película de Stephen Frears, abajo de El peligro de una sola historia.



My beautiful laundrette