[...] a Aballay le nacen famas, pero la película de Fernando Spiner tiene poco del penitente héroe del cuento que evoca a Simón del desierto y a Don Quijote de la Mancha.
Mediometraje de Luis Buñuel [43 minutos y 17 segundos]
2011-07-03
2011-06-23
Recibí el catálogo impreso de Taschen, otoño/invierno 2010, pero al leer el siguiente título en la página treinta y ocho, Sonambulismo en una curiosa realidad alterada, y contemplar a continuación las reproducciones de las pinturas de Neo Rauch, me dejé llevar por las huellas de La ciudad, hasta el punto del fuego apacible que ardía en la estación de servicio.
El protagonista de la novela de Mario Levrero había salido en busca de un almacén y lo sorprendió la noche. Se hallaba desorientado cuando un camión de basura lo recogió en medio de una copiosa lluvia. En la cabina del camión, también viajaba una joven, respecto de la cual le costaba mantenerse indiferente a causa de sus provocaciones. No obstante, optó por dormir. A media mañana, el parabrisas exhibía una ruta y el cielo ya limpio. De repente el conductor los obliga a bajar; al rato, el protagonista se entera de que la noche anterior la joven había también salido a efectuar una compra y se había perdido. Él dijo que ésa era su historia, pero la joven prosiguió con sus manejos y conseguiría hacerse llevar a babucha hasta poco antes del cruce con un camino de tierra, el cual conduciría a la estación de servicio.
Ubicado en una de las paredes de la sala principal había un hogar, donde ardía un buen fuego.
En el catálogo, una pintura muestra un paisaje desde un peñasco. Está compuesta de distintos elementos; como ser, en primer plano: una heladera con la puerta abierta de la que sale expulsado un cardumen, un hombre que sostiene una especie de instrumento musical construido con ladrillos, la marquesina de un cartel que exhibiría una paleta de colores, dos marcianos, una chimenea que tiene su duplicado en el segundo plano, en el cual se destacan: dos bloques de tres plantas de departamentos, algunos vagones de ferrocarril atascados en una grieta y grandes espacios desiertos. Otra pintura exhibe una cocina con una mesada donde está apoyada la cabeza de un buey. El cocinero manipula la cabeza, pero sostiene un cuchillo con un mano cuasi postiza. La «prótesis» abarca también el antebrazo y se encuentra enguantada con un caucho negro. Al fondo de la cocina hay una abertura que deja ver a dos mozos. Afuera se distinguen unos comensales al aire libre. Los azulejos componen una serie de esmaltes blancos con motivos azules donde se puede ver: un hombre que amenaza con un arma en la nuca a otro puesto de rodillas; en el marco de una ventana, otro hombre —o tal vez sea el mismo— que apunta hacia afuera con un revólver y tiene a una mujer como rehén; un hombre con una pantera negra, un hombre que lleva a cuestas una osamenta en forma de cuerno, pero que por el tamaño se trataría de un colmillo de elefante. En el sitio web de Taschen es posible observar algunas miniaturas del libro dedicado a Rauch. Una lleva el título Secta y otra La llama. La primera simula un ataque violento, pero el espacio, a causa de sus brillantes colores y del mostrador curvo, se asemeja a un negocio de comidas rápidas o a una estación de servicio —no lugares, en la acepción de Marc Augé—. La llama muestra: un caminante con las piernas atadas a tablas, las cuales se extienden por encima de la altura de la cabeza para formar una X, y una fabulosa llama pálida por encima de la línea del horizonte, como la de las los polos petroquímicos.
Neo Rauch 1/5 [total: 43 minutos y 12 segundos]
Gracias Rosana Karl por la información para Taschen on demand.
2011-05-16

[…] Lo más ruidoso que se oía mientras tecleaba era el retorno del carro, que chocaba con el tope una y otra vez. La campanilla tintineaba, tinc, tinc, tinc. Increíblemente deprisa […]
Hace pocos días, Andrés Di Tella compartió la noticia de que se dejaron de fabricar las máquinas de escribir indias, Godrej and Boyce. Sin embargo, aquel día, ilustró la noticia con la máquina del rollo mecanografiado de Jack Kerouac, e hizo un enlace a una entrada de febrero, acerca de On the road. De esta entrada, transcribí el fragmento de la campanilla.
En la foto de arriba, una Underwood portátil, como aquella en la que Kerouac acopló el papel continuo, pero que ahora puede usarse para escribir en la pantalla por medio de una conexión USB. Los fabricantes declaran que el nuevo y revolucionario kit es una «innovación en el campo de la obsolescencia». Me encantó el comentario en YouTube que pregunta: ¿Se puede jugar con esta cosa?
La última fabrica de maquinas de escribir de Mumbai cierra sus puertas > Kerouac en la carretera
Maravilla retro-futurista



