
«Creo que la última edición del Quijote va a perdurar varios siglos, tiene artículos históricos como los de Ayala o De Riquer. La edición que hace Francisco Rico es extraordinaria», dice Jeanmaire algo antes de lamentarse por los «muy evidentes errores» del prólogo de Mario Vargas Llosa. «Por un lado, decir que esto no es una parodia, que es el mayor homenaje que se podía hacer a los libros de caballerías, es un error hijo de los románticos, que fueron los que rescataron al Quijote del basurero —explica—. Ya pasaron cien años sin que se haga esa mirada: hoy está demostrado que era una parodia y que la gente se reía cuando recién se publicó. Por más que quede lindo decir que es la máxima expresión de un género, es mentira. Otra cosa increíble que dice es que el Quijote no está loco, que es como una metáfora, una alegoría; si no estuviera loco, la obra se perdería cantidad de aventuras. El tipo sale a tener aventuras y fama, no sale a restaurar ninguna caballería, ni la justicia en el mundo, como dice Vargas. Luego se agarra de un párrafo en el que el Quijote le hace a Sancho un breve parlamento sobre la libertad, luego de haber estado 28 capítulos dentro del castillo de los Duques, hoy diríamos secuestrado, y ve al Quijote como precursor del liberalismo. Es una locura. Si yo fuera marxista, podría agarrar el discurso que hace sobre la edad dorada en el capítulo 11 y decir que ahí hay un precursor del marxismo, sería la misma barbaridad. Y comete muchos errores más: dice que es moderno porque tiene dos narradores; todos los textos de caballerías tenían dos, el trabajo de modernidad del Quijote está en la irrupción de montones de narradores, y no de dos. Dice que es moderno, también, porque tiene muchas historias intercaladas: eso es lo más antiguo de la literatura mundial. La Biblia es eso. Eso está en el Gilgamesh. Yo no tengo entidad para discutir con Vargas Llosa, pero el Quijote me habilita: él está encabezando el homenaje de toda una lengua a su mayor libro, y usar tres páginas de catorce para hablar de una idea política es una barbaridad.»
Página/12 :: Cultura :: 17 diciembre 2004
791 cine
2010-10-15
2010-10-04

[...] por la Rua dos Sapateiros hasta más abajo de la Conceição, desde ahí, volviendo hacia la izquierda, hacia la Augusta, otra vez de frente, dice Ricardo Reis parándose, Entramos en el Café Martinho, y Fernando Pessoa, con gesto brusco, Sería imprudente, las paredes tienen ojos y buena memoria, otro día podemos ir ahí sin peligro de que me reconozcan, es cuestión de tiempo. Se detuvieron debajo de la arcada, Ricardo Reis cerró el paraguas y dijo, aunque no viniera a cuento, Ando tentado de instalarme, abrir un consultorio, Entonces ya no vuelve a Brasil, por qué, Es difícil responder, no sé siquiera si sabría encontrar una respuesta, digamos que estoy como un insomne que encontró el lugar exacto de la almohada y al fin va a poder quedarse dormido, Si vino para dormir, buena tierra es ésta, Entienda la comparación al revés, o sea, que si acepto el sueño es para poder soñar, Soñar es ausencia, es estar del lado de allá, Pero tiene la vida dos lados, Pessoa, por lo menos dos, al otro sólo por el sueño conseguimos llegar, Decirle eso a un muerto, que le puede responder, con un saber hecho de experiencia, que al otro lado de la vida no hay más que la muerte, No sé qué es la muerte, pero no creo que sea ése el otro lado de la vida de que habla, la muerte, creo yo, se limita a ser, la muerte es, no existe, es, Entonces, ser y existir no son idénticos, No, querido Reis, ser y existir sólo no son idénticos porque tenemos las dos palabras a nuestra disposición, Al contrario, precisamente porque no son idénticos, tenemos las dos palabras y las usamos. Allí debajo de aquella arcada, disputando, mientras la lluvia formaba minúsculos lagos en la plaza y luego los reunía en lagos mayores que eran charcos, tampoco esta vez iría Ricardo Reis hasta el muelle a ver batir las olas, empezaba a decirse esto a sí mismo, a recordar que había estado aquí y al mirar hacia el lado vio que Fernando Pessoa se alejaba, sólo ahora notaba que le quedaban cortos los pantalones, parecía que fuera en andas, al fin oyó su voz próxima, aunque estuviera allí delante, Continuaremos esta charla otro día, ahora tengo que irme, allá lejos, bajo la lluvia, hizo un gesto con la mano, pero no se despedía, volveré.
La imagen del café ha sido tomada hace poco, en ocasión del estreno de Filme do Desassossego, de João Botelho: veinte fotografías.
2010-09-23
En la mañana del martes, empecé a ver nuevamente Söndags Barn pero no di más de sueño. Llegué hasta un poco después del episodio del relojero. No lo recordaba bien.
Hay un comentario previo acerca de la transfiguración de Jesús. Averigüé que Jesús se corporizó en el monte Tabor ante tres de sus apóstoles. Ejemplo perceptivo y sensible de la gloria que se nos promete en el cielo, aquella aparición se celebra cada seis de agosto.
Ricardo Reis tuvo una especie de transfiguración en aquel episodio de la segunda almohada. Ahora pienso en que Pessoa es también una transfiguración. Aparece en las calles, bajo la lluvia, y conversa con Ricardo Reis bajo una arcada que los proteje. Ricardo Reis dice que anda tentado de instalarse y abrir un consultorio, Entonces ya no vuelve a Brasil, por qué, Es difícil responder, no sé siquiera si sabría encontrar una respuesta, digamos que estoy como un insomne que encontró el lugar exacto de la almohada y al fin va a poder quedarse dormido.
La segunda almohada
2010-09-12
Leí Testamento de un malabarista, de Silvia López, y me dieron ganas de meterme en 2666, de Bolaño. Lo mismo suscitó Patricia a través de los comentarios por e-mail, los cuales hicieron que yo recomenzara Los detectives salvajes en el punto de aburrimiento total en el que me había frenado.
Me pareció muy bueno el concepto de «digresión» que Silvia tomó de El cazador oculto, así como también que haya señalado la deriva hacia la aventura de los personajes. En mi anterior entrada sobre Los detectives, nombro a esa deriva o peregrinación como el programa héroes, que se diferencia del programa poetas (en la primera parte de 2666, según entendí, también habría dos programas: la historia circunscripta a las actividades académicas del congreso y la deriva de esa historia hacia la aventura).
Pero, y por sobre todo, me atrajo el libro de geometría en la soga de ropa, que tiene una reminiscencia a Cosmos, de Gombrowicz. Me refiero a la serie de signos indiciarios compuesta de un gorrión ahorcado, flechas trazadas en los cielos rasos, un gato, de manera que lo desopilante se mezcla con lo patético o con el horror, como dice la reseña. Signos en un segundo plano que pasan a un primero.
Por último, algo muy evidente pero que yo no alcancé a expresar después de mi lectura de Los detectives: la interrupción de la historia en el punto en el cual los personajes quedan abandonados a su destino.


